Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 21

  1. Inicio
  2. Danmachi: Entre monstruos y dioses
  3. Capítulo 21 - 21 Capitulo 21-Sueños
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

21: Capitulo 21.-Sueños 21: Capitulo 21.-Sueños Mufasa abrió los ojos lentamente.

El dolor en su pecho había disminuido, reduciéndose a algo más cruel que intenso, un recordatorio silencioso, constante y mortal.

Durante unos segundos, su visión fue poco más que un mar de cristales distorsionados, luces rotas flotando en la oscuridad.

—Bienvenido a la tierra de los vivos.

La voz era elegante, serena.

A su lado, sosteniendo varias pociones, estaba Pivot.

Pivot, el elfo y mago de su escuadrón.

El elfo destapó una de las botellas antes de acercársela.

—Bébela.

Es de gran calidad.

Aliviara las molestias.

Mufasa la aceptó sin protestar y se la llevó a la boca, vaciándola de un solo trago.

El sabor era amargo, pero efectivo.

—¿Qué sucedió?

—preguntó, con la garganta aún seca.

Pivot no adornó la respuesta.

—Perdimos.

Nuestro ejecutivo cayó.

Nosotros también, al igual que el resto de los escuadrones.

Estuve preguntando…

pero ninguno estuvo cerca de la victoria.

Mufasa guardó silencio unos segundos.

—¿Y nuestro ejecutivo?

—Su paradero es desconocido.

—Ya veo.

Se incorporó con lentitud, esperando a que su visión terminara de aclararse.

Poco a poco, el rostro de Pivot tomó forma frente a él.

El elfo ya no llevaba su elegante monóculo, y su cabello, normalmente impecable, estaba revuelto y manchado de polvo y sangre seca.

—Tuvimos suerte —añadió Pivot.

—¿Suerte?

—bufó Mufasa.

—En seguir con vida.

Un escuadrón fue aniquilado por completo.

Cero sobrevivientes.

Otro perdió a la mitad de sus miembros.

Nosotros…

tuvimos la fortuna de enfrentar a esa dama.

No eliminó a ninguno de los nuestros.

Mufasa alzó una ceja.

—¿A nadie?

—A ninguno.

—Eso es extraño.

Pivot asintió.

—Lo es.

Esto no fue una simple confrontación.

Fue una cacería, con la clara intención de erradicarlos.

Pudo matarnos.

Eligió no hacerlo.

Las últimas palabras de Athea resonaron en la mente de Mufasa.

‘Los dejaré ir.

Les concederé eso…

por ese golpe.’ ¿A qué golpe se refería?

En lo que a Mufasa respectaba, nadie había logrado hacerle daño real.

Habían sido superados de forma absoluta, barridos sin contemplaciones.

—Supongo que le parecimos interesantes —murmuró.

—Es probable.

Mufasa desvió la mirada, examinando el entorno.

Faltaban varios miembros.

Poppy yacía boca arriba, inconsciente, mientras Mojima permanecía a su lado vigilándola.

Yamamoto no estaba, tampoco Tokita ni Kotobuki.

—Algunos fueron llevados a Rivira —explicó Pivot—.

Yamamoto se encargó de guiarlos.

La emboscada de la Familia Osiris, encabezada por un ejecutivo de nivel cinco, había terminado en un fracaso absoluto.

Los miembros de bajo nivel fueron derrotados, y hasta el ejecutivo cayó.

Repelidos, no les quedó más opción que tener que ascender hacia la superficie y lamer sus heridas.

—Mufasa —lo llamó Pivot, con un tono distinto—.

Está avanzando más rápido de lo esperado.

No necesitaba especificar a qué se refería.

El rostro de Mufasa se endureció.

—Lo sé.

Se me está acabando el tiempo.

Levantó la mano frente a sus ojos.

Un temblor leve, casi imperceptible.

Su pecho estaba en calma…

pero conocía bien esa calma.

Era sólo una pausa.

Un breve respiro antes del siguiente colapso.

Pronto estaría retorciéndose de nuevo.

Lo entendía.

Esa era la forma del mundo de rechazarlo.

El no pertenecía a ese mundo, nunca debió llegar en primer lugar.

Rompió el orden, el destino y la guía que el mundo tenía.

Necesitaba desaparecer para que el destino recobrara su camino.

—Pivot —dijo de pronto—.

Dime algo.

¿Cuál es tu sueño?

El elfo parpadeó, sorprendido.

No esperaba esa pregunta.

Miro fijamente a Mufasa, claramente esperando su respuesta.

Aquello no era una simple curiosidad del niño.

Algo dentro de el, muy profundo, asomaba.

Se tomó un momento antes de responder.

—Para eso necesito contarte algo primero.

Mufasa asintió.

—Crecí en un reino situado en la isla de Hjaðningavíg —comenzó—.

Un lugar donde la guerra nunca termina.

Elfos blancos y elfos oscuros luchan casi a diario.

Me cansé de esa vida.

Su mirada se perdió en la distancia.

—Nuestro rey era un tirano.

Mufasa permaneció en silencio, intentando ubicar aquel nombre extraño.

Una isla así…

tenía que haber sido mencionada en la novela.

Algo vagamente familiar resonó en su mente, pero no podía enfocarlo en un recuerdo exacto.

¿El pais de origen de algún personaje importante?

—De niño, escuchaba historias sobre Celdia-sama —continuó Pivot—.

La reina de los elfos que acompañó al Rey Mercenario en la batalla contra el Dragón Negro de un Ojo.

Aquella historia me fascinó.

Yo también quería ser fuerte.

Quería ser como ella.

Hizo una pausa.

—Pero un día me cansé.

De mi reino.

De la guerra eterna que sembraba solo y muerte.

De la tiranía de nuestro rey…

Hedin Selland.

—¡…!

Mufasa contuvo la reacción.

Hedin Selland.

Uno de los personajes más queridos de la obra.

El maestro estricto de Bell Cranel.

Frío y absolutamente brutal.

‘Entonces Hedin aún sigue siendo rey…

En la novela no se mencionan fechas exactas.

Sólo que Freya lo liberó de esa carga y que lo recluto en su familia’ —Decidí seguir los pasos de la santa eterna —una sonrisa suave apareció en el rostro de Pivot—.

Quise ser igual de fuerte, alcanzar la cima como ella lo hizo en el pasado.

Así, aunque muera, dejaría que mi nombre fuese recordado por más de mil años.

Pero el mundo no es amable.

Alcancé mi límite y ya no puedo seguir creciendo.

Acomodó su ropa rasgada, manchada de sangre.

—Ese simple hecho…

me hizo entender que jamás seré como ella.

Hubo silencio.

Entonces Pivot levantó la mirada y observó a Mufasa con atención genuina.

—¿Y tú, Mufasa?

—preguntó—.

¿Cuál es tu sueño?

Mufasa exhaló lentamente.

—Quiero llegar a la cima y vivir muchas aventuras —dijo—.

Ver las cosas que el calabozo tiene para ofrecer.

Enfrentar a los monstruos mas poderosos que el calabozo tenga.

Vivir aventuras que valgan la pena ser recordadas.

Reírme con mis amigos.

Luchar…

vivir de verdad.

Cerro el puño.

—Mi vida no fue precisamente divertida.

La disfrute, por supuesto.

Pero nunca me sentí satisfecho.

Luego tuve una segunda oportunidad para poder vivir de verdad.

Por eso vine a Orario.

Miro a Pivot directamente.

—Como dijiste antes, el mundo no es amable.

Quiere deshacerse de mí.

Mi tiempo se acaba, así que no podré vivir esas aventuras.

Levantó una segunda poción como si fuera una jarra.

—Entonces, Pivot, vive esas aventuras por mí —dijo con una sonrisa—.

Los elfos viven mucho tiempo, ¿No?

¡Entonces vive las aventuras que yo no podré, Pivot!

Por un instante, Pivot no dijo nada.

Luego, su expresión cambió.

No era lástima.

Era una silenciosa admiración.

Cerró los ojos por un instante.

Cuando los abrió de nuevo, algo distinto brillaba en ellos.

No era determinación arrogante ni ambición carente de voluntad.

Era un fuego silencioso, firme y ardiente, que encontró de nuevo una razón para arder.

—Eres injusto —dijo finalmente—.

Dices eso como si me pusieras una carga.

Mufasa soltó una risa breve, amistosa.

—Porque lo es.

Pero es una buena carga, una con un futuro lleno de las aventuras que quiero vivir.

Pivot negó despacio.

—No —alzó la mirada—.

No viviré tus aventuras.

Mufasa frunció el ceño.

—¿Eh?

¿Por qué no?

¡Te prometo que serán divertidas!

—Viviré las mías —respondió—.

Pero las viviré porque acabas de mostrarme algo.

—¿Qué cosa?

—preguntó confundido.

—Que el valor de una vida no está en cuánto tiempo dura…

sino en cómo decide arder antes de apagarse.

Hubo un silencio pesado, pero no incómodo.

Pivot respiró hondo.

—No todos nacimos para alcanzar la cima.

Algunos existimos para empujar a otros hacia ella.

Yo acepté mi límite…

pero eso no significa que deba rendirme.

—Esbozó una sonrisa sincera—.

Y tú…

incluso con el tiempo persiguiéndote, sigues mirando hacia arriba.

Mufasa desvió la mirada, incómodo.

—No es tan heroico como suena.

—Lo es —replicó Pivot con firmeza—.

Porque aun sabiendo que ya perdiste, eliges luchar.

Se enderezó, como si una carga invisible se hubiera disipado de sus hombros.

—Así que escucharé tu petición —dijo—.

Viviré aventuras.

Reiré, lucharé y llegaré tan lejos como pueda.

Y cuando lo haga…

tu nombre irá conmigo.

Mufasa lo miró sorprendido.

—Eso suena grandioso —Mufasa sonrió—.

Entonces que así sea.

Ambos chocaron pociones como si fueran jarras, cerrando un pacto.

El campamento comenzó a moverse lentamente.

Algunos despertaban, otros se incorporaban con dificultad.

La derrota seguía allí, pesada y amarga, completamente absoluta.

Mufasa se recostó otra vez, cerrando los ojos.

El dolor regresaba.

El mundo seguía intentando borrarlo.

Pero por ahora…

se sentía un poco en paz.

La enorme sombra de su fin se borró por un momento, como si nunca hubiera existido.

Seguía ahí, y era inevitable.

Al menos, sentía que su existencia no estaba siendo en vano.

Una sonrisa tranquila se dibujó en su rostro.

La cacería había terminado.

La aventura, para otros, apenas comenzaba.

…

—¡Athea!

Una mujer avanzó entre los gruesos árboles del bosque.

Kissa, la aventurera de nivel cinco que derrotó al ejecutivo de la familia Osiris.

Kissa revisó los alrededores tras la lucha.

Su rostro tenía un rastro de sangre seca.

Su armadura y vestido estaban arruinados.

Había tenido una grandiosa lucha contra el gran hacha de ese hombre, pero su propuesta de matrimonio fracasó al final.

Ella jamás aceptaría casarse sin ser derrotada.

Hasta ese momento, esperaría su momento.

—Por aquí.

Los tacones metálicos de Kissa se detuvieron cuando escucho un susurro débil.

Allí estaba su amiga.

Athea estaba recostada contra el tronco de un árbol medio destrozado, el cuerpo ladeado y sus piernas extendidas sin cuidado alguno.

Su respiración era pesada.

Era un desastre de sangre, tierra y polvo.

Pero seguía viva.

—Athea —Kissa se detuvo un momento antes de acercarse para rociar una poción sobre su cuerpo., Mientras lo hacía, dejó que sus ojos recorrieran los alrededores en busca de un enemigo potencial.

El área era un desastre, una claro escenario para la lucha de aventureros de segunda clase.

—No te molestes.

Ya se ha ido.

Athea descarto su alarma con un gesto casual de su mano.

Kissa examinó a su amiga.

Tenía el labio partido, un hilo de sangre cruzando su mejilla…

pero aun así estaba sonriendo.

—¿Qué demonios pasó?

—preguntó Kissa—.

¿Tenían a alguien tan poderoso escondido por ahí?

La mujer pelirroja cerró los ojos por un momento, dejando que los recuerdos regresaran.

Un solo hombre, dos hachas gemelas.

—No.

No estaba con ellos.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque es un viejo amigo.

Bueno, llamarlo amigo es darle demasiado mérito a nuestra relación —dijo, burlándose, sin importarle su estado en lo absoluto—.

Solíamos ser miembros de la misma familia.

Kissa entendió al instante.

—Entonces eso explica que sigas viva.

—Si —ella asintió lentamente—.

Dijo que no me mataría por respeto a Indra-sama.

—¿Quieres ir tras él?

—Nah.

Me lo merezco.

—Suena que es un tipo interesante —dijo Kissa con un pequeño dejo de interés.

—Humm, depende de la persona, supongo.

—Es fuerte.

—Lo es.

Admito que hacía tiempo no perdía de esta manera…

no desde que la capitana me derrotó de un golpe.

—Como sea.

Regresemos a la superficie.

…

El cielo se oscureció como si el sol se hubiera apagado.

Nubes pesadas, oscuras, comenzaron a girar lentamente sobre la aldea.

El viento se detuvo.

Los pájaros, antes numerosos y llenos de vida, desaparecieron cuando sus instintos rugieron en alarma.

En medio de un silencio antinatural, un destello carmesí iluminó la visión de los pocos que quedaban con vida.

Parado como si fuera un soberano, con sus botas pisando el cuerpo de un enorme monstruo, estaba un hombre.

Alzó la mano con absoluta calma.

El monstruo se retorció como si entendiera lo que el futuro le deparará.

Rugió, sacudiendo su enorme cuerpo para quitarse al hombre que lo había derribado.

Una de las comisuras de la boca del hombre se levantó levemente.

—No te resistas.

Su voz, apagada y llena de mandato, rompió el silencio.

—Soberanía…

Una sola palabra.

Un destello carmesí estalló cuando el cántico fue completado.

El poder mágico se arremolino en la palma del hombre hasta formar un látigo de luz roja.

Mirado de cerca, el látigo parecía estar vivo.

El hombre agitó el látigo.

¡CRAAASH!

El látigo descendió como el juicio de un rey.

Un trozo de carne fue arrancado en el lugar donde la punta del látigo estalló.

Un aullido atronador resonó por la aldea cuando la bestia rugió.

El mundo mismo pareció sacudirse.

Con el rugido, algo sacado de un cuento ocurrió.

Los ojos del monstruo, antes llenas de intención asesina y salvajismo desenfrenado, se apagaron.

En su lugar, una luz carmesí envolvió los ojos del monstruo.

Una lealtad silenciosa se formó.

—Así está mejor.

El hombre inclinó la cabeza.

Sus oscuros ojos observaron a través de las gruesas gotas de lluvia, donde cientos de personas observaban con miedo.

Un monstruo se lanzó desde abajo, sus garras buscando destrozarlo de un solo golpe.

El aire estalló de nuevo con un chasquido potente.

Un látigo carmesí se enrollo en su cuello, y con un simple tirón, su cuello fue torcido, estrellando el cuerpo contra una casa que colapsó bajo el peso del monstruo.

Los aldeanos gritaron en pánico.

Los sobrevivientes huían, pero el miedo los hacía torpes.

El hombre dio un paso, todavía encima del monstruo ahora sumiso.

Su voz retumbó como el eco de un dios.

—Escuchen bien —dijo, su voz alzándose.

Los brazos del hombre se extendieron, como si tratara de acaparar todo lo que sus ojos pudiera ver y más.

Sus ojos brillaban con una determinación férrea, absoluta.

Cientos de ojos rojos comenzaron a emerger de entre la oscuridad, atravesando la lluvia y deteniéndose detrás del hombre.

Las sombras, de tamaños diversos, grandes y pequeñas, se detuvieron obedientemente detrás del hombre y el enorme monstruo.

Una sombra masiva se acercó desde un costado de la aldea, mirando hacia abajo como si seleccionara sus presas.

—Hoy no he venido a destruirlos…

he venido a declarar esta tierra como mía.

¡Juro solemnemente esta tierra como mía, y maldito sea si no lo cumplo!

Alzó el rostro hacia el cielo oscurecido y rugió a los cuatro vientos, un rugido que no pertenecía a un hombre común y corriente.

—¡Este mundo ahora me pertenece!

El rugido se expandió más allá de la aldea, atravesando colinas, bosques y cavernas, como una orden grabada en la propia tierra.

El cielo respondió a esa ambición.

Un trueno rasgó las nubes y la lluvia cayó con mayor fuerza, golpeando techos, cuerpos y escombros.

Los monstruos reunidos escucharon la ambición de su amo e inclinaron la cabeza al unísono.

El hombre bajó los brazos lentamente.

—¡Una nueva era azota el mundo…

mi era!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo