Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 8
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8: Capitulo 8.-Nueva casa 8: Capitulo 8.-Nueva casa Mufasa recogió todas las piedras mágicas que pudo recuperar, notando la clara falta de varios cuerpos.
En su camino de regreso, mató todo lo que encontró con sus propias manos.
Regreso a la superficie, caminando directamente a una zona de cambio en la torre de babel.
—¿Preguntaran mi afiliación?
Con duda, se acercó al mostrador para intercambiar sus piedras mágicas por valis.
Para su suerte, no le pidieron información, fue un intercambio rápido y breve.
—Aquí tiene, un total de 891 Valis en total.
—…es muy poco.
—La calidad de las piedras mágicas es la más baja.
El precio se ajusta en base al tipo y calidad de la piedra mágica.
El trabajador del gremio, con un impecable traje negro, no parpadeo mientras explicaba el precio.
Mufasa arrugó las cejas, pero no dijo nada.
Le quedó un sabor amargo en la boca.
Su cuchillo estaba roto, su armadura no estaba destruida, pero necesitaría reparación tarde o temprano si la seguía descuidando tanto.
¿Cuánto le costaría reparar su cuchillo?
¿Era siquiera salvable?
Miró su cuchillo.
La mitad de la hoja se había desprendido, no en un corte limpio, sino en un estallido que provocó fracturas desde su núcleo.
Además, estaba partida por la mitad.
No era un experto en armas, pero era obvio que necesitaría ser forjada de nuevo.
Eso sería equivalente a mandar a fabricar una nueva, pero más barato.
—Debí cobrarle.
Tomó los Vales del mostrador y salió de la torre de Babel.
Sacó el papel que le dieron y que había guardado, solo ahora leyó su contenido.
Era una dirección.
Siguió las indicaciones de la nota y partió de inmediato.
Tras casi una hora de caminar, logró dar con el lugar marcado en el papel.
Levantó la cabeza y examinó el edificio.
Una casa de dos pisos se alzó, con ventanas limpias y decoraciones bien acomodadas.
No había letrero alguno, como si no perteneciera a una facción poderosa.
Una casa común, bonita bien decorada por fuera.
Toc Toc Toc Tras un momento de silencio, las bisagras de la gran puerta de madera se movieron para permitir que una cabeza asomara.
Un elfo de pelo naranja, ojos verdes y un monóculo en su ojo derecho.
Vestía un elegante traje blanco, parecido a un uniforme militar.
El elfo levantó una ceja.
—¿Si?
—Uh…
creo que me equivoqué de dirección.
Mufasa se rasco la cabeza confundido.
Esperaba llegar a la dirección y encontrar una mansión lujosa, bien amueblada y con guardias en las puertas.
Pero ahí, parado con una cara llena de confusión, no encontré nada de lo que imagino.
Los ojos verdes del elfo recorrieron la figura de Mufasa sin interés, hasta que vio la nota en su mano derecha.
—Permíteme la nota.
—Ah, si.
Examinó la hoja y luego la arrugo.
—Estás en la dirección correcta.
Asintió como si eso ayudara.
—Te esperabamos hace horas —dijo el elfo mirandolo, levanto la vista y miro el cielo oscuro—.
Has tardado bastante.
Mufasa levantó la cabeza y miró el cielo estrellado.
Era de noche, el sol había desaparecido y las estrellas iluminaban la ciudad junto a la luna.
—Se me fue el tiempo volando.
Lo siento.
Se disculpó torpemente mientras rascaba su nuca.
¿Cuánto tiempo había estado metido en el calabozo?
‘A partir de hoy no me dejare llevar’ Pensó lo que era claramente una mentira.
—Pasa.
—Gracias.
Atravesó el marco de la puerta y entró en el edificio.
Piso de madera, muebles rústicos y sencillos, una gran sala fue lo primero que pudo ver claramente.
—Mi nombre es Pivot Fardarel.
—Mufasa.
—Sígueme.
Intercambio nombre con el elfo antes de seguirlo por la gran sala, la atravesaron y pasaron directamente a la cocina, donde un enano se sentó en un banco de madera frente a una hoguera.
Sobre la hoguera había una olla.
El enano revolvía su interior con una cuchara grande de madera.
—Yamamoto.
—Ya casi está.
El elfo suspiro.
—Llegó el nuevo.
Yamamoto, el enano que revolvía la olla, se giró rápidamente y se encontró con la mirada plateada del niño león con melena blanca.
Luego frunció el rostro en confusión.
—¿Un niño?
—Si.
El elfo no parpadeo, indiferente a su incredulidad.
—Debe ser alguien especial si lo enviaron aquí —Yamamoto se encogió de hombros y se levantó.
Se acercó y extendió su mano—.
Yamamoto Torae.
—Mufasa.
Acepto el apretón con una sonrisa amistosa, pero se congelo al sentir la inmensa fuerza detrás de la mano del enano.
Lo miro con sorpresa.
Un enano pelirrojo, con una espesa barba roja y una figura bajita pero musculosa.
Llevaba ropa sencilla.
—Dime Mufasa —la mirada de Yamamoto se volvió extremadamente seria, como si su vida dependiera de lo sus siguientes palabras—.
¿Prefieres mujeres conejo o elfas?
La mente de Mufasa fallo.
—¿Eh?
—¿Conejas o elfas?
Mufasa parpadeó incrédulo.
Giró la cabeza para ver al elfo, pero este ya se había alejado hacia la mesa, ignorando por completo la pregunta.
Mirando a Yamamoto, con un rostro tan sincero, sintió la necesidad de responder con honestidad.
Incluso lo pensó.
—Las elfas son muy hermosas —comenzó, sin notar la oscuridad en los ojos de Yamamoto—.
Pero…
pero las mujeres conejo son muy exóticas.
Quisiera que una me mimara.
Confesandolo, se sintió extremadamente derrotado.
Fue como soltar un secreto muy oscuro de su vida.
La mirada de Yamamoto se iluminó al instante.
—¡Jajajaja!
¡Qué buenos gustos tienes!
Uso su gruesa y callosa mano para golpear un par de veces la espalda de Mufasa, provocando que este se tambaleara.
Su sonrisa fue sincera y amistosa, lo que hizo que Mufasa se relajara.
‘No parece una mala persona’ —Debes estar hambriento, chico.
Toma asiento.
Dejó su mochila en una esquina y se sentó en una silla al extremo de la mesa, apartado del elfo de ojos verdes.
Se dejo caer, sintiendo el cansancio envolver todo su cuerpo.
De repente, la voz de Pivot lo llamó.
—Debes tener algunas preguntas respecto a la familia.
—Si —no lo oculto—.
Quisiera preguntar un par de cosas.
—Adelante.
—Bueno…
eh, ¿Cómo funciona exactamente la familia?
—Si hablas de la estructura de mando, no funciona como otras familias —Pivot no retuvo nada y comenzó a explicar.
La familia Osiris operaba de manera muy distinta a lo que otras familias hacían.
Su estructura de mando, ordenada y bajo el mando de numerosos líderes de escuadrón.
Aparte de los ejecutivos, la capitana y la diosa, nadie conocía al capitán de la familia.
Sabían que uno de los ejecutivos era Tariq, el hombre tuerto con un parche en uno de sus ojos.
Sus ejecutivos eran un misterio, su capitán era desconocido, el alcance total o la base principal eran un misterio.
—La familia ha estado acumulando poder durante décadas.
Pero solo los de arriba saben el alcance total.
La mayoría de miembros no eran registrados en los registros del gremio, permaneciendo como entidades fantasmales que aparecen para retar a otras familias en medio del calabozo, y en ocasiones, en plena calle.
Y ahora, Mufasa era una de esas entidades fantasmales.
No sería registrado al gremio.
Mufasa sabía la verdad superficial de la familia, pero no su contexto entero.
Por lo descrito en Astrea Record, sabía que la familia Osiris era una facción poderosa.
Su capitana, Melty Zahra, era una aventurera de nivel 7.
Según la novela, la familia Osiris junto a otras facciones serían derrotados 27 años antes del inicio de la novela, lo que ubicaba a Mufasa más de 27 años antes de la novela.
¿Qué tan adelante estaba?
No lo sabía.
Pero entendió una cosa: Sería un aventurero consolidado una vez que la familia Loki llegue a Orario.
Lucharía contra aquellos monstruos antes de que Ottar tomará una espada.
Se levantaría mucho antes de que Leon intentará superar a los héroes.
Dejó de lado eso, lo importante era sobrevivir a la caída de la familia Osiris.
Y para eso, necesitaría ser fuerte.
La familia Osiris no registraba sus miembros y mentía de los niveles de los que sí registraba.
La totalidad del dinero que consigan los escuadrones pertenece a ellos, sin ninguna clase de cuota.
A través de los líderes de escuadrón, podían hacer peticiones de diferentes tipos.
Podía pedir contactos, materiales, encargos.
Muchas cosas.
En ese momento una figura entró desde la sala de donde habían venido.
—Ya regresé.
Anuncio.
La mirada del hombre recorrió la habitación antes de detenerse en Mufasa.
Parpadeo un momento antes de hablar.
—¿Es él?
—Si.
Mufasa se quedó sin palabras.
En la mano del hombre que acababa de llegar…
Había una revista de contenido caliente.
La portada mostraba una linda elfa, con toda su ropa, pero con una mirada seductora.
—Soy Mojima.
—Mufasa.
Mojima, un hombre Renard de pelo dorado y ojos verdes, con un yukata que reocordaba al lejano oeste.
—Es como ver a Haruhime versión hombre.
Por un momento, la imagen de una chica hermosa idéntica a Mojima aparecio a su lado.
—Dime Mufasa…
Mufasa sintió un deja vu al escucharlo hablar.
—¿Escogiste elfas o mujeres conejo?
—Escoge mujeres conejo —Yamamoto interrumpió la conversación—.
¡Él sabe lo que es mejor!
Mojima se ofendió en un instante.
—¡No sabes de lo que hablas, Enano estupido!
—¡Tú eres quien no sabe, Renard bastardo!
Ambos hombres chocaron frentes con furia, con sus ojos ardiendo con una ira traída desde el mismísimo infierno.
—¿Qué está sucediendo aquí…?
Mufasa se quedó sin saber cómo reaccionar.
Por un lado estaba el enano amante de las mujeres conejo, y por el otro lado, un Renard amante de las elfas.
¿Necesitaba tomar un bando?
—Imagina que una mujer conejo te diga Onichan.
—Una elfa que te declara amor eterno es mejor.
—Tsk tsk tsk!!!
¡Son muy ruidosos!
Una tercera entidad entró echando humo por sus fosas nasales.
Levantó ambas manos y las cerró en puños, luego golpeó las cabezas de ambos hombres.
—¡Ouch!
—¡Ugh!
La escena fue aún más ridícula cuando Mufasa observó la tercera entidad que había irrumpido con fuerza.
Una figura bajita, más pequeña que el enano del grupo, apretó sus diminutos puños y resopló con fuerza, como si fuera un toro rabioso.
—Montón de idiotas, no pueden callarse un solo dia —resopló mientras los fulminaba.
La mujer Pallum, con dos coletas rubias y ojos color miel, se acercó a Mufasa.
Era más bajita que Mufasa.
Pero su presencia era más poderosa.
—Soy Poppy, la capitana de este escuadrón y la encargada de convertirte en alguien útil.
—Soy Mufasa.
—Parece que te gano la emoción —sus ojos color miel recorrieron el desastre de ropa que llevaba—.
Apestas, duchate.
Pero primero comamos.
¡Yamamoto!
—En camino, jefa.
Yamamoto ignoró el chichón en su cabeza y comenzó a servir comida con una facilidad asombrosa.
Tomó varios cuencos y sirvió grandes porciones de estofado.
—Come y luego vete a bañar.
Poppy no le dedicó otra palabra y se sentó en la mesa.
Tomó su cuenco y comenzó a comer con entusiasmo.
Los demás también se reunieron alrededor de la mesa y comenzaron a comer.
—Qué grupo tan peculiar.
Me agrada.
Tomó su propio cuenco y comenzó a comer con entusiasmo.
Su estómago rugía con fuerza, protestando de hambre.
.
.
.
—Esta es tu habitación.
—No está mal.
Yamamoto guió personalmente a Mufasa a su nueva habitación.
Abrió la puerta y lo dejó pasar.
La habitación era pequeña y sencilla, una cama, una mesita de noche, un armario y unas pocas estanterías.
A un lado de la cama había un gran cofre de madera con clavos de acero.
—El desayuno se sirve a las 7.
Mañana te explicaremos cómo funciona el escuadrón —explicó Yamamoto.
—¿Esto es para mi?
Extendió su mano y señaló una gran bolsa en su nueva cama.
Yamamoto sonrió.
—Recuerda que acabas de convertirte en aventurero.Todos los aventureros reciben un kit de inicio del gremio.
Como no estamos registrados, no recibimos nada.
Sus palabras salieron sin dudar.
—Como no recibimos nada, la familia entrega un kit personalizado para todos los miembros nuevos.
Este es el tuyo.
—Ya veo.
Gracias —agradeció con una sonrisa.
Yamamoto se despidió y cerró la puerta.
Mufasa permaneció quieto en el centro de la habitación, tomándose un momento para asimilar todo.
—Esto es raro —murmuró para sí mismo—.
Un nuevo hogar…
no está mal.
Dejó sus cosas encima del cofre y tomó la bolsa de su cama.
Con un simple tirón, retiró la cuerda que la ataba.
Dentro de la gran bolsa había numerosas cosas.
Una espada de una mano hecha para Pallums.
Una pechera de cuero también de Pallums.
Dos pociones, una roja y otra azul.
También había diferentes mudas de ropas.
Por último, había una pequeña bolsa con 2,000 Valis.
—Humm, no está mal.
Conseguí más de lo que consiguió Bell del gremio.
Dejó todo sobre el cofre y se recostó.
Repaso todo su día en su mente y no pudo evitar sonreír.
Había luchado durante horas en el calabozo hasta que Barcelo destruyo su cuchillo y lo sacó de su trance.
Consiguió una bendición, un lugar en el que quedarse y equipo nuevo para reemplazar el cuchillo.
—Fue un buen día.
Cerró los ojos, solo para abrirlos tras unos segundos.
—No me bañe…
—recordó—.
Lo haré mañana.
– – – A la mañana siguiente, cuando los rayos del sol se filtraron por las ventanas, una pequeña silueta abrió los ojos y frunció el ceño al despertar.
—¿Ya amaneció?
Se tallo los ojos mientras bostezaba.
Se equipo rápidamente con las cosas que dejo sobre el cofre y organizo todo.
Uso la ropa que le regalaron.
Una camisa café de manga corta, pantalones azules y botas marrones.
Sobre la camisa, una pechera de cuero que le quedaba ligeramente ajustada.
Tomó la bolsa y la ató en la parte trasera de su cadera.
Salió con una sonrisa y bajó las escaleras de madera de la casa.
Cuando bajó, un rico aroma inundó sus fosas nasales.
Asomo la cabeza lentamente a la cocina, donde un enano cocinaba.
El enano noto su presencia y sonrió.
—Ya casi sale.
Mufasa asintió y tomó asiento.
Al poco tiempo entró un elegante elfo con un monóculo.
—Buenos dias.
—Humm —Yamamoto apenas y reaccionó al saludo.
—Buenos días.
La siguiente silueta fue la de Mojima.
Mojima no dijo nada, asintió en silencio y se acomodó perezosamente en su lugar.
Con pasos pesados, una figura más pequeña que Yamamoto y Mufasa entró en la cocina.
Miro a Yamamoto cocinar y frunció las cejas con molestia.
—¿Aún no sale?
¿Qué mierda hiciste toda la mañana?
¡Bastardo perezoso!
Levantó su pequeña bota y comenzó a patear a Yamamoto.
Mufasa miró a los otros dos, pero ambos ignoraron las súplicas de Yamamoto mientras Poppy lo fulminaba a patadas.
—¡Está listo!
Yamamoto se puso de pie de un salto y sirvió rápidamente.
Todos comieron en silencio, hasta que Poppy levantó la cabeza y miró fijamente a Mufasa.
—¿Por qué traes todo tu equipo puesto?
—Esto…
—Mufasa no supo qué responder.
Estaba emocionado por volver a entrar en el calabozo para matar monstruos a diestra y siniestra.
En el calor del momento, tomó su equipo y se armó por completo.
—¿Eres idiota?
—le cuestiono la mujer bajita—.
Primero come y luego piensa en el calabozo.
Mufasa pensó en replicar que ahorraba tiempo, pero recordó el ataque de ira de Poppy y sus brutales ataques con su bota.
Incluso un enano como Yamamoto sufrió.
Comieron rápidamente y salieron.
Poppy detuvo a Mufasa.
—Hoy irás conmigo.
—Si.
Mufasa esperó pacientemente a Poppy y luego partieron al calabozo.
—Vámonos.
.
.
.
Continuara…
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