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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 13

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  3. Capítulo 13 - 13 Cuando acecha la maldad
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13: Cuando acecha la maldad 13: Cuando acecha la maldad —¿Qué?

—Asa susurró, sus ojos lentamente abriéndose, mirando sogas y cinta en el suelo—.

¿Qué sucedió?

—Perdiste —Yoru le comentó desde su mente, seria—.

Te advertí pero, ese tipo ya te había noqueado.

—¿Por qué no me ayudaste?

—Asa le replicó en su mente, confundida—.

¿Por qué no tomaste el control?

—No podía —Yoru se sentó a su lado, observando al frente—.

Descubrí algo, Asa.

No puedo tomar posesión del cuerpo si es que estás demasiado asustada.

Tu miedo nos impide sobrevivir.

Tenlo en cuenta para futuras ocasiones.

—Oye, se hace tarde y debo regresar a casa —la voz de Yoshida le hizo alzar los ojos, y al verle el rostro, Asa sintió como sus dedos temblaban—.

¿Eh?

—P-Perdón…

—Asa le dijo de inmediato, Yoru frunciendo el ceño—.

Perdona mi ataque repentino.

Yo solo…

—No hace falta —Yoshida le desestimó, mientras la chica tragaba saliva—.

No me ganaste, por ende, no voy a admitirte en Seguridad Pública ni a recomendarte.

Además, mandarte a ese lugar es igual a matarte.

No pienso cargar con una persona en mi consciencia.

—E-Entonces, ¿Qué harás?

—Bueno, personalmente creo que serías mejor como una modelo, como una profesora o cualquier otra cosa que no tenga que ver con esto de cazar demonios —Yoshida le miró con esa tranquilidad inquietante suya—.

Pero, no negaré que tienes talento.

—¿Talento?

—Es la primera vez que peleabas, ¿Verdad?

—¿Cómo lo supo?

—Ese golpe que me lanzaste, aunque fue a un buen ángulo, no estuvo bien colocado.

Si querías golpearme, debiste aprovechar que estaba sentado para darme una patada mientras alzabas el puño.

Habrías logrado confundirme y asestarme ese puñetazo.

Y con la velocidad que tenías, me hubiera dolido bastante.

—¿No estás molesto?

—Para nada.

Te noqueé de un solo golpe.

Talentosa y fuerte, pero careces de experiencia para ser una amenaza ahora mismo.

Tu sueño es el de acabar con demonios, ¿No?

Entonces te tengo un trato.

—Nos está manipulando —Yoru comentó con desgana.

—Mañana hablarás con mi compañero.

Es un trabajador de oficina de Seguridad Pública.

Él te dirá los detalles, y después de eso, te admitiré en el club de Caza Demonios —Asa se sorprendió ante las palabras de Yoshida, mientras Yoru entrecerraba los ojos—.

Quieres luchar contra los seres que te arrebataron a tu familia, ¿No?

Entonces lo harás.

—¿Tan simple como eso?

No puede serlo…

—Yoru susurró, observando la soga y cinta en el suelo—.

Nos había aprisionado.

Debió liberarnos antes de despertar, quizás arrepentimiento o alguien más lo motivó a hacerlo.

—Pero entonces revivirás el trauma que te arrebató a tu familia, y comprenderás que el trato con el Demonio Justicia fue un error.

Asa caminaba de regreso al orfanato, el crepúsculo pintaba las calles.

El parque al lado del camino estaba vacío, y las calles aún no estaban abarrotadas de gente.

Ella se movía con serenidad y, cada cuantos pasos, llegaba a tropezarse un poco.

—¿Por qué te sigues tropezando?

—Yoru le recriminó, irritada—.

Ya no tienes una pierna más corta que la otra, ¿Por qué eres tan torpe?

—Aún no me acostumbro…

—Asa le dijo en su mente, cabizbaja—.

Lo siento, Yoru.

Perdimos por mi culpa.

—No sirven de nada tus disculpas.

Igual y ya sabía que no le ganarías —Yoru frunció el ceño, tocándose el puente de la nariz—.

Estaba claro que dejarte combatir contra ese cazador no tendría frutos.

Perderías por falta de experiencia.

Pero el motivo principal no era ganarle, sino, hacerle entender que tenías talento para ser caza demonios.

—¿Y por qué no me dijiste eso desde un inicio?

—Asa frunció el ceño y su voz interna fue alta, mirando a Yoru por el rabillo del ojo—.

Quedé como una…

—Cuidado con tus palabras, Asa…

—La voz de Yoru fue un susurro de ultratumba que pareció congelar el aire mismo, pues las hojas no volvieron a danzar, y sus ojos anillados con el color de la sangre emitían una estela etérea en la oscuridad del ambiente—.

No me hables nunca más con ese tono.

—L-Lo s-siento…

—Asa parpadeó y estaba en el lugar de Yoru, viendo su cuerpo caminar con elegancia hasta el orfanato—.

¡Espera!

—No más espera —Yoru le contestó con seriedad—.

¿No entiendes la situación?

Este pacto se rige por un único acuerdo: Te dejo vivir mientras no interfieras con mis planes.

—¡No me metí con ellos!

¡Yo solo quiero ayudarte!

—Mientes —Yoru continuó su camino hasta una heladería—.

Solo tienes demasiado miedo de morir, y te mueves a mi conveniencia para no sufrir el mismo arrepentimiento que te consumió en aquella vez.

¿Vida más egoísta?

Patrañas…

—Buenas noches, ¿En qué podemos servirle?

—El trabajador hizo su voz más baja conforme avanzaba su oración, viendo a la mujer delante suyo—.

¿P-Puedo ayudarte en algo?

—Linda noche —Yoru había cubierto su rostro con su fleco, mirando hacia el mostrador de vidrio debajo suyo—.

¿Te parece si me das uno de fresas con cereza?

—¿Fresas con?

—Cereza —Yoru se rió por lo bajo, con una risa suave y amigable— ¿O es muy tarde para comprar?

—No, no, de hecho todavía falta para cerrar —el chico se apresuró a abrir la vitrina y recoger bolas de helado—.

Eh, ¿El más grande?

—Si no es mucha molestia —Yoru juntó sus palmas con agradecimiento y una voz gentil, mientras el chico se ruborizaba—.

¿Podrías ponerle jarabe y chispas?

Es que me gustan mucho.

—Claro…

—El chico se apresuró, actuando con maestría.

—¿Qué haces?

No tengo dinero.

Mi mesada del orfanato se la doy a la otra chica…

—Asa le habló con nerviosismo.

—¿Dinero?

¿Quién necesita dinero cuando eres tan hermosa como nosotras?

—Yoru le miró y, mientras el chico atendía, le sacó la lengua con diversión—.

Asa, eres muy inteligente, ¿Por qué te cuesta tanto atender las cosas más simples de la vida?

—Pero robar está mal…

—Asa le suplicó—.

Yoru, por favor, cancela el helado.

Robar es malo…

—Niña, soy una demonio, no una retrasada.

Clases de ética no me sirven.

Además, ¿Quién dijo que íbamos a robarlo?

—Yoru sonrió con astucia—.

Va a ser gratis.

—¿Gratis?

—Asa se puso más nerviosa—.

Oye Yoru, ¿Qué vas a hacer?

—Nunca has besado a nadie, ¿Verdad?

—Yoru mostró sus dientes, y sus caninos parecían más afilados de lo que Asa recordaba.

—¡No, espera!

—Asa gritó con pánico y, al recordar la gélida mirada y voz de Yoru, se paralizó y contuvo la respiración—.

¡Perdón!

—Aquí tiene su helado, señorita…

—El chico se giró para ver a Yoru y entregó el helado, mirándola observar a un costado—.

¿Todo bien, señorita?

—S-Sí, es solo que…

—Yoru habló con pena—.

Mi dinero…

—¿Sí?

—Se ha caído…

—Yoru mostró su bolso sin verle a la cara, demostrando que su mochila estaba repleta de útiles escolares y vacía de dinero—.

Disculpa, por favor.

—No pasa nada —el chico negó, sonriendo—.

Tenga, es un regalo.

—Pero…

—No es nada —el trabajador se rascó la mejilla con pena—.

Véalo como mi buena acción del día.

Yoru se giró a verlo.

Aquel trabajador observó a la chica más bella del mundo, sin lugar a dudas, una diosa en carne y hueso.

Su nariz era fina y delicada, su piel suave, tersa y pálida, lechosa incluso.

Sus mejillas contenían un rubor natural que la hacían lucir suave y gentil, aunado a sus pestañas y cejas que, además de pobladas, estaban enmarcadas con una severidad que solo la aristocracia tenía.

Sus pestañas rizadas cubrían sus ojos, y el flequillo de su cabello no podía cubrir sus bellas facciones.

—Muchas gracias.

Me has salvado el día…

—Yoru tenía su mano sobre su mejilla izquierda, cubriendo sus marcas y dejando que el puente de su nariz visibilice tan solo una de ellas—.

Eres mi héroe.

—De…

—el chico quedó embobado ante la belleza de la chica, quien acercó su mano a la del chico, buscando su helado que él sostenía—.

Nada…

—Disculpa, ¿Cómo te llamas?

—Ella le dijo, mientras él sentía su corazón en los tímpanos, con el calor subiendo a su rostro.

—Kenichi…

—Oh, Ken-San, eres muy amable.

De verdad, tienes un corazón muy bondadoso y cálido…

—Espera, Yoru…

—Asa miró la mano de Yoru acercarse a la de Kenichi, buscando el helado—.

Yoru, por favor, no.

—G-Gracias…

¿C-Cuál es tu nombre?

—Kenichi preguntó, mientras Asa corría hacia ellos.

—¡Espera!

—Asa intentó empujar a Yoru, tacleándola, pero en su lugar solo la atravesó, cayendo de bruces al suelo en su carrera—.

¡¿Qué?!

—Oh, ¿Mi nombre?

—Yoru abrió sus ojos lentamente, y el único rastro de luz que había en ellos era el blanco de sus córneas, pues aquellas iris no poseían rastro alguno de humanidad—.

No mereces saberlo.

—¿Eh?

—Shuriken Kenichi —Yoru tocó la mano del chico y, al hacerlo, su voz, que era igual a la de Asa, volvió a ser suya.

Kenichi miró su mano doblarse, comenzar a retorcerse y pronto su cuerpo lo hizo.

La sorpresa en él se convirtió en horror, y el grito que estuvo por soltar se ahogó con su alma.

Su forma se moldeó a la de un Shuriken de cuatro puntas y un centro hueco, mismo por el que Yoru le tenía con el dedo índice.

Aquel shuriken era de un tono durazno metálico, igual al de la piel de Kenichi.

—Ahora sí, a probar el helado —Yoru agarró su helado y se fue de la tienda, mientras probaba un bocado de este—.

¡Oye, está muy bueno!

—¡¿Por qué?!

—Asa le perseguía, temblorosa.

—Oye, déjame comer mi helado —Yoru lo probaba con alegría, el shuriken en su mano giraba sin esfuerzo.

—¡Él era una buena persona!

—Asa estaba asustada, aterrada de las acciones de Yoru.

—No, no lo era —Yoru se sentó en una banca dentro del parque, cercana a la heladería—.

Asa, nadie en este mundo es bueno.

Todos son un conjunto de grises.

¿No te dije que dejes de buscarle lógica moral a mis acciones?

—¡Pero!

—Pero, pero, pero…

—Yoru repitió con fastidio—.

¿De verdad te sientes mal por desconocidos?

—Pero…

—¿Pero?

—Yoru le miró, comiendo su helado.

—Él nos regaló un helado.

Solo quería regalarnos algo…

—Ay no…

—Él solo…

—Asa, ni lo pienses…

—Yoru frunció el ceño, sus ojos volviéndose cristalinos—.

Imbécil, vas a hacerme…

—Él no era como Aome o Tanaka…

—La voz de Asa se quebraba, sus ojos ultramar condensaron un océano rápidamente, cayendo en llantos que solo Yoru podía oír—.

Él no merecía que lo convirtieras en arma.

Él no merecía el mismo destino que ellos.

Él merecía vivir…

—¡Imbécil!

—Yoru sacudió su cabeza un poco, sus ojos volviéndose nuevamente secos y decididos—.

No llores, Asa.

Si nos ven llorando van a acercarse a nosotras y me van a descubrir.

—No me importa…

—Asa se sentó, sus piernas le temblaban—.

Ya no quiero esto.

—¿Qué?

—Yoru casi se atraganta con su helado, mirándola con incredulidad.

—Que nos descubran, no quiero seguir viendo a la gente morir.

No quiero ver morir a nadie más, menos si es por mi propia mano…

—Asa sollozaba, abrazando sus piernas y escondiendo la cara entre ellas—.

Mátame.

Acaba conmigo, pero por favor, deja de usar mi cuerpo.

No quiero que más gente muera por mi culpa.

No quiero más muerte a través de mi cuerpo.

—Asa…

—No quiero irme sabiendo que mi cuerpo, incluso tras mi muerte, fue la causa del sufrimiento ajeno.

Ya he hecho mucho mal a este mundo con mi existencia, no quiero seguirlo haciendo.

—Ya veo…

—Yoru miró a Asa, pensando—.

Con que esto es lo que le hace sufrir tanto.

¿Es esta la razón por la que las voces de sus padres le atormentaban?

¿Ella se percibe como la causante de las desgracias?

No entendí eso cuando revisé el último mes de su vida.

Creo que debió ser hace mucho, dentro de los recuerdos que no me atreví a mirar.

Yoru tenía los ojos brillosos, cristalinos.

Asa parecía una criatura frágil, algo que podría romperse si se le pegaba demasiado duro.

Yoru miró esto con unos ojos indescifrables.

Miró su helado, luego a Asa, y luego al helado.

Suspiró, abriendo la boca y dando otro bocado al helado en su mano.

—¿Eh?

—Asa sintió algo frío dentro de su boca, sus ojos ya no lloraban y no estaba abrazando sus piernas—.

¿Qué?

Asa estaba sentada en la banca del parque, con un bocado del helado de fresa en su boca.

Las chispas de sabores y el jarabe hacía una gran adición a la fresa y cereza, muy cercano al de las zarzamoras.

Ella parpadeó, mirando a su lado.

Ahí estaba Yoru, quien lentamente dejaba de abrazar sus piernas y sacaba su rostro de entre ellas, mostrando un ojo izquierdo tembloroso y una mirada agotada.

—¿Mejor?

—Yoru se oía irritada, mirando a Asa con aquel temblor en su ojo haciéndose más errático—.

¿Te sientes mejor, Asa?

—¿Yoru?

—Asa entendió de inmediato lo sucedido, sorprendiéndose—.

¿Por qué?

—Hagamos esto —Yoru la interrumpió de forma severa—.

Te sienta mal que otros sufran por ti, ¿No?

Te duele ver a gente inocente sufrir, especialmente cuando tú lo provocas.

Entonces, lo que haremos será lo siguiente: Convertiré en arma única y exclusivamente a la gente malvada, retorcida, demonios y cualquier enemigo que intente matarnos o a los inocentes, o a seres queridos.

—¿Yoru?

—Ni se te ocurra preguntar el por qué, imbécil.

¿Es un trato?

—S-Sí…

Pero, ¿Tú no pedirás nada a cambio?

¿Cuál es el truco?

—Asa estaba nerviosa, algo temerosa.

—Oh, claro, mi parte —Yoru cerró sus ojos, frunciendo el ceño—.

A partir de ahora, tomaré el control de tu cuerpo cada que sea la hora de comer.

—¿Solo eso?

—Claro —Yoru se tronó la espalda, parándose y eclipsando a Asa.

—¿Por qué solo eso?

¿No piensas pedir nada más?

—No puedo exponerme.

Si ese chico ya nos tiene en la mira, lo peor que puedo hacer es mostrar que aparecen marcas en tu rostro, y lo peor, que ellos vean mis ojos.

Podrían relacionarlo con Laplace de inmediato.

Piensa Asa, piensa un poco.

—¿Y por qué al comer?

—Asa miró el helado derretirse, y de repente estaba parada frente a Yoru, quien comenzó a comerlo con una alegría en su rostro, sorprendiéndola por el repentino cambio de posición.

—Porque ya extrañaba la comida humana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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