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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 Hirofumi Yoshida
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11: Hirofumi Yoshida 11: Hirofumi Yoshida —Este es el plan, Asa…

—Yoru le hablaba a la chica que caminaba al colegio, incómoda—.

A partir de ahora serás la chica más hermosa del colegio.

Serás la reina de cada lugar al que vayas, te harás respetar y…

¿Por qué?

—¿Por qué?

—¿Por qué estás pensando de esa manera’?

—¿A qué te refieres?

—Puedo leer tu mente, idiota.

¿Por qué estás tan triste y deprimida?

Esto era lo que deseabas, ¿Por qué ahora te resulta tan triste tu vida?

Deberías estar feliz y contenta…

—Estoy…

Me siento extraña…

—Asa miró hacia abajo, tragando saliva—.

Desde que pasamos el fin de semana en aquel apartamento y llegamos al orfanato, no he parado de pensar, ¿Cuándo voy a cojear?

¿Cuándo voy a tropezarme?

—Vamos, camina —Yoru le instó—.

Vas a llegar tarde al colegio.

No tengo tiempo para tus delirios.

—Entiendo…

—Eres muy fácil de convencer, ¿No es así?

—No…

—Asa caminó, nerviosa, de repente miradas se dirigían hacia ella, los ojos se abrían como platos—.

Tan solo…

—No, sí eres muy fácil de convencer —Yoru le calló, haciéndola enmudecer en sus propios pensamientos.

—¿Quién es ella?

Se parece a…

—¿No es la chica que cojeaba?

—¿La de la pierna más corta?

—Oye, pero antes estaba muy delgada, ¿Qué le pasó?

—¿Desde cuándo tiene tanto culo?

—¿Ya viste sus pechos?

Dios, son bellísimos y grandes.

—Parece una modelo…

—Oye, ¿Cuánto le das del uno al diez?

—¿Yo?

Yo le doy un mil de diez.

—¿Sí o no?

—Ni la pienso.

¿Y tú?

—Yo tampoco.

Con todo y…

—Cerdos asquerosos…

—Yoru frunció el ceño, parpadeando—.

Asa, asegúrate de no perder la compostura.

—¿De qué hablas?

Obvio que no me gusta que digan todas esas cosas.

Además, ¿Por qué puedo escucharlos?

Están tan lejos…

—Eres mi recipiente, Asa.

No eres el híbrido de las bombas, del señor de las moscas o de cualquier diablillo de cuarta.

Eres el híbrido de la Guerra, del segundo más fuerte.

Es obvio que tu hibridación es superior a cualquier otra.

—Entonces, ¿Soy la mejor?

—No exageres.

—Ey —Asa se detuvo, Yoru de repente alzó una ceja, mirándola—.

Hace tiempo no nos vemos.

—¿De verdad?

¿Con él?

—Yoru frunció el ceño—.

Me debes estar jodiendo.

Asa se giró lentamente, su cuerpo no respondía, nerviosa, temblando y sudando.

—Asa, ¿Qué acaso nunca tuviste novio?

¿Nunca te besaste con nadie?

No te puede poner tan nerviosa este…

Yoru y Asa miraron, su vista alzándose un poco.

De repente, las mejillas de Asa se pusieron coloradas, tropezando.

Manos fuertes la sostuvieron desde los hombros, con una delicadeza que pocas veces sintió, alarmando a Yoru.

—¡Asa, ponte de pie rápido!

—Yoru hablaba de forma apresurada—.

Nos va a ver caer…

¿Qué?

—Oye, cuidado ahí —la voz del chico la hizo estremecer, componiéndose con su ayuda—.

Vaya, siempre que me acerco a ti te caes.

¿Estás comiendo bien?

—Eh…

—Asa tragó saliva, alzando la vista y mirando aquel lunar cerca de la boca del chico—.

S-Sí…

—Bueno, ya puedo verlo…

—Yoshida le miró con gentileza, y de repente, el cuerpo de Asa perdió todo rastro de calor.

Yoshida entrecerró los ojos en ese preciso instante, su mirada afilándose un segundo.

Yoru le veía a los ojos, mirándolo desde detrás de Asa.

Los ojos de Yoru habían adquirido un matiz analítico.

—Asa, este sabe pelear.

—Es el presidente del club de Caza Demonios…

—Pensó Asa—.

Es el más fuerte de el club.

—¿De verdad?

—Yoru asintió—.

Es fuerte.

—Oye, ¿Cuál era tu nombre?

—Yoshida preguntó, sonriendo de forma amigable—.

Disculpa, creo que se me olvidó preguntártelo.

—Asa Mitaka —Asa dijo, más calmada.

—Vaya, un lindo nombre, te queda bien —Yoshida halagó, mientras Asa se ruborizaba—.

Pero, ¿No lucías algo, diferente?

—Claro que se darían cuenta…

—Yoru miró a Asa, con dagas en los iris—.

Asa, si este chico llega a intentar hacerte algo, voy a tomar el control y convertirlo en arma.

—¿Qué?

—Asa dijo por reflejo, mientras Yoshida reía.

—Ah, perdona.

Sé que no me incumbe pero…

—Mi plan no va a fracasar porque un chico del instituto te está escudriñando.

Si se pasa de listo, lo mato.

—Es que, hasta donde yo recordaba, usabas zapatos especiales…

—Yoshida entrecerró los ojos, serio—.

Y, hasta donde yo recordaba, no te veías así de fuerte.

—Asa…

—Yo…

Yo…

—Su frente se perlaba bajo el flequillo, y su cola de caballo no hacía más que moverse por el temblar de su cabeza.

—Dile que quieres entrar al club.

Dile que hiciste un pacto con un demonio, y a cambio de ser más fuerte, entregaste la mitad de tu esperanza de vida.

—¡¿Qué?!

—Asa, es la mejor opción.

Dirás al pie de la letra lo que te estoy por decir.

Sé lo más convincente que puedas.

—¿No ibas a matarlo?

—No, he encontrado un recuerdo muy interesante en tu memoria…

—Asa miró fugazmente hacia un costado, sus ojos encontrando a Yoru, y una sonrisa maliciosa bailaba en su rostro—.

Asa, prepárate para ser el segundo Cuasi-Especial de la escuela.

—Yoshida-Sempai…

—Yoshida se sorprendió ante la chica, cuyo semblante se volvió serio y decidido, aunque cabizbajo—.

La verdad es que, hice un contrato con un demonio el día de ayer.

—¡¿Un contrato clandestino?!

—Yoshida estaba impasible por fuera, y dentro suyo se maquinaban ideas—.

¿Es quien hizo el pacto del sótano?

No, Denji dijo que eso lleva días, y esta chica apenas pactó anoche.

Además, su cambio fue abrupto.

—Pacté con el demonio de la Justicia.

Le otorgué la mitad de mi vida, a cambio…

—A cambio de un mejor cuerpo.

Mitaka Asa…

—Yoshida le miró, serio—.

Ven conmigo.

Iremos al club de caza demonios ahora mismo.

—S-Sí…

—¿Ya viste?

Yoshida-Sempai está con esa hermosa joven.

—Oye, ¿No se te hace conocida?

—Es verdad.

¿No es la chica de tercero que cojeaba?

—¿Ya viste su culo?

Está enorme.

—Juro que voy a convertirlos en armas a todos esos pervertidos…

—Yoru bramó, grabando sus rostros en su memoria.

—Aquí —Yoshida abrió la puerta, permitiendo que la chica pase y, al entrar, habían asientos vacíos—.

Siéntate donde quieras, puede tomar algo de tiempo.

—Así que, ¿Demonio Justicia?

¿Un pacto?

—Yoshida le miró, serio—.

¿Tienes idea del terrible delito y error que has cometido?

—Yo…

—Estabas desesperada por un cuerpo normal y más bello, ¿No?

Y acudiste con las únicas fuerzas que pueden alterar el mundo.

Mitaka Asa, cometiste un acto peligroso, uno que pudo costarte la vida y la de los más cercanos a ti…

—Yoshida le miró, frunciendo el ceño—.

Fuiste imprudente.

Pudiste poner en peligro a más compañeros, a tu propia familia.

—Eso fue bajo…

—Yoru susurró, mirando a Yoshida con seriedad.

—Lo siento…

—Asa bajó la cabeza, sus ojos enmarcados por una angustia que curvaba sus cejas—.

De verdad, lo siento.

—Dime, ¿Qué tanto vale tu vida?

—Asa alzó la cabeza lentamente, mirando a Yoshida, cuyo rostro reflejaba una severidad asombrosa—.

Dime, Asa Mitaka.

Para ti, ¿Cuál es el valor de una vida?

—La vida es…

—El recuerdo de las estrellas de mar y las esponjas marinas danzando en el fondo del océano fue revitalizante para su psique, haciéndola bajar nuevamente la cabeza y ser cubierta por su flequillo—.

La cosa más bella que jamás pude haber contemplado.

—Entonces, ¿Por qué tirarías la mitad de esa belleza por una tan efímera como lo es tu cuerpo actual?

—Yoshida suspiró, negando—.

Ahora entremos en detalles más hondos.

Un demonio no te da lo que quieres por la mitad de tu vida.

¿Qué más diste?

¿Qué términos tenía el contrato?

—La justicia es imparcial, justa y ciega.

El demonio de la justicia no es diferente —Yoshida mirón a Asa, alzando una ceja—.

A cambio de la mitad de mi vida, él me otorgó lo que tanto anhelé.

Un cuerpo que, además de bello, me permitiera alcanzar mi meta de vida.

—¿Tu meta de vida?

—Perdí a mis padres durante el ataque del poseído pistola…

—Asa casi lo susurró, Yoshida escuchándola con su oído agudizado—.

Yo…

Yo odio a los demonios.

Los detesto.

Mi meta es acabar con tantos demonios me sean posibles.

Incluso el demonio de la justicia entiende que son un mal que contamina el mundo, uno que priva a los míos de sus seres queridos y nos sume en desgracia.

Por ello, la justicia me otorgó una capacidad para pelear asombrosa.

—No suena creíble…

—Probémoslo…

—Asa seguía sentada, pero esta vez, sus hombros se relajaron con audacia—.

Hagamos esto.

Si yo te derroto en un combate, no solo me dejarás en paz.

También hablarás para que se me introduzca a Seguridad Pública, y me dejarás obtener los beneficios de ser un cazador.

—De pie —Yoshida habló, sus ojos miraban a Asa—.

No haré eso.

—¿Tienes miedo?

¿El más fuerte de la escuela no puede contra una desahuciada?

—Yo nunca te vi como tal, Asa —Yoshida habló—.

Para mí tú eras una chica común y corriente, un tanto diferente, pero que no dejaba de ser mi compañera.

Soy el más fuerte del colegio, el presidente de este club.

Cazo demonios no por prestigio, mucho menos por dinero.

Lo hago para que los afectados como tú, los que han perdido todo, vivan sin tener que gastar sus vidas en una venganza que los consumirá, y cuyo propósito habría desamparado a sus muertos en caso de seguir vivos.

Asa parpadeó, confundida y asustada.

Miró sus manos, las cuales parecían sólidas.

Alzó la vista de ellas y enfocó a Yoshida, quien tenía la mirada clavada en el asiento y en su figura.

Los dedos de Asa temblaron, cayendo de culo al suelo, presa del pánico.

Pensó que sería engullida pero, extrañamente, no fue así, aunque su cuerpo tampoco emitió sonido de caída o causó algún movimiento extraño.

—¿Qué sucede?

¿Por qué miro mi cuerpo desde afuera?

Yoru miraba al suelo, el flequillo de su cabello cubría su rostro y, por ende, no permitía que Yoshida supiera sobre su control del cuerpo.

Las marcas en su rostro y los ojos rojos anillados estaban presentes, y su figura relajada solo era una táctica para disimular su preparación para un combate.

—Yo no soy como los demás, mucho menos una afectada común.

Entregué la mitad de mis sueños y esperanzas a cambio de cumplir esta voluntad de los muertos.

Yoshida-Sempai, ¿Vas a negarle a una pobre chica el derecho que tiene a la venganza?

—Nadie tiene derecho a la venganza.

La venganza es lo peor que pudo haberle ocurrido al hombre.

Solo lleva al conflicto y a la guerra, a la pérdida y al dolor.

Intentando vengarte terminas corrompido, engullido en veneno —Yoshida se relajó—.

Y lo que haré es evitarte ese destino.

—Conoces muy bien la venganza.

¿La has habitado?

—¿Habitar la venganza?

Para nada —Yoshida se encogió de hombros, más sereno—.

Tan solo la conozco porque he visto morir a muchos compañeros a causa de ella.

—No pareces tan afectado…

—¿Y por qué habría de estarlo?

Ellos eligen morir como quieren, yo me encargo que no te conviertas en uno como ellos.

—¿Y qué te hace pensar que moriré igual que ellos?

Podrías sorprenderte de lo que verás…

—Asa, déjalo ir.

Si quieres morir contra un demonio, ve y caza tantos como te sea posible.

Cuando te encuentres con uno verdaderamente fuerte y estés a un centímetro de tu muerte, comprenderás que te detenía por una razón —Yoshida se calló, finalizando la conversación.

—Asa…

—Yoru le susurró mentalmente, la pelinegra le miró y sudó—.

Es tu turno.

—¿Eh?

—Pelea.

—¡Espera!

—Asa Mitaka…

—Asa volvió a estar sentada en el asiento, su cuerpo paralizado y congelado ante el aura intimidante del chico frente a ella—.

No puedes dejar que este chico parlotee tanta estupidez.

—¿Qué es esto?

¿Por qué no puedo moverme?

¿Qué es este frío en mis huesos?

¿Por qué me cuesta respirar?

—Es solo su instinto de muerte.

Lo sientes porque es la forma en que detecto a los rivales potenciales.

Ahora mueve ese gran culo y golpéalo.

—¡Pero no sé dar un golpe!

—Tranquila, Asa…

—Asa se levantó, con la mirada gacha y, en un segundo, estaba frente a Yoshida, quien le miró, parpadeando—.

No tienes ni la más mínima idea de lo fuerte que puedo hacerte.

Asa movió su cuerpo y lo torció en un ángulo descendente, propinando un puñetazo que buscaba impactar en el pómulo izquierdo del pelinegro.

La velocidad de la chica logró empujar la silla muchos pasos hacia atrás, y el sonido de su carrera advirtió al tranquilo cazador incluso antes de verla aparecer.

—Es rápida…

—Yoshida sonrió un poco—.

Quizás la subestimé un poco.

—¡Asa, cuidado!

—Yoru habló demasiado tarde, pues de un segundo a otro, todo se volvió negro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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