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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 3

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3: Capitulo 3.-¡SALVATE!

3: Capitulo 3.-¡SALVATE!

Mufasa levantó la cabeza al notar la sombra, encontrándose con una enorme figura humanoide que le devolvió la mirada.

Sus ojos, carentes de algún razonamiento, lo miraron con una profunda malicia.

El humanoide levantó su grueso brazo, donde sostenía una enorme rama como arma, y lo aplastó con una fuerza atronadora.

—¡Muévete!

Una silueta pasó como una sombra a su lado, apenas perceptible para sus ojos.

Collin tomó el cuello de su camisa y lo jalo hacia ella, justo a tiempo para evitar el devastador golpe del monstruo.

La mujer no se detuvo.

Con un rápido movimiento desenvainó la espada en su cintura.

Al verla, Mufasa no pudo evitar pensar en una aguja de coser.

Larga y con forma puntiaguda, así era la espada de Collin.

—¡Sal de ahí!

Rof también grito, ordenándole a Mufasa regresar a la seguridad de la retaguardia.

Mufasa tomó aire y aclaró sus pensamientos.

No era hora de dudar.

Si dudaba, el enorme monstruo lo destrozaría con uno de sus golpes.

Se levantó rápidamente y corrió de regreso a la retaguardia, colocándose al lado de Rof y desenvainando su cuchillo cortó.

Collin se movió con rapidez, rodando bajo el corte pesado del Orc y apuñalandolo directamente en el pecho.

El Orc rugió de dolor, luego se desvaneció en cenizas.

Cuando le destruyen a un monstruo su piedra mágica, estos se desintegran y desaparecen.

Una muerte rápida y eficaz.

En cuestión de segundos, Collin había acabado limpiamente con el gigantesco monstruo.

—Entonces así es el falna —pensó Mufasa, asombrado por la velocidad de Collin.

Para él, la mujer era un estallido de velocidad difícil de seguir con la mirada.

Su apuñalada con su espada en forma de aguja, fue un parpadeo que no pudo procesar hasta que el monstruo desapareció.

—Este bastardo no tenía rastros de sangre, así que tenemos que seguir buscando —dijo Collin limpiando su espada con un pañuelo.

—Entonces sigamos.

El trio avanzó de nuevo, con Mufasa mirando intensamente la espalda de Collin.

—¿Tienes algo que decirme, niño?

—¿Cómo funciona exactamente el falna?

—Todo el mundo sabe eso.

Ya sabes, primero están las estadísticas- —Eso lo sé.

Me refiero a la potenciación que da al cuerpo.

¿Solo se graba en la espalda y ya?

Mufasa en realidad ya sabía cómo funcionaba el falna.

Pero leer de lo que era capaz una persona con falna era muy distinto a ver a una con sus propios ojos.

A sus ojos, Collin era un super humano.

Se veía de la misma manera en que se veía el capitán américa en sus películas, más fuerte y veloz que los humanos comunes.

Collin miró a Mufasa con una mirada rara.

¿Este niño es retrasado?

Eso parecía decir su mirada.

—Niño, presiento que buscas una explicación científica.

No la hay.

Es así de sencillo.

—Ya veo…

Mufasa aceptó de mala gana la explicación.

Entendía la forma en que los dioses otorgaban el fanal y su forma de escalar, pero algo dentro de él buscaba cuantificar de forma exacta cómo funcionaba el falna.

Por supuesto, supo que era inútil.

¿Cómo medir algo otorgado por dioses?

Sin nada más que decir, los tres caminaron en silencio.

Las indicaciones ocasionales de Rof rompían el silencio, solo para regresar cuando terminaba.

—Ghaaaa….

De repente, un gruñido atrajo la atención de los tres.

Un grupo de tres goblins asomo sus pequeños y verdosos cuerpos, levantando sus manos en una muestra de amenaza.

Gruñeron con malicia y odio.

—Déjelo a mi.

Mufasa dio un paso adelante.

Era nuevo en ese mundo, desconocía demasiadas cosas no mencionadas en la novela, y por si no fuera poco, no tenía ningún sistema todopoderoso que lo ayudara.

Necesitaba aprender a luchar, y lo necesitaba ya.

No sabía manejar ningún tipo de arma blanca, y su experiencia con los puños no le serviría de nada contra monstruos capaces de destrozar su cuerpo con un golpe.

Conocía su debilidad: falta de experiencia en cualquier forma de combate.

Desenvainó el cuchillo, dejó caer la mochila con provisiones y se acercó a los goblins que ya cargaban.

Sujeto el mango de su cuchillo con fuerza, anticipando los movimientos de los goblins en su mente una y otra vez.

El primer goblin se acercó corriendo mientras emitía chillidos agudos.

Mufasa reaccionó y se desplazó hacia adelante, levantó el cuchillo demasiado alto y lanzó un tajo ascendente.

El movimiento fue lento, exagerado, calculando mal la distancia y la velocidad.

Apenas logro rozar el cuello de la criatura.

El goblin chillo de dolor, con sangre escurriendo ligeramente de su garganta.

Aprovecho el descuido y lanzó sus garras hacia adelante.

El niño león, sin experiencia alguna y sin estar en su trance como la primera vez en la caravana, no controló su centro de gravedad y retrocedió de manera brusca, casi cayendo.

Su respiración se aceleró.

—¡Concéntrate en el objetivo en todo momento!

—escuchó la voz de Collin a los lejos, pero volteó.

El segundo goblin ya estaba encima de él.

Levantó el cuchillo de manera desesperada y lo clavó en el estomago de la criatura verde.

El filo entró, pero no en el punto de la piedra mágica.

La criatura gruñó de dolor, forcejeo, empujando y haciendo que Mufasa perdiera el equilibrio.

Se tambaleo un poco, pero apretó los dientes y empujó con el hombro el pequeño cuerpo del goblin.

El goblin perdió el equilibrio y cayó hacia atrás mientras chillaba de dolor.

El tercero ya saltaba sobre Mufasa, con la mandíbula abierta, dejando dos hileras de colmillos a la vista.

Mufasa no perdió el tiempo, lanzó un golpe directo a su cara, destruyendo su carga y enviándolo hacia atrás.

Al verlo caer, se acercó con pasos veloces, esquivando las garras que apuntaban a sus muslos.

Levantó la pierna y aplastó con su bota la cabeza del goblin.

Un crujido asqueroso sonó al momento de destrozar su cráneo.

Los goblins son los monstruos más débiles del calabozo, incluso dentro del calabozo, su fuerza es tan insignificante que un buen golpe puede destrozarles el cráneo.

En la superficie, donde son mas débiles, un pequeño cuerpo como el de Mufasa puede destrozarlo.

Sus sentidos de hombre bestia captaron el chillido detrás de el.

Se agacho y barrio sus piernas hacia atras, pero choco contra el tronco de un árbol.

—¡Mierda!

El goblin se abalanzó sobre él, intentando morderle el cuello.

Uso su cuchillo para bloquearlo, desgarrando los labios del asqueroso y feo goblin.

Lo empujó con todas sus fuerzas, tumbándolo a su lado.

Avanzó y pateó al primer goblin que ya regresaba cojeando.

—Solo muérete de una vez.

Escupió sobre el goblin con desdén, cortando su garganta con un movimiento torpe.

Enderezo la espalda y miro el ultimo goblin, aun levantándose.

Camino lentamente hacia el y extendió su mano, agarro su cabeza y la estrello contra la tierra.

Levanto su cuchillo y sin dudar, lo clavo profundamente en su frente, dejando que el filo del arma se hundiera.

Suspiro pesadamente, tratando de regular su respiración errática.

—Mueves tu cuchillo como si fuera un garrote.

No es un arma contundente, ¿Lo sabes?

Collin se acerco, no con urgencia, sino con calma.

Observo la masacre que había causado con solo tres goblin.

Chiflo audiblemente.

—Tres míseros goblins y ya parece que pasaste por una batalla legendaria.

Una risita se le escapo de los libios.

—Niño, ¿Nunca habías luchado antes?

Rof también se incorporo.

—No.

Hace poco mate un goblin por primera vez —Mufasa negó con la cabeza, uso el cuerpo de uno de los goblins para limpiar su cuchillo.

—Ya veo.

¿Y aun así quisiste venir a la misión?

Mufasa lo miro, con aquellos ojos plateados adquiriendo una intensidad que un niño de diez años no debería tener.

Por un momento, Rof se quedo sin palabras.

¿Por que los ojos del niño tenían tal intensidad?

Ese tipo de intensidad era rara que la viera, generalmente en guerreros que pasaban de pasada por el pueblo.

Un pensamiento surgió de la nada en su mente.

¿Hasta donde llegara el niño?

Le intrigaba, pero alejo el pensamiento y regreso a su misión.

—Niño —Collin lo llamo.

Mufasa giro para verla, aun respirando agitado.

—La verdad seria muy desagradable ver a un niño morir, así que te daré dos consejos —dijo Collin, acercándose con una calma fría de quien a enfrentado muchos combates.

Se quedo a un metro de Mufasa, con los brazos cruzados sobre su pechera de cuero.

—Primero.

No uses tu cuchillo como un garrote.

Sujétalo firme pero sin tensar tus brazos, usa la muñeca y el antebrazo para cortar y lanzar estocadas —dijo apuntando al pecho del goblin inerte—.

Corta con precisión, no con fuerza bruta.

Hizo una pausa, midiendo la reacción de Mufasa, quien observaba con sus penetrantes ojos plateados.

Le fascinaron esos ojos.

—Segundo- Controla bien tu centro de gravedad.

Piernas separadas y rodillas semiflexionadas.

Avanza con pasos seguros y usa la cadera para transferir el peso de tu cuerpo en cada movimiento —continuo Collin—.

Si te quedas quieto y rígido, le estarás dando una invitación a matarte.

A menos que seas un tanque, debes mantenerte en movimiento.

Escupió el pedazo de césped que masticaba.

—Y respira, el resto vendrá solo por naturaleza.

—¿Qué clase de consejo es ese?

—Tus ojos no parecen muy sinceros en este momento.

—Lo estas imaginando.

Mufasa proceso la información, recordando la postura que Collin había tomado brevemente en su lucha contra el Orc.

En ningún momento dudó, solo ejecutó un movimiento preciso.

Collin no había prolongado la batalla, había ejecutado el enorme monstruo con un solo movimiento, eficaz y veloz.

Las instrucciones eran claras, aunque tal vez mal explicadas.

Intentó imitar la forma en que sujetaba su espada en forma de alfiler, notando la pequeña diferencia entre sujetar y controlar el arma.

—¿Ese era el secreto?

Pudo decírmelo desde el inicio.

Bajo un poco las rodillas, movió la cadera en un pequeño pivote y sin darse cuenta, su respiración se volvió más medida.

—No está mal para un novato —dijo Collin, pasando de largo—.

Por cierto.

No trates de imitar mis movimientos, no te servirá a menos que uses un arma como la mía.

—No te estaba imitando —mintió para mantener su orgullo.

—Claro, lo que digas, niño.

El grupo retomó la marcha.

Mufasa cargó la mochila de nuevo.

Apretó el cuchillo, repitiendo en silencio lo que había aprendido.

Imagino sus movimientos en su mente una y otra vez, buscando la forma correcta de moverse.

De vez en cuando, Rof y Collin notaban al pequeño niño león ejecutar un corte, como si cortara a algún monstruo frente a él.

Distribuía torpemente su peso y trasladaba la fuerza de sus brazos de manera más centrada.

Sus pies iniciaron el movimiento de fuerza, trasladándose a su cadera y luego a sus manos, donde su cuerpo siguió el movimiento en lugar de detenerlo para retomar otra posición.

—Aprende rápido —pensó Collin mirándolo de reojo—.

¿Debería invitarlo a la familia?

Mientras caminaban, Mufasa sintió que avanzaba con cada movimiento, repitiéndolo en su mente y trasladándose a la realidad con movimientos más medidos y bien ejecutados.

Sin embargo, usar un cuchillo no era muy de su agrado.

—Siento que el cuchillo limita mis movimientos…

En cuanto pueda, trataré de conseguir una espada, un hacha o una lanza, cualquiera me sirve.

¿Tal vez una maza?

No, no tengo la fuerza para sacarle el máximo provecho.

Dejó el pensamiento de lado y reanudó sus movimientos de práctica.

Se imaginó luchando contra el Silverback, pero lo descarto rápidamente.

Sin falna, y sin práctica alguna, no era un oponente para el enorme gorila.

El monstruo había aplastado a un caballo y a un hombre adulto con facilidad, un solo dedo que lo tocara lo destruiría.

Mejor pensó en goblins y kobolts, los monstruos que había matado cuando entró en un trance durante su primera batalla.

Había matado a una docena de ellos, pero ahora le costaba acabar con tres.

Mejoraría, poco a poco, estaba seguro.

La idea de seguir mejorando, volverse más fuerte, le emocionó mucho.

.

.

.

Pronto, el grupo conformado por tres personas se encontraron sin rumbo.

—El rastro termina aquí —dijo Rof, examinando las marcas de sangre.

—Las huellas aún continúan, pero hay muchas.

No podemos seguirlas todas —Collin se arrodilló junto a Rof, analizando las huellas con una mirada crítica.

Mufasa permaneció detrás de ellos, tratando de captar la dirección en la que el monstruo se fue, basándose en el olor de la sangre.

—La dirección es…

hum, no estoy seguro —pensó siguiendo el rastro de olor a hierro.

—Creo que tengo la dirección del olor.

—Entonces en marcha.

Los tres siguieron un camino bajo la guía de Mufasa, quien se detenía ocasionalmente para recuperar el rastro.

A medida que avanzaban, los monstruos también comenzaron a aparecer.

La mayoría fueron eliminados por Mufasa, siendo goblins en su gran mayoría.

El resto, monstruos que sin falna no podría vencer nunca a menos que fuera un enano completamente desarrollado.

Su cuchillo curvo, su primer arma, corto sin vacilación a cada uno de los monstruos con los que se topaba.

Eliminó a cada uno sin dudar más, dejando que las enseñanzas de Collin resonaran junto a sus movimientos.

Incluso, para diversión de Collin, imito su puñalada veloz.

Aquella puñalada había acabado con un goblin antes de que este reaccionara.

Avanzaron hasta llegar a una pequeña montaña de árboles, acunados por algún desastre natural del pasado.

En su centro, había un agujero lo suficientemente grande para que los tres entraran.

Mufasa olfateó un poco, arrugando la nariz cuando el olor se intensificó.

—El olor se intensifica en el agujero.

Creo que el cuerpo debe estar ahí.

Rof dio un paso adelante, pero Collin extendió su delgado brazo para detenerlo.

El hombre quiso protestar, pero bajo el peso de la mirada esmeralda de la mujer, poca cosa pudo decir.

Collin se adelantó, adentrándose sola en el interior de la madriguera de troncos.

Poco después, emergió con lo que se podría describir como “restos”.

—Hermano…

—Rof se acercó con pasos pesados, con su voz quebrándose ligeramente, pero mantuvo una fachada fuerte.

Tomó los restos de su hermano en sus manos, apretando sus manos en puños apretados.

—No debía terminar así —murmuró Rof, abrazando los restos suavemente.

Mufasa permaneció detrás, manteniendo la boca cerrada.

¿Debía darle su pésame?

No lo sintió necesario.

En silencio, se quitó la mochila y la colocó en la tierra, la abrió y sacó una gran manta amarilla lo suficientemente grande como para poder envolver un cuerpo entero sin problema.

Extendió la manta y esperó a que Rof depositara el cuerpo.

Tras un momento en silencio, Rof dejó de abrazar los restos de su hermano y los colocó en el centro de la manta.

Rof se quedo arrodillado frente a los restos, con la mandibula apretada, intentando procesar la tormenta que rugia en su pecho.

Mufasa, a su lado, doblo el manta para cubrir mejor los restos del hermano de Rof.

Collin permaneció a un lado, guardando silencio para que el hombre tuviera su duelo en paz.

Pero entonces, un sonido bajo, como el crujir de numerosas ramas, resonó detrás de ellas.

La mujer apenas tuvo tiempo de girar la cabeza.

De entre la oscuridad del bosque emergió una figura alta y monstruosa, de casi dos metros de altura,.

Sus brazos eran largos, cubiertos de pelaje áspero y mugriento.

Sus fauces dejaron escapar un gruñido gutural, y sus ojos brillaron con malicia.

Un Bugbear.

Un poderoso monstruo comparable al Minotauro en poder, pero mas ágil y veloz de lo que parece a simple vista.

Antes de que alguno de los tres reaccionara, el monstruo lanzo un manotazo atronador.

El aire silbo al romperse bajo la fuerza de la bestia peluda.

Collin apenas alcanzo a girar del todo, con su espada ya desenvainada en un movimiento veloz y entrenado.

Sin embargo, el impacto fue brutal, sobrepasando la mísera defensa que logro levantar.

Un crujido horrendo sonó desde la zona de choque.

El sonido seco de huesos partiéndose lleno el aire.

La mujer, aun con los ojos abiertos de sorpresa, salió disparada hacia atrás como si fuera una muñeca de trapo, atravesando el bosque con fuerza.

Su figura desapareció en la oscuridad.

Mufasa se congelo al ver la enorme figura, conocida por ser tan fuerte como un Minotauro, girar lentamente para centrar sus intención asesina en él.

Aquella cosa no era un goblin.

No era algo que pudiera matar esforzándose un poco.

Si lo enfrentaba…

¡Moriría!

Una pánico irracional surgió desde lo profundo de su corazón, un miedo que no había sentido ni siquiera enfrentando una docena de goblins.

Ni siquiera cuando el enorme Silverback destrozo a aquel mercenario.

Pero era distinto.

Collin, la poderosa aventurera que podía moverse mas rápido de lo que el podría intentar.

Había sido derrotada de un solo movimiento.

—¡Collin!

El Bugbear no espero.

Lanzo un rugido ensordecedor y cargo hacia adelante, su peso sacudiendo la tierra bajo cada pisada.

Aquello no era la simple carga de un monstruo, era el fin del mundo para Mufasa y Rof, dos personas sin falna.

En un parpadeo, ya estaba frente a ellos.

Levanto su enorme pata, con cinco garras aterrados, y lo aplasto.

Mufasa sintió un jalón en su cuello, arrastrándolo hacia un lado en el momento en que Bugbear comenzó a rugir.

Rof, detrás de él, evito a duras penas que el niño león muriera aplastado bajo aquella fuerza explosiva.

La simple onda de choque lo hizo estremecer.

—Ese golpe…

me hubiera hecho explotar en pedazos.

—Maldita sea…

Estúpido bicho feo —una silueta se arrastro desde la oscuridad, tambaleándose a duras penas mientras maldecía.

Collin avanzo pesadamente, arrastrando las piernas con cada paso.

Su brazo derecho estaba destrozado, con el hueso asomando visiblemente y atravesando su carne y piel.

Una gran mancha de se extendía desde su frente, deslizándose hasta perderse por su cuello.

Miro al Bugbear como si mirara a su enemigo jurado, aquel que mato a sus padres en el pasado y se burlo de ella.

Giro la cabeza y miro al dúo que se escondían detrás de un grueso tronco.

—¿Qué esperan?

¡Salvare!

Ella ya sabia que no tenia posibilidad de escapatoria, su brazo era un desastre y su condición tras el golpe no era la mejor.

Podía intentar huir, si, aprovechar que el Bugbear centraba su intención en Mufasa y Rof, pero luego seguiría ella.

¿Qué sentido tenia morir de esa forma tan patética?

Acepto su muerte como algo natural, pero haciendo de ella algo mas glorioso.

Les daría tiempo, se aseguraría de ello.

Cuando Collin grito, tanto Mufasa como Rof se congelaron, parpadeando de manera extraña.

¿Escucharon bien?

—¡Maldición, solo corre!

—¡Maldición, solo corre!

La figura tambaleante y moribunda de Collin avanzó a trompicones, sujetando con fuerza su espada con forma de aguja.

Mufasa y Rof dudaron una breve fracción de segundo antes de asentir y salir corriendo.

No eran héroes con poder ilimitado.

Por si fuera poco, además no tenían una bendición.

Si la guerrera más poderosa de los tres era fácilmente derrotada por el monstruo, ¿Qué les esperaba a ellos que no tenían falna?

Mufasa pensó por un momento en atacar por la espalda, pero negó esa idea.

Su cuchillo probablemente no lograría ni cortar el pelaje del Bugbear.

—¡Sígueme!

Rof hizo una seña mientras corrían.

Un kobolt asomo la cabeza desde detrás de un árbol, atraído por el olor de la sangre y los gritos desenfrenados.

Pero no vio mucho.

Un cuchillo curvo atravesó su cabeza sin piedad, cortando directamente su cerebro.

Uno a uno, Mufasa fue matando a los monstruos débiles que se encontraban, apenas recibiendo rasguños cuando se amontonaban.

Sin embargo, el olor de la sangre comenzó a atraer monstruo tras monstruo.

—Son demasiados, no podemos matar a tantos.

El hacha de Rof trazó un arco desde arriba, partiendo la cabeza de un pequeño diablillo con una facilidad asombrosa.

Rof no era un luchador, pero décadas vagando por el bosque no se conseguían con suerte.

Detrás de ellos, decenas de monstruos comenzaban a asomar sus cabezas, con sus ojos brillando de malicia y hambre.

Frente a ellos, en el camino a seguir para salir del bosque, dos figuras humanoides de color negro taparon la salida.

Mufasa identificó de inmediato al ser que parecía una sombra, sin ningún rasgo físico.

Su enorme ojo plateado lo miró fijamente, con una intención asesina desbordante.

—No podemos enfrentar esa cosa —dijo Mufasa, sudando profundamente.

Ahora, en un momento donde su vida corría verdadero peligro, maldijo en silencio el hecho de no tener un poderoso sistema que lo respaldara.

¿Tanto le costaba al mundo darle un sistema tramposo?

—Conozco un lugar dentro del bosque.

Podemos escondernos allí —Rof cortó una cabeza y avanzó con grandes pasos.

Mufasa no dudó ni un segundo para seguirlo.

Su cuchillo cortó se balanceo con fuerza, aplicando todo lo que llevaba aprendiendo en su corto viaje.

Puso cada onza de fuerza en su corte, destrozando cuerpos a medida que avanzaban.

Los War Shadow los siguieron como halcones, acechando de cerca para cortar sus gargantas ante el mínimo descuido.

—¡Aquí!

¡Salta!

Tras pasar un árbol marcado con una X, Rof salto aparentemente a un montón de hojas apiladas.

Luego, su figura atravesó las hojas a duras penas y desapareció en la oscuridad.

Mufasa terminó de cortar el estómago de un Kobolt que lo asaltó por la espalda, logrando rasguñar su hombro.

—¿Eh?

Por un momento su mente vaciló, encontrando extraña la forma en que Rof había desaparecido por le agujero.

Giró la cabeza hacia atrás y vio los ojos plateados de los War Shadow cada vez más cerca.

Apretando su cuchillo, lo envió y se arrojó sin cuidado por el agujero.

Su cuerpo se deslizó durante unos cortos cinco metros antes de comenzar a sacudirse en diferentes direcciones, golpeando todo su cuerpo con cada sacudida.

Finalmente, su cabeza azotó hacia atrás y todo se oscureció.

.

.

.

Continuara…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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