Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Danmachi: Entre monstruos y dioses
  3. Capítulo 22 - Capítulo 22: Capitulo 22.-Mision
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 22: Capitulo 22.-Mision

Las semanas pasaron, y con ellas, el fin de un sueño.

Mufasa respiraba con dificultad cuando su espada terminó de trazar el arco final. La cabeza del monstruo tigre del piso quince rodó por el suelo con un golpe húmedo, mientras la sangre oscura se mezclaba con otras manchas ya secas.

—Cada día… es más difícil.

Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del mango del alfanje. No por rabia, sino para asegurarse de que aún podía sentirlo.

El leve temblor en sus manos tardó unos segundos en desaparecer.

Su visión, antaño aguda gracias a su herencia de hombre león, se había vuelto caprichosa.

Los bordes del mundo parecían desvanecerse por instantes, como si alguien apagara y encendiera la luz dentro de sus ojos.

Hizo cálculos en silencio. No llegaría a quedarse ciego antes de morir.

Moriría antes de que eso sucediera.

Guardó la piedra mágica en la bolsa, y fue entonces cuando lo sintió.

Un peso.

No sobre el cuerpo, sino sobre el aire mismo.

Pisadas profundas resonaron desde el fondo del pasillo, lentas, pesadas y acompañadas por el crujido de la piedra cediendo bajo algo demasiado grande.

El tiempo no perdona.

Mufasa siempre lo sabía.

Lo aceptó con una resignación amarga.

En la historia original, no existía nada que pudiera curar aquello que mataba a la bruja y a su hermana; la que engendró al futuro héroe del mundo mortal.

¿Qué podría curar su corazón? ¿Una poción?

Dejó ese pensamiento de lado.

Había algo más interesante acercándose.

—¿Hm?

Sus orejas de león se tensaron, captando cada vibración. La sombra que emergió del túnel crecía con cada paso, deformando la luz con su silueta.

Más de dos metros.

Entonces, el rugido estalló.

—¡¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

El sonido sacudió el pasillo como una ola de presión pura.

Los músculos de Mufasa se tensaron por reflejo, y por un instante su instinto gritó una sola palabra:

Fuerte.

De la oscuridad emergió un Minotauro.

Un cuerpo humanoide construido de músculos densos como roca, cubiertos de un pelaje rojizo que parecía una armadura natural. Una cabeza de toro coronada por cuernos gruesos, ojos salvajes cargados de furia primitiva. Pezuñas que destrozaban la piedra con cada paso.

No portaba armas.

No las necesitaba.

Era la primera vez que enfrentaba a uno.

No era Bell Cranel y nunca lo sería.

Enfrentar a un Minotauro siendo nivel uno era una locura que solo el protagonista de este mundo había logrado hacer.

Se preguntó, por un instante, si él podría haberlo hecho.

Con su bestificación, tal vez.

Nunca lo intentó.

La razón siempre había sido más fuerte. La lógica. El sentido común. Esa barrera humana que le impedía lanzarse al abismo solo por probar.

‘Si de todas formas iba a morir… Tal vez debí intentarlo’

Negó con la cabeza.

—Hagamos esto, toro —dijo, confrontando al Minotauro.

El Minotauro avanzó un solo paso.

La pezuña impactó el suelo y lo hundió, dejando un pequeño cráter. La vibración recorrió las piernas de Mufasa como un latigazo.

En el siguiente instante, el monstruo desapareció.

No literalmente.

Simplemente cruzó la distancia con una velocidad brutal, cada pisada destrozando la piedra mientras cargaba con todo su cuerpo inclinado hacia adelante.

—Nada mal.

La hoja del alfanje recibió su poderosa habilidad, su voluntad materializada en rayos negros. Mufasa descargó un corte descendente.

El puño del Minotauro chocó contra la cuchilla.

La onda de choque explotó en el pasillo.

Un puño contra una espada.

La hoja corto. La carne cedió.

Músculo y sangre se abrieron hasta casi el codo.

El Minotauro no retrocedió.

Ni un solo paso.

Rugió, no de dolor, sino de furia, y embistió con todo su peso.

El mundo de Mufasa se llenó de cuernos y músculos.

Rodó hacia un lado en el último instante. La sangre que brotaba del brazo del monstruo lo empapó cuando pasó rozándolo.

El rugido resonó como un cuerno de guerra detrás de él.

Giró y alzó la espada justo a tiempo.

El puño descendió como un martillo.

Usó ambas manos, inclinando la hoja para desviar el impacto. Aun así, el choque le recorrió los brazos hasta el pecho.

Sus pies se hundieron en la piedra.

El dolor subió como fuego por su cuerpo… y algo más profundo, más triste, palpitó en su interior.

Por un instante, su visión se distorsionó ligeramente.

Apretó los dientes.

¿Cómo logró Bell matar a esto siendo nivel uno?’

Solo ahora, sintiendo la fuerza real detrás de cada golpe del Minotauro, comprendió la magnitud de aquella hazaña.

Tomó aire y rugió.

Empujó la espada hacia un lado, usando la dirección del golpe. Dio un paso al frente, forzando su cuerpo a obedecer.

El alfanje cortó el costado del Minotauro.

Un tajo amplio se abrió en su carne.

El monstruo rugió, pero ya no importaba.

La figura de Mufasa se desdibujó y desapareció de su visión.

Cuando el Minotauro giró, el niño ya estaba detrás de él.

Otro destello plateado, surcado por relámpagos negros que trasmiten la voluntad de un sueño que se apaga.

La hoja descendió.

Una pierna casi fue cercenada.

La pierna del Minotauro, casi cortada por completo, se dobló como una ramita marchita. Con casi toda su carne cortada y una buena parte del hueso, la pierna ya no pudo sostener el pesado cuerpo lleno de músculos.

El enorme cuerpo perdió el equilibrio al instante, cayendo con un estruendo que sacudió el piso del calabozo.

Mufasa permaneció quieto por un segundo.

Un dolor punzó en su pecho.

‘Ese corte debió cercenar la pierna por completo’ pensó, insatisfecho por no poder cortar la pierna.

Observó al Minotauro retorcerse.

Se subió encima antes de que intentara levantarse. Con un movimiento fluido, clavó su espada en el cráneo de su oponente.

El Minotauro dejó de moverse al instante.

Estaba muerto.

No sonrió.

No estaba satisfecho.

Tomó la pierda del monstruo y la guardo.

Su mirada dejó el cuerpo del monstruo que desaparecía y miró a la oscuridad del pasillo, donde más vibraciones emergían.

‘Debe valer la pena’

Limpió la cuchilla de su espada con un movimiento fugaz, luego comenzó a caminar hacia la oscuridad.

—

Al regresar a la casa del escuadrón, Mufasa fue recibido por Pivot y Poppy.

—Tenemos una misión.

—¿Otra cacería? —preguntó, con una ceja levantada.

—No —Poppy negó con la cabeza—. Saldremos de Orario.

—¿De verdad? ¿A dónde iremos?

Pivot intervino.

—A una pequeña ciudad en la frontera del Imperio. Un comerciante nos pagara una enorme cantidad de dinero si traemos a su hijo de regreso sano y salvo.

Mufasa enarcó ambas cejas, ladeando ligeramente la cabeza con curiosidad.

—¿Un rescate? —pregunto, desconcertado—. ¿Y por qué nosotros?

Desde que entró oficialmente como miembro de la familia Osiris, nunca había hecho ninguna sola buena acción por algún encargo. La única buena acción hecha, era por mero capricho de Mufasa, con sus amigos uniéndose por curiosidad, deber o aburrimiento.

Aceptar dinero para rescatar a alguien sonaba fuera de lugar.

Poppy cruzó ambos brazos.

A pesar de su pequeña estatura como Pallum, su presencia opacaba las de Mufasa y Pivot.

—Porque la paga es muy buena. Es así de sencillo. Además, aún siguen pagando la sanción por destruir una familia entera.

Sus ojos afilados no dejaban espacio para más preguntas.

El rescate de rehenes, usado como pretexto por los demás, terminó en la destrucción de una familia, con varios aventureros de nivel 2 perdiendo la vida.

Una buena acción, pero costosa y sancionable por el gremio.

Orario no era una ciudad sin ley después de todo.

Solo las familias Zeus y Hera podían causar caos sin ser severamente penalizadas, y si lo eran, posiblemente no les importaba en lo absoluto.

Pivot dio un paso al frente con su siempre presente elegancia. Su figura esbelta, con su cabello peinado cuidadosamente y su monóculo brillando.

—El comerciante está desesperado por recuperar a su hijo —comenzó—. Su hijo fue secuestrado por una facción rebelde del imperio. Intentó por canales oficiales, pero solo encontró trabas; así que iremos nosotros y lo sacaremos a la fuerza.

Mufasa sopesó la idea de ir al Imperio.

Una nación poderosa mencionada en la novela, pero nunca explorada.

—¿Pero por qué busca ayuda de tan lejos?

—Porque ya intentó un rescate. Cuando las oficinas del Imperio comenzaron a meterle traba tras traba, decidió mandar un grupo de mercenarios

Hizo una breve pausa.

—Todos desaparecieron sin dejar rastro.

—Eso no suena bonito.

—No tiene porque serlo —Poppy se encogió de hombros sin estar impresionada por la información—. Un montón de inútiles que no fueron capaces de realizar bien un trabajo simple. Es fácil de entender.

—¿Los mataron?

—Tal vez —sin importarle el paradero de un par de desconocidos, continuó—. Como sea. El paradero o destino de esos idiotas no nos incumbe. Pero sobre todo, no me importa. Haremos la misión, tomaremos la recompensa y regresaremos.

Mufasa apoyó la espalda en la pared. Su cola se movió lentamente, pensativa.

—Ya veo. Suena divertido.

Pivot lo miró directamente.

—Orario es neutral a cualquier conflicto y nuestra familia para muchos no existe, así que no usaremos ninguna identificación —explicó—. Así que usaremos una contraseña. Nuestro escuadrón es pequeño, discreto, pero con suficiente fuerza para marcar una diferencia fuera de las murallas de Orario.

—Además —añadió Poppy—, pasamos todo el día en el calabozo, matando monstruos y aventureros. Muy pocas personas nos reconocen.

Mufasa bajó la mirada por un instante. Un palpito de dolor recorrió su pecho, extendiéndose por todo su cuerpo.

—En cualquier caso, lo resolvemos en el camino.

—Eso podría no ser beneficioso para nosotros —aconsejo Pivot—. Más información nos ayudaría a trazar más planes.

—No importa —hizo un gesto como la mano—. Partimos mañana. Estaremos fuera cerca de un mes.

…

Mufasa ordenó todas sus cosas antes de ir con su herrero de confianza. Su espada necesitaba estar en la mejor condición posible.

Al llegar, saludó al guardia y avanzó hasta el taller.

—¡Rogelia!

—¿Hum? Oh, Mufasa. Bienvenido —Rogelia dejó de pulir la punta de una lanza y le dio la bienvenida a Mufasa.

Desde la vez que Mufasa le había comprado su Alfanje, había adquirido gusto por comprarle a la enana.

La enana, Rogelia, era una gran herrera, dedicada y centrada en su oficio.

Mufasa estaba satisfecho con sus creaciones.

—¿Qué te trae esta vez? —preguntó Rogelia con una pequeña sonrisa amistosa.

—Estaré fuera un tiempo y quiero llevar mi equipo impecable.

—Entiendo.

Sin perder el tiempo, Mufasa desamarro la guarda de su espada y se la entregó a Rogelia.

—¿Cómo ha estado Texco?

—Igual que siempre —dijo Rogelia.

Camino hasta su mesa de trabajo y comenzó a trabajar inmediatamente en el mantenimiento de la espada de Mufasa.

El niño sabía la teoria de darle mantenimiento a su espada, pero era terrible en ello.

—Hace una semana comenzó a bajar al calabozo todos los días. Dice que encontrara a alguien digno de sus habilidades.

Negó con la cabeza.

—Solo está diciendo tonterías. En realidad solo está aburrido. Desde que Hercules murió, no ha tenido trabajo… aunque ofertas no faltan.

Mufasa levantó una ceja con curiosidad.

—¿Alguien interesante?

—Es más que solo alguien. Varios ejecutivos de la familia Zeus y Hera han tratado de hacerse con sus servicios, pero él los rechaza a todos. Incluso vino la mismísima emperatriz de Hera. Pero la rechazó.

Sin alzar la mirada, señaló con su gordo dedo en una dirección.

La mirada de Mufasa naturalmente siguió su dedo.

Donde antes había una pared de piedra, resistente y robusta, ahora solo había escombros cuadrados y desordenados.

—Ser rechazada no le cayó muy bien —dijo con una risita—. Aunque debo decir que fue bastante considerada. Un solo golpe de ella y este lugar se viene abajo por completo.

—Nada mal.

Mufasa bajo la mirada hacia su propio puño.

‘¿Yo podría hacer algo así?’

La imagen de él destruyendo un muro apareció en su mente. Era simple, un puñetazo sencillo.

Tras unos segundos de contemplación, negó con la cabeza.

Probablemente no podría destruir un muro, no aun.

—Por cierto —llamó Mufasa—. Quiero actualizar mi equipamiento.

Rogelia levantó la cabeza.

—Ya era hora. A veces pareces un novato con esa armadura de cuero que siempre llevas y reparas.

—Es funcional —se defendió con una mirada llena de indignación.

—Si, claro —sin importarle, continuo—. ¿Sabes exactamente lo que quieres o solo es una idea fugaz?

—¡Oye!

Le debido una mirada llena de reproche.

Que llegará con frecuencia a solicitar armas diferentes de la nada no era nada nuevo para Rogelia. Solía pasar con frecuencia. Era su rutina.

—Me gustaría actualizar mi armadura. Quiero dejar el cuero de lado.

—Ya veo.

Rogelia se levantó de su pequeño banco y caminó hacia un montón de piezas amontonadas como fierro viejo.

—Espera.

Antes de comenzar a inspeccionar las piezas, fue detenida por Mufasa.

—Hoy no me preocuparé por el dinero. Tengo mucho ahorrado, así que he decidido invertirlo.

Una sonrisa comenzó a aparecer en la comisura de los labios de Rogelia.

—Una gran inversión, debo admitir.

Alejándose del montón de fierro viejo que Mufasa solía comprar para su equipamiento, equipo descartado por Rogelia como creaciones con defectos.

Camino directo a sus estanterías.

Tomo un par de piezas y regreso.

—Toma.

Mufasa tomó las piezas y las examinó.

Una pechera metálica sin decoraciones, hombreras, brazales, avambrazos y grebas. Casi una armadura de cuerpo completo.

La enana herrera vio a Mufasa ponerse la armadura y asintió.

—Parece que comenzarás tu transición. Los de tu raza no tienen muchas opciones, al igual que los enanos. Supongo que en un futuro piensas usar una armadura de cuerpo completo y un espadón.

—En el futuro…

Mufasa no terminó la frase.

La palabra futuro sonaba conflictiva en su mente.

Algo, muy dentro de él, todavía se negaba a aceptar ese futuro, por más inevitable que fuera.

No se había rendido, pero no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.

Su única opción, tras pensarlo mucho, era convertirse en criatura por el Espíritu Corrupto, igual que Filvis. El problema era su ubicación y su época.

En este momento, el espíritu seguía en las profundidades del calabozo, dormido, indiferente al mundo, lo que no cambiaría hasta la llegada de Aiz muy en el futuro.

‘Faltan más de dos décadas para que eso ocurra’

Además, ser convertido sería como someterse al espíritu.

Jamás haría eso.

Nunca se sometería.

Rogelia a su lado observó a Mufasa con extrañeza.

Vio como la luz de los ojo de Mufasa se distorsionaba, acto seguido adquirió una resolución renovadora y ardiente.

‘¿Qué bicho le pico?’, no pudo evitar pensar.

—Si. Estoy planeando comenzar a usar equipo más pesado y robusto. ¿Puedes imaginarlo? Un enorme Boaz usando un pequeño sable como arma. No solo sería increíblemente gracioso, sino que sería ineficiente.

Se burló.

—¿Qué sigue, un enano que quiere ser mago, o tal vez una elfa que no pueda usar magia?

La enana se río junto a él.

Pago las cosas y se marchó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo