Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 19
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19: Capitulo 19.-Nivel 2 19: Capitulo 19.-Nivel 2 —No dejas de sorprenderme.
En medio de la habitación de su diosa, una oscuridad insondable emergió de las esquinas como si intentara devorar la realidad.
Sin inmutarse por ella, una hermosa diosa vestida con una túnica blanca y una corona de oro habló.
Leía tranquilamente los jeroglíficos en la espalda de su niño.
Sus ojos, apagados y carentes de cualquier calidad posible, recorrieron los jeroglíficos lentamente.
Para ella, una diosa, leer un idioma “difícil” era pan comido.
—Oh~ Un susurro de sorpresa se le escapó a la diosa.
Las sombras se retorcieron en la habitación, como si trataran cobrar vida para fusionarse con la oscuridad en forma humana.
Osiris se detuvo un momento, meditando algo divino en su cabeza.
Tras lo que le pareció a Mufasa una eternidad, Osiris dejó de leer los jeroglíficos brillantes en su espalda y los pasó todos a una hoja de papel en blanco.
Se dio la vuelta y le extendió la vuelta a Mufasa, que ya se colocaba una camisa.
—No se que hiciste para conseguir excelia de nivel superior, pero eres apto para subir de nivel.
Mufasa se animó de inmediato.
Por fin podía subir de nivel.
Había matado a Nicolai, un aventurero de nivel dos.
Pese a ser nivel dos, su propia desconfianza había jugado un factor muy importante en su derrota.
No era una hazaña legendaria como derrotar a un Minotauro irregular entrenado por un nivel siete, pero seguía siendo una hazaña a final de cuentas.
—Por ahora pospondré tu subida de nivel —dijo Osiris, sin importarle la emoción en los ojos de su hijo.
—¿Por qué?
Saliendo de su emoción, Mufasa le lanza una mirada acusatoria.
—¿Estás cuestionando a tu diosa?
La oscuridad se retorció nuevamente, impotente e incapaz de alcanzar a la deidad.
Osiris, deteniéndose, miró fríamente al niño que osaba cuestionar su autoridad.
A ella, una diosa.
Orgullosa y arrogante, no pudo tolerarlo.
Una sombra se inclinó ligeramente.
Esta vez el Tuerto no estaba en una esquina, en su lugar asomaron un par de orejas puntiagudas.
Su mirada fría le helo hasta la sangre.
En un momento así, extrañaba la presencia del tuerto.
No pudo evitar pensar en él.
¿Perdió su batalla?
Regreso a la realidad cuando sintió la intensa mirada de su diosa.
—No…
no lo estaba haciendo.
—Eso espero.
Caminando por la habitación, Osiris arrastró una sensación oscura, siniestra y opresiva.
Donde caminaba, la sala parecía estremecerse.
Las sombras parecían más profundas, las voluntades eran oprimidas.
Osiris ignoró todo a su alrededor.
Honestamente, estaba sorprendida.
Sabía que el niño tenía talento, ¿pero esto?
Poder subir de nivel en menos de un año, eso era una absoluta locura.
En todos sus siglos como diosa patrona, nunca había tenido a un niño con tal potencial.
Estaba segura que el potencial del niño era igual o superior al de los mejores niños de Zeus.
Miro a Mufasa, la oscuridad en sus ojos retorciéndose en la figura del niño.
Él era una oportunidad.
Tenía que nutrirlo bien, cuidarlo adecuadamente y pulirlo día y noche, todo para poder explotar su potencial de la mejor manera.
‘Debería darle un grimorio’ pensó la diosa.
Pero algo mas entro en su mente.
Un gran potencial, si, pero esa manera de mirarla…
le desagradaba.
¿Dudaba de ella…
de una deidad?
¿O tal vez…?
—Dime, Mufasa —comenzó, mirándolo desde arriba.
Sus ojos oscuros se clavaron como clavos—.
¿Piensas que tengo miedo de Zeus y Hera?
—Uh…
Mufasa bajo la mirada, ligeramente avergonzado.
Su acción, bastante obvia, dejaba en claro sus pensamientos.
Una sonrisa torcida se formó gradualmente en la diosa.
—Jajaja…
Soltó una risa hueca, vacía y carente de emociones.
La risa, hueca y muerta, parecía una mera forma de evitar cometer un homicidio familiar.
Incluso sin su poder divino, la mera presencia de Osiris era abrumadora, como una ola de oscuridad capaz de cubrir el mundo.
Se acercó de golpe.
Extendió los brazos y tomó al niño por el cuello de su camisa.
—¿Miedo yo?
—su rostro se torció en una mueca—.¡No les tengo miedo!
—rugió.
Un rugido lleno de ira, odio y resentimiento.
Mufasa se quedó en silencio, sorprendido por el arrebato de su diosa.
No la conocía muy bien, pero aquel arrebato era algo totalmente impensable.
Su diosa, siempre actuando con serenidad, había explotado por un simple comentario.
‘Parece que su relación con Zeus y Hera es más compleja de lo que esperaba’ El rostro hermoso de la diosa se retorció entre la frustración y el odio.
Sus ojos, siempre cargando una oscuridad insondable, se aclararon por primera vez desde que la conoció.
—¡Esos dos bastardos solo se aprovechan de la gran base que tienen!
¡Siempre ha sido así, confiando en esa estúpida base!
Sin parar de rugir lo que parecían excusas, Osiris continuó.
—Han gobernado demasiado tiempo…
es hora de borrarlos.
Me repugnan.
¿Y que si son los favoritos de Urano y del gremio?
Cuando los destruya no importara.
Levantare una nueva era yo misma.
Soltó a Mufasa, retrocediendo unos pasos.
Bajó el tono de voz, dejando de lado el exalto del momento.
—Tomaré el trono que tanto merezco —dijo, su voz cargada de odio y envidia—.
El trono me pertenece.
Yo ayudé a fundar esta ciudad, yo soy quien debe gobernar.
Sin abrir la boca, el niño león permaneció en silencio.
Abrió los ojos, mirando a su diosa arremeter violentamente por una mera idea.
Estaba claro que no debía volver a mencionar nada parecido.
Ni siquiera pensarlo, eso solo le traería problemas.
Sin embargo, descubrió algo nuevo.
‘Entonces ella ayudó a fundar Orario’ En la novela ligera, la mención de la familia Osiris era demasiado vaga, demasiado pasajera como para prestarle atención.
Lo único destacable era el enfrentamiento que llevaría a su final junto con toda la facción egipcia.
En dicho enfrentamiento, habían muerto presumiblemente los aventureros de primera clase de la familia Osiris.
Tras el incidente, los aventureros de segunda clase de la familia Osiris pasarían a formar parte de Evilus, para posteriormente ser convertidos en los soldados espirituales.
Y ahora, Mufasa participará en el incidente.
¿Sobreviviría?
No lo sabía.
Pero no tenía miedo.
De hecho, estaba emocionado.
Decenas de aventureros de primera clase se enfrentarán en lo que sería una de las batallas más épicas de la historia de Danmachi.
‘Pero…
si no se menciona en la novela, puede que no la lucha no haya sido en la superficie.
¿El calabozo quizás?’ —Es suficiente.
La voz de Osiris, ahora recuperada, partió el silencio en la habitación.
La habitual oscuridad regresó a sus ojos, como si aquel arrebato no hubiera pasado en ningún momento.
Mufasa no indago.
La figura con orejas puntiagudas no reaccionó.
Osiris se tomó un momento para respirar, calmó su mente divina y eliminó cualquier pensamiento asesino.
‘Recuerda, es un diamante en bruto’ Tuvo que recordarse el gran valor del pequeño león hocicon.
No podía eliminarlo, no cuando había visto el enorme potencial del niño.
Incluso tras casi un milenio desde que descendió al mundo mortal, era la primera vez que veía talento.
Solo por esta vez, se lo dejaría pasar.
No lo castigaría.
—Llevas medio año en la familia y ya cuestionas a tu diosa —dijo, posando su oscura mirada en Mufasa—.
¿Te sientes con el derecho de cuestionarme?
—No…
—Exacto.
Un ser inferior, un mortal, no tiene el derecho a cuestionar las decisiones que toman los dioses.
Conoce tu lugar.
Descarto a Mufasa con un gesto de su mano.
—Vete —ordenó.
—Como ordene.
No se demoró más y salió con pasos apresurados.
Estar cerca de su diosa no era algo muy cómodo.
Cuando estaba con ella, era como tener una soga en su cuello en todo momento, lista para asfixiarlo hasta la muerte ante el mas mínimo movimiento.
‘Tsk…
que miedo da’ Como mortal, su capacidad para pensar era totalmente inferior al de una deidad.
Cuando se molestaba, aumentaba su aura divina, aquello con lo que se distingue a un dios.
Incluso las sombras parecían retorcerse cuando la furia se apoderaba de ella.
Examinó la hoja que Osiris le dio, donde estaba grabado su falna.
Mufasa Nivel 1 Fuerza: 520D Resistencia: 500D Destreza: 488E Agilidad: 452F Magia: 0i Sus estadísticas por fin habían alcanzado el rango D.
Tras vencer a Nicolai y tener una habilidad en rango D, significaba que calificaba para poder subir de nivel.
Nivel 2.
Eso es lo que esperaba.
Pero esperaría.
Por decisión de Osiris, su diosa patrona, seguiría subiendo sus estadísticas para tener una base más sólida.
La emoción burbujeaba sin parar.
¿Qué habilidad de desarrollo podría manifestar para escoger?
Basándose en su conocimiento, podría ser Cazador, Resistencia Anormal o Golpe de Puño.
Eran las más aptas para salir basándose en su desempeño y estilo de lucha.
Pensó en espadachín, pero el criterio para que se manifestara no era claro.
Usar una espada, eso era seguro.
Pero no se especificaba si era requerido un nivel específico de manejo o desempeño.
¿Tenía que ser tan bueno manejando una espada como Hogni y Aiz?
No tenía ese nivel.
—¡…!
Por un instante, muy fugaz, tuvo el absurdo pensamiento de que algo dentro de su cuerpo había fallado, como si una mano invisible, divina y cósmica, modificara a la fuerza algo en él.
Luego el caos.
Un repentino mareo lo hizo tambalearse.
Se inclinó hacia la derecha, extendiendo una mano para sostenerse junto a una pared.
Un dolor opresivo presionó su pecho.
Entrecerró los ojos.
El dolor no se parecía a nada que hubiera sentido antes.
No era el ardor familiar tras ser cortado, ni el dolor punzante de un gran impacto.
Esto era distinto, demasiado distinto.
Una punzada súbita, precisa y debilitadora.
Parecía que el simple hecho de respirar fuera un error.
—…
—intentò hablar, pero no salió ninguna palabra.
Su mano se cerró instintivamente en su pecho.
El latido bajo su palma no le dio ninguna respuesta.
Su corazón seguía latiendo, aunque de manera más errática.
—¡Maldición…!
Apretó la mandíbula, apretando sus dientes con tanta fuerza que casi los rompe.
Levantó una mano con ira y confusión, apretandolo en un puño.
Un rayo negro envolvio su palma.
Entre el enojo y la confusión, activo su habilidad más poderosa.
Un grave error.
El mundo pareció inclinarse.
Sus piernas perdieron fuerza, obligándolo a apoyarse por completo contra la pared.
Un frío antinatural le recorrió la espalda, contrastando con el sudor de su frente.
—¿Que…
que me pasa?
—murmuró, más confundido que asustado.
¿Se estaba muriendo en medio de la ciudad?
¿Qué pasa con su aventura?
Respiró hondo, pero el aire parecía no llegar a donde debía.
Cada inhalación era incompleta, como si su propio cuerpo no se pusiera de acuerdo sobre cómo funcionar.
El latido bajo su mano volvió a desordenarse.
Errático.
El dolor se retiró tan de golpe como había llegado, dejándolo apoyado contra la pared, temblando, con el corazón martillando sus oídos.
—¿Qué…
fue eso…?
—murmuró incrédulo, con sudor bajando por su rostro.
No obtuvo respuesta.
Aquella debilidad desapareció sin dejar rastro.
Un pensamiento llegó a su mente en un parpadeo.
Una imagen, una silueta.
Aquello no era normal, pero le recordaba a algo; algo que pasó en ese mundo exactamente.
La imagen de una bruja llegó a su mente.
—No…
no puede ser posible.
Se pasó una mano por su larga melena, calmando sus pensamientos y sonriendo como si no hubiera pasado nada.
—Debió ser mi imaginación.
El ser humano por naturaleza busca conservarse lo más posible, ignorando sus problemas para mantener la cordura, integridad o conciencia tranquila.
Mufasa no fue una excepción.
Actuando como si no hubiera ocurrido nada, finge demencia.
—Por ahora regresaré a casa.
…
Seis meses después —¡SALUD!
Diversas jarras chocaron con fuerza, salpicando el líquido que resguardaban con tanta cautela.
A nadie le importó, todos estaban bebiendo felizmente.
Tokita levantó a Mufasa en su hombro.
—¡Felicidades, Mufasa!
—felicito, dando un enorme sorbo a su gran jarra.
—¡Un brindis por el cumpleañero!
Kotobuki se unió a su hermano, felicitando a Mufasa por un cumpleaños falso.
Como miembros de la familia Osiris, no podían decir abiertamente su nivel, familia o cualquier cosa que tuviera relación con la familia.
Con eso en mente, celebraban sus subidas de nivel bajo el pretexto de un cumpleaños.
Todos levantaron sus jarras de madera por segunda vez en el día, sonriendo con fuerza y esperando con ansias para poder beberse todo de golpe.
Esta vez fue Yamamoto, el enano, quien rugió.
—¡SALUD!
Tomando aire con fuerza para después soltar un rugido atronador, Yamamoto se llevó su jarra a los labios, bebiendo con gran entusiasmo.
Como enano, llevaba la bebida en la sangre.
A su lado, Mojima le siguió.
El dúo de pervertidos eran de diferentes razas, diferentes edades, pero con un mismo pensamiento.
Ambos buscaban a su mujer ideal.
Una elfa.
Una hume.
—Son demasiado ruidosos.
Una pequeña silueta se quejó entre sorbos.
Poppy subió sus pies a la mesa sin ninguna clase de consideración por los modales o su posición como capitana de escuadrón.
Sorbió ruidosamente, casi pareciendo que un animal era el que bebía.
Pivot soltó un suspiro desesperanzador, levantando su jarra en silencio para brindar por su joven amigo.
No interactuaban mucho, pero respetaba al niño por su tenacidad.
Le pareció una lástima que no tuviera magia.
—Oye, Mufasa —llamo Mojima—.
¿Qué te regaló tu madre?
Mufasa parpadeo, luego sonrió al entender.
—Un cazador de peluche.
—¡Aún eres un niño!
¡Jajajaaj!
Kotobuki y Tokita estallaron en carcajadas.
La palabra Cazador fue entendida por todos los amigos de Mufasa.
Si decia cazador de peluche, significaba que había obtenido la habilidad de desarrollo Cazador.
—¡Pequeño mocoso, no deberías beber!
Desde el otro lado, una amazona gritó con fuerza.
Aunque hablaba, no paraba de beber, con las mejillas rojas y los ojos desenfocados.
—A tu edad yo ya masacraba a los invasores…
¡Burp!…
¡Era tan divertido!
Todos la ignoraron, fingiendo que la mujer no existía.
Poppy aprovechó para alzar la voz.
—Ahora el regalo.
Bajando los pies, levantó un objeto envuelto en una lona de cuero.
La colocó en el centro de la mesa y miró a Mufasa a los ojos.
—Este es un regalo de todos.
Mufasa se acercó con entusiasmo.
Con un tirón, retiró la lona de cuero.
Bajo la lona apareció una hoja curva plateada, corta pero amenazante.
No era elegante, era brutal.
Perfecta para el estilo de Mufasa; directo y brutal, sin movimientos elegantes, solo precisos y letales.
El alfanje descansaba sobre la mesa de madera como si estuviera dormida.
Su hoja era más ancha de lo normal, gruesa en el lomo, con un filo para parecia morder la luz.
—No está pensada para los movimientos elegantes de un maestro espadachín —señaló la Pallum—.
Está diseñada para arrancar carne, hueso y vidas.
Mufasa contuvo el aliento.
La tomó por el mango.
—Es pesada —murmuro, sintiendo su peso.
—Y vaya que lo es —respondió Tokita, limpiando su boca tras un gran trago—.
Así no tendrás que preocuparte por romperla con tus sueños.
Sueños, la palabra secreta para las habilidades.
Su poderosa habilidad destrozaba las armas al usarse por mucho tiempo.
Mufasa pensó en lo absurdo de la situación.
Hablaban en códigos, como si fueran agentes encubiertos; pero verlos ahí, regalando una espada a un niño en medio de una taberna a medio llenar.
Casi se rió.
Tomó la espada con ambas manos.
El peso descendió por sus brazos como una verdad incuestionable.
No era incómodo.
Al contrario.
Era una sensación correcta.
El equilibrio estaba adelantado, obligando a cada golpe a comprometer todo el cuerpo.
Un arma que exigía compromiso.
A Mufasa le encantó.
—La hoja es más gorda para que no se quiebre —añadió Yamamoto, golpeando la mesa con orgullo—.
No es una esgrima bonita.
Es para destrozar.
Kotobuki señaló la empuñadura.
—Se ajustó al tamaño de tus manos.
Sigues en crecimiento, y tu raza suele crecer mucho, así que hicimos la empuñadura lo suficientemente grande para que no moleste por un tiempo.
Llegado el momento, tendrás que cambiarla.
Mufasa pasó el pulgar por el lomo, sintiendo las marcas irregulares del forjado.
No eran decorativas.
Eran cicatrices del proceso, prueba de que había sido rehecha más de una vez hasta quedar como estaba ahora.
—¿Le pusieron nombre?
—No —respondio Poppy, mirandolo como si fuera idiota—.
Eso te toca a ti.
El niño levantó la vista.
Todos lo observaban en silencio.
Mufasa pensó durante unos momentos, luego habló.
—La llamaré Romeo.
—Un buen nombre.
—Ese nombre le quedaría más a una espada ropera.
—Aburrido.
—Elegante.
Me gusta.
—¡Buen nombre, niño!
¡Burp!
Todos dieron sus propios comentarios sobre el nombre, mostrando apoyo, comprensión o clara burla.
Mufasa apoyó el alfanje contra la mesa, mirándolo como si fuera algo más que acero.
Y por un instante breve, casi imperceptible, un latido extraño recorrió su pecho.
Un dolor abrasador recorrió su pecho, paralizando sus movimientos.
Mufasa fingió que todo estaba bien.
Era ‘eso’.
Sabía que estaba enfermo, su propio estado se lo dijo.
Su diosa no lo dijo en voz alta, pero su decepción era evidente.
No lo dijo, pero las líneas en su hoja mostraban la cruel verdad.
Ignoro el dolor.
Esta noche era de risas, bebida y acero nuevo.
—¡SALUD!
—gritó alguien.
Las jarras volvieron a chocar.
Y mientras el festejo continuaba, el alfanje reposaba junto a él, silencioso, esperando su primera cacería.
Observando desde la lejanía, con oscuros y retorcidos ojos observando el festejo, una deidad observaba en silencio.
El Tuerto a su lado permaneció en silencio, esperando una indicación de su diosa.
La diosa no habló, pero sus puños delataban su estado de ánimo.
—Qué decepción.
Un susurro bajo, casi tan bajo que apenas fue audible.
Por un instante, el Tuerto juro que el cuerpo se volvió más oscuro, como si la oscuridad respondiera al estado sombrío de su diosa.
—Un joven diamante en bruto, listo para pulirse en la más hermosa joya…
y resulta que la joya está podrida.
La decepción se filtró como si fuera veneno, corrosivo y destructivo.
Bajo la mirada hacia la hoja donde grabó por completo el estado del niño.
No se la entrego, solo lo felicito y le informó sobre la habilidad de desarrollo que escogió por èl.
La habilidad era…
una cosa absolutamente absurda.
Pero como diosa, entendía mejor que nadie lo que significaba.
Una habilidad con tantos efectos, tan descarada y tramposa, manifestada por una enfermedad…
solo podía significar una cosa.
—Se le acabó el tiempo…
que decepción.
Planeaba darle un grimorio por su subida de nivel.
Que lástima.
Observo la hoja, donde estaba grabada la poderosa e injusta habilidad.
– .
– .
– .- Mufasa Nivel 2 Fuerza: 0i Resistencia: 0i Destreza: 0i Agilidad: 0i Magia: 0i Cazador i <Habilidades> [Haoshoku] ● Aumenta enormemente el poder de ataque.
● El efecto aumenta según la voluntad.
● Disparador activo.
[Nemea] ● Fortalece enormemente todo el estado al convertirse en bestia.
● Disparador Activo.
[Cordyceps] ● Fortalece las habilidades de desarrollo.
● Incrementa las habilidades mágicas.
● Permite usar la habilidad de desarrollo Golpe Supremo.
● Acelera la velocidad de crecimiento en base al dolor y el deterioro.
<Magia> – .
– .
– .- —Con ese tipo de efecto…
le doy medio año.
Tantos efectos poderosos, cada uno suficiente para formar habilidades que cualquier aventurero envidiaria.
Incluso si fuera uno solo de los efectos, sería una de las mejores habilidades de Orario.
No la mejor, pero estaría en la cima.
Un hermoso diamante a pulir en la mejor joya de Orario, al mismo nivel que los campeones definitivos de Zeus y Hera, incluso mejor que ellos.
Pero esa joya nunca existiría, el mundo mismo se estaba encargando de apagarla.
Frunciendo los labios con decepción, Osiris arrugo la hoja en sus manos y la arrojó a un lado.
Mientras se daba la vuelta con indiferencia, el cuerpo del Tuerto se movió para tomar la hoja.
La recogió sin cuidado, luego la quemó con una antorcha.
La poderosa habilidad quedó borrada para siempre.
Medio año, esa era la cantidad de tiempo que le daba Osiris.
En base a su habilidad y las tendencias del niño por aventurarse, llegó a la decepcionante conclusión de que el crecimiento del niño explotaría enormemente.
Quizás, teniendo mucha fe, llegaría a subir al nivel tres antes de apagarse por completo.
Una rosa en proceso de marchitarse, así lo veía Osiris.
.
.
.
Continuara.
Aquí esta el estado de Mufasa antes de subir de nivel.
Mufasa Nivel 1 Fuerza: 999S Resistencia: 999S Destreza: 989S Agilidad: 992 Magia: 0i
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