Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 17
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17: Capitulo 17.-Cumpliendo mi palabra 17: Capitulo 17.-Cumpliendo mi palabra —Debe ser aquí.
En medio de la calle, con los rayos del sol iluminando sus figuras bien armadas, un grupo se paró frente a una gran puerta de madera.
Quienes pasaban por la calle les lanzaban una mirada rápida antes de regresar a lo suyo.
Parado frente a la puerta, Mufasa examinó la casa.
—Es lo suficientemente grande como para albergar a dos docenas de personas.
Desenvaino su alfanje.
—¿Cómo quieres hacer esto?
Moijma dio un paso a su lado y preguntó, con una mano ya cayendo sobre la empuñadura de su katana.
Sus ojos se movieron con tranquilidad.
Si había elfas secuestradas, se aseguraría de salvarlas.
Antes de que Mufasa ideara un plan de acción para salvar a las personas secuestradas, una enorme sombra dio un paso adelante.
Tokita, con una enorme sonrisa, rugió.
—¡Solo hay que derribar la puerta!
Su cuerpo se convirtió automáticamente en una bola de caño masiva, acelerando el paso sin piedad.
*KRAAASH* La puerta, lo suficientemente grande y robusta para detener un ariete, estalló en pedazos rotos cuando la enorme bala de cañón con forma humana impactó de lleno en su centro.
—Jajaja —Mufasa no pudo evitar reírse ante lo absurdo de la situación.
En el interior de la casa, varias figuras voltearon la cabeza de forma brusca.
—¡¿Qué fue eso?!
—¡Nos atacan!
—¡¿Qué?!
¡Muevanse!
Varias cabezas asomaron con caras molestas.
Espadas, lanzas y hachas se levantaron.
Tokita pareció notar algo, se alarmó y salió rápidamente de la casa.
Desde atrás de la formación, Pivot terminó de cantar.
—¿En qué momento comenzó?
Mufasa giró la cabeza sorprendido, sin haber notado el momento exacto en que el elfo comenzó a entonar su canto.
Pivot terminó de recitar y desató su magia.
Chispas de luz se arremolinaron alrededor de su báculo blanco, girando violentamente a medida que dos círculos mágicos se formaban alrededor de su figura.
Una bajo sus pies, de color blanco, y otro frente a la gema de su baculo.
Luego, se desató el infierno para la familia Anali.
Un rayo de luz atravesó el hueco de la puerta, adentrándose hacia el interior de la sede de la familia Anali.
Varios aventureros que cargaban, furiosos y con las armas en alto, miraron atónitos el destello de luz que acortaba la distancia a una velocidad aterradora.
*Boooooom* Una explosion ensordecedora cubrió la casa, destruyendo todas las ventanas, levantando grandes cantidades de polvo y haciendo estallar el aire por su potencia.
—¡Están luchando!
—¡Los aventureros están usando magia, corran!
Los civiles que pasaban tranquilamente entraron en pánico.
—¡Eso fue genial, Pivot!
Mufasa se giró hacia Pivot con la boca abierta y los ojos llenos de admiración.
Aquella demostración de poder mágico, un estallido tan brutal de luz que perfectamente era más poderoso que un c4.
—¡Maldición!
¡Tengo tanta envidia!
Rugiendo con malestar, levantó su alfanje y avanzó.
—¡Acabemos con ellos!
Sin dudarlo, se adentro en la nube de polvo que la magia de luz de Pivot levantó.
Dentro, su espada destello cortando el pecho de un hombre bestia.
—¡BASTARDO!
Una mujer apareció desde atrás, con una lanza apuntando directamente a su cuello.
Mufasa dobló su cuerpo hacia un lado, dejando pasar la lanza.
Dio un paso adelante y disparó su espada.
Un corte limpio directo en sus dedos.
La mujer retrocedió de un salto, evitando perder los dedos y retomando una posición más ventajosa.
Como lancera, comprendía la importancia de siempre mantener la distancia de su rival.
Mientras se mantuviera alejada, tendría una oportunidad de ganar.
Examinó la gran sala de estar de su hogar, ahora reducido a escombros y muebles quemados.
Varios de sus camaradas habían caído por el rayo de luz desatado por el elfo.
En un instante, su familia cayo en el caos.
Apretó los dientes con tanta fuerza que casi se los rompe.
– – – Mojima avanzó como un fantasma entre la multitud de aventureros que salían como un maremoto de acero y malas intenciones.
Su espada cortó limpiamente una mano.
Moviendo la muñeca, cambió la dirección y cortó el hombro de otro aventurero.
Salió sobre una pared derrumbada y vio unas escaleras que conducían hacia un túnel.
Entrecerró los ojos.
Si hubiera elfas capturadas, ese sería el lugar más obvio para encontrarlas.
Él se aseguraría de rescatar hasta la última de ellas.
Si lo hacía, tal vez…
—Jejeje…
*Clank* Reaccionando por instinto, levantó su katana y desvió una espada que cortaba directamente hacia su cuello.
Retrocedió unos pasos y miró a su rival.
—Oh, hola, bella damisela.
Una elfa de cabello rubio con hojas gemelas apareció.
La elfa tenía el ceño arrugado por la ira, sus ojos brillando con intención asesina apenas contenida.
Incluso a una distancia prudente, su mirada parecía maldecirlo de una forma enfermiza.
—Ustedes, bastardos, se atreven a atacarnos —gruñó, su voz tan oscura que congelaría el alma de cualquier persona adulta.
Pero Mojima solo podía ver otra cosa, ignorando su ira.
—Oye, tienes unos hermosos ojos.
La elfa parpadeo confundida.
¿Escuchó bien?
¿El bastardo que estaba asaltando su base, estaba…
elogiando sus ojos?
Una ola de intensa intención asesina estalló a su alrededor, llenando el cuarto en un instante.
Apretó su agarre sobre sus hojas gemelas, con el frío metal reflejando su irritación por el comentario del hombre.
—¡No te burles de mí!
Sus espadas gemelas cortaron de manera despiadada.
—¡No lo hago!
—Mojima negó con la cabeza, esquivó el corte doble de la elfa y retrocedió—.
De verdad creo que tienes unos hermosos ojos.
La cara de la elfa se retorció entre la ira, irritación y el desagrado.
Corto de nuevo.
Espadas gemelas y una bella katana chocaron con movimientos rápidos y precisos.
Mojima evaluó la habilidad y el nivel de la elfa con apenas un par de choques.
—Nivel 2, bastante hábil manejando sus espadas gemelas.
Probablemente entreno desde niña.
De camino al lugar, Mufasa le había contado brevemente que mató a su capitán en el calabozo.
Pero viendo la fuerza de la elfa, estaba claro que ocultaban el verdadero poder de su familia.
Al igual que ellos, usaban una tapadera para evitar revelar la fuerza total que poseían.
—¿Qué tal si terminamos esto y vamos a tomar algo juntos?
Conozco un buen lugar.
—¡Cállate!
– – – —¡Cállate!
En otra habitación, dos enormes Boaz devastaban todo lo que encontrarán en su camino.
Un martillo de guerra enorme cayó con una fuerza atronadora, reventando el pecho de un aventurero.
El pobre hombre salió volando hacia atrás con el pecho hundido.
Numerosos cuerpos adornaron el suelo con sus extremidades rotas y torcidas en ángulos no naturales.
—Estos tipos son demasiado débiles —suspiro Tokita.
Desvió una espada y golpeó la cabeza del atacante con su martillo.
El cráneo estalló en un instante.
—Pensé que habría un buen reto —a su lado, Kotobuki también suspiro con decepción.
Analizo el cuarto en busca de algo interesante, pero en ese momento sintió peligro.
Un agudo sentido de emergió estallo detrás.
Girando, levantó su enorme escudo y recibió un golpe devastador.
Un choque estruendoso lo sacudió por completo.
Incluso midiendo más de dos metros, con músculos como rocas y brazos tan gruesos como troncos, había sido sacudido por el impacto.
Apretó los dientes y plantó con fuerza sus pies en el suelo.
Tokita escuchó el golpe y se giró.
Miró con cautela al atacante.
Un hombre tigre con una gran hacha de batalla.
Llevaba una armadura de cuero de cuerpo completo, así como guanteletes de metal.
Movió su hacha como si fuera un tercer brazo.
—Jeje, se puso interesante.
Solo por el sonido y la reacción de su hermano gemelo, adivino el nivel del hombre.
—Montón de payasos, no saldrán de aquí con vida.
—Tienes bastante fe en eso.
Kotobuki retrocedió unos pasos hasta colocarse al lado de su hermano.
Levantó de nuevo su escudo, listo para recibir todos los golpes del hombre y darle a su hermano la oportunidad de acabar con el hombre.
—¡Vamos, hermano!
– – – Fuera de la casa donde diversas batallas estallaron, un elegante elfo permaneció como una estatua viviente en la puerta destrozada.
Elegante y bien parecido, parecía una obra de arte hecha a escala humana.
Pivot permaneció en silencio, observando la calle ahora vacía.
La seguridad de la ciudad no tardaría en llegar.
Giró la cabeza a tiempo para ver a decenas de aventureros acercarse con pasos veloces.
Llevaban una gran gama de armas, diferentes tamaños y diversos métodos.
Ninguno llevaba el uniforme de la familia Ganesha.
La familia Ganesha, los eternos policías de la ciudad de los héroes.
No eran una facción extremadamente poderosa, su capitán apenas alcanzaba el nivel tres.
Pero eran una facción adorada por las masas al siempre tratar de mantener el orden entre los aventureros.
Sin embargo, pese a actuar como los policías bajo las órdenes del gremio, su autoridad no llegaba a todas las familias.
Si dos aventureros de primera clase comenzaban a luchar, ¿como los detenían?
Peor aún, si los capitanes todopoderosos comenzaban a blandir sus armas.
¿Cómo detenían a esos seres capaces de provocar temblores con un solo movimiento?
¿La pobre familia Ganesha…
como podrían detener el alboroto del campeón absoluto de Zeus?
Negó con la cabeza.
La ciudad era un desorden.
La policía tardaría en llegar, probablemente ocupados con otros enfrentamientos a lo largo de la ciudad y el calabozo.
Demasiado por cubrir, pocos para llenarlos.
—¡Allí está!
El grupo de aventureros por fin llegaron a la puerta de la sede de la familia Anali.
Miraron al elfo parado como una estatua y arrugaron las cejas.
—Mis sinceras disculpas, pero no puedo dejarlas pasar.
Pivot permaneció recto como una flecha, acomodando su monóculo con indiferencia.
Analizo a los aventureros y dedujo que ninguno superó el nivel uno.
Probablemente eran refuerzos de la misma familia que estaban fuera, o una facción alineada a sus actividades criminales.
Cualquiera que fuera la razón, no los dejaría pasar.
—Maldita sea —el líder del grupo gruño al ver al elfo frente a la puerta.
Hecho la cabeza hacia atrás y examino a sus hombres.
Eran más de una docena, suficientes para coordinarse y acabar con aventureros de nivel superior a ellos.
—Es un mago, podemos con él si atacamos todos a la vez —dijo, desenvainando su arma.
—¿Es eso así?
Pivot permaneció sereno como siempre.
Extendió la mano hacia abajo y tomó la empuñadura de su espada corta y la desenvainó con lentitud, dejando que el silencio se propagara por toda la tropa de enemigos.
—No soy un mago —comenzó—.
Sino un espadachín mágico.
Varios tragaron saliva.
Ya estaban comprometidos a atacar, retirarse sería un golpe para sus orgullos.
Apretando los dientes, el líder levantó su arma.
—Ataquemos juntos.
…
—Urgh…
Las rodillas de la lancera tocaron con fuerza el suelo de madera, clavando su miserable cuerpo como una estatua sin vida.
Escupió sangre, luego levantó la cabeza.
Sus ojos estaban desenfocados, incapaces de mirar claramente la figura que la había derrotado.
Levantó una mano y tocó su pecho, se empapó de inmediato con un líquido rojizo y oscuro.
Dejó de mirar su pecho y regresó la mirada al niño.
Era borroso, pero incluso así, pudo ver aquellos orbes plateados observando sin ninguna emoción negativa.
Es solo un niño, eso fue lo que pensó.
—Hah..
hah…
Su pecho subió y bajó con fuerza, con un dolor penetrando su pecho abierto.
—Supongo que no estuvo mal —elogió Mufasa, limpiando una delgada línea roja en su cuello.
Una solitaria gota roja se deslizó por su cuello, pero su mano la borró rápidamente.
—Tu…
¿Como?
Mufasa le dedicó una sonrisa.
—Simplemente fui mejor.
Practicaba a diario con Mojima, un experto espadachín capaz de decidir sus batallas con pura práctica.
Sus juegos de manos, de pies y la elegancia de su espada eran suficientes para derrotar a cualquiera.
¿Que tendría más estadísticas?
Frente a Mojima eso no importaba.
La mujer se quedó en silencio.
Apretó los puños con impotencia.
¿De verdad le gano un niño?
Tanto tiempo entrenando, luchando para seguir adelante…
todo para que llegara un genio a derrotarla tras un par de intercambios de sus armas.
Se sintió humillada.
—Niño…
¿Cómo te llamas?
—Mufasa —respondió Mufasa, sin preocuparse en ocultar su nombre.
—Mufasa…
je, que nombre tan…
raro.
Mufasa se encogió de hombros.
—No me quejo.
La lancera bajo la cabeza hacia su mano llena de sangre.
Formó un puño con las últimas fuerzas que le quedaban.
Una sonrisa se formó en su rostro.
Incluso derrotada, no pudo evitar sonreír.
Su derrota a manos del niño era graciosa.
—Si existe otra vida…
quiero volver a tomar…
una lanza.
Los ojos de Mufasa permanecieron fijos en la mujer de rodillas, completamente derrotada; pero aun con un espíritu de lucha encendido.
—¿Por qué te uniste a esta familia?
La mujer levantó la cabeza, una mirada cansada apareció.
—¿Importa?
—Curiosidad.
Tras unos segundos en silencio, la mujer contestó.
—Analia-sama…
me tendió…
la mano…
¡Cof,cof,cof!
Una abrupta tos la hizo retorcerse en agonía.
La herida no paraba de derramar sangre, manteniéndose con vida únicamente por fuerza de voluntad y su bendición.
Los humanos con bendiciones eran ciertamente superiores.
—Ya veo.
Dio un paso adelante para terminar la batalla.
La mujer cerró los ojos con una sonrisa.
Mufasa no perdió más tiempo con ella y con un simple golpe del pomo de su espada, la noqueo.
No empezaría a matar a todo aquel que se le cruzara.
Los hombres del calabozo eran claramente traficantes de humanos, perdonarlos no era fácil.
Pero ella, la mujer de la lanza, parecía aferrarse a su vida como una cucaracha.
Le dio lastima.
—Bueno, entonces busque otro camino —le susurro, aunque ella ya no podía escucharlo.
Avanzó sin contratiempos, pasando junto a un samurai y una elfa con el rostro contraído por el odio y el resentimiento.
—Te lo digo de verdad, creo que podríamos tener una conexión especial.
—¡Muereteeeeee!
¿De que habla este idiota?
Ignoró el extraño comentario de su amigo Renard y avanzó hacia las escaleras que daban a un sótano.
Una puerta de madera bloqueó su paso.
La examinó brevemente antes de tomar la maza que llevaba atada en su espalda.
No solía usarla mucho, pero contar con un arma secundaria en caso de emergencia era necesario para sobrevivir.
Si su espada se rompió, ¿se quedaría desarmado?
Doblo las rodillas, bajo su centro de gravedad y dejó que un largo suspiro escapara de su boca.
Apretó el agarre en el mango de su maza y activo su habilidad.
Su maza disparo con una fuerza absurda para un nivel uno.
Un rayo negro se enrollo en la maza.
Apretando los dientes, Mufasa dejo que su maza estallara contra la puerta.
…
—Incluso Trokar salió, maldición.
En medio de una gran sala, numerosas jaulas se extendieron por las paredes.
Varios pares de ojos miraron la figura que se mordía las uñas, caminando en círculos.
Inquieto, el hombre no pudo evitar morderse las uñas.
¿Cómo había resultado todo así?
Ahora que por fin había alcanzado el nivel 2.
Un hombre de estatura promedio, pelo rojo rubio, ojos azules y mentón cuadrado estaba entrando en pánico.
El hombre, vestido sin su confiable armadura, estaba inquieto.
Su jefe le había ordenado resguardar la sala de mercancía mientras él salía a contener la amenaza.
Se supone que su jefe acabaría con ellos rápidamente, incluso su segundo al mando, una elfa de nivel 2, lo había acompañado.
Pero ningún regreso de arriba.
—¿Perdieron?
No pudo evitar murmurar con amargura.
¡Imposible!
Su jefe era un ser extremadamente poderoso, por lo menos dentro de los niveles 2 dentro de Orario.
Dejó el pánico y la incertidumbre de lado y caminó hacia el fondo de la habitación, donde una mesa con cartas desordenadas esperaba.
Su nombre es Nicoi, un aventurero recién ascendido a nivel dos tras cinco años como aventurero.
Nicolai no era el hombre más brillante del mundo, de hecho, carecía de la confianza para siquiera pararse frente a los seres más fuertes de Orario sin desmayarse.
Era un cobarde por naturaleza.
Lleno de inseguridades, se sumergió en el calabozo para cambiar.
El mundo lo recompensó.
Una extraña habilidad ligada a su confianza apareció.
Entre más confiado se sintiera, más fuerte se volvía su estado.
Pero no todo era de color de rosas.
La habilidad, un fuerte potenciador, era un arma de doble filo.
Así como potenciaba su estado entre más confianza se tuviera, esta misma debilitaba su estado cuanto más inseguro estaba de algo.
Frente a su capitán, el que no era la imagen pública, su habilidad siempre lo debilitaba.
Y ahora, ese mismo hombre que lo intimidaba, estaba luchando arriba con todas sus fuerzas.
—¿Debería huir?
—el pensamiento apareció de la nada.
¿A donde correría?
No podía regresar a su pueblo natal, lo habían echado tras varios incidentes.
—Tsk, ¡a la mierda la familia Anali!
Ahora soy un nivel dos, muchas familias querrán reclutarme.
Descartó sus inseguridades y rugió.
No necesitaba morir.
Miró a las personas encerradas en las jaulas.
Civiles indefensos en su mayoría, algunos pocos aventureros de nivel uno, insignificantes y débiles.
Si quería escapar impune, no podía dejar evidencia.
—Espero que entiendan que no es personal, pero quiero empezar de nuevo.
Desenvaino su espada para…
*KRAAASH* Un estruendo sacudió la entrada de la gran sala, destrozando la puerta de madera con una fuerza absurda.
La madera estalló en un instante, volando astillas y trozos.
—Jajaja, ¡Fue un gran golpe!
Su castigo había llegado.
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