Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Danmachi: Entre monstruos y dioses - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Danmachi: Entre monstruos y dioses
  3. Capítulo 9 - 9 Capitulo 9-Pequeña pesada
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: Capitulo 9.-Pequeña pesada 9: Capitulo 9.-Pequeña pesada Dio una leve mirada a su capitana de escuadrón y noto su equipo.

Una armadura ligera de metal y un casco de combate.

En sus caderas, dos martillos de guerra duales.

Rápidamente entraron al calabozo.

Entre paredes azules ligeramente iluminadas por una luz fosforescente, Poppy habló.

—Primero muéstrame que tienes —ordenó.

—Bien.

Mufasa desenvaino su espada con torpeza.

Noto la mueca de Poppy, pero ella no dijo nada.

—Ghaaaaa…

Un goblin se acercó con intenciones asesinas en sus ojos deformes y feo.

Levantó las garras y gruñó con fuerza.

Mufasa dio un paso y atacó de frente, sin dejar que el goblin atacara.

La hoja dibujó una curva sobre el aire antes de partir la cabeza del goblin por la mitad.

Su cuerpo tembló por la fuerza y cayó hacia un lado con fuerza, con materia cerebral derramándose en el suelo de piedra.

Esta vez su habilidad no se activó.

Mufasa entendió el funcionamiento de su habilidad con facilidad.

La habilidad consiste en potenciar su poder de ataque al activarse, con la potencia aumentando con la voluntad.

Pero usarla tenía un peso.

Su cuerpo lo resintió dependiendo el uso.

Además, sus armas quedarían destrozadas si la usara de manera continua.

No podía estar dependiendo de su habilidad, primero tenía que aprender a luchar sin ella y después incorporar como una de sus cartas secretas.

Imaginar la habilidad en combinación con una magia lo hizo estremecerse de emoción.

—Tu técnica es un asco —Poppy frunció los labios con desagrado, como si aquella pequeña demostración fuera repugnante—.

Toma.

Tomó una maza atada en su espalda y se la arrojó.

Mufasa la atrapó y la examinó.

Un palo largo que terminaba en una bola redonda de acero.

Una maza, un arma contundente perfecta para destrozar huesos y armaduras, el arma preferida de muchos enanos.

Su peso no era mucho, pero sí a tener en cuenta al moverse.

—Primero te acostumbraras a balancear cosas pesadas.

Poppy lo guió al siguiente enemigo: un Kobolt.

—Adelante, niño —su voz sonó desde atrás.

No se molestó en tomar sus dos martillos.

El kobolt, un monstruo humanoide con cabeza de perro, gruñó de ira al verlos a ambos.

Dos en total, con hocicos abiertos y garras en alto.

Mufasa respiro hondo, ajusto el agarre en su maza y dio un paso al frente.

El peso resultaba extraño, totalmente distinto al cuchillo que había estado usando.

Era extraño, y su agarre torpe, pero intento hacerlo lo mejor posible.

Una nueva aventura, así lo vio Mufasa.

El Kobolt se acercó corriendo.

Mufasa avanzó también.

Apretó su maza y luego la balanceo en un arco brusco.

El aire a su alrededor silbo.

El impacto fue seco, brutal y tosco.

La cabeza de perro del Kobolt se hundió como un melón y quedó deformada, con el cráneo y materia cerebral asomando por diversos orificios.

El peso de la maza, sumada a la fuerza de Mufasa, había sido capaz de destrozar la cabeza perruna del kobolt.

Su cuerpo, con forma humanoide, se retorció hacia un lado.

Ajusto su respiración.

Otro Kobolt ya lo estaba atacando.

Saltando, el Kobolt abrió su hocico y reveló una hilera de colmillos mortales.

Mufasa retrocede un paso y usò la armadura de cuero en su antebrazo para detener los colmillos del Kobolt.

Avanzó con paso fuerte y empujo con su hombro al monstruo.

El monstruo chilló de sorpresa.

Cuando levantò la cabeza para gruñir de nuevo, lo vio.

Una maza redonda aplastó su cabeza como si fuera una sandía.

Los ojos estallaron y su cráneo hizo un sonido repugnante en el momento en que fue destrozado.

—Mal —Poppy se acercó desde atrás y golpeó la nuca de Mufasa.

No importaba que ella fuera más pequeña y pareciera frágil, como una ramita a punto de romperse.

Para Mufasa, aquel pequeño golpe fue como si un martillo le impactara en la nuca.

—Usas tu fuerza sin control alguno.

No basta con golpear con fuerza, debes golpear bien —le dijo, tomó un martillo de guerra de su cadera y avanzó hacia un goblin—.

Mira atentamente.

Con un paso, ya estaba sobre el goblin.

El martillo de guerra, con grabados feroces, se alzó heroicamente y voló por completo la cabeza del goblin.

Su carne, ojos, dientes y material cerebral estallaron en la dirección en que su martillo golpeó.

Poppy se giró hacia Mufasa con una sonrisa satisfecha, como si hubiera dicho su mayor secreto.

—¿Viste?

‘Esta tipa…’ Aquella ‘muestra’ no había sido otra cosa más que un golpe casual de Poppy, la Pallum de martillos de guerra gemelos.

Mostró como golpear, o mejor dicho, como golpea con su martillo y luego espero que Mufasa entendiera mágicamente con solo verla.

Pensando que entendió, Poppy continuó.

—Si te lanzas de esa forma, sin golpear bien —Poppy lo señaló con un dedo—, solo conseguirás que te conviertan en papilla.

La fuerza sin motivo es inutil.

Ella comenzó a caminar hacia el siguiente pasillo, donde gruñidos comenzaban a escucharse.

—Vamos.

Mufasa la siguió obedientemente.

Miro la maza en sus manos, recordando la forma de Poppy de golpear.

Su demostración había sido aburrida, simple y sin sentido, pero Mufasa desgloso cada parte del movimiento total de Poppy.

La forma de agarre del martillo.

Balanceo.

Rotación de cintura.

Movimiento de pies.

Movimiento de muñeca.

Todo influyó para que Poppy asestara un golpe devastador contra el cráneo del Goblin.

No bastaba fuerza bruta, faltaba una dirección para esa fuerza.

—Te enseñaré a usar tu cuerpo como un arma.

Balanceo de nuevo su martillo de guerra, destruyendo el torso entero de un Goblin.

Mufasa la siguió, apretando el mango de la maza.

Sus ojos plateados brillaban de emoción.

Cada aprendizaje, consejo y experiencia era emocionante.

La forma de enseñar de Poppy era directa y simple, pero él se encargaría de seleccionar cada pequeña parte y las comprendería para mejorar un poco más.

La idea lo hizo sonreír.

El camino a la cima no era fácil, no era una escalera que seguir sin obstrucción.

Sudaria.

Sufriría.

Le dolería.

Y probablemente llegaría un punto donde se viera abrumado.

No le importo.

El solo quería seguir caminando, mejorando con cada pequeña acción, alcanzando cada vez más esa cima donde los más fuertes gobernaban.

Mientras más se adentraba más en el calabozo, alcanzando el segundo piso, pasando de largo a un grupo entero de aventureros, una risa áspera escapó de los labios de Poppy.

—La mejor manera de aprender es sufriendo —la sonrisa de la mujer se ensanchó con malicia—.

Quédate aquí y espérame.

Su voz desapareció como un eco lejano.

Solo, Mufasa observó sus alrededores en busca de algo interesante.

Un Goblin se acercó.

—Veamos.

Se acercó, levantó su maza y adoptó la misma postura que Poppy había usado antes.

Un pie adelante, rodillas ligeramente flexionadas, cadera en rotación, y finalmente, enfoque.

Sus manos apretaron la maza y la dispararon con todas sus fuerzas, asegurándose de que empezara desde los pies y llegará hasta la maza.

La bola redonda de la maza estalló contra el pecho del Goblin.

Su cuerpo voló hacia atrás.

Rodó un par de veces antes de detenerse, con los ojos sin vida y el pecho hundido.

Luego, explotó en cenizas.

—Parece que destruí su piedra mágica.

Ignoro las cenizas y miró su maza.

—El golpe estuvo mejor.

Repaso en su mente cada movimiento, paso a paso, hasta grabarlo en su memoria.

Un paso a la vez.

Mejora lenta, pero constante.

Después de varios minutos de reflexión, donde varios Goblins aparecieron uno tras otro, todos eliminados de la misma manera.

Reflexiono, absorbió cada experiencia, cada movimiento, cada sensación.

Golpeo una vez, la segunda mejoró el golpe, la tercera lo mejoro aun mas.

De pronto, la voz de Poppy atravesó la oscuridad como un trueno.

—¡No te mueras!

Su figura pasó corriendo a toda velocidad a su lado, pareciendo un borrón apenas perceptible.

Su silueta desapareció en la oscuridad del pasillo.

Mufasa la ignoró y miró el lugar de donde había llegado.

Decenas de Goblins y Kobolt aparecieron uno tras otros, sus ojos brillando con malicia y odio y sus hocicos abiertos.

Levantaron sus garras y gruñeron como si reconocieran a su enemigo jurado.

—Jaja…

—una risa seca se le escapó.

Pero una enorme sonrisa se plantó en su cara.

Un gran desafío.

Un gran paso.

Eso le dio Poppy.

Mufasa río y corrió directo hacia la horda.

Sus pasos retumbaron en el suelo de piedra, ahogados por la turba que rugía y chillaba en su dirección.

Se lanzó de cabeza contra la marea de monstruos.

Los gruñidos grotescos se mezclaban entre sí, devorando el silencio anterior del calabozo.

El primer Kobolt salto con las garras en alto.

Mufasa giro la maza desde abajo hacia arriba, golpeando con una fuerza atronadora.

El cuerpo del Kobolt se elevó por los aires, cayendo con un sonido sordo, el pecho hundido y los ojos sin vida.

El golpe dejó su flanco izquierdo abierto.

Un Goblin no vaciló y aprovechó el hueco, salto directo a su rostro.

Mufasa levantó el antebrazo instintivamente; los colmillos chocaron contra la coraza de cuero y se hundieron.

Sin dudar, giró la muñeca y estrelló la maza de Poppu de lado.

El golpe destrozó la cabeza del Goblin, que cayó pesadamente contra el suelo sin vida, derramando sangre.

Otro ataque vino de su espalda.

Un Kobolr, armado con una rama, atacó como si fuera un garrote.

Mufasa levantó su maza y frenó el golpe.

La fuerza fue débil, apenas haciendo temblar sus brazos.

Mufasa piso firmemente el suelo con uno de sus pies y con el otro pateo el pecho del Kobolt, alejando con eficiencia al monstruo.

Cada movimiento era un desgaste.

Un Goblin intentó cortar su brazo.

Mufasa reaccionó con explosividad, girando todo su cuerpo al mismo tiempo que balanceaba su maza en un golpe ascendente.

Con un fuerte estruendo, la cabeza del Goblin fue destrozada.

Sin parar, comenzó a matarlos unos tras otros.

Cada golpe era más exigente que el anterior.

Su brazos comenzaban a doler, ardiendo en protesta.

Su respiración se volvió pesada y ligeramente errática.

El sudor se mezcló con el polvo.

Pero no paro.

Destrozo cada uno de los monstruos que se le acercaron.

Noto como estos no disminuyen su número pese a estar masacrandolos.

Fue obra de Poppy.

La Pallum corría de un lado a otro, arrastrando todos los monstruos que encontrará en su camino y dirigiendolos hacia Mufasa.

No le importó que el número superara la docena, siguió trayendo.

Era necesario.

Sólo así crecerá el “niño”.

La maza siguió destrozando sin importar nada.

Sus brazos se llenaron de cortes.

Sus piernas temblaron.

Su pechera recibió corte tras corte.

Su mejilla comenzó a sangrar por una garra mal esquivada.

Un palo, portado por un Kobolt como un garrote, estalló contra su espalda con fuerza.

No se detuvo.

Su mirada plateada brillo con intensidad.

Sonrió.

Se estaba divirtiendo mucho.

‘Esto es muy divertido’ No activo su habilidad potenciadora en su arma, eso solo arruinaría la diversión.

Lo volvería fácil.

Y si era fácil, no era divertido.

Sintió que se acercaba a algo que debía tener desde un inicio.

¿El que?

No le importo.

El solo se dejó llevar, golpeando todo lo que se le cruzara.

Destrozó un brazo, luego pateó el pecho de un Kobolt, para finalmente aplastar la cabeza de perro de un Kobolt.

La sangre voló en todas direcciones, las extremidades torcidas llenaron el pasillo.

Entre mas luchaba, entre mas se llevaba al límite, más sentía que entendía una verdad oculta.

Algo más crudo, primario y primitivo.

Un gatillo se activó.

Desde la oscuridad, Poppy observaba sin intención alguna de intervenir.

¿Y si se moría?

Eso era un problema del niño.

La debilidad no estaba permitida en su escuadrón.

O mejoraba o moría, no había punto medio.

—No lo hace mal —admitió mentalmente mientras veía la maza destrozar una y otra vez—.

¿Hummm?

Parece que por fin se activó.

—¡Ooouuuuuh!

Ella había estado esperando eso.

Su diosa en persona había aparecido para que hacerle una petición.

Debía llevar a Mufasa al límite, obligarlo a eliminar la barrera mental que le impedía usar su segunda habilidad.

Los Hombres León son, al igual que los Hombre Tigre y los Boaz, los Hombres León contaban con una gran habilidad física dentro los hombres bestia.

El niño era joven, pero ya contaba con una gran fuerza.

En los tiempos de los dioses, los hombres león eran raros de ver.

Vivían aislados en sus tierras, negándose a salir de ellas.

Quienes salían, o eran parias o buscaban aventuras.

¿Cual era Mufasa?

A Poppy no le importaba en lo absoluto.

Ella solo quería ver aquella poderosa beatificación.

[Nemea] La bestificación que toda la raza de Hombres León manifiesta en su estado.

Al igual que los hombres lobo, todos los hombre león comparten la misma habilidad.

Osiris fue clara, rompe su mentalidad o deja que muera.

Un animal dócil y miedoso no sirve en la familia.

Y ahora, Poppy había forzado aquel gatillo con el plan ideado por su diosa.

—Diosa Osiris…

usted es aterradora.

En el fondo, donde la batalla estallaba con fuerza, un niño león se transformó en una bestia, un depredador.

Sus colmillos crecieron y su melena incluso pareció volverse más salvaje.

Sus ojos, antes claros y llenos de emociones, ahora eran orbes llenos de salvajismo.

Con un rugido, Mufasa convertido en bestia atacó con mayor fuerza.

La maza parpadeo, borró por completo la cabeza de un Goblin y avanzó hasta destrozar el pecho de otro Goblin.

Tomó la cabeza de un Kobol y con un apretón, la destrozó.

Ignoró la sangre y la materia cerebral en su mano y agitó su maza.

Cuerpo tras cuerpo, Mufasa arrasó.

Cabezas explotaron, extremidades se retorcieron en ángulos antinaturales, pechos se hundieron y piedras estallaron.

Un torbellino de muerte se desplegó sin cesar.

El suelo se llenó de cadáveres y polvo.

La sangre chorreaba por todo su cuerpo como ríos.

Pronto sólo quedó el.

La bestia se giró cuando sintió una presencia fuerte.

Bestificado, sus instintos cambiaron a los de una bestia, un depredador.

Y ahora, lo sentía.

Había otro depredador.

Una pequeña figura con un casco y dos martillos se paró frente a él, con una sonrisa.

—Así que esto es luchar…

con el corazón, eh.

—Ahora lo entiendes.

En el calabozo, no hay espacio para los deciles.

Tomó ambos martillos y los cruzó de forma amenazante.

—Ahora…

¿Te quedaras parado como un idiota o me atacaras?

—Atacar…

Sus palabras, parecidas a gruñidos, eran pocas.

Sin poder evitarlo, una sonrisa comenzó a torcer su cara.

—Jajaja Levantó la maza con ambas manos y cargó con pasos pesados.

—¡Vamos!

¡Jajaja!

Maza y martillo chocaron.

La boca de Poppy se torció al sentir la fuerza de Mufasa.

No era un problema, si se comprometía lo dominaría con un solo golpe.

Pero una cosa era clara para ella, aquella bestificacion era un potenciador de estado aterrador.

Tal habilidad…

sintió envidia de ella.

¿Cómo podía manifestar una habilidad tan absurda?

Venía en su sangre.

¿Qué tenía ella?

Solo el desprecio por su raza.

Pallums, la raza más débil y despreciada del mundo mortal.

Ella luchaba por cambiar eso.

¿Ser un héroe o un símbolo?

Eso le pareció estúpido.

Se haría un nombre para que todos la conocieran, así lo tuviera que hacer a la fuerza, pisoteando a otros y manchando sus botas con sangre.

Y ahora frente a Mufasa, vio algo sorprendente.

Pero estaba molesta por su habilidad “tramposa”.

—Te haré tragar tierra, niño.

.

.

.

—¿Qué miran?

Sigan caminando.

Poppy le frunció el ceño a un grupo de aventureros, amenazándolos con su martillo de guerra.

Lo levantó y lo aplastó contra el cráneo de un goblin muerto.

La fuerza destrozó la cabeza y la hizo explotar.

Los aventureros temblaron al ver a una persona tan poderosa.

Detrás de Poppy, con el cuerpo lleno de heridas y sangre, estaba Mufasa.

Se desplomó contra la pared y gimió de dolor.

—Uh…

—¿Qué pasa?

¿Te duele?

¿Puedo tocar aquí?

Poppy se acercó y comenzó a pinchar sus heridas con el mango de su martillo.

Mufasa aulló de dolor.

—Ah…

eso fue…

Sus ojos brillaron.

La Pallum armada con dos martillos de guerra lo noto.

—Su espíritu de lucha aumentó…

qué niño tan raro.

—¡Fue increíble!

¡Jajaja!

Había luchado ferozmente contra Poppy, sin importarle el drenado de su resistencia física y su mente.

La habilidad era poderosa, pero tenía un costo, y era algo que no podía evitar pagar.

La Pallum lo repelió con facilidad.

Desvió, aporreo y volvió a golpear.

No destrozó su cuerpo, pero si lo dejó magullado.

—¿Qué esperas?

Levántate.

Ella ordenó.

Se acercó al niño herido y dejó caer un líquido rojizo de una botella de cristal.

Las heridas, no mortales, comenzaron a sanar a una velocidad considerable.

Con una única botella, había cerrado las heridas más molestas, permitiendo que se levantara de nuevo.

Aunque curado, no estaba en condición de luchar.

—Ahora viene lo más importante —la voz de Poppy lo hizo levantar la mirada.

Un destello de codicia brillo en sus ojos—.

Es hora de recoger el botín.

Rodeándolos, había decenas de monstruos muertos.

Goblins, Kobolts, Dungeon Lizard.

Su intensa pelea había llamado la atención tanto de monstruos como de aventureros.

Los aventureros miraron brevemente antes de alejarse.

Pero los monstruos no se fueron.

Al verlos, inmediatamente entraron en un frenesí de furia y cargaron como bestias locas.

Cada vez que se acercaba un Goblin, Kobolt o el Dungeon Lizard, Mufasa balanceaba su maza y destrozaba sus cuerpos.

Los cuerpos estaban retorcidos más allá de lo reconocible.

—Esto debería dejarte una buena suma —le dijo Poppy, acercándose a un cuerpo para comenzar a extraer su piedra mágica.

Mufasa observó cómo retiraba la piedra mágica con un cuchillo, sin inmutarse por el ácido corrosivo del cadáver del monstruo.

—¿No te importa el ácido corrosivo que sueltan los cadáveres de los monstruos?

Poppy se encogió de hombres sin siquiera mirarlo.

—Si me daña, significa que puede aumentar la estadística de resistencia.

—Ya veo.

Mufasa entendió el razonamiento “lógico” y lo tomó como algo normal.

Se agacho con ligera dificultad y comenzó a retirar una piedra mágica con las manos desnudas.

Ignoro el dolor y siguió cuerpo por cuerpo.

Poppy lo despidió y se aventuró sola en las profundidades del calabozo.

Mufasa salió del calabozo e intercambió las piedras.

Regreso a su base y descanso.

No tenía fuerzas para seguir de pie.

Así terminó su día.

.

.

.

Continuara…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo