Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 15
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15: Capitulo 15.-El limite 15: Capitulo 15.-El limite —¡Muere!
Un aventurero se acercó con un rugido.
Levantó su hacha y la blandió con fuerza, rastreando la cabeza de Mufasa.
Mufasa reaccionó de inmediato.
Estaba confundido, pero su instinto de supervivencia lo empujó a moverse.
Cruzó acero contra acero con el aventurero, empujando el hacha hacia un lado.
Bajo su postura, dobló las rodillas y empujó su cuerpo hacia adelante, cerrando la brecha con el hombre.
El hombre reaccionó y golpeó con su codo, obligando a Mufasa a rodar hacia un lado.
Levantó de nuevo su espada y recibió de lleno el golpe del hacha.
Gruñendo, plantó con fuerza sus botas en el suelo y resistió.
Sus dientes blancos como la leche se mostraron junto a su gruñido.
Desvió el hacha hacia un lado y volvió a avanzar.
Esta vez, esquivó el codazo y blandió su espada, directo a la pierna.
No lo mataría, pero lo dejaría fuera de combate.
Desde su perspectiva, eso ya era una victoria.
Sin embargo, algo sobrenatural sucedió.
Una fuerza invisible, intangible e imposible de interpretar, empujó su espada hacia abajo, haciendo que su hoja rebotara contra el suelo.
—¡¿Eh?!
Se sorprendió enormemente, abriendo los ojos.
Levantó la cabeza y vio una bota estallar directamente en su visión, agrandando su tamaño en un instante.
—¡Gh…!
La bota, con una placa de metal en su punta, golpeó la cara de Mufasa con una fuerza tremenda.
Su cabeza se sacudió hacia atrás.
Sangre salió de su boca y su figura fue enviada a rodar por el suelo.
Por un breve momento, casi un segundo, sintió su mente desvanecerse en la inconsciencia, apagándose.
Recobro el sentido y se recompuso.
Escupió sangre hacia un lado y centró su mirada en el hombre.
Alto, con un cuerpo definido bajo su armadura de cuero, en su hombro, un hacha gorda.
El hombre resopló por sus fosas nasales, expulsando aire caliente.
—¿Qué fue eso hace un momento?
Mientras cortaba hacia su pierna, sintió un claro empuje en su arma.
Algo, o alguien, había interrumpido su corte.
Su mente hizo click.
¡El Tuerto!
Por donde quiera que mirara, la figura del Tuerto no era visible, escondido en la oscuridad como un fantasma infernal.
Aguardando en silencio, empujándolo a matar en silencio.
Mufasa lo entendió con un rápido pensamiento.
El Tuerto evitará que dañe al hombre, desviando cada uno de sus ataques hasta que lanzará uno capaz de acabar con la vida del hombre.
Unos pasos apresurados atrajeron su atención.
Un hombre conejo, vestido con un traje samurai rota y apenas en su lugar, apareció.
—¡Johan!
—entró con un rugido, blandiendo una katana—.
¡¿Dónde está mi hermana, bastardo?!
El hombre del hacha, soltó un bufido lleno de irritación.
—Que molesto eres.
Te dije que ahora me pertenece.
Burlándose, blandió las piernas del hombre conejo y lo desestabilizó.
Su figura blindada con una armadura samurai cayó sin cuidado contra el suelo.
Aturdido y sorprendido, trató de levantarse, pero un gran hacha cayó desde el cielo como una guillotina, una sentencia absoluta de alguien más fuerte.
Como una fruta siendo manejada por un chef, su cuerpo fue partido por la mitad.
Aprovechando un hueco en la armadura destrozada, el hacha partió por la mitad al hombre.
—Basura inutil.
Ignorando el cuerpo, el hombre paso de el y miro a Mufasa.
Los ojos de Mufasa se entrecerraron.
Entendió la situación al instante.
El hombre del hacha, fuerte y superior al hombre conejo, seguramente se había robado a la hermana del conejo; alejándose de su querido hermano.
El conejo, enojado, empujó a un grupo de su familia en una emboscada contra Johan, decidido a recuperar a su hermana.
Mirando al hombre, apretó el agarre de su espada.
Una resolución firme y decidida apareció en sus ojos.
—Bueno, eso cambia todo —habló lentamente, levantándose—.
Acabar con una persona como tu no manchara tanto mi consciencia.
—¿Eliminarme a mí?
¡Qué chiste!
Burlándose, el hombre comenzó a correr.
Su gran hacha cortó el aire con pura fuerza bruta, raspando el aire y cayendo como una enorme guillotina.
Mufasa reaccionó.
Usó su espada y golpeó el gran hacha, eliminando una gran parte de la fuerza y redirigiendo su dirección.
El gran hacha se estrelló contra el suelo, hundiéndose ligeramente.
Con un hueco para atacar, Mufasa atacó con su alfanje.
Su hoja plateada apuntó a los brazos musculosos del hombre.
Johan reaccionó velozmente.
Dio un paso hacia atrás Su gran hacha cortó el aire con pura fuerza bruta, raspando el aire y cayendo como una enorme guillotina.
Mufasa reaccionó.
Usó su espada y golpeó el gran hacha, eliminando una gran parte de la fuerza y redirigiendo su dirección.
El gran hacha se estrelló contra el suelo, hundiéndose ligeramente.
Con un hueco para atacar, Mufasa atacó con su alfanje.
Su hoja plateada apuntó a los brazos musculosos del hombre.
Johan reaccionó velozmente.
Dio un paso hacia atrás y extendió su mano para interceptar la hoja.
¡Clank!
Las chispas iluminaron los rostros de ambos luchadores cuando la cuchilla chocó contra la mano blindada de Johan.
Johan sonrió desdeñosamente, despreciando el ataque de Mufasa.
—Inutil.
Levantó su gran hacha con una sola mano, como si fuera una simple escoba sin peso.
Luego, avanzó como un toro furioso, su gran hacha aplastando sin piedad.
El filo del alfanje salió disparado en una estocada veloz, atravesando el hueco en el ataque del hombre.
Johan entrecerró los ojos y desvió el rumbo de su carga.
Dio un paso a un lado y esquivo la estocada.
Mufasa ya estaba encima de nuevo, con su espada atacando desde la derecha, donde su mano libre no sujetaba el gran hacha.
Giró su cuerpo y movió su mano, interceptando de nuevo la hoja.
Levantó la pierna y la disparó hacia el estómago del atrevido y molesto niño.
Su bota acortó la distancia en un instante, pero terminó chocando de frente contra la parte plana de la espada del niño.
Sin darle tiempo a recuperarse, blandió su gran hacha.
El aire silbó junto al hacha.
Mufasa vio el gran hacha y rodó hacia un lado.
Su pequeña figura esquivó el hacha y se levantó abruptamente, cortando hacia la mano que aún sujetaba la espada.
Una rafaga de viento corto el movimiento.
La cuchilla de su espada se movió anormalmente.
—¡No de nuevo!
Gruñendo, tuvo que soportar con los dientes apretados el dorso de la mano de Johan.
Su cabeza se sacudió hacia atrás, moviendo toda su figura.
Johan, habiéndose quitado al niño de encima, miro a su alrededor con recelo.
No era el mejor luchador del mundo, pero incluso él pudo darse cuenta de lo anormal del combate.
En su primer choque, Mufasa había estado a punto de cortar su pierna, pero en el último momento desvió su espada.
Pensó que el niño dudaba.
Ahora, estaba seguro que Mufasa hubiera podido cortar su mano con facilidad.
Estaba abierto, sin posibilidad de retirar la mano a tiempo sin perder su hacha.
Que un aventurero pierda su arma es una vergüenza y una sentencia de muerte.
Llevaba años sometiendo a los más débiles, años de experiencia de aprender diferentes cosas.
Y ahora, vio un segundo error en el niño.
¿Pero…
era realmente un error?
Nop era la persona más lista de su familia, pero sintió la rafaga de aire.
¿Quién dudaba en un momento tan decisivo?
Observo la mirada llena de frustración del niño.
Aún sonreía, pero en sus ojos había una irritación imborrable.
—Parece que tenemos a un observador poderoso —sonrió con suficiencia—, y parece que está de mi lado.
Mufasa no respondió.
En lugar de responder con palabras, lo hizo con acciones.
Relajo su cuerpo, tomó una postura segura y miro la postura de su rival.
Johan no era tan bueno como Mojima, pero tenía más tiempo siendo aventurero que Mufasa.
En su breve intercambio, supo que era más fuerte.
Pese a su experiencia, Mufasa había logrado encontrar un hueco el cual explotar.
Sin embargo, el tuerto impidió que obtuviera la victoria.
—¿Cómo debería atacar?
—se preguntó.
Cualquier ataque que no fuera mortal sería desviado o anulado por el tuerto en la oscuridad.
Entonces, ¿cuál era la respuesta correcta a su pregunta?
Era sencillo: un ataque que rompiera a la fuerza la defensa de Johan.
Dudo en usar su habilidad.
¿Sería correcto usarla en un momento así?
Sintió que no lo era.
Johan dio un paso adelante, justo donde el cadáver del hombre conejo descansaba inerte.
Bajo la mirada y puso una mueca de disgusto.
—Desagradable.
Aplasto la cabeza con su bota, reventándola como si fuera una fruta en una prensa hidráulica.
La sangre y la materia cerebral estallaron en todas direcciones.
Johan no se inmuto.
Había hecho eso tantas veces que ya no le importaba.
La respuesta a su duda apareció.
Dio un paso adelante y luego arremetió.
Johan respondió blandiendo su gran hacha.
Chispas saltaron.
Intercambiaron golpes uno a uno, buscando conseguir una victoria limpia y sin demasiadas heridas.
Mufasa se agacho bajo el ataque de Johan y se coloco a su lado, en un punto tan expuesto que solo un idiota no atacaria con la intencion de matar.
Pero no se limitó a atacar.
Levantó su alfanje y corto directo hacia la cabeza de Johan.
Un rayo negro siguio la hoja del alfanje.
Johan, viendo el ataque, quiso repetir su acción de interceptar con su guantelete.
Sonrió confiado, preparando su gran hacha para por fin partir por la mitad al niño león.
La espada chocó.
Los ojos de Johan se abrieron con incredulidad.
Su guantelete fue empujado hacia un lado por una fuerza abrumadora, fuera del camino y dejando un camino libre hacia su cabeza.
Intentó moverse, pero era demasiado veloz y su tiempo era escaso.
Desesperado, rugio para extraer cada pizca de fuerza de su cuerpo.
—¡Haaaaaaaaaaaaa-!
A medio grito, su cabeza fue separada de su cuello, volando por el aire antes de caer contra el suelo, manchado de sangre el suelo de piedra.
Incluso decapitado, su expresión aún reflejaba su incredulidad.
Mufasa suspiro.
Esta vez el tuerto no había intervenido.
Mufasa soltó un suspiro ligero, levanto la cabeza y escaneo los alrededores.
Tras un momento, parpadeó confundido.
—¿Hola?
Ya puedes salir…
¿Sigues ahí?
Ante su pregunta, el mundo pareció responder en lugar del Tuerto.
Un temblor recorrió todo el pasillo.
No fue una onda de choque a quemarropa, sino una lejana que viajaba por el espacio hasta alcanzarlo.
Algo capaz de lograr algo así…
era un monstruo con piel humana.
—¿Se fue a pelear?…
y no me invitó.
…
—Eres una molestia, Glotón.
—¿Entonces por qué no me apartas?
En medio de una sala espaciosa, dos hombres se miraron con hostilidad.
La enemistad en sus miradas eran tan densa que las chipas casi salían disparadas desde sus ojos.
Una eterna rivalidad.
Un glotón completamente blindado sonrió como un depredador al momento de ver a su presa: Un Tuerto.
No había un aventurero frente a el, solo un aperitivo que estaba por comer para saciar su hambre.
El Tuerto, irritado hasta el extremo por la interrupción del glotón, miró con desprecio al hombre blindado.
Chasqueo la lengua y le lanzo una mirada llena de desden.
Molesto, extendió su mano hacia su espalda, tomó el mango de su mandoble y lo apuntó hacia el glotón.
Ante su acción, un espadon negro apareció en las manos del glotón.
No hubo cuenta regresiva.
*Clank* Con un solo paso, ambos desaparecieron de sus posiciones, agrietando el suelo y desatando una explosión de aire por su puro arranque de brutalidad.
Cuando sus espadas chocaron, el aire estalló.
La fuerza de los dos, ambos de nivel 6, provocó un fuerte temblor por los estrechos pasillos de los pisos de novatos.
En la distancia, varios aventureros de nivel uno palidecieron al sentir el temblor.
¿Qué monstruo sería capaz de provocar un temblor desde una distancia tan lejana?
—Debería matarte aquí mismo.
—Puedes intentarlo.
Pero dudo que tengas la fuerza para lograrlo.
Burlándose, el glotón movió su espada para recibir de frente el mandoble del Tuerto.
Un temblor se extendió a lo largo de su cuerpo blindado, pero lo soportó como un campeón.
Ajusto el peso en sus pies y movió su centro de gravedad, ajustándolo para responder al Tuerto.
Empujó al Tuerto con fuerza, tomando la ventaja en su duelo de brutalidad.
Una idea cruzó su mente, lo que provocó que su sonrisa de depredador se ensanchara.
Bajo su casco, sus ojos se volvieron peligrosos.
—Mi dios siempre dice que hay que golpear mientras el metal está caliente…
y ahora tengo un festín delante de mí, supongo que debo golpear en este momento.
Tomando impulso, barrio todo el espacio a su alrededor con un solo movimiento de su espadón.
Un bufido de desprecio escapó de los labios del Tuerto.
—Tu dios es un idiota —dijo, doblando las rodillas y saltando hacia un lado para evitar la enorme espada negra.
—Jajaja, por supuesto que lo es.
Sin negarlo, cargó hacia adelante.
Su espada descendió como una calamidad.
Una espada se levantó para enfrentarla, cargando con una fuerza explosiva aterradora.
El resultado…
un estallido que sacudió el mundo de los novatos.
No se limito a blandir su espada, sino que dejo que su idea se materializara.
Entonces, para molestia del Tuerto, canto.
—Dios padre, perdóname…
La canción de un hambre llameante.
…
¡Krrrkkkk!
—¿Ah?
¡Malditos locos, dejen de luchar en un piso lleno de débiles!
En medio de cadáveres, extremidades cercenadas y sangre oscura, Mufasa gritó.
Se volvió hacia la dirección del colosal choque y rugió.
—¡Avemos niveles bajos por si no se dieron cuenta!
Pisoteando con molestia, tomo las cosas de los cadáveres.
Una práctica común en la mazmorra es el saqueo de los muertos.
Los muertos ya no se moverán más, no usarán sus armas de nuevo.
Así, es mejor tomar sus cosas para garantizar la supervivencia.
Tomó una gran bolsa de entre los cuerpos y comenzó a recoger armas, piezas de armadura no tan ensangrentadas y dañadas, además de pociones restantes.
Tomó una y se la bebió de golpe.
¡Krrrkkkk!
Otro gran temblor hizo estremecer el pasillo de Mufasa.
—Estos bastardos.
¿Contra quien se está peleando el Tuerto?
—se preguntó en voz baja—, ¿Debería ir a revisar?
Tan pronto como apareció el pensamiento, lo descarto.
Aquellos temblores eran provocados fácilmente por aventureros de primera clase, seres sobrehumanos que sobrepasan los límites de los mortales por un enorme margen.
Un movimiento sin consideración y terminaria hecho pasta de sangre.
Por su bien, decidió esperar a ser más fuerte para ir a ese tipo de batallas.
Se acercó al cuerpo del hombre conejo.
—Vaya.
Entre la sangre oscura y apestosa, una solitaria foto apareció.
—Entonces esta es tu hermana, ¿eh?
Se parecen mucho.
Si el escenario hubiera ocurrido en su primer día en Danmachi, se hubiera derrumbado entre vómito, mareos y malestares mentales.
Pero el tiempo había pasado, había crecido, no solo físicamente, sino mentalmente.
Ver un desagradable mar de sangre ya no lo perturbaba tanto.
—¿Me he vuelto insensible a la muerte?
El pensamiento lo hizo sentir incómodo.
¿Cuándo pierde un humano su humanidad?
No tenía una respuesta definitiva a esa pregunta, pero sentía que se había acercado a la respuesta Eso significaba algo peor.
El pensamiento lo perturbó.
Reflexiono.
Entre cada paso que daba, más fuerte se volvía.
Pero ese paso que daba no solo lo volvía más fuerte, a su vez lo alejaba más de la versión de sí mismo que conocía; la que llegó a ese mundo como un alma en pena.
—Tsk…
—chasqueo la lengua, molesto por arruinar su victoria.
Tomó la foto y la guardó—.
Lo mejor es no filosofar.
Un gruñido sonó desde la oscuridad.
Mufasa se tenso.
Se levantó de golpe y desenvainó su espada.
El gruñido se convirtió en un rugido lejano, que con cada segundo que pasaba más cercano se escuchaba.
Pronto, decenas de monstruos aparecieron corriendo desde la profundidad del laberinto.
—Espera…
están…
¿Están asustados?
Mufasa noto el pánico en los monstruos, corriendo desesperadamente como si sus vidas dependieran de ellos.
Entonces entendió.
Aquellos ‘monstruos’ que luchaban más abajo en el calabozo, eran tan fuertes que incluso los monstruos comenzaron a correr, presas del pánico y siguiendo un primitivo sentido de supervivencia.
Frente al poder absoluto, incluso los monstruos se estremecen.
El calabozo, oscuro y aterrador, fue convertido en un campo de batalla majestuoso donde los poderosos chocaron.
Rodeado de cuerpos mutilados y sin vida, un joven león mostró sus colmillos.
—Parece que el destino me está sirviendo un festín.
Una sonrisa depredadora, similar a la de cierto glotón blindado, apareció en su rostro.
Un destello de plata cortó la cabeza del primer monstruo.
Sangre oscura volvió junto a la cabeza de perro.
Levantó su brazo izquierdo y desvió las garras de un Kobolt con su brazal.
Chispas iluminaron los rostros de ambos.
El perro gruñó, Mufasa respondió con un destello de su espada.
Su cuerpo fue partido por la mitad, cayendo silenciosamente hacia un lado mientras otro monstruo pisaba su cuerpo dividido.
La espada no se detuvo.
Desvió garras y cortó extremidades sin parar.
Donde la cabeza de un monstruo emergió, una decapitación sucedió.
Sin parar, sin detenerse, la espada se bañó con la sangre oscura de diversos monstruos.
La sangre se acumulo, así como las heridas imbloqueables.
Una sensación de fatiga comenzó a aparecer lentamente a medida que continuaba matando monstruos.
La ignoro.
Solo importaba una cosa…
¡Matar monstruos!
No quería detenerse.
¿Que si se cansaba por luchar por periodos prolongados?
¡No importa!
El deleite de blandir su espada es todo lo que necesita para seguir sonriendo con fiereza.
Incluso con el tiempo pasando, no le importó que su respiración se volviera errática.
Sus músculos comenzaron a arder, su pecho comenzó a subir y bajar con más fuerza.
No importaba.
Se estaba divirtiendo.
Un temblor recorrió nuevamente el calabozo.
Esta vez, fue tan brutal y devastador que los monstruos cayeron al suelo.
El calabozo se sacudió con fuerza, como si un gigante estuviera caminando justo al lado.
Una ola de calor llegó tras el terremoto Era caliente, pero incapaz de causar quemaduras debido a la distancia.
Sintiendo el calor en su rostro, Mufasa no pudo evitar preguntarse qué clase de ataque estaba enfrentando el Tuerto.
Incluso a una distancia considerada, el temblor era enorme y la ola de calor caliente.
Un hormigueo recorrió sus pies, subiendo hasta llegar a sus manos.
Aquello era magia.
Pero el ejecutor no era un mago, la onda de choque junto al terremoto no era producto de un mago.
Era algo más, algo más brutal y directo, como el Argonauta de Bell.
Desvió unas garras y luego partió por la mitad a un monstruo murciélago.
La sangre salpicó su rostro.
Pateó sus piernas y derribó a dos monstruos pequeños, como diablillos grises y feos.
Aplastó la cabeza de uno como si fuera un melón y apuñaló el pecho del otro, terminando con su vida y dejándole espacio para pasar al siguiente.
Levantó su espada, justo en el momento perfecto para interceptar un cuerno de un conejo monstruo.
La idea de continuar luchando sin parar trajo un calor explosivo a su pecho.
Un calor imborrable, ardiente y decidido.
Otro terremoto sacudió la cámara donde luchaba sin parar.
Levantó el rostro del monstruo que acababa de matar, sintiendo la ola de calor volver a golpearlo.
—Yo también quiero tener un ataque tan devastador.
Deseo desde lo profundo de su corazón.
El también deseaba tener una poderosa magia.
Fuertes pisadas se escucharon desde la oscuridad.
Una enorme figura con cabeza de cerdo emergió desde la oscuridad.
Tenía atada una vieja piel como falda y en su gruesa mano sostenía una rama como una porra.
—¡GROOOOHHHRR!
El enorme Orc rugió como un demonio, sacudiendo el aire con sus fuertes pulmones de monstruos.
Con un paso, el suelo se hundió ligeramente.
No solo era pesado, sino fuerte.
Avanzó como un cometa, blandiendo su gran garrote rama con tanta fuerza que hizo estremecer incluso el aire.
Mufasa reaccionó desde el momento que lo vio.
Agachándose bajo el garrote, cortó directamente en la pierna del Orc.
Los Orc, grandes monstruos de tres metros con cabezas de cerdo, contenían una fuerza explosiva capaz de herir severamente a un aventurero de nivel dos.
Pese a su fuerza, a diferencia de los minotauros, el Orc es un monstruo relativamente lento en comparación con el monstruo cornudo.
La espada trazó un hermoso arco plateado antes de cortar la carne del Orc.
Mufasa, extendiendo sus brazos para cortar con su alfanje, sintió una clara resistencia al conectar con su pierna.
—Sus músculos son duros —pensó, deslizándose hacia atrás.
Uso el pomo de su espada y destrozó el cráneo de un Kobolt.
Retomando su postura, salto hacia un lado cuando el garrote cayó desde arriba como un meteorito furioso.
El garrote cayó pesadamente contra el suelo, impactando con tanta fuerza que destrozó el suelo con su poder.
—Ese golpe me hubiera matado.
Una gota de sudor frío corrió por la frente de Mufasa.
Acto seguido, sonrió.
—Eso lo hace más divertido.
El garrote estalló en astillas al impactar contra el suelo rocoso.
Indefenso y desarmado, el Orc miro por el rabillo del ojo un destello de plata.
Una corte arrebató su visión por completo.
Ambos ojos cortados.
El monstruo soltó un aullido de dolor, desesperado y asustado por la pérdida de su visión.
Movió su enorme cuerpo hacia atrás, blandió sus gordos brazos de manera errática, como si intentara matar a Mufasa por pura coincidencia.
A varios metros, Mufasa mató a dos monstruos.
Vio al Orc luchar desesperadamente por conectar sus puños en la oscuridad.
—Je.
El Orc, cegado, sintió un dolor penetrante en su pierna, la que previamente había sido cortada.
Ahora, sin poder ver la dirección, sintió como su extremidad se separaba de su cuerpo.
Su cuerpo se inclinó hacia un lado, cayendo como un rascacielos partido por la mitad.
Su enorme cuerpo se estrelló contra el suelo, levantando una nube de polvo y provocando una corriente de aire.
Mufasa se acercó rápidamente.
—Se acabó, gordo.
Parado a su lado, encajó su espada contra el cráneo del monstruo.
El monstruo se estremeció visiblemente, luego se quedó quieto; sin vida.
Retiró su espada y comenzó a limpiarla con la piel del Orc.
—¡Por aquí!
Una voz retumbó desde las profundidades de un oscuro pasillo.
Pasos apresurados llenaron el aire.
—Ese bastardo le tendió una trampa al capitán Johan.
¡Matémoslo!
—¿Hah?
Más secuaces.
Será divertido.
.
.
.
Continuara…
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