Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 23
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Capítulo 23: Capitulo 23.-Romance
El escuadrón preparó todas sus pertenencias para viajar y abandonaron la luz de la ciudad.
Guiados por Poppy, llegaron rápidamente a una zona marginada de la ciudad de los héroes.
—¿Qué hacemos aquí?
Sin poder contener su curiosidad, el Renard fue el primero en abrir la boca y hacer la pregunta que tanto tiempo llevaban pensando todos.
Poppy recorrió los alrededores con sus agudos ojos de nivel 3, asegurándose que nadie los estuviera siguiendo.
Echó la cabeza hacia atrás, mirando a su escuadrón.
Todos llevaban grandes mochilas, con sus equipamientos puestos y listos para combatir en cualquier momento.
Miro a Mufasa, el pequeño niño que ostentaba el récord en subir de nivel dentro de la ciudad de los héroes, pero que para su desgracia, no se informaría al gremio.
Oficialmente no existían.
El niño respiraba pesadamente, su pecho bajando y subiendo bajo la pechera de metal.
‘Supongo que ya se le acabó el tiempo… que decepcionante’
Sin cambiar la indiferencia en su mirada, respondió la pregunta de su subordinado.
—No lo sé. Se nos ordenó venir a este lugar por un ejecutivo.
Avanzando, llegaron a la muralla.
—Estamos muy lejos de la puerta. Este lugar está totalmente abandonado —dijo Yamamoto, observando las casas en ruinas a su alrededor.
Era como una película, donde un cataclismo devastó el planeta y eliminó a la mayor parte de la población humana. En ese contexto, ver a los protagonistas por ciudades vacías era lo normal.
—Llegaron.
Una voz áspera rompió su charla.
Desde la sombras, apareciendo como un fantasma, apareció una figura tuerta.
‘Así que no murió’ pensó Mufasa.
Con su llegada, todos sintieron una presión poderosa, como si estuvieran frente a un ser todopoderoso e invencible. Y lo era.
Antes, en el calabozo, fueron totalmente derrotados por un aventurero de nivel 4 con facilidad. Su único nivel 3, potenciado con magia, fue burlado sin parar.
Nunca podrían vencer al tuerto, un ejecutivo de primera clase y vicecapitan de la familia Osiris.
—Siganme en silencio —ordenó el Tuerto.
Todos asintieron en silencio, decidiendo no molestar al ejecutivo frente a él.
Mufasa lanzó varias miradas al Tuerto, mirando su espalda con cautela. En su mente se formó una pregunta silenciosa que no podía evitar soltar.
—¿Qué sucedió con el ejecutivo?
—¡…!
Poppy abrió los ojos sorprendida, se giró velozmente y trató de castigar a Mufasa antes que el Tuerto lo hiciera.
Pero para su sorpresa, el Tuerto respondió lentamente.
—Está muerto.
Mufasa abrió los ojos con sorpresa. Pero no indago más.
—Ya veo.
Con eso, se callo.
La Pallum le hizo numerosos gestos, asegurándose que entendiera que debería quedarse en silencio.
Llegaron a una casa derrumbada sobre la muralla.
Vista desde afuera, parecía que la casa no se derrumbaba por completo gracias a la muralla, la cual actuaba como su último pilar de fuerza, sosteniendo su estructura destrozada.
El Tuerto camino en silencio entre los escombros, se detuvo y señaló una gran grieta vigilada por dos personas.
—Saldrán por esta brecha y volverán a entrar por la misma —dijo, extendiendo su dedo hacia la grieta tan grande como para que pasara una pequeña carreta—. No le contaran a nadie de esto.
Aumentando su intención asesina, amenazó.
—Bien.
Poppy dio un paso al frente y asintió.
Haciéndole una seña a sus subordinados, la atravesaron.
…
El escuadrón se alejó rápidamente de las murallas imponentes de Orario, alejándose del calabozo y los poderosos guerreros de los dioses Zeus y Hera.
Afuera, donde el calabozo no existe, podrían considerarse una tropa de elite.
Atravesando un largo prado, Poppy habló.
—Los primeros gusanos aparecen —dijo, sin mostrar interés, con su voz llena de aburrimiento.
—Yo me encargo —habló Mufasa, dando un paso adelante.
Viendo su iniciativa, ninguno de ellos se negó.
Mufasa dio un paso, dejó caer todo peso sobre la planta de su pie antes de despegar contra el monstruo.
En poco tiempo, llego directamente al frente del monstruo.
—Hola —saludo con una sonrisa.
Llevó su mano hacia la empuñadura de su alfanje, desenvainado con una precisión bien entrenada.
Horas, días, semanas y meses de entrenamiento no eran en vano.
Su técnica mejoró rápidamente bajo la tutela de Mojima, un experto espadachín.
El Alfanje corta el aire con precisión, acercándose peligrosamente al cuerpo del monstruo; amenazando con partirlo por la mitad si no se defendía.
La respuesta del monstruo fue inmediata.
Un impacto seco resonó cuando algo chocó de frente contra el acero del Alfanje, desviando la cuchilla y evitando una muerte instantánea.
En la misma respiración que sucedió el choque, unas garras descendieron con violencia buscando el torso de Mufasa.
Pero no retrocedió.
Levantó su mano izquierda, dejando que la derecha siguiera sosteniendo su espada.
¡Clang!
Su brazal de acero recibió el golpe de lleno. Mufasa sintió como la fuerza del impacto recorría su cuerpo, sacudiendo ligeramente este, haciendo que presionara ambos pies con más fuerza.
Marcas blancas aparecieron en los brazales, nada grave.
Ahi estaba de nuevo.
Esa debilidad.
No era por falta de voluntad o enfoque, sino por una falta inevitable.
Un latigazo arremetió en su pecho, extendiéndose por todo su cuerpo.
Sintió que sus manos se entumecían, pero se forzó a apretarlas alrededor de la empuñadura de su espada.
Su amargo recordatorio.
Las garras volvieron a descender, rápidas y despiadadas.
Mufasa giro el torso, bloqueando nuevamente con su brazalete. La otra garra, de otro exterminador, pasó rozando su rostro, dejando una pequeña línea roja en su mejilla.
—¿Eh? Me tomó desprevenido —dijo con una sonrisa.
La sangre caliente descendiò lentamente por su mejilla.
Aprovechó la apertura del monstruo tras atacar con ambas garras.
Piso con fuerza el suelo, anclando su pecho como Yamamoto le había enseñado meses atrás. El entrenamiento con Yamamoto consistia en usar armadura robusta, aprovechándola para luchar.
No era elegante, pero tenía un enfoque sólido.
Levantó ambos brazos y lanzó un corte horizontal con el alfanje, limpio y directo, usando todo el impulso que pudo reunir.
No fue un golpe digno de un héroe, pero era el mejor golpe que podía dar dada su situación.
El monstruo retrocedió.
Mufasa no se lo permitió.
Avanzó un paso más, cortando nuevamente en un corte limpio, directo y despiadado.
La esgrima de Mojima era elegante, serena y suave. La de Mufasa, agresiva, eficiente y directa, pensada únicamente para matar al oponente, monstruo o humano.
Así era la esgrima que Mufasa estaba construyendo lentamente.
Avanzó un paso más, bloqueo otro zarpazo del monstruo con su brazal y en el mismo movimiento, sin perder el ritmo y sin darle espacio al monstruo, levantó la hoja desde abajo.
El filo trazó una línea ascendente llena de letalidad.
La cabeza se separó del cuerpo.
El cuerpo cayó sin vida al suelo.
Mufasa permaneció unos segundos quieto, sintiendo ambos brazos entumecidos y sus piernas hormigueando.
Bajo la espada y con un movimiento practicado, limpio la sangre de la cuchilla.
—Eh… nada mal. Te doy un 6 por el esfuerzo —dijo Poppy mientras comenzaba a caminar de nuevo.
—Tu esgrima sigue avanzando bastante bien. Aunque debo decir que tu estilo tan… asesino, no es completamente de mi agrado —dijo Mojima, con una mano en su barbilla—. Esa forma de encerrar a tu enemigo entre su espacio y tu espada es grandioso. Los dejas atrapados, atacando inmediatamente después de bloquear. Y trata de agregar un poco más de velocidad a los cortes.
Mufasa asintió, agradeciendo las palabras y observaciones.
—Fue un buen bloqueo.
El siguiente fue Yamamoto, quien lo instruyó a usar su armadura como defensa en lugar de usar únicamente su espada.
—Pero trata de no usar siempre el mismo brazal, así lo mantienes más tiempo. Trata de distribuir los golpes por toda tu armadura, para que no logren hacer una grieta en un punto. Si hay grietas, existe la vulnerabilidad.
—Lo tendré en cuenta. Gracias.
Agradeciendo sus opiniones, se emparejo a la formación y comenzó a seguirlos.
—Toma.
Un brazo delgado y pálido se extiende a su lado, sosteniendo una cantimplora de cuero.
Levantando la vista y mirando al dueño del brazo, se encontró con los ojos serenos de Pivot.
El elfo caminaba a su ritmo, con la espalda recta y el porte impecable de un noble.
Mufasa la aceptó.
—Gracias.
Bebió despacio, dejando que el frío líquido descendiera por su garganta, aliviando el ardor que sentía en el pecho.
—Tu respiración —comentó con cuidado—. Desde que salimos ha estado empeorando. Durante el combate puedo decir que te dolía, tus manos parecían rígidas. ¿Qué tan mal está?
Mufasa devolvió la cantimplora y se limpió la boca con el dorso del guante.
—Mal —dijo, con una mueca.
Levantó ambas manos, las cuales parecían normales a simple vista tras sus guantes cafés.
Sin embargo, el entumecimiento no se iba, persistiendo como un virus imposible de aliviar.
—Las parálisis aumentan, me duele respirar y mi cuerpo a veces no sigue mis ordenes. Es frustrante, ¿sabes?
—Debe serlo. No puedo ni imaginar cómo se siente.
Sin endulzar su enfermedad, Pivot asintió.
Extendió de nuevo su pálido brazo y lo metió en su mochila, rebusco unos segundos antes de sacar un frasco con un líquido morado.
—Bebe un sorbo de esto.
Mufasa levantó una ceja al ver el líquido morado. Nada apetecible a simple vista.
—¿Qué es?
—Ayudará con tu dolor. No curará tu enfermedad, pero hará que el dolor disminuya por unas horas.
—Entiendo.
Aceptando el líquido, le dio un sorbo como su amigo elfo le indicó.
—No siento un cambio.
—Porque no es inmediato. Dale tiempo. En media hora tu dolor se habrá calmado un poco. Al menos no te dolerá caminar ni respirar. Sobre las parálisis de tu cuerpo, no creo que exista nada que las alivie.
El león suspira.
—Lo sé.
Pivot levantó la mirada, mirando el cielo despejado, con un hermoso color azul recorriendo el cielo hasta donde su mirada lograba ver.
El pasto, hermoso y frondoso, daba una experiencia magnífica para la vista.
—Deberías haberte quedado en casa reposando. Luchar solo acelera tu enfermedad.
Mufasa pudo ver los ojos en blanco.
—Eso es aburrido. No me moriré en una cama, ¿Lo recuerdas? Mi tiempo se acaba, quiero vivir mis últimos momentos en aventuras.
Pivot cerró los ojos.
—Entiendo eso. Pero aun así, deberías tómatelo con calma.
—Me lo tomaré con calma cuando muera. Luego, tú seguirás la aventura en mi nombre —le dijo, con una gran sonrisa abriéndose paso.
El elfo también sonrió.
—Eso haré
—¿Qué hay de mi? ¿No me dirás palabras bonitas también?
Mojima irrumpió con una sonrisa.
—Te pediría que siguieras puliendo mi estilo de esgrima, pero no va contigo —dijo, suspirando dramáticamente—. Mi amigo, instructor y compañero de espadas se niega a seguir mi última voluntad.
El espadachín mostró una cara llena de indignación.
—¡Por supuesto que no lo haré! ¡Tu esgrima carece de lo más importante en un espadachín!
—¿De verdad? ¿Y qué es lo más importante en un espadachín? —interrogó con diversión.
—¡¡¡El romance!!!
Con un fuerte grito, Mojima llenó sus pulmones de aire antes de declarar lo que él creía que era la esencia de un espadachín.
Su grito resonó por todo el prado con tal fuerza que Poppy hizo una mueca de disgusto.
—Mojima —lo llamo.
El Renard la ignoró por completo.
—¡Escúchame bien, Mufasa! Esto tienes que grabarlo en tu mente antes de partir —continuó, llevándose una mano al pecho con teatralidad—. Un verdadero espadachín no corta solo carne y hueso, ¡demuestra su corazón! Cada estocada debe tener pasión, cada tajo historia, cada duelo un destino sellado.
—Eso explica porque las elfas parecen querer morir cuando luchan contra ti —murmuró Yamamoto con una sonrisa llena de burla, ajustando la correa de su armadura—. No saben si pelear o suicidarse.
El Renard resopló con desdén.
—Un bruto como tú jamás entenderá el romance de una espada.
—Si eso es romance, entonces prefiero seguir siendo un bruto.
Soltó una carcajada.
—Ustedes solo entienden la fuerza y la brutalidad, ¡Pero el acero es el verdadero arte!
—Tu acero no siente nada, idiota —gruño Poppy, molesta por sus constantes gritos.
Mufasa escuchaba la conversación con una sonrisa.
Siempre era lo mismo al hablar de espadas. Para Mojima, una espada y un espadachín significaban romance.
—Entonces supongo que mi esgrima no es muy romántica —comentó.
Mojima se giró hacia él, mirándolo como si acabara de confesar un crimen.
—Ahí está el problema. Tu esgrima no alcanzara la cima sin el romance.
—Bien por mi.
Se encogió de hombros.
—Hump —bufo—. Entonces asegúrate de algo. Si vas a dar tu último golpe, asegúrate que sea uno digno de recordar.
—Eso suena a romance —agregó Pivot con una sonrisa serena.
—No lo anime —grupo Poppy—. O no se callará en todo el camino.
Avanzaron por una pendiente entre bromas y comentarios triviales.
Yamamoto hablando de su pasión por las mujeres Hume, Mojima alegando que las elfas eran mejores, Pivot charlando con Mufasa y finalmente Poppy, quien se dedicaba a ver un mapa.
En medio de todos, Mufasa caminaba erguido, con su respiración doliendo y sus piernas entumecidas por momentos.
Pero estaba sonriendo. Feliz de estar con sus amigos.
Juntos atravesaron la pradera, Mufasa encargándose de todos los monstruos a pesar de la negativa de Pivot.
Siguió puliendo su esgrima.
Su bloqueo sólido.
Su crecimiento final.
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