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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 El plan de Calisto
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10: El plan de Calisto 10: El plan de Calisto —¿Eh?

—Asa abrió los ojos, sintiendo un dolor de cabeza—.

¿Qué sucedió?

¿Dónde estoy?

Los recuerdos de la noche anterior llegaron a ella, y entonces sintió náuseas.

Uno a uno, cada segundo de su muerte empezó a correr con la misma lentitud que ella lo había percibido.

Sus pensamientos, las lágrimas y, por supuesto, el ave de ojos anillados y rojos mirándola fijamente mientras fallecía.

—Tranquila, es normal que estés así.

Moriste y te reviví —una voz muy semejante a la suya, pero quizás más madura y seductora le habló—.

Cálmate.

—¡¿Qué mierda?!

—Asa se puso de pie en un instante, saliendo de la cama y mirando a todos lados—.

¡¿Quién está ahí?!

—¿Aquí?

—Detrás de Asa apareció una copia de ella, solo que con ojos anillados rojos y marcas en la parte izquierda del rostro—.

Primero que nada, no hace falta que grites como una loca.

Puedo oírte si piensas.

—¡Espera!

—Asa saltó hacia adelante, y de repente un sonido de desgarre la recibió—.

¿Eh?

Genial —Calisto suspiró, sentándose en la cama con una cara aburrida—.

Ahora rompiste el uniforme que planeaba convertir en una daga.

—Tú…

—Asa le miró, y aunque había una familiaridad entre ese clon y ella, no podía concebirse así de hermosa—.

¿Quién eres tú?

Te pareces a mí pero…

—Dime Yoru —su clon habló con calma, cruzando ambas piernas—.

Y seré breve, porque no me gustan los interrogatorios.

Soy el demonio de la guerra, el segundo jinete del apocalipsis más poderoso, y a su vez, el más destructivo.

Anoche moriste a manos de Iritsuka Aome, híbrida del demonio Justicia.

Yo era el ave que viste antes de morir.

Yo te sané, te reviví y, claro, ahora tengo la mitad de tu cerebro bajo mi control.

Puedo oírte si piensas, entonces, cuando estemos en público comunícate conmigo por pensamientos.

Es todo.

—Es…

—Asa estaba pasmada, procesando.

—Chica, eres muy lista —Asa señaló su cabeza—.

Piénsalo un poco.

Es lógico, ¿No?

Debe serlo para ti.

Por cierto, me tomé la libertad de revisar tus últimas memorias y, ciertamente, no fueron lindas.

—¿Revisar mis últimas memorias?

—No quise revisar más allá de un mes atrás —Yoru suspiró, mirándola con seriedad—.

La mitad de tu cerebro es mía, por lo que, sentiré lo que tú.

Exponerme a recuerdos tan tristes y dolorosos puede afectar mi rendimiento y, en consecuencia, afectarme a mí.

Pero lo que ví me dio una idea de cómo eres, quién eres y qué haces.

Nada grandioso a decir verdad.

—¿Por qué me reviviste?

¿Por qué fui elegida?

—El momento justo en el lugar oportuno.

Así de simple.

No eres elegida del destino ni nada de eso.

Borra eso de tu mente —Yoru le dijo, seria—.

Por cierto, me tomé la libertad de arreglarte.

Bueno, arreglarte de más.

Cuando un demonio acepta el pacto de hibridación, altera el cuerpo del huésped de acuerdo a las necesidades y voluntad.

Yo elegí dotarnos de una belleza que nadie más igualará, y por supuesto, arreglarte esa piernita que tenías.

No fue nada.

—¿Arreglar mi piernita?

—Claro.

Ve al espejo a verte si gustas —Yoru estaba serena sobre la cama, aunque no parecía tener peso real en ella—.

Soy una ilusión óptica que creé para que me vislumbres.

También puedes verte a través de mí, sin las marcas ni los ojos, claro.

Yoru se paró y comenzó a girar muy lentamente, permitiendo que Asa mire su nuevo cuerpo con un brillo incrédulo en sus ojos.

—Tienes un cuerpo hecho para dos funciones: El combate y la Seducción.

Pechos suficientemente grandes como para llamar la atención y ser llamada agraciada, pero no enormes como para estorbarte.

También un trasero grande que, por supuesto, atraerá miradas por lo bello que es.

Curvas donde deben estar y, claro, también te hice más bella del rostro.

Todo esto tiene su propósito seductor, pero nuestra fortaleza no se ve a simple vista.

—¿De qué hablas?

—Como híbrido del Demonio de la Guerra, eres automáticamente más fuerte que los demás híbridos.

Eres el recipiente de una de las entidades más poderosas del universo, y por ende, tienes el privilegio de muchas habilidades de combate.

No te daré acceso a todas, pero te entregaré mi talento para aprender ciertas cosas.

Todo porque tenemos un fin en común.

—¿Fin en común?

—Vamos a recuperar nuestras armas del estómago del Motosierra.

Haremos que las vomite y, una vez haya hecho eso, mataremos al Demonio del Control.

A Laplace, mi hermana menor.

—¿Quieres matar a tu hermana?

—Asa estaba a punto de caerse, pero pudo mantener el equilibrio con tranquilidad—.

¿Por qué?

—Laplace es una abominación.

Una de verdad.

Asa, ¿Creías que eras un monstruo por una pierna más corta que la otra?

—Yoru se burló, aunque no parecía haber gracia en su risa—.

No sabes lo que es un monstruo de verdad.

Laplace es, con diferencia, el ser más abominable y monstruoso que jamás haya habitado un lugar en la existencia.

—¿Qué hizo?

—¿Qué no hizo?

—Yoru habló con seriedad, un rastro de incomodidad en su rostro—.

No entraré en detalles ahora.

Solo ten en cuenta esto.

Laplace, la menor de los jinetes, está loca.

—¿Loca?

¿Loca incluso para los demonios?

—No es un demonio.

Es un monstruo —le corrigió Yoru—.

Laplace es un ser que no piensa en más allá de su propósito.

Nos ve a sus tres hermanas mayores como cosas que, no deben erradicarse, sino, controlarse hasta el punto de volverse obsoletas.

No, incluso eso es mucho.

Somos menos que nada para ella.

Somos estorbos en su plan.

—¿Y cuál es su plan?

—Gobernar la existencia.

Laplace quiere eliminar la hambruna, la guerra y, sobre todo, a la muerte.

De esa forma, ella tendría el control total de todo.

Sería la única jinete en existir, la única capaz de ordenar lo que le plazca.

Piensa en un mundo donde no puedes comer, beber, dormir ni hacer nada que quieras cuanto lo quieras, y si piensas en desobedecer, serás torturada de las peores maneras hasta quererlo.

Y la muerte no es opción.

Eso es lo que quiere Laplace.

Un control tan estricto sobre todas las cosas que, hasta la más mínima mota de polvo en el aire, se rija a sus exigencias.

—Eso…

Eso suena horrible.

Si que está loca…

—Pero este es mi momento de actuar —Yoru dijo, más animada—.

Laplace es, con diferencia, la más peligrosa de todas nosotras.

Puede planificar de forma tan meticulosa que no tiene sentido.

Planificó la muerte de nosotras y, por supuesto, cada detalle estaba al mínimo.

Pero falló, y eso es lo que aprovecharé.

Usaré el tiempo en el que no está para hacerme cargo de sus planes y prepararme por si llega a regresar.

—¿Falló?

¿Cómo falla alguien así?

—La vencieron —Yoru se burló—.

Es el demonio del Control, no el de la guerra.

Se enfrentó a un humano, uno que la venció en un combate.

Murió, y lo sé porque cuando una de nosotras muere, las demás lo sentimos.

Laplace no está viva ahora, o no del todo.

Su reencarnación debe estar por ahí, pero la Laplace que conocí, la que inspiraba terror en todos los demonios, el Coco del Inframundo, ya no está…

Por ahora.

—Si inspiraba terror en todos, eso quiere decir que…

—Sí.

Incluso entre nosotras había miedo por Laplace.

La propia Muerte le vigilaba constantemente para asegurarse de que no haga un movimiento en contra nuestra.

Pero Laplace se las ingenió para que la Muerte no sea un impedimento para ella…

No de la manera convencional.

Murió, y ahora es mi turno de matarla a ella, antes de que nos mate a nosotras.

—Entiendo.

Suena a un plan ridículamente difícil y absurdamente grande.

—Y ahí entras tú, Asa Mitaka —Yoru dijo, seria—.

Este es el trato.

Yo usaré tu cuerpo cuando sea necesario.

Para salvarnos, para pelear en donde tú no puedas, o cuando me plazca.

Avisaré, o trataré de avisar.

Tengo la mitad de tu cerebro, y si quiero me adueño de la otra.

Pero estoy tratando de ser gentil porque, en el fondo, no quiero arriesgarme a que Laplace me encuentre por casualidad y volver a ser un ave o algo más mundano.

—¿Qué?

—La guerra no es fuerte ahora.

Todos han olvidado el miedo que infundían los conflictos bélicos.

Pero necesito mis armas para acabar con Laplace.

Por ello, no comenzaré una gran guerra, sino que atacaré a Laplace cuando todavía es débil.

Tú serás quien navegue el mundo humano, y yo el demoniaco.

—¿Y qué parte del trato me beneficia?

¿Qué tal que no puedo?

—Te hice más hermosa de lo que pudiste llegar a ser, te corregí el defecto que creías abominable, y también te brindé una segunda oportunidad.

¿No era eso lo que querías?

Una vida más egoísta.

Pues la tendrás, siempre que me ayudes.

Me ayudas y te ayudo.

Haz lo que se te plazca, tan solo no interfieras en mi plan.

Si me estorbas, te quito del camino y convierto lo que amas en armas.

Asa le miró, preocupada.

—Es un trato.

Por cierto, estamos en el departamento de un chico.

—¡¿Qué?!

—Tranquila, no sucedió nada.

Lo convertí en arma tan pronto intentó ponernos un dedo encima.

—¿Lo convertiste en arma?

—Podemos convertir en arma aquello que amemos, que queramos o, en igual medida, nos amen y nos quieran.

Zapatos, muñequeras, brazaletes, joyas, personas o propiedades a nuestro nombre.

Si de alguna manera hay un vínculo afectivo o de propiedad entre nosotras y eso, puede ser un arma.

El chico nos deseaba, y aunque lo aborrecía, sirvió para crear un cuchillo.

—¡¿Por qué hiciste eso?!

—Soy un demonio, y tú una híbrida.

No busques lógica moral a todo esto.

Te hará sufrir más —Yoru se acostó en la cama, mirando al techo—.

Es sábado, así que aprovéchalo para hacer lo que debas hacer.

Yo solo te estaré acompañando y actuaré cuando sea necesario.

Y una cosa más.

—¿Qué?

—Cuando aparezco, las marcas de mi rostro salen y mis ojos cambian.

No me obligues a salir siempre, o podemos delatarnos…

—Entendido…

Asa se giró, yéndose a duchar con pena al saber que alguien más le espiaba desde su mente.

—No tengas pena.

Ya vi tu cuerpo en tus recuerdos.

—¡No leas mi mente!

—Otra vez está gritando como loca…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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