Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 18
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18: Capitulo 18.-Leon rugiente 18: Capitulo 18.-Leon rugiente *KRAAASH* Un estruendo sacudió la entrada de la gran sala, destrozando la puerta de madera con una fuerza absurda.
La madera estalló en un instante, volando astillas y trozos.
—Jajaja, ¡Fue un gran golpe!
Nicolai se congeló en su lugar, con la espada a desenvainada y la intención de matar a todos los privados de su libertad.
“Me atraparon” Pensó con amargura.
Giro el cuerpo completo para encarar al intruso, a quien tendría que eliminar para poder limpiar la escena y borrar cualquier pista que condujera a él.
Al girar, vio a un niño león.
Tenía sangre seca en su armadura, resultado de haber luchado durante horas en el calabozo.
Pero parecía brillar, incluso manchado de sangre seca y polvo, el niño parecía no estar cansado en lo absoluto.
—¿Un niño?
—murmuró, sorprendido.
¿Un simple niño había destrozado la puerta?
¿Como?
Pensó en la magia, pero no había sentido ningún rastro.
Entrecerró los ojos con desconfianza.
Pelo blanco como la nieve similar a una melena y ojos plateados llenos de vida.
Un rostro hermoso, al punto de hacerlo sentir celos.
Vestía una armadura de cuero sencilla, sin decoraciones innecesarias.
La mirada del niño recorrió la sala hasta posarse en Nicolai.
—Interesante escena, ¿eh?
Una sonrisa depredadora se marcó en su rostro.
—Acabo de encontrar el premio gordo, jaja.
El alfanje del niño cortó el aire antes de posarse en su hombro.
Nicolai permaneció unos momentos en silencio.
¿Solo un niño?
¡Todavía tenía oportunidad de escapar!
Un plan se marcó en su cabeza.
Matar al niño rápidamente, luego acabar con todos los prisioneros y luego desaparecer en medio del caos.
Nadie podría culparlo, nadie podría apuntarle con el dedo.
Un plan perfecto.
Solo tenía que acabar con el niño.
Su confianza regresó como un maremoto.
—Tienes mala suerte niño —comenzó, levantando su espada en una postura estándar—, encontrarte con alguien claramente superior, supongo que no es tu día.
Una ceja blanca se levantó.
—¿No es mi día?
Jajaja, tienes razón en eso.
No lo negó.
Desde su visita con Osiris todo había ido hacia abajo.
Sobrepasó su límite moral al acabar con la vida de Johan, el supuesto capitán de la familia Anali.
Pero habiendo visto a la elfa, estaba claro que no era el capitán verdadero.
El Tuerto lo abandonó en el calabozo para ir a luchar contra otro aventurero de primera clase, lo que provocó que una marea de monstruos corriera en su dirección.
Sobrevivió, pero luego tuvo que enfrentar a tres idiotas.
Y ahora, estaba asaltando la base de una familia.
Estaba claro que sin ayuda ya estaría muerto.
La magia de Pivot había hecho casi todo el trabajo, barriendo a la mayoría de miembros de nivel uno.
Nicolai vio la mirada tranquila del niño, sobre todo esa sonrisa depredadora, y sintió un hormigueo recorrer sus manos.
—Estás demasiado tranquilo —escupió.
—Lo estoy —no lo negó.
—¡Entonces muere tranquilo!
Sin esperar respuesta, Nicolai presionó el suelo con sus botas y avanzó con un estallido de velocidad.
Mufasa reaccionó por puro instinto.
*Clank* Sus espadas chocaron con fuerza bruta.
La sonrisa de Mufasa se congeló al chocar su alfanje contra la espada bastarda de Nicolai.
Una ola de fuerza abrumó por completo sus brazos, haciéndolos temblar.
Sus piernas se doblaron, su cuerpo entero se dobló hacia abajo cuando el acero choco.
“¡Qué fuerte!” Levantó la cabeza justo a tiempo para ver una bota marrón estrellarse contra su coraza de cuero.
Sus ojos se abrieron como platos.
Su cuerpo salió volando hacia atrás, rodando varios metros antes de detenerse.
—¡Cof!…
¡Cof!…
Tosió un par de veces al detenerse.
Aquel golpe no era el de un nivel uno, sino el de un nivel dos.
Pero lo supo, era débil en comparación con Yamamoto o Mojima.
Debía tener poco tiempo desde que subió de nivel.
—Jejeje.
Incorporándose, no pudo evitar reír en voz baja.
Se había metido en un buen lío, uno del que no podía escapar ya.
Nicolai se acercó con pasos lentos, irradiando confianza.
Un rayo negro emano de la hoja de su alfanje.
—Interesante —alabo Nicolai.
Volvió a arremeter con fuerza explosiva.
Su espada trazó un arco desde arriba, cayendo con fuerza.
Mufasa respondió imitando la acción, pero trazando su propio arco desde abajo.
¡Clank!
Ambas hojas chocaron.
Los ojos de Nicolai se abrieron como platos.
Esta vez, la hoja de Mufasa había permanecido firme frente a la suya.
“¡Imposible!
¡Es solo un miserable nivel uno!” Sin detenerse, desvió la espada hacia un lado y atacó con un codazo directo al rostro de Mufasa.
El niño león no pudo reaccionar a la velocidad del movimiento.
Su cabeza se impulsó hacia atrás.
Luego, un puño chocó contra su pecho de nuevo, esta vez más débil la patada inicial.
Mufasa retrocede mientras tosía, recuperándose con dificultad.
—Hah…
—respiro con dificultad.
Ese breve pero intenso choque había mostrado algo nuevo.
Su habilidad, Haoshku, era tan poderosa como para emparejar su golpe con el de un nivel dos recién ascendido.
Pero eso solo en su forma base, el efecto podría aumentar dependiendo su voluntad.
Pero había algo más.
El segundo ataque, el que se igualó con el de Mufasa, era más fuerte que el anterior.
Eso solo podía significar una cosa: ¡Una habilidad!
¿Cómo funcionaba esa habilidad?
No tenía idea, tampoco le importaba.
Bastaba saber que potenciaban a Nicolai.
Nicolai ahora permaneció en silencio, con el rostro sombrío.
¿De verdad igualó el golpe de un nivel dos?
Su habilidad era rara pero poderosa, capaz de aumentar su estado sin parar, pero su propia confianza limitaba el efecto.
Nunca había tenido un aumento tan masivo.
No podía entender una habilidad así.
“Es como la habilidad de ese hombre…
el glotón de la familia Zeus.
Dicen que puede aumentar su estado con una habilidad” Esa habilidad cambiaba las cosas.
Sintió que su confianza flaqueaba.
—No importa si tienes una gran habilidad, eres incapaz de reaccionar a mis movimientos —dijo Nicolai tras meditar—, igual te matare.
—Je…
tienes razón en eso.
No puedo reaccionar a tus movimientos.
Mufasa se incorporó de nuevo.
Una rara sonrisa apareció en su rostro.
Era diferente, más bestial, más desquiciada.
—Si no lo doy todo, me matarás.
Nicolai tuvo un mal presentimiento.
Sintió que su estómago se apretaba ante un presagio.
Bum-bum Un latido.
La expresión de Mufasa cambió drásticamente.
Sus ojos se volvieron feroces, salvajes y carentes de su antigua calma.
Sus colmillos crecieron, como si fueran cuernos torcidos.
El aire alrededor del niño león cambió en un instante.
Un aire violento, caótico, como si se enfrentará a un monstruo de las profundidades del calabozo.
Aquel monstruo, con ojos torcidos y feroces, le devolvió la mirada con profunda intensidad.
El monstruo estaba despierto, y ahora lo miraba como una presa.
—¡Uuuoooooooooooooohhhhhhhhhh!
Luego de mirarlo, rugió.
Un león rugiente apareció.
Nicolai se quedó congelado en su posición, incapaz de reaccionar tras el poderoso rugido del león del niño.
Lo sintió con ese único rugido.
El niño…
ahora estaba a su nivel.
Sus instintos gritaron con fuerza, instándole a moverse y acabar con él antes de que fuera demasiado tarde.
Pero no pudo moverse de su lugar, sus botas permanecieron pegadas al suelo.
El león estalló con fuerza.
Las losas se rompieron bajo la fuerza explosiva de sus pies, seguido de una presión abrumadora, como si un león estuviera a punto de cerrar su hocico sobre el cuello de Nicolai.
No se le permitió esquivar.
Un destello parpadeo frente a sus ojos.
*Clank* Ambas espadas chocaron con nueva fuerza, una retumbante de poder bestial y otra temblorosa y carente de confianza.
Los ojos de Nicolai vacilaron al sentir la nueva fuerza del niño.
“¿Que…?” El pensamiento se quebró en la mente de Nicolai.
Sus brazos, antes firmes contra el niño, ahora se entumecen con un simple choque.
La fuerza del niño lo estaba empujando, obligándolo a retroceder centímetro a centímetro.
No era un golpe igual, era superior a él.
Aquella beatificación no era una simple habilidad potenciadora, era algo más allá de todo lo que había visto.
Los hombres lobo tienen una igual de poderosa, pero sin la luna llena era prácticamente inutil.
Pero esto era muy diferente.
No hubo detonantes o condiciones que cumplir, solo una activación a voluntad.
—¡No puede ser…!
—gruñó entre dientes, mirando los ojos bestiales del niño.
Mufasa, con colmillos expuestos en una sonrisa feroz y ojos encendidos en salvajismo, empujo su alfanje hacia adelante con un bramido gutural.
—¡Grrrrrraaaaah!
El suelo bajo sus pies, adornado con lozas, se agrieto bajo sus pies mientras descargaba una fuerza imposible para un nivel uno.
Nicolai, abrumado, intentó resistir el empuje…
pero la presión sobre su espada era abrumadora, inaudita.
Sus muñecas dolían, sus dedos se entumecen.
Era como si luchara contra una bestia salvaje en lugar de un niño.
¿Esto era el talento?
¿Los bendecidos por los cielos?
Quiso gritar de frustración.
Su confianza se desmoronó.
—¡Estupido niño!
¡No eres más fuerte que yo!
—rugió Nicolai, desesperado.
Presa del pánico, rugió con desesperación.
Estaba acorralado, empujado hacia atrás por un niño.
La espada de Nicolai empujó hacia atrás, separando brevemente las dos hojas.
Pero Mufasa no retrocede ni toma espacio para recuperarse.
Avanzo.
El corazón de Nicolai latió con fuerza.
*Bang* Un puño lo impactó directamente en el estómago.
El aire escapó de sus pulmones con un sonido agónico.
Voló hacia atrás como una flecha, estrellándose contra una jaula pegada a las paredes.
Su espalda recibió todo el impacto, dejándolo un momento aturdido.
“¿Qué está pasando…?
¿Me van a matar?” El pensamiento lo hizo marearse.
Se levantó, tambaleándose mientras miraba a la bestia encerrada con él.
El niño no le dio tiempo a pensar.
Apareció de nuevo frente a él en un instante, los ojos vibrantes de intensidad.
Su sombra se proyectó sobre la de Nicolai, como la de un depredador a punto de extender sus garras y destripar a su cobarde presa.
Un destello de plata cortó el aire.
Nicolai levantó su espada con pánico escrito en su rostro.
Tenía miedo, quería escapar cuanto antes.
¿Las pruebas que tenía que borrar?
No importaba ya, solo mantenerse con vida bastaba.
La espada cayó como una sentencia.
Nicolai quiso defenderse.
*GRRRRK* El impacto derribó su guardia en un solo impacto.
La fuerza del golpe lo hizo retroceder de nuevo, estrellando su espalda contra la jaula.
Sus brazos temblaron violentamente.
Pero no era por el golpe.
Era miedo.
Ese miedo que le apretaba las entrañas, que le secaba la boca, que le hacía sentir como un miserable corderito caminando hacia la guarida del lobo.
Ese miedo que movía su habilidad.
Con cada impacto que daba, lo sentía.
Sus estadísticas estaban bajando.
Su habilidad le estaba aplicando un poderoso Debuff a causa del temor que sentía.
Como si una mano invisible raspara su alma, borrando números a la fuerza.
La fuerza que había entumecido los brazos de Mufasa…
ya no estaba.
Su cuerpo se sentía más ligero, sus reflejos más lentos, sus brazos más débiles.
Su propio falna se estaba derrumbando, hundiendo, reduciendo su poder.
Nunca había tocado fondo.
Era más débil.
Al punto en que…
en que no pareciera un nivel dos.
Su habilidad, rara en sí, depende de una sola cosa: su confianza.
Y esa confianza acaba de colapsar en el momento que aquella bestia despertó.
Como un techo podrido de madera que se derrumbaba ante la mínima presión.
Se enredó alrededor de su cuello como una soga.
Mufasa se detuvo frente a él.
Nicolai ya no era un oponente divertido.
Ver su pánico le amargó la lucha.
El niño león levantó su alfanje una vez más.
—Oye —gruñó con voz gutural—.
¿Qué demonios haces?
No respondió, solo pudo tragar saliva.
Mufasa dio un paso adelante.
La presión bestial aumentó.
—Eres más fuerte hace un momento —dijo, casi sonando decepcionado—.
Ahora tus golpes son miserables.
Un escalofrío recorrió la espalda del hombre.
—Es tu habilidad, ¿No?
—continuó la bestia sin relajar su expresión bestial—.
Así funciona, con confianza.
Nicolai abrió los ojos, horrorizado.
¿Cómo lo sabía?
¿Cómo podía saberlo?
¿Lo pudo deducir tan fácilmente?
—No tienes que decírmelo —añadió, levantando su arma—.
Puedo verlo.
Tienes miedo.
La amargura se disolvió en su sonrisa feroz.
—¡C-callate!
Los prisioneros mantuvieron la respiración.
La libertad estaba tan cerca.
—Que patético.
Tsk…
—chasqueo la lengua—.
Esto no tiene gracia.
Nicolai apreto los dientes.
—No…
no me mates.
Yo…
yo….
no quiero morir.
La mirada bestial del niño ni siquiera parpadeo.
Sus ojos recorrieron la gran sala brevemente, mirando las jaulas.
—Suplicar por tu vida, que patético.
*Swish* Un corte horizontal.
Rápido, inevitable y feroz.
La garra no se detuvo ante la misericordia, avanzó hasta acabar con su presa.
Un objeto cayó al suelo.
El cuerpo del hombre tembló antes de desplomarse hacia un lado, sin cabeza.
Mufasa no vaciló.
Solo dio un paso hacia atrás para evitar que sus botas se llenaran de sangre.
Los ojos de Mufasa poco a poco volvieron a ser normales.
El salvajismo y la presión bestial que emanaba se disolvió tan rápido como llegó, sin dejar rastro.
—Huh…
—soltó un suspiro.
Una ola de fatiga golpeó su cuerpo.
[Nemea] una poderosa bestificacion capaz de fortalecer enormemente su estado, comparable a la subida entera de un nivel.
Pero un aumento tan explosivo tenía requisitos y consecuencias.
El cansancio no podía ser tratado con pociones o magia, necesitaba descanso real.
Mufasa disfrutaba de luchar por tiempos prolongados en la mazmorra, por lo que usar su habilidad no era muy común.
Su resistencia aumentaba día tras día, monstruo tras monstruo.
Cansado, limpio su alfanje y luego lo envaino.
Tomó las llaves del cuerpo de Nicolai y luego las arrojó a una de las celdas.
—Son libres si así lo quieren.
Con esas palabras, regreso a la superficie.
Si los prisioneros quisieran, saldrían de aquel lugar y recuperarian sus vidas.
Tomo las escaleras y regreso a la superficie, donde las batallas ya habían terminado.
—Que lastima —susurro Mojima, arrodillado al lado de una elfa—.
De verdad sentía que teníamos una conexión.
La elfa estaba tendida en los escombros, con una X marcando profundamente su pecho.
Sangre brotó sin parar, pero la elfa aún permanecía consciente.
Abrió la boca con dificultad, mirando a Mojima con desprecio.
—Pudrete…
bastardo…
Los ojos de la elfa se apagaron.
Mojima suspiro pesadamente, negando con la cabeza como si acabara de ver una gran pérdida para el mundo.
Se giró para verlo.
—¿Se acabó?
—Se acabó.
—¿Había elfas secuestradas?
—pregunto con seriedad.
—Creo —dijo Mufasa, encogiéndose de hombros—.
Les di las llaves para que salgan por su cuenta.
El gremio llegará pronto, ellos se encargaran del resto.
—Bien.
Vámonos.
Los dos dejaron a la elfa y pasaron a la gran sala.
Tirado sobre un charco de sangre, un cuerpo aplastado y retorcido, con huesos aplastados y visibles, aparecio.
Era un hombre tigre, ahora destrozado hasta casi quedar irreconocible.
Dos enormes siluetas se pararon a su lado.
Kotobuki echaba una posición sobre una horrible herida en el hombre de Tokita.
A su lado, el hombre tigre destrozado permanecía sin vida.
Ambos se giraron al escuchar pasos.
Kotobuki sonrió.
—Entonces, ¿se acabó?
—Se acabó.
—¡Vamos a tomar!
—grito Tokita con grandes ganas de beber.
Mufasa esbozo una pequeña sonrisa al escucharlos.
Acababan de destruir a una familia por completo, acabando con sus miembros y destapando una red de tráfico.
Mientras se preparaba para irse, recordó el motivo inicial.
“Casi me olvido de ella” Regreso corriendo a las escaleras, solo para ver a decenas de personas salir de las jaulas.
Entre ellas, una joven chica Hume ayudaba a otros a levantarse.
“No parece necesitar ayuda” Giro sobre su talón y regreso con los demás.
Tomaron un gran saco y recogieron todo lo que pareciera de valor, como armas, cuadros caros e incluso dinero directamente.
Era saqueo.
Pero, después de todo, los muertos no lo necesitaban.
Al salir encontraron a Pivot, parado en silencio al lado de la puerta.
Su elegante abrió estaba manchado de sangre, su monóculo roto y su ropa tenía numerosos cortes menores.
En general estaba bien, mucho mejor que Tokita y Mojima.
—¿Se acabó?
—Se acabó.
—¿Qué hay de los prisioneros?
—Ya están saliendo.
El gremio se encargará cuando lleguen —aseguró el niño león.
—Hablando del diablo.
Un grupo de personas se acercaban corriendo mientras eran escoltados por varios miembros de la familia Ganesha.
A juzgar por las apariencias, estaba claro que no era el primer lugar que visitaban.
Sus ropas estaban cubiertas de polvo y los miembros de la familia Ganesha parecían haber salido de una extenuante tarea.
Seguramente contener aventureros caóticos.
Numerosos civiles asomaron las cabezas por las ventanas.
Las peleas entre aventureros eran el pan de cada dia.
¿Pero invadir la sede de otra familia y acabar con ella por completo?
Eso no era algo muy común.
Lo más seguro es que el gremio hiciera presión.
Pero…
¿De qué familia eran los que invadieron?
Nadie pudo identificarlos.
—Vayamos a beber —dijo Mojima al verlos acercarse.
Con eso, desaparecieron como si no hubieran destruido una familia por completo.
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Continuara…
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