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Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 5

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5: Capitulo 5.-Necesito una bendición 5: Capitulo 5.-Necesito una bendición A la mañana siguiente, con los rayos del sol filtrándose sin problemas por los agujeros y ventanas del viejo edificio.

Mufasa despertó tras una larga e incómoda noche de sueño.

Estiro los músculos y se rascó las orejas.

—Tal vez debería entrar al calabozo sin una bendición —considero la idea.

Si se mantiene en el primer piso, solo tendría que lidiar con monstruos débiles.

¿Qué debía hacer?

Un agudo e irritante chillido borró sus pensamientos.

Girando, vio al hombre con el que había “hablado” la noche anterior.

Ahora con la luz del sol, podía verlo mejor.

Pelo color crema y ojos grises como el acero, con unas orejas y cola de perro.

Desde su perspectiva, era alto, con un físico musculoso.

Usaba una pechera de cuero entera sin mangas, con una camisa negra debajo y pantalones sencillos.

—¿Qué quieres?

Notando su mirada, el hombre dejó de afilar su arma y lo miró directamente.

—¿Sabes donde puedo conseguir equipo barato?

—En el mercado negro.

—¿Dónde…?

El hombre suspiró, como si la presencia de Mufasa fuera una molestia para él.

Pero curiosamente, no hizo nada por echarlo.

Debía tener una historia de fondo, pero Mufasa no tenía intención de profundizar en el pasado del hombre.

Para él, con que no lo matara era suficiente.

—Ve al mercado.

Busca la Urna del Valiente, a su lado encontrarás un callejón, cruzalo hasta el fondo.

Gira a la derecha en cuanto puedas, sigue caminando hasta que topes con una gran puerta de madera.

Allí te harán una pregunta, solo tienes que mandarlo a la mierda.

El hombre hablo sin reservas, contando de manera rapida la ubicacion del mercado negro.

Mufasa parpadeo confundido.

¿No fue eso…

demasiado fácil?

Se encogió de hombros.

Si lo decia tan abiertamente, es porque seguramente el gremio ya sabria del mercado negro.

—Gracias.

Mufasa navegó por las calles de Orario, preguntando a varias personas por diferentes direcciones.

Su cabeza se movía de un lugar a otro, maravillandose con Orario.

Para él, era un sueño hecho realidad el poder ver la ciudad laberinto en carne y hueso.

Además, ver numerosas razas conviviendo le pareció fascinante.

Pero lo que más le fascinó fue la enorme construcción en el centro de la ciudad.

Alzando la mirada, no pudo evitar maravillarse nuevamente por la altísima torre que atravesaba las nubes.

—Orario es…

hermoso.

Vago por las calles hasta dar con el edificio que el hombre le dijo que buscara.

La Urna del Valiente, una tienda de armas bastante escondida dentro del área comercial.

Tuvo que dar muchas vueltas, giros, todo para poder llegar.

La tienda en sí misma parecía fuera de lugar en aquella zona.

Entró en el callejón al lado de la tienda, avanzando sin dudar.

¿Qué había que pensar?

Necesitaba equipo para aparentar un poco más de fuerza.

Tal vez así lo aceptarían en una familia.

Avanzó por el oscuro y apestoso callejón, donde en vez de adoquines había lodo y ratas corriendo libremente.

Pateó una y continuó derecho hasta dar con el primer cruce.

Se metió como le indicaron y llegó hasta una puerta doble de madera, donde un vagabundo con capa dormía.

El vagabundo estaba al lado de la puerta, con aspecto aburrido.

El vagabundo levantó la cabeza y lo examinó brevemente antes de fingir que no existía, cerró los ojos y fingió dormirse.

—Este bastardo…

Sintió la fuerte necesidad de despertarlo de una patada.

Pero su mente e instinto lo detuvieron.

Algo detrás de la puerta lo aplastará si lo hiciera, tal vez el propio vagabundo lo haría.

Se aclaró la garganta y habló con confianza.

—Voy a entrar.

El vagabundo abrió un ojo y luego lo cerró, levantó una mano y la sacudió como si se quitara una molesta mosca de encima.

Una vena se marcó en la frente del niño.

Un aire tenso se apoderó del pasillo, con ambas personas manteniéndose en silencio.

Tras un rato, el vagabundo suspiro con fastidio.

—¿Qué quieres?

—pregunto de mala gana.

—Entrar.

—¿Entrar a donde?

Si entendio, finge ignorancia.

Los ojos plateados de Mufasa vacilaron unos segundos, inseguro de cómo seguir con la situación.

Respiro hondo y puso un rostro lleno de fastidio y malestar.

—Tch, que bastardo tan molesto —resopló con molestia fingida—.

¿No puedes solo abrir la puerta y luego largarte a mucho a la mierda?

Parpadeando un par de veces, el vagabundo levantó su mano y dio tres toques suaves y un cuarto fuerte a la puerta.

Luego, volvió a fingir que se quedaba dormido.

Las bisagras de la puerta sonaron como un estridente después de varios de segundos de espera.

Lentamente se abrió, mostrando un mar de tiendas del bajo mundo, donde ladrones, asesinos y aventureros desesperados comerciaban día y noche.

Su mirada entusiasta fue bloqueada por una enorme figura.

Tuvo que levantar la mirada para ver al responsable.

Un par de ojos lo miraron desde arriba, donde sus ojos parecían estar mirando mierda con vida.

Le hizo una seña para que entrara y luego cerró la puerta detrás de él.

Se giró para verlo y habló con voz grave.

—Tu cara no me suena.

—Es la primera vez que vengo —no dudo y contó la verdad.

¿Mentir?

No tenía sentido.

Cualquier cosa que inventara no funcionaria.

—Humm —la mujer lo examinó un par de segundos, luego resopló—.

Como eres nuevo, tengo que explicarte las reglas del lugar.

No quiero tener que limpiar de nuevo.

Levantó tres dedos.

—Regla número 1: Está prohibido robar.

Si robas, el afectado tiene todo el derecho de matarte.

Regla número 2: Las autoridades de Orario están vetadas del mercado.

Si descubrimos que informas al gremio o traes a un trabajador del mismo, te mataremos y destruiremos tu cuerpo en el calabozo.

Regla número 3: No te metas donde no te llaman.

Sus tres dedos, ocultos tras su guantelete, se colocaron frente al rostro de Mufasa.

Miró fijamente los ojos de Mufasa, cerciorándose que entendiera sus palabras.

Para ella, no había nada más molesto que tener que limpiar la sangre de los ladrones que rompían las reglas.

—Entendido.

Mufasa asintió.

—Bien.

Agradecio a la mujer tigre y se sumergio en las calles del mercado negro.

A su paso, diferentes tiendas con sus respectivos letreros aparecieron.

Algunas tiendas venden pociones, otras equipamientos, otras trabajos más turbios.

Examinó los nombres.

“Yunque del Oso” “Planeta Espada” “Rosa de Acero ” “La Platea de Olivier” El Yunque del Oso era una herrería que hacía cualquier equipamiento mientras pagarás el precio adecuado.

Planeta espada solo manejaba espadas.

Rosa de Acero hacia puras armaduras.

Y el último, La Platea de Olivier.

El lugar vendía de todo.

Decidió decantarse por esa tienda.

Era un edificio de tamaño mediano, construido con ladrillos que había visto mejores días.

Una sola ventana adornaba el edificio, pero estaba tapada con tablas de madera fuertemente clavadas.

En el centro, junto al letrero, una única puerta tan grande que Mufasa dudo poder moverla.

Se acercó a la puerta y trató de empujarla, pero como esperaba, el peso de la puerta era considerable.

Suspirando, apretó los dientes y usó toda su fuerza para empujar la puerta y poder entrar.

Las bisagras de la pesada puerta emitían un agudo sonido al moverse.

Al entrar, lo primero que vio fue una mujer enana, con un gran martillo y una armadura de batalla.

Lo examinó de pies a cabeza, como un experto en joyas al revisar un precioso diamante.

Tras unos segundos perdió el interés.

Mufasa le dedicó una mirada distraída antes de avanzar al mostrador donde un enano pulía una daga.

El enano era regordete, con una espesa barba que caía descuidadamente sobre su pecho.

Sus profundos ojos lo miraron.

—¿Qué quieres?

—casi pareció gruñir.

—¿Cuál es tu arma más barata?

Lo que más ocupaba era equipamiento adecuado, pero su presupuesto no era el mejor de todos.

Carecía de fondos, por lo que fue directo por lo más barato.

Tomó su bolsa de valis y dejó caer gran parte de lo que tenía, asegurándose de mantener una parte para comprar comida.

Los ojos del enano bajaron al dinero, solo para bufar con desdén.

—Puedo venderte una uña de mi pie.

Es para lo que te alcanza.

—¿Qué?

¿Estás seguro que contaste?

—Oh, ¿Entonces soy idiota?

Mufasa se cayó de inmediato.

No se giró, pero pudo sentir la pesada mirada de la enana en su nuca, casi perforando un agujero.

—Estupido enano.

Miró su cuchillo y la espada de Collin.

Era todo lo que tenía, y era todo lo que tenía para ofrecer.

Evaluó rápidamente en su mente las posibilidades.

La espada era lo mejor que tenía, o eso creía.

Luego estaba el cuchillo, que parecía sencillo.

—Puedo vender uno de los dos y comprar algo con ese dinero.

Puedo navegar por el piso 1 con una sola arma, estoy seguro de eso.

Tras evaluar que curso tomar, desenvainó lentamente la espada, demostrando abiertamente que no tenía malas intenciones y la colocó suavemente en el mostrador.

Repitió lo mismo con el cuchillo.

—¿Cuánto me das por esto?

—Mmmmm.

El enano tomó la espada y comenzó a inspeccionar minuciosamente.

Él era un enano, y como todo enano, tenía talento para el metal.

—La hoja está bien cuidada, su mango no tiene ningún rasguño, y la calidad del metal no está mal.

Te daré 10,000 vallis por la espada.

Quien fuera el dueño de esta espada, se tomaba muy en serio su cuidado.

Mufasa se tensó de repente.

Pero al ver la indiferencia de ambos enanos, se tranquilizó.

Suspiro internamente.

Era normal.

En el mercado negro se vendia toda clase de cosas, en su mayoria robadas.

A ninguno de los dos enanos le importó el origen del arma, solo importaba su calidad y el precio.

Tomó el cuchillo y lo examinó.

—La calidad del cuchillo es buena.

Está hecho de Damasco y fue creado por un buen herrero.

Hummm…

—el enano medito bastante en su mente, dándole una mirada sutil—.

Te ofrezco 100,000.

El enano bajo el cuchillo y le dio una extraña mirada a Mufasa.

Mufasa entrecerró los ojos.

No era idiota.

En cuanto comenzó a escuchar las divagaciones del enano supo que el cuchillo no era ordinario.

No era un arma mágica ni legendaria, pero con esas pocas palabras entendió que podría venderlo por mucho más en una tienda en la torre de babel.

—Solo venderé la espada.

—Tch, como sea —el enano respondió con un resoplido, actuando con indiferencia.

Con pesados pasos, el enano se marchó a la parte trasera de la tienda en busca del dinero.

Con su ausencia, la mirada de la enana fue más pesada.

—No haré nada, ¿Okey?

Decidió aprovechar el tiempo y buscar algo que comprar.

Diversas estanterías se colocaron a los largo y ancho de la tienda, donde diversas cosas se acomodaron.

Armas, pociones, armaduras, items que tenían efectos que desconocía, ropa, un poco de todo.

—¿De casualidad no conoces una familia que acepte a cualquier persona?

Mufasa decidió romper el silencio mientras examinaba las cosas.

No vio problema en preguntar, después de todo era solo una pregunta, una pregunta que no ofendía a nadie.

La enana se tomó un momento para responder.

—Puede que conozca una.

—¿De verdad?

¿Cuál?

—Gastate los 10,000 valis y te lo diré.

—¡BASTARDOS CODICIOSOS!

Ignoró el rugido en su alma y aceptó de mala gana.

De todas formas necesitaba comprar equipo.

—Bien.

Examino las estanterías una por una.

Echó un vistazo a una espada.

La espada era larga y de un solo filo, con cuchillas dentadas a lo largo de su hoja.

Verla lo hizo pensar de inmediato en la espada que Arlong usaba en One Piece antes de ser vencido por Luffy.

Estuvo tentado de comprarla, pero costaba demasiado, además tenía un emblema de familia.

No era un tonto ignorante.

Entendió perfectamente que la mayoría de cosas del establecimiento eran robadas o saqueadas de cadáveres, todas vendidas para borrar las huellas y sacar provecho en el camino.

No quería problemas con una familia, menos cuando no tenía una bendición.

Su mirada vagó hasta una espada bastarda.

Mufasa no estaba seguro de si una espada era el arma que mejor le quedaría, o con la que tendría talento.

Pensó en comprar una lanza, pero todas tenían emblemas de familias.

—La espada es el arma de todo buen protagonista —dijo mientras examinaba la espada.

Extendió su mano y tomó la espada, miró brevemente al aire para ver si activaba algún sistema chino de cultivación y un sistema gacha que lo bendijera.

—¿Nada?

Dio un par de cortes, sintiendo el peso del arma quemar sus músculos.

—Me gusta…

pero no me alcanza.

Por ahora sobreviviría con el cuchillo.

—Supongo que no estamos destinados a estar juntos —regresó la espada a su lugar y siguió vagando.

Todo lo que tuviera emblema de familia era más barato, con su precio reducido por el emblema y el peligro que conllevaba usarlo.

Enemistarse con una familia más poderosa era algo que pequeñas familias querían evitar a toda costa.

—Necesito una armadura —murmuró pasando entre piezas metálicas, madera blanca, cuero y más materiales que no conocía.

Finalmente, se decidió por unas grebas de metal muy ligeras y unos avambrazos para proteger sus antebrazos.

Ambos tenían emblemas de familia, pero las tenían por la parte interna de la armadura, la cual no se vería a menos que se las quitara.

Camino hasta la sección de ropa y se detuvo.

—¿Si me visto como protagonista genérico…

aparecerá el sistema?

—preguntó al aire.

Estiro su mano con duda, luego tomo puras prendas negras, camisas de manga larga negras, pantalones negros y un par de botas.

Sabía que no funcionaría, pero aún podía tratar, no perdía nada.

Finalmente, se decidió por unas grebas de cuero endurecido y unos avambrazos para proteger sus antebrazos.

Ambos tenían emblemas de familia, pero las tenían por la parte interna de la armadura, la cual no se vería a menos que se las quitara.

Tomo algunas Potion en la sección de pociones y algunas cosas para darle mantenimiento a su cuchillo No era experto en armas, pero en sus primeros días vio a un mercenario darle mantenimiento a su espada.

Regreso al mostrador para colocar todo lo que había agarrado.

El enano ya lo estaba esperando.

Miró brevemente el equipo antes de comenzar a sacar un ábaco y comenzar a calcular la cuenta de Prometeo.

—Son 10,000 valis —la sonrisa del enano estaba llena de descaro.

Claramente le estaban robando.

Pero Mufasa se obligó a aceptar el trato.

La información sobre una familia que lo aceptara era lo que más importaba en ese momento.

—No me veas así —se quejó el enano, pero su sonrisa nunca desapareció—.

Te daré esto como regalo.

Colocó una pequeña bolsa de cuero sobre el mostrador.

—Esta bolsa se amarra en la cintura, pero la bolsa queda en la parte trasera.

Es ideal para evitar que las pociones se rompan.

La tomó de mala gana.

Metió todas sus cosas en su nueva bolsa y envainó el cuchillo.

—Ahora la información —exigió.

—Toma —el enano extendió un papel, el cual tenía garabatos que Mufasa pudo leer gracias a la fusión con el original—.

Ve al lugar que viene indicado mañana temprano.

—Bien.

—Tal vez sea mejor permanezcas sin falna hasta que crezcas.

La familia es…

je, bueno, si vas lo descubrirás.

—Uh…

¿Son asesinos?

—preguntó Mufasa mientras se rascaba la nuca torpemente.

¿Se estaba metiendo donde no debía como le dijo la mujer tigre?

—No exactamente.

Descúbrelo tú mismo.

Unirse a una familia problemática podría ser un problema, pero no veía otra opción.

Su hogar actual era el edificio derrumbado, y su cama era el frío suelo del edificio.

No conocía a nadie en la ciudad, sería lo mismo a mendigar, y se negaba fuertemente a mendigar por comida.

Tomó sus cosas y se retiró de la tienda en silencio.

.

.

.

Continuara…

¿Te gusto el capitulo?

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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