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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 9

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9: Calisto 9: Calisto Aome miraba el cielo desde la silla de su patio trasero.

La bolsa a su lado estaba semi abierta, mientras la cara destruida de Asa le daba una vista espantosa.

Había vuelto a su forma humana, y Aome estaba, extrañamente, serena.

—La luna es muy bella.

Ojalá estuvieras aquí para contemplarla, Asa…

—Aome miró la luna llena, de un color carmesí hermoso que le hizo brillar lo ojos—.

Oh, Asa.

¿Realmente era tan necesario matarte?

¿Por qué no pudiste quedarte encerrada en el orfanato todo este tiempo?

Tan fácil te era dejarte morir o matarte, y evitar que yo tuviera que hacerte esto.

Aome miró a la bolsa, acariciándola.

—¿Qué era lo que te veían?

Ni siquiera eras tan linda.

Eras un saco de huesos con el cabello opaco y seco.

Quizás antes te lo hubiera creído, pero, ¿Enserio?

Creo que Tanaka tiene un fetiche con las desahuciadas…

Bueno, tenía, porque también lo maté.

Aome suspiró, mientras volvía a mirar a la luna.

La parvada de aves se marchó del cable, mientras sobrevolaban el área.

Emitían chillidos y graznidos que hicieron a Aome suspirar de cansancio.

—¿Por qué no se callan?

Son igual de ruidosos que Tanaka…

—Aome lanzó piedras que tenía disponibles, mismas que fueron a una velocidad sobrehumana.

Tanaka logró derribar a casi todas las aves en cuestión de segundos, pero había una que no podía ser golpeada.

Era negra, volaba con agilidad y esquivaba con maestría cada uno de sus embates.

Aome la miró, frunciendo el ceño.

—Esa no está haciendo ruido.

No debo matarla…

—Aome continuó en su labor, y la lata de refresco a su lado fue abierta por ella.

Mientras contemplaba la luna, una brisa le rosó el cuerpo, con un frío extraño apareciendo.

Aome tembló un poco, suspirando.

—Bueno, aún hay unos cuantos frentes fríos por ahí.

Parece ser que hoy deberé dormir abrigada, o de lo contrario quedaré igual de fría que tú, Asa-Chan.

Aome se burló por lo bajo, terminando su soda y lanzándola a la bolsa a su lado, donde estaba en cadáver de Asa.

—Me pregunto, ¿Cómo es que pude tenerte envidia?

De verdad, soy incluso más hermosa que tú.

Soy rubia, de ojos dorados y aparte tengo un cuerpo muy lindo.

Quizás no tenga tanto, pero es seguro que todos se enamorarían si me vieran en bikini.

¿Quizás pueda enamorar al rubio del club de literatura?

O quizás a Yoshino-Sempai…

¿Por qué no a ambos?

Dios me dio dos agujeros por algo…

El ave voló en picada, y Aome lo esquivó ladeando la cabeza por reflejo.

El ave se paró sobre el cadáver de Asa, picoteándola en la cara.

Aome lo miró y su ceño se profundizó, dando un gran manotazo.

—¡Déjala!

—Aome miró al ave salir despedido y manchando de sangre la valla, pues su golpe era demasiado devastador.

Aome suspiró al ver el cadáver del ave, parándose y yendo a recogerlo.

Lo tiró a la misma bolsa en la que estaba Asa, negando y volviéndose a sentar.

Miró la luna y ahí estaba, al descubierto, enorme, cercana y como un rubí.

Aome sonrió, una paz y serenidad sin iguales.

—Ojalá pudieras ver esto, Asa.

Debí esperar a que vieras esta luna antes de matarte.

Habría sido la primera vez que ves algo tan hermoso en tu vida…

Aome miró a la bolsa, buscando la cabeza deforme de Asa.

Aome sufrió un paro cardiaco que no la mató debido a su nueva condición de híbrido pues, al mirar en el interior de la bolsa, la sorpresa que se llevó la paralizó.

Allí, donde debió estar el rostro deformado de Asa, había una piel hermosa, con un cabello precioso y brillante.

Por encima de todo aquello, estaba un ojo izquierdo incluso más rojo que la luna, de anillos concéntricos en el iris y que, con una frialdad que nunca conoció, le estaba clavando la mirada como dagas en la espalda.

—¿Qué?

—Aome pronunció y, al segundo siguiente, su mano fue tocada por la de Asa.

—Equipo Balrog…

—Asa pronunció, o quizás no era ella, pues ese tono tan bajo y amenazante no podía pertenecer a la misma chica que había asesinado minutos atrás—.

De Justicia.

La mano de Aome comenzó a deformarse, mientras sentía como su cuerpo era contorsionado contra su voluntad.

Su cara de miedo comenzó a partirse y resquebrajarse de la misma forma que el rostro de Asa.

Con su boca intentó quitarse el meñique izquierdo, y a pesar de que lo logró y su transformación apareció, el proceso se aceleró más.

—Cuando un humano se vuelve híbrido por medio de un pacto, su nombre me es insignificante, a no ser que genuinamente tenga cualidades o una habilidad superior al demonio con el que pactó —Asa dijo, y era serena en su hablar—.

Claro que tú no eres ni la sombra de Justicia.

Mientras Justicia usaba su báculo de diferentes formas, tú apenas y puedes con gente del colegio.

El grito de Aome nunca llegó, pues sus pulmones estaban contraídos junto a ella.

La túnica que le cubría el cuerpo se fragmentó, y de aquellas grietas emanó una luz puramente blanquecina.

La mano de Asa ahora estaba revestida con un guantelete negro con líneas que brillaban blanco, y cuyas uñas eran garras doradas como los ojos de Aome.

Un cuerpo salió de la bolsa, y era el de Asa, aunque demasiado cambiado.

Lo que emergió de ahí no era la misma persona a la que Aome dio muerte.

Su uniforme, alguna vez holgado, ahora le apretaba y quedaba chico.

—Estos zapatos son molestos —Asa se los quitó con calma, mirándolos—.

Luego veré qué hacer contigo.

Asa tiró los zapatos detrás suyo, y su sombra los engulló.

Sus piernas no eran solo huesos, pues ahora podían verse tonificadas, gruesas y, por sobre todo, simétricas.

Su busto creció hasta ser pronunciado de una manera bastante agraciada, sin ser demasiado enorme, pero definitivamente era grande.

Su cuerpo era un reloj de arena, un espectáculo de tonificación magra y saludable que parecía más el de una modelo.

Su pelo ahora era brillante, saludable, de puntas finas y cuidadas, sin ninguna marca del abandono anterior de Asa.

Su cara era inclusive más hermosa que antes, y las marcas de la garra de Aome quedaron como cicatrices las cuales, más allá de empeorar su apariencia, le hicieron lucir intimidante, atrapante y seductora con su mirada depredadora y sensual.

—Je…

—Una pequeña risa suave y baja emanó de ella, mientras observaba sus manos y pies—.

Es más fuerte de lo que pensé.

El mismo guante estaba en su mano izquierda, y también habían unas botas con garras doradas y el mismo patrón lumínico agrietado en sus pies.

La chica ladeó la cabeza.

con su flequillo llegando hasta las cejas, aunque mostrándolas por poco, demostrando que eran espesas, afiladas y bien perfiladas.

—Hacía tanto tiempo no ocupaba un cuerpo…

—La chica miró su busto, sus manos se posaron sobre su retaguardia, moviéndolas con los dedos y sonriendo—.

Así me gusta más.

Ya me había hartado de comer gusanos y viajar con aves.

Asa creció casi cinco centímetros, y su nueva complexión rasgó parte de la falda.

La chica la miró, sonriendo con satisfacción.

—Me encanta este nuevo cuerpo.

Me muero de ganas por usarlo…

—Asa alzó los ojos, y ya no eran suyos, pues habían iris anillados con un tono más rojo que el carmesí de la luna, semejante al de la sangre y una estela etérea que se vislumbraba por ratos en la oscuridad—.

En combate.

Prepárate, Motosierra.

Haré que me entregues mis armas.

Y cuando las tenga…

El semblante de la chica se volvió afilado, bastante serio y cauteloso.

—Me vengaré de ti, Laplace.

Haré lo que debimos haber hecho cuando naciste…

—La chica se dio la vuelta, mientras sus guantes y botas emitían una vibración—.

Oh, cierto.

No te eliminé la consciencia.

¿Quieres saber por qué, imbécil?

—¡¿Quién eres?!

—Soy Calisto, el segundo Jinete del Apocalipsis más fuerte, el más destructivo…

—Calisto sonrió de forma cínica—.

Y ahora soy tu dueña.

—¡¿Por qué no puedo morir?!

—Oh, eso es por la chica —Calisto sonrió, encogiéndose de hombros—.

No me preocupo por humanos, la guerra es cruel y despiadada.

Pero, no dejaré que un imbécil haga uso del poder de una forma tan absurda y grosera sin consecuencias.

Calisto emprendió su marcha, abandonando el hogar de Aome y perdiéndose en las calles.

—¿Debería ir al orfanato?

—Calisto se quitó el equipo Balrog y lo tiró a su sombra, la cual lo engulló y lo guardó—.

No quiero regresar a esa pocilga.

—¡Oye, hermosa!

—Calisto giró y miró a un chico en un coche, haciéndole señas—.

¿Estás sola?

Calisto sonrió de forma coqueta, y un brillo cruel apareció en su rostro.

—Lo estoy.

Estoy muy sola…

—Ella puso su mano sobre su hombro, sonriendo—.

¿Me haces compañía?

—¡Claro!

—Creo que ya conseguí donde quedarme esta noche…

—Calisto se subió al coche del chico, rumbo a un lugar desconocido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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