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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 Capitulo 20-Athea
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20: Capitulo 20.-Athea 20: Capitulo 20.-Athea —¡Cof!

¡Cof!

Mufasa se sujetó el pecho con fuerza, tosiendo violentamente sobre su mano.

En su mano, apareció un líquido oscuro, espeso y con un olor penetrante.

Una mueca llena de amargura apareció en su rostro.

Habían pasado dos semanas desde que había subido a nivel dos.

Desde entonces, su crecimiento se había disparado enormemente, era casi injusto.

Ver sus estadísticas crecer le hizo pensar en Bell y su absurda habilidad.

Pero era distinto, a medida que crecía, su condición empeoraba.

—Mierda…

esto es muy injusto.

Molesto y amargado, limpio su mano llena de sangre oscura con un pañuelo.

Mirando a la nada, con sus ojos desenfocados.

—Si…

lo es.

Esto es una mierda.

Su expresión cambió sutilmente, pareciendo ligeramente lamentable.

La desesperación asomo un poco en sus ojos.

Solo en su habitación, sin que nadie pudiera ver su debilidad, Mufasa mostró sus verdaderos pensamientos.

No quería morir, no de esa forma.

Era inaceptable.

Se tambaleó hacia adelante, dio un paso y luego colapsó cuando un mareo abrumador nubló su mente.

Sus extremidades se paralizaron, se volvieron toscas y pesadas.

Su pecho bajó y subió con fuerza, como un tambor retumbante de guerra que declaraba el fin de su aventura.

Inaceptable.

Apretando los dientes, se obligó a moverse.

Toc Toc Toc —¡Mufasa!

¡Tenemos que irnos ya!

El rostro de Mufasa se iluminó.

Respiro profundamente antes de comenzar a equiparse.

Ato su nuevo alfanje a su cintura, colocó una armadura de cuero y agarró una bola de cuero para meter sus pociones.

Completamente equipado, borró cualquier rastro de sangre y salió de la habitación.

Afuera lo esperaba Mojima, completamente equipado con su armadura de samurai.

—Vamos.

—Si.

Hoy tenían una misión especial, demasiado especial y sobre todo, peligrosa.

Era una cacería.

Había más partes involucradas, pero ellos servirán como acosadores que dividirán y asestaron golpes fatales.

Partieron de inmediato al calabozo.

En medio de un bosque lleno de grandes árboles, suficientemente anchos para cubrir sus figuras.

Poppy se giró hacia los miembros de su escuadrón.

—Muy bien.

Un ejecutivo de la familia realizará una emboscada a miembros débiles de la familia Hera.

Nuestra misión es atacar a un miembro selecto.

—¿Cuál es el objetivo?

—Nuestro objetivo es Athea Minz, aventurera de nivel 4 de la familia Hera.

Un pesado silencio se instaló cuando el nivel de la mujer fue revelado.

Nivel 4, algo totalmente diferente al de ellos.

—Este…

No quiero ser pesimista, pero eso está totalmente fuera de nuestra liga —dijo Yamamoto, claramente inconforme con su misión.

—Si, jefa.

¿Cómo derrotaremos a un aventurero de nivel 4?

Además, es de la familia Hera.

Esas lunáticas están más allá de los aventureros normales como nosotros.

—¡Dejen de llorar!

Poppy frunció los labios con disgusto.

Los cobardes no eran tolerados, y menos los toleraría ella.

Los miembros del escuadrón se movieron inquietos.

—Mufasa —se giró hacia Mufasa—.

¿Qué piensas?

Mufasa no dudo.

—¡Hagámoslo!

—¿Ven?

Eso es todo lo que se necesita.

Además, no estaremos solos.

El escuadrón de Tokita se unirá a nosotros.

Acomodo sus mazas, dejando atrás sus martillos gemelos.

Le dedico una mirada significativa a Mojima, el Renard del equipo.

—Mojima, tendrás un papel muy importante —dijo.

—No me digas que…

—Si, eso es.

Tendrás que usarla.

—¿Qué cosa?

—preguntó Mufasa, curioso por saber de qué hablaban.

Mojima soltó un pesado suspiro, uno que parecía tener un trasfondo increíblemente profundo.

Una historia no contada, una amargura cargada por la eternidad.

—Mi magia.

Los Renard somos conocidos por tener manifestar magias increíblemente raras.

En cuanto a su efecto…

no existe un efecto claro.

Es aleatorio.

—¿Cómo es eso posible?

Mufasa era un transmigrante, un ser distinto y ajeno al mundo de Danmachi.

Como transmigrador, había leído la novela de Danmachi.

Conocía el Falna y su funcionamiento, o al menos lo que la novela y su autor habia escrito.

Dentro del mundo mismo, las cosas podían cambiar o mostrar cosas nuevas.

Y ahora, frente a su amigo y colega, se enteraba de una magia sin efecto claro.

—Mi magia se llama Pandora.

Su efecto es…

aleatorio como ya dije.

Una vez designados los objetivos, diversos efectos aparecerán —explicó, bajando la voz como si intentara evitar seguir hablando.

—Vaya.

Los efectos, ¿Pueden ser negativos?

—No.

Todos son beneficiosos.

Van desde cosas sencillas como aumentos de estadísticas fijas, potencia de la magia, o espadas elementales.

Pero pueden haber efectos demasiado…

raros —contó—.

Pero usar la magia tiene un costo.

Gasta toda la mente que yo tenga en el momento.

Me deja fuera cada lanzamiento.

—Exacto.

Por eso la lanzaras una vez que logremos cercar a la mujer —Poppy intervino, marcando un plan—.

La cosa será así…

…

En las profundidades del bosque, un grupo de mujeres con trajes de novias y piezas metálicas encima, caminaron tranquilamente.

La líder de las mujeres, habló.

—Tomemos un baño en el lugar de siempre.

—Me parece buena idea, nya~ Una mujer gato aceptó con gusto.

Varias cabezas se giraron para verla con incredulidad.

Notando las miradas, la gata se puso a la defensiva.

—¡Yo también necesito bañarme, bastardas!

—Claro, como digas —la líder del grupo descarto las palabras de su compañera con indiferencia.

Avanzaron por la profundidad del bosque, donde las gemas que servían como cielo no alcanzaban a iluminar.

De repente, una de las mujeres se detuvo.

Sus orejas de animal se movieron al mismo tiempo que las orejas de la gata.

—Algo se acerca a gran velocidad —dijo, volteando la cabeza.

La líder levantó una ceja sin interés.

—¿Monstruos?

—No, no son monstruos —una elfa respondió en lugar de la mujer bestia.

Sus ojos se entrecierran—.

Es magia.

Un brillo de interés apareció en los ojos de la mujer.

La líder avanzó directamente hacia la dirección donde la mirada de su amiga elfa estaba.

Desenvaino su espada y flexiono las rodillas, luego salto.

La tierra se agrieto bajo el peso de sus tacones metálicos.

Se convirtió en un proyectil.

—¡Si quieres pedir mi mano, no necesitas ser tan tímido!

—rugio con alegría demencial.

Su espada golpeó.

Una gran flecha de fuego fue barrida por completo bajo el poder abrumador de su espada.

Aterrizando con fuerza, sonrió al levantar la mirada.

Su sonrisa tenía un objetivo en movimiento.

Un hombre avanzó con velocidad aterradora, cortando el aire con su hacha de dos manos.

La líder reaccionó de inmediato con su espada.

Un estallido atronador de acero resonó por todo el bosque.

—¡Es la señal!

—grito Poppy, poniéndose de pie—.

¡Carguen!

Todo el escuadrón se movió como un maremoto.

Mojima permaneció detrás de la formación, recitando su magia mientras corría en línea recta.

Mufasa se sorprendió al verlo realizar cantó concurrente.

Más flechas de fuego cubrieron el cielo, creando un mar de estrellas ígneas que llovió sobre la tierra y el bosque con fuerza.

Diversas explosiones resonaron por el bosque.

Las seguidoras de la líder se movieron para esquivar, sus vestidos de novia ondeando por los estallidos y las ondas de choque resultantes.

—¿Esta es su forma de proponer matrimonio?

Es un poco vaga —dijo Athea, aterrizando lejos de las explosiones.

—Espero que no rechaces la propuesta.

Una voz burlona apareció desde la oscuridad.

La pequeña figura de la capitana de Mufasa emergió desde detrás de un árbol, sosteniendo sus dos mazas con fuerza.

Los ojos de la Pallum brillaron peligrosamente.

Mirando la sonrisa de la Pallum, la mujer suspiró audiblemente, con demasiada exageración.

—No bateo para ese lado, pequeña Pallum —le dijo, desenvainando su mandoble.

La pequeña Pallum resopló con desdén.

—Tu y tu lunática familia, todas igual de retorcidas.

—¿Uh?

¿Acaso es envidia lo que escucho?

Lo siento, pero no sé de qué familia eres, pequeña.

—No es relevante.

—¿De verdad?

Si vienes a proponer matrimonio, lo normal es hacer una presentación adecuada —señaló con diversión.

Poppy apretó los dientes.

—Mojima, dispara.

Mojima termino de recitar su magia.

—…con este pecado, te invoco…

¡Pandora!

Chispas de luz emergieron una tras otra en un remolino de luz, girando violentamente sobre la cabeza de Mojima hasta tomar la forma de un cofre dorado.

El cofre soltó un chillido majestuoso, luego se abrió.

Como si fuera un mortero de la era moderna, el cofre de luz dorada comenzó a disparar flechas de luz una tras otra.

La primera chocó contra el cuerpo de Poppy, fundiéndose como si nunca hubiera existido en primer lugar.

—Je.

Parece que me tocó el premio gordo.

Los ojos de Poppy se encendieron con una luz carmesí.

Un aura llena de violencia inundó su figura, haciéndola parecer más aterradora de lo que su pequeña figura decía.

Athea no intervino, esperando pacientemente que terminara todo.

Sus ojos observaron con interés.

Había bastado un vistazo para confirmar su superioridad en poder, aunque estuviera rodeada por casi una docena de aventureros.

No se preocupó.

Otra flecha de luz atravesó el pecho de Mufasa.

Mufasa se examinó con cuidado, sin encontrar nada revelador.

De repente, su espada fue tragada por sombras oscuras.

La espada misma parecía tragarse la luz.

‘¡Qué genial!’ —¡Jajaja!

La atronadora risa de Yamamoto captó su atención.

No era como siempre, era más pesada, ronca y fuerte que nunca.

Casi parecía que quien reía era un gigante.

Al girarse para verlo, se congeló.

Un enano de casi tres metros se alzaba sobre el campo de batalla, con su armadura y armas creciendo en tamaño junto a su cuerpo.

—Mierda —no pudo evitar murmurar con asombro e incredulidad.

Antes le pareció increíble su espada de oscuridad.

Ahora, parecía el juguete de un niño al lado de la pistola de un adulto.

—Supongo que podemos comenzar —declaró Athea, mirando con asombro al enano gigante.

¿Una magia de gigantificacion?

Eso era increíble incluso para ella.

—Ahora si parece una buena propuesta de matrimonio.

Athea no les dejo responder.

Se movió en un arranque de velocidad, volviéndose un borrón para la mayoría de los presentes.

Apareció frente a Poppy, con su mandoble cayendo como si fuera la sentencia de la mismísima diosa Hera.

Su intención era clara, eliminar a la Pallum de un solo corte.

Poppy sonrió.

Su maza derecha interceptó su mandoble con precisión, estallando una onda de choque al impactar el acero.

—Vaya.

De verdad te llevaste el premio gordo.

Athea retrocede, girando elegantemente sobre su tacón derecho.

Su vestido de novia ondea bajo su coraza de metal.

Una sombra apareció desde arriba como un meteorito.

—¡Es hora!

Tokita bajo con un grito de batalla, bajando su enorme martillo con una fuerza temible para cualquier aventurero de nivel dos.

La mujer no se detuvo.

Su mandoble se levantó desde abajo, trazando un arco de luna.

Chocó con fuerza contra el martillo de guerra, borrando por completo su impulso y mandando a volar a Tokita varios metros, desapareciendo en la oscuridad del bosque.

Sin detenerse, bloqueo una espada de oscuridad.

—Nada mal, pero lo mio no son los niños —tras elogiar a Mufasa, estalló su rodilla contra la coraza del niño.

Una abolladura se formó.

Mufasa sintió que el aire se le escapaba de los pulmones.

Su figura se elevó, luego un segundo golpe destello contra su mejilla.

Todo se volvió borroso por un segundo.

Su cuerpo, como si fuera un proyectil, salió disparado hasta chocar contra un árbol.

Un bocado de sangre se le escapó de los labios.

‘Que fuerza’ pensó con asombro.

Se levantó con dificultad, sintiendo que su cuerpo le imploraba detenerse y descansar.

Lo supo con ese único golpe.

La mujer, Athea, no lo había noqueado por puro capricho.

No estaba atacando a matar, solo se estaba divirtiendo con ellos.

Athea bailó sobre el campo de batalla, desviando martillos, armas electrificadas y llameantes, luego bloqueo a Poppy.

Haciéndola retroceder con puerta fuerza bruta, arrancó.

Saltando con fuerza, apareció frente al gigante Yamamoto en un instante.

Su mano se cerró en un puño, luego impactó con fuerza suprema.

Yamamoto levantó su enorme escudo.

Los ojos de Yamamoto se abrieron con incredulidad cuando el puño de la mujer estalló contra su escudo.

La fuerza, tan demoledora como la de un gigante, empujo el enorme cuerpo de Yamamoto hacia atrás, haciendo que perdiera el equilibrio y se derrumbara.

—¡Bastarda!

Poppy arremetió con furia, balanceando sus mazas de acero en un frenesí de violencia.

Sin embargo, ninguno logró conectar contra el cuerpo de Athea.

Uno tras otro, fue desviado.

Athea dio un paso atrás, desvio un martillo y sin despeinarse, estalló su pierna contra el estómago de Kotobuki, enviándolo a volar en exactamente la misma dirección que su hermano gemelo.

La mirada de Athea permaneció tranquila, con una pequeña sonrisa.

Cada movimiento derrotaba o dejava gravemente herido a un aventurero.

Un rayo de luz iluminó el campo de batalla.

Athea se movió, interceptando el rayo luminoso con su mandoble, disipando su poder a la fuerza, igual que su amiga y líder de escuadrón.

Avanzó, apareciendo frente a Pivot en un destello.

Su puño golpeó su estomago, haciéndolo temblar, escupir sangre y arrodillarse por el enorme dolor.

—¿Entonces…

cuando se pone esto interesante?

—¡Tsk!

Desvió una espada llameante sin darle importancia, movió su espada y con un solo corte dejó fuera de combate a la amazona que cargó de frente.

Girando, asestó un puñetazo directo al rostro de Poppy.

El puñetazo no fue débil.

Poppy sintió como el mundo se comprimía alrededor del puño que estallaba.

Su pequeño cuerpo salió despedido varios metros, rebotó contra el suelo y rodó varios metros antes de detenerse.

Soltó un quejido mientras se levantaba.

Su nariz estaba rota, chorreando grandes cantidades de sangre.

Quiso levantarse, pero el mundo parecía estar dando vueltas.

—No…

no…

no me detendrá así —murmuró en voz baja La ira estalló en la pequeña Pallu.

La luz carmesí en sus ojos se volvió más intensa, más poderosa.

Athea no le dio importancia al estallido de furia de Poppy.

Giro sobre sí misma, su mandoble trazando un arco perfecto.

El acero golpeó, uno tras otro, de manera precisa.

No hubo cortes asesinos ni letalidad absoluta en sus cortes.

No les cortó ninguna extremidad, solo bailó alrededor de ellos con diversión y aburrimiento a la vez.

No se pudo decidir.

Uno cayó, luego otro.

La amazona que apenas se recuperaba del rodillazo fue derribada por un tacón de metal.

El bosque comenzó a llenarse de cuerpos inmóviles.

Mando a volar de nuevo a una furiosa Poppy.

Un gigante trató de embestir con fuerza bruta, como un tren en plena marcha.

Pero chocó contra un muro de carne y hueso con un vestido de novia blanco e impecable.

—Hmm…

—desvío sin interés la espada de oscuridad del niño león—.

Pensé que duraría un poco más.

La armadura de Mufasa estaba abollada, su respiración era pesada, irregular y errática.

La espada de oscuridad y sombras temblaba en su mano, como si compartiera el estado de su portador.

Aun así, el niño avanzó sin miedo.

Un brillo de interés genuino apareció en Athea.

Athea lo observó con interés genuino.

—Además de esa pequeña Pallum, eres el único que persiste pese a tus heridas.

Eso me gusta.

Mufasa apretó los dientes y cargó.

La espada oscura descendió con todo lo que le quedaba de fuerza, rasgando el aire en un tajo desesperado.

Athea no retrocedió.

Levantó el mandoble y bloqueó.

El impacto fue seco, brutal.

La diferencia de fuerzas fue absoluta.

La espada de Mufasa salió despedida, perdiendo las sombras que la envolvían.

Athea avanzó un paso y, con el movimiento más simple del mundo, le propinó un golpe directo al pecho con la empuñadura.

No hubo estruendos.

Solo un impacto profundo.

Mufasa sintió algo romperse dentro de él.

El aire abandonó sus pulmones en un espasmo violento.

Sus piernas dejaron de responder y cayó de rodillas, los brazos colgando inútiles.

Intentó inhalar y entonces ocurrió.

Un dolor conocido y ajeno a la lucha.

No era como el dolor provocado por la paliza de Athea, era diferente.

No fue superficial, sino interno, como algo retorcido dentro de su cuerpo.

Algo pareció contraerse con furia repentina, apretando su pecho.

—Gh…

urg…—la tos lo hizo doblarse.

Una bocanada de sangre cayó al suelo.

Luego otra.

Mufasa tosió con violencia, su cuerpo sacudiendo mientras grandes cantidades de sangre escapaban de su boca, manchando la tierra y su coraza abollada.

Athea levantó una ceja con genuina sorpresa.

—Mi golpe no provocó eso —declaró, como si una niña se excusara de una travesura.

Mufasa trata de hablar, de moverse, pero solo consiguió toser más sangre, sus manos temblando mientras trataba inútilmente de mantenerse de pie.

La mujer miró su puño, preguntando genuinamente si había destrozado sus órganos por accidente.

—Estoy segura que ese golpe no destruyó tus órganos.

—…Lo sé.

Un pequeño susurro, lleno de amargura, salió.

Mufasa alzo la cabeza, su visión nublándose por el dolor.

El mundo aprecio perder sus colores, sus sonidos desapareciendo poco a poco.

—Que mala suerte —dijo, dejando de mirarlo y centrándose en la furiosa Poppy—.

Supongo que te rendiste.

Sin dedicarle otra mirada, camino hacia los que aún seguían de pie.

El bosque se oscureció.

Las gemas en lo alto dejaron de iluminar.

Las figuras a su alrededor se disolvieron en sombras informes.

Mufasa cayó de lado, su cuerpo golpeando suavemente el suelo.

La tos cesó.

Miró los cristales en la cima que actuaban como un hermoso cielo despejado.

Su luz iluminó el piso entero, dando suficiente luz para construir una ciudad.

Una risa amarga y baja se le escapó.

—Rendirme…

La sangre se juntó en la boca.

—Ja…

Rio amargura y desdén…

hacia el mismo.

—No…

no me rendí…

Sus ojos plateados se encendieron con intensidad.

Su respiración errática se volvió estable de golpe, su pecho ardió con fuerza.

¿En qué momento se rindió?

Rayos negros estallaron a su alrededor.

Athea, tras bloquear una de las mazas de Poppy, volvió la mirada con curiosidad.

No sentía ningún poder mágico.

Algo que parecía tangible a simple vista, mágico, no tenía nada de poder mágico.

‘¿Eso es una habilidad?

Que interesante’ Entrecerró los ojos con interés.

Desvió la maza de Poppy, dando un paso adelante para acercarse y golpear su estómago con el pomo de su espada.

El aire escapó por la boca de Poppy, haciéndola escupir sangre y doblando hasta dejarla de rodillas.

Se abrazó el estómago.

—Parece que aún puedes seguir.

Observó al niño levantarse con dificultad, tomando su espada.

La mirada del niño estaba ligeramente vidriosa, como si ni siquiera logrará captar su entorno.

Un fantasma ciego.

Eso le parecía a Athea.

Sacudió la cabeza con diversión.

—Estás llevando tu cuerpo más allá de su límite.

¿Tanto quieres casarte conmigo?

Su comentario casual no fue escuchado por el niño.

Mufasa ignoró las palabras de Athea, en su lugar recordó la palabra que le había dicho ella antes.

Rendirse.

Eso le dijo, que se había rendido ya.

—¿Rendirme?

¿Cuándo?

—hablo en voz baja, con su mirada vidriosa cayendo en la figura borrosa de la mujer—.

No me he rendido.

Su corazón comenzó a latir con más fuerza al mismo tiempo que su dolor aumentaba.

Estaba quemando su vida con cada movimiento, con cada derrota.

—¿De verdad?

—cuestionó Athea, con una ceja levantada.

—No…

no me he rendido.

¡Yo…

yo…

yo aun puedo luchar!

¡Jajaja!

Los rayos negros estallaron con una fuerza tremenda, intensificando el aura alrededor de Mufasa.

Los rayos, la manifestación más pura de su enorme voluntad, envolvieron su alfanje.

—¡Nunca me rendí!

¡Nunca me rendiré!

¡Mi aventura todavía no termina!

Avanzó con sus últimas fuerzas, estirando hasta el último momento su mal herido y enfermo cuerpo.

No importan las consecuencias.

No importa lo que suceda en el futuro.

‘A la mierda el futuro, vivo el presente.’ Su espada corto el aire con un silbido, los rayos negros arrastrándose junto a la cuchilla.

Solo existe una vida, eso suelen decir los adultos cuando los jóvenes siguen un mal camino.

El desperdicio una vida en una sociedad que siempre pide más, y ahora, tenía una segunda vida.

No repetiría el mismo error.

No moriría sin disfrutar su vida.

Un único punto apareció.

Una silueta.

Athea, la aventurera de nivel cuatro de la familia Hera.

Solo un extra de la familia, una pieza en el fondo de la cadena alimenticia.

Incluso siendo el eslabón débil seguía siendo muy superior.

Su voluntad se manifestó de manera casi tangible.

Los rayos negros se retorcieron alrededor de su alfanje como serpientes furiosas, gritando en silencio contra el mundo.

El golpe descendió cargado de todo: su orgullo, su rabia, su miedo, su deseo de seguir vivo.

No era técnica, no era poder refinado.

Era una declaración.

Golpe Supremo cobró vida.

Aquella habilidad le permitía usarlo.

Ahora era el momento donde podría usarlo, aunque no lo supiera.

Athea respondió a la enorme voluntad del niño.

Algo asi, tan descomunal e increíble, no podía ser respondido a medias.

Le gusta el espíritu del niño.

Su mandoble cortó el aire con fuerza brutal, arrastrando un poder titánico.

El acero relampagueo.

Un fuerte ¡CLANG!

sonó de forma ensordecedora.

Las chispas volaron como insectos de fuego.

Ambos guerreros sonrieron, sin atreverse a retroceder.

Uno quiso darlo todo hasta el final.

El otro quiso responder a ese deseo con sinceridad.

La voluntad del león estalló con furia, avanzando como un incendio forestal, irreprimible, destructivo.

Como si fuera un maremoto de fuerza, se estrelló contra un acantilado de superioridad; una realidad cruel que tuvo que aceptar a regañadientes.

El choque duró menos de lo que dura un parpadeo.

El sonido no era el de dos armas iguales enfrentándose en igualdad de condiciones.

Fue el de un cachorro enfrentando a un verdadero depredador.

Athea sintió el golpe.

Y eso, por sí solo, fue suficiente para sorprenderla.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

No logró hacer que retrocediera o presionarla de verdad, pero pudo sentir la fuerza detrás de ese único corte, aquel espíritu indomable del niño.

La presión avanzó por sus brazos, demostrando la gran hazaña.

Incluso comprometiendo todo, el alfanje del niño apenas duró medio segundo antes de ser empujado hacia atrás por el mandoble de la mujer pelirroja.

Eso fue todo.

Un resultado inevitable.

La voluntad chocó contra un gran muro…

y fue aplastada.

Athea avanzó un solo paso.

No usó una técnica elegante ni una finta astuta, solo empujo su espada en línea recta, de frente.

Simplemente respondió de la forma más sincera.

Mufasa sintió que el mundo temblaba.

El golpe lo levantó del suelo y lo lanzó hacia atrás como una hoja muerta.

Su cuerpo giró en el aire antes de caer pesadamente contra la tierra.

Los rayos negros se disiparon en un instante, evaporándose como si un diluvio apagara un incendio forestal.

Su alfanje cayó a varios metros de distancia, clavándose contra un tronco.

Athea bajó su espada.

Lo observó con interés.

Mufasa intentó moverse.

Sus dedos se enterraron en la tierra, temblando.

Sus brazos no respondieron a su cerebro.

Su pecho ardía con cada respiración, como si se estuviera quemando por dentro.

Tosió sangre, más que antes.

—Eso…

—dijo Athea, deteniéndose un momento—.

No estuvo mal, niño.

Siéntete orgulloso.

Conseguiste que una aventurera de nivel cuatro sintiera el golpe de un nivel dos.

¿Quién puede igualar una hazaña así?

Camino hacia el sin prisa, ignorando la pequeña Pallum que cargaba de nuevo con violencia desmedida.

Una sola oscilación fue suficiente para poner fin a su marcha.

—¡Agh!

Un profundo corte atravesó el pecho de Poppy.

Puso fin a su frenesí producido por la magia de Mojima.

Miro la sangre en su pálido rostro, luego su pecho que subía y bajaba sin parar de forma irregular.

—Tal vez no tengas un futuro, pero al menos demostraste estar a la altura.

Nada mal.

Aunque no cambia el resultado.

Cuando la diferencia es esta…

el resultado nunca cambia.

—Je…

Soltó una pequeña risa.

Fue una risa ahogada, rota por la amargura, acompañada por un ataque de tos.

—Entonces…

¿No logre hacerte…

ni siquiera….

un poco de daño?

Athea inclinó ligeramente la cabeza.

—No.

Una respuesta simple y directa, sin consideración, sin endulzar la cosas.

Fue completamente honesta.

El niño atacó con total honestidad, ella respondería lo mejor que pudiera.

No se burló de él por fallar, no sintió que fuera necesario.

Ella no estaba ante un pequeño niño a jugar a ser aventurero, lo supo con ese único choque.

Ella estaba frente a un verdadero guerrero, uno con una voluntad muy fuerte.

—Pero supongo que fue un buen golpe.

El campo de batalla quedó en silencio.

—Tu…

bastarda….

Poppy, de rodilla, apretaba los dientes mientras trataba de detener la sangre que chorreaba de su pecho.

Sus mazas yacían a su lado, en silencio.

Sus manos temblaban mientras se manchaban de sangre, ansiosas por empuñar sus mazas y cargar de nuevo; pero lo sabía, no le quedaban fuerzas para levantarse.

Debía detener el sangrado lo más que pudiera.

Aunque le disgustaba admitirlo, la cacería había terminado.

Una derrota unilateral a pesar de usar su mejor carta; la magia del Renard.

Athea se dio media vuelta, envaino su mandoble con un gesto fluido y practicado antes de comenzar a caminar.

—Me retiro —anunció mientras se alejaba—.

Supongo que hoy no mataré a nadie.

Consideren esto una recompensa por ese golpe.

Sus pasos desaparecieron entre los árboles.

Una flecha de fuego iluminó el cielo.

—Hah…

—Poppy dejó escapar un suspiro lleno de decepción—.

Perdimos.

Nuestro ejecutivo también perdió.

Mufasa quedó tendido boca arriba, mirando el falso cielo de cristales del calabozo.

La luz le pareció lejana, borrosa.

Su pecho dolía mucho.

—Supongo que…

nos aplastaron…

—dijo entre respiraciones.

—Si…

Poppy arrastró las palabras, la ira y la furia desapareciendo cuando el efecto de la magia ceso.

Soltó un pequeño gemido de dolor antes de doblarse hacia adelante y perder la consciencia.

Mufasa sonrió con amargura.

Una pequeña lágrima se derramó por el rabillo de su ojo.

El destino ya estaba dictado.

Pronto moriría.

Tal vez hoy no, pero el día estaba muy cerca.

…

—Tu eres…

¿Vienes a pedir mi mano también?

Athea se detuvo frente a un figura alta, con dos hachas descansando en sus manos.

Barcelo se encogió de hombros con indiferencia, como si no le importara la visión tan retorcida de los miembros de la familia Hera.

—Vi que estabas aprovechándote de un par de pollitos.

Así que quise darte un veredero reto.

¿Por que no atacas a un gallo en lugar de los polluelos?

La mujer rio en voz baja.

—¿Un reto dices?

Eso si que es interesante viniendo de ti.

Por lo que recuerdo, fuiste derriba por ese hombre, desde entonces te volviste un fantasma —declaro—.

¿Acaso son miembros de tu nueva familia?

—Quien sabe.

—No lo son.

Entonces, ¿Por que aparecer como si los estuvieras vengando?

—Solo me apeteció.

Giro ambas hachas, haciendo que ambas cuchillas chocaran entre si y soltaran chispas.

Relajo los músculos, bajo su postura y apretó el agarre en ambas hachas.

—¿Solo te quedaras ahí hablando?

—Eres interesante.

.

.

.

Continuara…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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