Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 12
- Inicio
- Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2
- Capítulo 12 - 12 Denji y Nayuta
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: Denji y Nayuta 12: Denji y Nayuta —Ya levántate, debes ir al colegio…
—La voz suave del rubio resonó en los oídos de la niña, quien sonrió.
—No, estoy dormida.
—¿Cómo me contestas entonces?
—No sé, estoy dormida —la pequeña niña se envolvió en sus sábanas, acurrucándose con su gran peluche de zorro blanco—.
Mañana voy a la escuela.
—Nayuta…
—El chico le recriminó—.
Si no te levantas, no te voy a comprar más helado.
—¡Espera!
—Nayuta se levantó de golpe, frente a Denji, quien le miraba con severidad—.
¡Solo bromeaba!
¡Por favor, no me quites el helado!
—No lo sé…
—Denji se tocó el mentón, dudando—.
¿Qué tal te haría no comerlo un día?
—¡No!
—Nayuta se arrodilló, suplicando—.
¡Si no como helado, me moriré de hambre!
—¿Y qué hay del Omurice?
¿No te gusta?
—Denji alzó una ceja—.
¿No te gusta mi comida?
—¡Amo tu comida!
—Nayuta estaba nerviosa—.
¡Te amo, Denji!
—¡Ven aquí!
—Denji la cargó, comenzando a dar vueltas con Nayuta entre sus brazos.
—¡Bájame!
—Nayuta hablaba divertida, aunque pronto comenzó a sentirse mareada—.
Denji, bájame…
—¡No!
—Denji giró más rápido, mientras los anillos concéntricos en los ojos de Nayuta se volvían espirales.
—Denji, voy a vomitar…
—Bien, bien…
—Denji la bajó y, al estar de pie en el suelo, Nayuta se tambaleó—.
Ve a cepillarte.
El desayuno estará pronto.
—V-Voy…
—Nayuta chocó contra las paredes del pasillo varias veces, llegando al baño con dificultad—.
Llegué…
Lo logré…
Si llegué al baño.
Denji preparaba wafles con maestría, mientras silbaba una melodía de pop.
En la tele habían dibujos animados, y Nayuta estaba sentada viéndolos.
Ella ladeaba la cabeza de un lado al otro, cantando al unísono de la caricatura.
—Te gusta mucho, ¿No?
—Cantan muy lindo…
—Nayuta estaba alegre, sus ojos brillaban—.
Denji, ¿Crees que podamos salir en el programa?
—No —fue como un balde de agua fría para la niña, quien se deprimió—.
No creo que tengan el dinero suficiente para pagarnos.
—Eso…
—Nayuta pensó un segundo, volviendo a recuperar el brillo en un instante—.
Eso tiene sentido.
—¿Dos wafles?
—Sí, por favor —Nayuta dijo.
—Veo que empiezas a decir el “por favor” con más frecuencia.
—Claro, desde que me amenazaste con quitarme la pizza si no lo usaba, no tenía de otra.
—¿Qué?
—Desde que me cantaste para dormirme de prisa acobijaba, no tenía de otra —Nayuta habló con tranquilidad, mientras Denji alzaba una ceja.
—Juraría que escuché algo distinto…
—Sus pensamientos se esfumaron ante el wafle en forma de corazón terminando de coserse, emplatándolo y cortando fresas, arándanos y echándole chocolate con el Kanji de “Hermano” encima.
—¡Genial!
—Nayuta veía su platillo con estrellas en los ojos—.
¡Parece un corazón con una cara feliz!
¡Y es el Kanji de hermano!
¡Gracias, Denji!
Nayuta alzó la vista, sus ojos infantiles reflejaban una alegría propia de quienes apenas y veían el mundo con la inocencia de la ignorancia.
—No hay de qué, Nayuta…
—Denji alzó la vista y cerró los ojos, sonriente—.
Sabes que lo hago por ti.
—Denji…
—Nayuta hizo un puchero—.
¿Por qué cierras los ojos cuando te sonrío?
—Me vas a dejar ciego si te miro directamente —Denji comenzó a comer, sus ojos mirando al televisor a su lado—.
Oye, ¿Te parece si cambiamos al canal de noticias?
—¿Por qué?
—Nayuta parpadeó, comiendo y bebiendo jugo de naranja—.
¿Sucedió algo?
—Kishibe dijo que estuviera atento —Denji usó el control para poner las noticias, sereno.
—¿El abuelo Kishibe te habló?
—Nayuta lucía entusiasmada.
—Si te escucha llamarle así, te va a encerrar en un sótano sin helado —Nayuta palideció—.
Pero, hablé con él hace unos días.
—¿Y qué te dijo?
—Nada muy relevante —Denji se encogió de hombros—.
Al viejo le encanta ser ambiguo.
Dice que es por seguridad.
—Denji, ¿Por qué son tan cautelosos?
—¿Cautelosos?
¿De dónde aprendiste esa palabra?
—Denji parpadeó, mirando las noticias.
—Leyendo.
Leo los libros que traes a casa.
—De algo sirven…
—Denji susurró, nervioso.
—Denji, ¿Todavía no puedes leer bien?
—Se me dificulta un poco, ¿Sabes?
—¿Y por qué no me dejas ayudarte?
—Nayuta habló de forma curiosa—.
¿Tienes miedo de que me burle de ti?
Yo nunca lo haría.
Denji desvió su mirada del televisor.
Los colores lucían algo extraños, y era igual a ver una vieja cinta VHS de los sesenta.
La calidad de su visión estaba teñida por un espectro sepia, más dorado en las luces que un desgastado amarillo.
Sus ojos navegaron las paredes que juraba eran azules, pintadas de un tono semejante al azul verdoso.
—Sé que nunca lo harías, Nayuta…
—Denji miró a la niña, a su flequillo y la trenza que le había hecho—.
Nunca serías capaz de hacerlo.
Por eso te quiero.
—Yo te amo, Denji —Nayuta se paró y fue a abrazarlo, un abrazo que Denji tardó en corresponder, con la mano temblorosa, pero que finalmente la acobijó.
Denji miró a la niña en sus brazos, que vestía un uniforme negro con cuello blanco de polo por debajo del vestido escolar.
Iba en primaria, era el último año de Nayuta.
Sus zapatos negros boleados y su impecable vestimenta le hacían lucir tierna, amigable y bastante dedicada, toda una modelo a seguir por sus demás compañeros.
—Vamos…
—Denji miró los platos sin acabar—.
Acaba tu comida o se nos hará tarde.
—Voy —Nayuta corrió hasta su asiento en la mesa, comenzando a comer con una gran sonrisa en su rostro.
—¿Llevas tu gorrito?
—Sí.
—¿Tu mochila?
—Solo se me olvidó una vez.
—Nayuta, ¿Llevas tus jugos?
—Sí, llevo tres.
Uno para mí, otro para Hana y el otro para Uro.
—Excelente.
—Denji.
—¿Dime?
—¿Llevas tu mochila?
—Eh…
—Denji…
—Veo que estás muy atenta.
Sigue así.
—¡Más rápido, más rápido!
—La alegre voz de Nayuta resonó en la calle, provocando que los transeúntes giren a verles.
—Mira —un niño jaló la manga de su padre, señalando a Nayuta—.
¡Un gigante la lleva!
—Kaito, sé más respetuoso…
—El padre regañó al niño, pero al mirar hacia arriba, miró a Denji, quien lo eclipsó en altura—.
Bueno, quizás no estés tan equivocado.
—¡Ahí va!
—Una chica chilló con sus amigas, señalando a Denji—.
¡Ay dios, es tan lindo!
—¡Su hermana es tan linda!
—¡¿Ya viste como la lleva sin esfuerzo?!
—¡Debe ser muy fuerte!
—¡Ojalá y ser la madre del hijo que lleve así a la escuela!
—¡¿Por qué su uniforme no es más ajustado?!
¡No le veo nada!
Denji y Nayuta escuchaban todo, riéndose.
—Denji, ¿Por qué no tienes novia?
—¿Quieres que mi atención la tenga otra mujer?
—No.
—¿Lo entiendes?
—Así me gusta —Nayuta asintió, abrazando la cabeza de Denji—.
Eres mío, Denji.
Denji se detuvo frente al semáforo, su cuerpo enteramente paralizado.
Su expresión alegre había sufrido un abrupto cortocircuito, y un reflejo de angustia se disparó, alejándose tan pronto apareció.
—¡Verde, verde!
—¡Vamos!
Denji llevaba corriendo a Nayuta, quien le daba ánimos y le golpeaba la espalda como a un caballo.
El rubio llevaba su maleta en el hombro izquierdo, la mochila de Nayuta en el derecho, y además de ello, una sonrisa siempre le seguía.
—¡Llegamos!
—Denji bajó a Nayuta al suelo, viéndola hacer pucheros.
—No quería bajarme…
—Te llevaré de regreso a casa de la misma forma —Denji le entregó su mochila, bajando a su altura y revisándola—.
¿Hoy expones?
—No, ya expuse.
—¿Y tu maestra qué ha dicho de tus calificaciones?
—La mejor de la clase.
—Muy bien…
¿Qué quieres cenar hoy?
—¿Puedes conseguir esa pizza con orilla de queso?
—Hecho.
—Denji…
—¿Sí?
—Denji alzó la vista, mirando a la boca de la niña, quien sonrió de forma dulce.
—Te amo…
—La niña lo abrazó, mientras Denji le devolvía el abrazo.
—Pórtate bien, pequeña diablilla…
—Ya me porto bien —Nayuta se separó y se despidió con un saludo de mano, entrando al colegio—.
Buenos días maestra.
—¡Buenos días, Nayuta!
—La maestra sonreía encantada sin ver a Nayuta, enfocando su vista en Denji—.
¡Buenos días, Hayakawa-San!
—Buenos días, señorita Aimoto —Denji saludó con cortesía—.
Le encargo a Nayuta, por favor.
Si hace una travesura, no dude en decirme.
—Oh, claro que sí…
—La señorita Aimoto sonrió y asintió, embobada—.
¿Va al colegio?
—Oh sí, se me hace tarde.
—¿Quisiera que lo lleve?
Tengo coche y…
—No hará falta, pero gracias —Denji se despidió y, de un momento a otro, comenzó a correr a una gran velocidad.
—Oh…
—La señorita Aimoto suspiró y agachó la cabeza.
—Buenos días, señorita Aimoto —un niño le saludó con entusiasmo.
—Adentro, Kohta —Aimoto cerró la reja tras Kohta, deprimida.
—Bien, clase, ¿Qué les parece si repasamos el tema anterior?
Hayakawa-San —un profesor anciano sonrió, mirando a Denji—.
¿Podría ilustrarnos con el tema de la clase anterior?
—Trigonometría, profesor Itsuka —Denji dijo, de forma serena.
—¿Qué descubrimos la clase anterior?
—Que la trigonometría sirve para múltiples cálculos avanzados en el amplio ámbito de la física, matemáticas y la álgebra avanzada.
—Siempre puedo confiar en su memoria, señor Hayakawa —Itsuka halago—.
¿Logró resolver el problema que dejamos?
—Honestamente, no lo logré, señor.
Aún me cuesta un poco —Denji dijo, algo incómodo.
—No pasa nada.
Siempre hay margen de mejora.
Las matemáticas no discriminan.
Cabezas duras o genios, todos son bienvenidos.
Y usted, señor Hayakawa, pronto será un genio.
Créalo…
—Ya soy un genio…
—Denji asintió, sonriendo un poco—.
¿Quién más de esta escuela podría criar a Nayuta sin perder los estribos por sus berrinches?
—Hayakawa-San —una voz le llamó y al girar, Yoshida estaba ahí.
—Ah, eres tú —Denji le saludó—.
¿Me vigilas siempre?
—Sí —Yoshida asintió, mientras Denji se paralizaba.
—Quizás eres demasiado directo…
—Te tengo una noticia —Yoshida habló—.
Te compete como mi superior.
Acompáñame, por favor.
Denji se puso serio, caminando tras Yoshida.
Notó la forma de la espalda de Yoshida y, en ese instante que decidió adelantarse para ponerse a su ritmo, observó sus hombros relajarse por reflejo.
—Verás…
—¿Es sobre lo del sótano?
—No, es otra cosa.
Aunque puede haber relación, y necesito tu experiencia.
—Ya entiendo —Denji asintió, entrando junto a Yoshida al aula del club y cerrando con seguro la puerta tras de sí.
—¿Puedes decirme qué carajo significa esto, Yoshida?
—Denji habló de forma incómoda—.
Juro que si es una broma, voy a dejar mi retiro para patearte las bolas.
—No bromee con eso, Sempai —Yoshida dijo de forma serena, pero Denji notó el nerviosismo en su mirada.
—¿Sempai?
—Denji-Sempai, esta es una chica que ha otorgado la mitad de su vida al demonio justicia…
—Denji miró a la chica amarrada a la silla enfrente de él, con cinta en la boca y desmayada—.
A cambio de un nuevo cuerpo y, aparte, aptitudes de combate sobresalientes.
—Espera…
—Denji la miró bien, y de repente, sus alarmas se encendieron—.
Oye…
—¿Sucede algo?
¿La conoces?
—Yoshida miró a Denji, quien parecía afligido—.
¿Denji-Sempai?
Denji se había adelantado y, tan pronto Yoshida procesó todo, miró al rubio comenzar a desatar a la chica.
—¿Qué haces?
—No puedes tratarla así…
—Denji quitó gentilmente las ataduras del cuerpo de Asa, retirando con cuidado la cinta de su boca y, por último, revisándola—.
¿Le golpeaste?
—Sí.
Me atacó.
—Entendido.
¿Mentón?
—La noqueé de un solo golpe.
—Buen manejo de la fuerza para un civil.
—¿Me estás evaluando?
—Sorpresa —Denji suspiró, mirándolo un segundo—.
Kishibe te mandó para que aprendas de mí.
—¿Qué?
—Evaluado con éxito.
Ahora puedes tomar asiento y esperar que ella despierte.
—Denji-Sempai, no estoy entendiendo nada.
—Mientras combatía contra el tifón, una chica jaló el cordón de mi pecho para revivirme.
Caí desde las alturas y, Quanxi como amenaza, debía ser detenida junto a Santa Claus.
Estaba muerto, pero esta chica jaló mi cordón.
Además…
—Denji miró a Asa dormida, y sus ojos se apesadumbraron—.
Yo salvé a esta niña del poseído pistola.
—No sabía eso…
—Yoshida miró a Asa, su garganta seca—.
Quizás…
—¿Quizás?
—Quizás fui algo rudo en intentar convencerla.
Denji-Sempai, ella hizo todo eso para vengarse de los demonios.
Me pidió que la meta a seguridad pública tras ganarme en un combate.
—Y ganaste.
Bien ahí —Denji se separó de Asa, cuidando que esté bien sentada—.
Esta chica no debe meterse en ese mundo.
La venganza es algo que puede consumir el alma de alguien.
—¿Usted también combatió por venganza, no?
—No —Denji negó—.
Pero mi hermano lo hizo.
Y eso ocasionó que sufriera durante su vida entera…
—Entiendo.
Entonces…
—Cuando despierte esta chica, vas a interrogarla.
Serás gentil, dirás que ganaste el combate y que debe verme mañana.
—¿Y por qué no hoy?
—Haré el informe por ti, lo mandaré a la oficina y se lo comunicaré a Kishibe.
—Ya veo…
—Yoshida, hiciste un gran trabajo conteniendo a esta chica.
Dices que hizo un pacto, por lo que sus capacidades físicas, aunque no sean las de un híbrido como yo, deben ser bastante para un humano común.
Aunque claro…
—Denji se giró, sonriendo—.
Tú no eres común, ¿Verdad?
—Denji-Sempai, hará que me sonroje…
—Yoshida dijo de forma burlesca, mientras el rubio asentía y se marchaba—.
Entonces, ¿Asunto resuelto?
—No.
Debes averiguar su conexión con el sótano.
Si ella intenta atacar, solo golpéala nuevamente.
Pero ten cuidado de no pasarte…
—Denji miró a Yoshida con seriedad—.
Le debo algo a esa chica, así que trátala bien.
¿Puedo confiar en ti?
—Oh, bueno…
—Yoshida suspiró, encogiéndose de hombros—.
Si es mi sempai quien lo pide, no puedo negarme.
—Bien…
—Denji cerró la puerta, marchándose.
—¿Desataste a una chica linda?
—Nayuta miró a Denji con asombro, estando sobre sus hombros y en sus brazos llevaba la caja de pizza—.
¡Denji!
—Ay no…
—¡¿Tienes novia?!
—No es mi novia, Nayuta…
—Denji suspiró, caminando con Nayuta en hombros hacia su departamento, con el crepúsculo asomándose—.
Es una chica que llegué a conocer de lejos.
Me ayudó en algún momento y…
Bueno, no lo recuerda.
—¿Fue cuando eras un héroe?
¿Cuando eras el motosierra?
—Sí, no hables tan alto.
—Perdón.
—No pasa nada.
—Pero Denji, entonces, ¿Vas a decirle que eras el motosierra y agradecerle?
—No, no lo haré.
—¿Entonces?
—Le diré que soy un trabajador de Seguridad Pública de oficina, y que me encargo de beneficiar a las víctimas de los demonios con programas de apoyo gubernamentales.
—Denji, ¿Por qué hablas tan bien?
Yo creí que eras un idiota.
—Mocosa…
—Pero entonces, ¿Qué harás si ella se niega?
—Nada.
No puedo obligar a nadie a cambiar su perspectiva de vida, mucho menos a decirles que sus planes o sueños no tienen sentido alguno.
—¿Y por qué a mí me obligas a comer vegetales?
—Porque quiero que crezcas sana y fuerte, Nayuta.
—¿Como tú?
—Sí, como yo.
—Oh, Denji…
—Nayuta hablaba con gozo—.
Quisiera haber conocido a tus hermanos en persona.
Power era muy hermosa, y Aki era muy lindo…
Claro que tú eres más guapo.
—¿Quieres verlos?
—Llegaron a casa, Nayuta bajándose y entrando, colocándose sus pantuflas rosadas de gatito y llevando la pizza a la cena con brinquitos.
—¡Quiero verlos!
—Nayuta corrió de vuelta con Denji, cuyas pantuflas también eran rosadas de gatito.
—Bien, bien…
—Denji metió su mano en su camisa, y de ella sacó un collar que, al abrirse, mostró dos fotos.
—Wow…
—Nayuta miró la primera foto con asombro—.
Se veían tan felices…
En aquella foto estaban Power, Denji y Aki en la nieve de Osaka.
Aki no tenía brazos, y a pesar de eso, los tres lucían sonrisas.
Power una enorme sonrisa, Aki una suave y muy segura, mientras que Denji mostraba sus dientes con alegría, haciéndole dos cuernos a Aki.
—¿Cómo eran?
—Eran los mejores hermanos mayores que pude haber tenido —Denji se paró y caminó hasta la sala, abriendo la caja y mirando la pizza.
—Denji, ¿Los extrañas?
—Los extraño siempre.
—No te preocupes…
—Nayuta corrió y le abrazó la pierna, sonriendo—.
Yo estoy aquí para que no te sientas tan solito.
Denji la miró, su cara reflejaba una sorpresa leve.
Su visión pasó de sepia a una brillante de colores vívidos, pero por solo un segundo.
Todo volvió al monótono y apagado brillo con colores difusos, pero eso no lo hizo exento del confort que la niña le daba.
—Ey, gracias pequeña —Denji se acercó y le besó la frente, sonriendo—.
Ve a lavarte las manos, vamos a comer.
—Descansa, pequeñita…
—Denji le besó la frente a Nayuta, cuyos ojos cerrados estaban en paz, y su pequeña sonrisa hacían a Denji el más alegre.
El cuarto de la niña era de un tono rosa pastel, repleto de arcoíris, osos de peluche, algunas figuras de acción y unos cuantos juegos de figuras armables.
Denji apagó las luces, saliendo con cautela y sin emitir ningún ruido.
Llegó a su habitación, que era azul oscura de las paredes, piso de madera y un techo oscuro.
Tenía estantes con fotos de él y Nayuta, dibujos de la niña donde salían él y ella, y unos cuantos peluches de la propia pelinegra.
—Es hora de dormir…
—Denji se acostó en su cama, su dije pegado al cuello, acercándolo a su cara y besándolo con gentileza—.
Descansen, chicos.
—Bang…
—La voz de Makima le sacudió, y frente a Denji estaba la cabeza de Power grabada en su sorpresa.
—¿Qué?
—Eres mío, Denji…
—¡Aléjate!
¡Yo te maté!
—Siempre serás mío…
—¡Te maté!
¡Estás muerta!
Frente a Denji estuvo Aki, y su sonrisa se transformó en una mueca dolorosa.
De su cráneo emergió una glock negra, y de repente, Denji atravesaba el pecho de su hermano con su motosierra.
La sensación de su carne, huesos y la sangre fueron bestiales.
Miró a Aki y, cuando se separó de él, parpadeó.
—Denji…
—Reze le habló, sus ojos verde esmeralda desprovistos de toda calidez o vida—.
¿Por qué?
—¡No, espera!
—Denji intentó agarrarla, pero ella se prendió en un fuego azul—.
¡No, por favor, espera!
—¿Por qué nos mataste, Denji?
—Reze, Aki, su padre, Power e Himeno hablaron al unísono—.
¿Por qué nos mataste?
—¡No, no era mi intención!
—Denji hablaba desesperado, y de repente cerró los ojos—.
Son pesadillas.
Son pesadillas.
Son pesadillas.
Son…
—Denji…
—Denji abrió los ojos de repente, sudando a mares.
Denji tenía la respiración entrecortada, en pánico.
Su piel se le pegaba a las sábanas, su camisa de tirantes parecía papel húmedo de lo transparentada que estaba.
El cuarto emitía una vibra acuosa, como el cuarto de su primer amor.
La vacuidad del ambiente le hicieron insufrible seguir acostado, pero no podía moverse.
Algo le presionaba contra la cama, le instaba seguir en su refugio.
—Denji…
—La voz de Nayuta le habló, y él giró a verla.
Dos ojos dorados con anillos concéntricos le dieron la bienvenida.
Eran brillantes entre la oscuridad, como dos soles en la inmensidad del cosmos.
Aquellos ojos le observaron con una frialdad aterradora, casi asesina.
Denji abrió sus ojos, y el cuchillo debajo de su cama fue alcanzado sin que la figura se diera cuenta.
Los ojos de Denji perdieron todo brillo, adquiriendo un matiz gélido y asesino que helaría la sangre de todo ser vivo enfrente suyo.
El lobo puede comer del hombre que lo doma, pero eso no le quita los colmillos, ni lo deja de hacer lobo.
—Denji…
—Nayuta habló con terror, y cuando él parpadeó, miró bien a la pobre niña.
Los ojos de la chica estaban inundados en terror, una vulnerabilidad que le comprimió el corazón.
Su mano bajo la sábana abandonó lentamente el mango del cuchillo que estaba por tomar.
Su rostro, asesino y oculto para la pequeña Nayuta, pronto comenzó a recobrar la calidez que siempre conoció.
—¿Nayuta?
—Su pregunta, más que pedirle el informe de su estado, parecía querer corroborar que efectivamente era ella, la niña que estaba criando.
—Denji, tuve una pesadilla…
—Ella temblaba, abrazada al gato blanco de peluche que llevaba entre brazos—.
¿Puedo dormir contigo esta noche?
—Sí…
—Tan pronto él dijo eso, ella corrió hacia donde él, metiéndose bajo las sábanas y abrazándolo sin importar el sudor de su cuerpo.
—Gracias…
—Ella le dijo en repetidas ocasiones, tamborileando en su propia humanidad.
—Ya, ya, no pasa nada…
—Denji la acobijó, abrazándola y acariciando su cabeza, con serenidad aparente—.
Solo fueron pesadillas…
Solo eso.
Nayuta comenzó a dormir abrazada a él, mientras Denji la protegía en su abrazo.
Denji observó esto con angustia, respirando con pesadez.
—Solo fue una pesadilla…
—Él se acurrucó junto a ella, cerrando los ojos y siendo reclamado por el reino de lo imaginario y especulativo—.
Ella no es Makima.
Ella no es Makima…
Ella no es Laplace.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com