Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2
  3. Capítulo 14 - 14 Un poco más egoísta que de costumbre
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: Un poco más egoísta que de costumbre 14: Un poco más egoísta que de costumbre —¿Aquí es?

—Asa miró a Yoshida, quien le sonrió—.

¿Este no es el club de literatura?

—Bueno, él es parte de este club —Yoshida abrió la puerta, mientras ambos entraban—.

Seguro que has oído hablar de él.

Todos lo han hecho en esta escuela.

Asa se paralizó en ese instante, sus piernas dejaron de responderle y su mente hizo cortocircuito.

—Asa…

—Yoru le habló, su voz tenía un sentido de urgencia y severidad—.

¿Qué mierda sucede?

—Una vez les oí hablar de él…

—Asa caminó lentamente, de forma rígida y casi robótica, haciendo que Yoshida alce una ceja—.

En mi clase hay chicas a las que él les gusta.

—¿Y?

—Yoru no entendía nada—.

¿Por qué te pones tan nerviosa?

¿Que acaso nunca habías visto a un chico?

¿No se supone que ese tal Yoshida te atrae?

—S-Sí, es solo que…

—Asa se sentó en el banquillo frente al escritorio vacío, con el club ausente de miembros, y en la puerta de la bodega del aula había una sombra—.

No sé, me puse nerviosa de repente.

—¡Pues deja de hacerlo!

—Yoru comenzó a golpear a Asa, traspasándola y sin causarle daños—.

¡Es solo un chico!

¡Es un humano oficinista!

¡Vamos Asa, no puedes ponerte así por alguien que no has visto!

—¿Te encuentras bien?

—Una voz grave y profunda resonó en el aula, deteniendo a Yoru, cuyos ojos parpadearon y buscaron en dirección de la bodega—.

Pareces algo nerviosa.

—¿Puede vernos?

¿Cómo?

—Yoru entrecerró los ojos—.

¿No está en la bodega?

—¿Quieres agua?

—La puerta de la bodega se abrió, y una luz repentina hizo que Yoru cierre los ojos, obligando a Asa a girar—.

Pareces un poco pálida.

—Denji, ella es así de blanca —Yoshida le dijo con amabilidad, ganando una mirada de Yoru—.

Sé gentil, no es buena hablando con chicos.

—Este imbécil…

—Yoru se detuvo, observando la postura de Yoshida—.

¿Oh?

—¿Qué sucede?

—Asa le susurró en un pensamiento, mientras Yoru regresaba la vista a la bodega.

—Tu novio le tiene miedo a este…

—Yoru no parecía burlarse, y la luz que salía de la bodega comenzó a atenuarse—.

Y ya entendí por qué.

—Mucho gusto —una figura más alta que el propio Yoshida salió de la bodega—.

Me presento.

Soy Hayakawa Denji, trabajo para Seguridad Pública como oficinista, y estoy a cargo de esta escuela y asuntos de caza demonios.

Un chico rubio había emergido de aquel lugar, mientras las pupilas de ambas pelinegras se hacían más grandes.

El azul ultramar de Asa parecía casi volverse negro, mientras que los anillos concéntricos de Yoru casi se pierden en la penumbra de su pupila.

—Ya te entendí, Asa…

—Yoru susurró, paralizada.

Asa miraba al rubio de cabello brillante, cuyas puntas alborotadas parecían ondularse.

Cabello medio que cubría parte de su frente, con cejas espesas y enmarcadas, gruesas y rectas.

Ojos estrechos, con un brillante ámbar vibrante.

Tenía facciones fuertes, un mentón pronunciado y afilado.

Sus labios no eran muy gruesos, pero tenían forma y estaban brillantes.

Su uniforme de la academia era más holgado que de costumbre, no dejando ver su cuerpo.

Pero Yoru lo pudo descifrar viéndolo.

Ella lo estudió desde pies hasta la última hebra de su cabello, y al ver su cuello, ella pareció alzar las cejas con sorpresa.

Una imagen mental se depositó en su cabeza, haciéndola parpadear con inquietud.

—Asa…

—Yoru le quiso tocar el hombro, comenzando a hablar rápido—.

Oye, Asa, no te pongas así.

No voy a poder cambiar si esto es una trampa.

Asa, Asa…

Asa miraba al chico con un rubor más pronunciado en sus mejillas, parpadeando ante las palabras de Yoru.

—Sí, agua está bien…

—Entendido —Denji pasó a su lado, dirigiéndose al dispensador dentro del club—.

Yoshida me habló sobre ti.

Me comentó tu situación y…

—¿Qué es ese aroma?

—Yoru y Asa respiraron hondo, sintiendo un exquisito perfume con tonos profundos y dulces—.

¿Por qué te ruborizas, Asa?

—¿Y tú?

—Asa le replicó por accidente, mientras Yoru fruncía el ceño.

—Mocosa…

—Bien, seré claro —Denji estaba sentado tras el escritorio, mientras Asa lucía nerviosa—.

No puedo darte entrada a Seguridad Pública por dos motivos: No eres mayor de edad, y la nueva reforma excluye a los estudiantes de trabajar como caza demonios.

—Pero…

—Sin embargo, puedo ofrecerte otro tipo de apoyo —Denji le dijo, con una mirada suave—.

El gobierno ha impulsado nuevas leyes que apoyan a los damnificados por los ataques de demonios.

Tengo entendido que fuiste afectada por el Poseído Pistola…

—S-Sí…

—Entonces, puedo ayudarte a mejorar tu situación de forma especial —Denji le miró a los ojos.

—¿Eh?

—Yoru alzó una ceja, viéndolo—.

¿Qué es eso en sus ojos?

—¿Ayudarme de forma especial?

—Asa le miró, intrigada.

—Tengo entendido que debes estar bajo el programa de orfandad del gobierno, resultado de dicho ataque.

No quisiera dejar a todos los afectados al olvido, pero, tampoco puedo ir por ahí ofreciéndoles ayuda a todos.

No alcanza el dinero.

—¿A qué te refieres con eso?

—Puedo ofrecerte un lugar propio, un departamento.

Será en un edificio al azar, no tan lejos del colegio.

No será la gran cosa, pero es un espacio que no deberás compartir con más personas —Denji le miró con la calma del mar—.

Y Yoshida ya me ha informado de tu incorporación al club de Caza Demonios.

Te pregunto, Asa Mitaka, ¿Realmente quieres hacer eso?

—¿Hacer eso?

—Asa le miró, parpadeando—.

Sí, yo…

—¿Segura?

—Un leve escalofrío recorrió a Asa por un instante, mientras los ojos de Yoru se entrecerraban—.

Mitaka-San, ¿De verdad quieres arriesgar el poco tiempo de vida que te queda en un trabajo que te la arrebata?

Dime…

La luz entró por las ventanas, mientras la gente en las calles caminaba de forma apresurada.

Algunos se dirigían a sus trabajos, otros llegaban tarde al colegio.

El tráfico resultó bastante ajetreado, quizás más que de costumbre.

La primavera no emitía perdón con aquellos que se quedaban a recibir el sol, pero su brisa gentil era un masaje para las pieles dañadas del invierno.

—Si tus papás vieran a su bebé pelear contra los seres que les arrebataron la vida, ¿Crees que se alegrarían?

—Asa le miró a los ojos, y tan pronto escuchó aquella pregunta, su mirada bajó muy lentamente hasta sus piernas—.

¿Crees que serían felices sabiendo que la vida por la que ellos trabajaron duro, y la suerte con la que corriste, es desperdiciada en tu intento de vengarles?

—Tranquila, Asa…

—Yoru le miró, su ceño fruncido no era tan duro como de costumbre, y sus ojos estaban humedecidos, su voz flaqueaba—.

Es un intento de detenerte.

No puedes frenar aquí, ¿Sí?

Él no sabe nada de ti.

—¿Sabes?

—Denji miró por la ventana, mientras Asa respiraba hondo—.

Mis dos hermanos…

Ellos también murieron a causa de los demonios.

Asa alzó la vista, y al ver a Denji observar por la ventana, ella hizo lo mismo, contemplando los edificios alrededor del colegio.

Una urbe estilizada por conductos de metal, estructuras de hormigón y pasadizos secretos entre callejones estrechos y abismales.

Pero la gente caminaba por ellos, como si nada, acostumbrados al espectáculo de horror que era la vida cotidiana.

—Y yo, tal como tú, busqué venganza.

Tengo diecisiete años, los cumplí en enero.

Pero, si miraras a mis ojos…

—Tendrías más edad de la que has cumplido en esta vida…

—Asa susurró, escuchada por Denji.

—Exactamente.

¿Sabes qué lo causó?

—La venganza…

—Asa hablaba por lo bajo, mientras Yoru le contemplaba, viendo al rubio, notando un lazo negro por encima de su cuello de la camisa—.

¿Los vengaste?

—Lo hice.

Ambos se quedaron en silencio por un segundo.

Yoshida había abandonado la sala en silencio, identificando que una conversación así de íntima no podía ser de tres.

Yoru le miró salir, sus ojos eran serios, pero un brillo indescifrable estaba parpadeando por momentos.

Momentos donde ella era el mal tercio del asunto.

—Y no me hizo sentir mejor, porque ellos ya estaban muertos…

Y eso no es lo que ellos querían para mí.

—¿Qué querían?

¿Cómo lo sabes?

—Asa preguntó, su vista bajando otra vez a su pierna—.

¿Cómo puedes saberlo?

—Mientras vivían, ellos me repitieron lo que querían esperar de mí en tantas ocasiones que, cuando se fueron…

Yo me extrañé de no oírlos gritármelo.

Es horrible, ¿Verdad?

Saber que tu casa ya no está.

Llegar y acostarte en una cama que no es la tuya, entre paredes que no son las de tu antiguo hogar, sabiendo que aquellas voces que tanto te repetían la misma frase ya no se escucharán…

—Sí, lo es…

—Los ojos de Asa comenzaron a llenarse de agua, filtrándose por las goteras de su alma carcomida entre desilusión y desdicha—.

Es horrible.

Es…

Es muy horrible…

—Y el sentimiento de que tú causaste aquellas pérdidas es incalculable…

—Sí…

—Asa se cubrió la cara, mientras Yoru, observándola, no pudo evitar desviar la mirada y observar a los edificios enfrente suyo—.

¿Cómo?

¿Cómo lo superas?

Dime…

¿Cómo?

—Haciendo aquello que tanto me repitieron mientras aún estaban conmigo —Denji sonrió, hablando suave y gentil—.

Vivir.

Ellos no me querían ver luchando, Mitaka-San.

No me querían ver peleando, arriesgando mi vida y mucho menos perdiéndome en venganza.

Asa se quedó en silencio, llorando.

—Mitaka-San, dime, ¿Qué es lo que ellos tanto te repetían cuando aún estaban contigo?

¿Qué era eso por lo que ellos vivían a tu lado?

—Engendro.

—Nada.

—Queríamos verte desaparecer.

—Queríamos que te murieras.

—Queríamos verte muerta.

—Queríamos que te alejes de nosotros.

—Que nos dejases en paz.

—Basta —la voz de Yoru resonó con el estruendo de mil marchas romanas, rebotando en cada rincón anguloso de la psique de Asa.

—Yo…

Yo no…

No lo recuerdo…

—Asa susurró, de forma lamentable y dolida—.

No lo sé…

—Entonces vive para recordarlo, Mitaka-San —Denji se acercó al escritorio y firmó un documento, acercándose a Asa y poniéndose de cuclillas—.

Vive, Asa Mitaka.

Honra la memoria de tus padres.

No vengándolos, no muriendo, no tirando el poco tiempo de vida que te queda a la basura.

Denji puso el documento entre las manos de Asa, quitándolas de su rostro de forma muy cuidadosa y delicada.

Ella estaba hecha un desastre, destrozada por la dolencia.

Le miró con terror, con miedo, con vulnerabilidad.

Pero al conectar con esos ojos ámbar brillantes, ella no vió rastro de malicia en ese par de firmamentos.

Solo había calidez, protección y cuidado.

Tres cosas que hacía tiempo dejó de mirar.

—Cuanto más ames algo, cuanto más lo quieras y cuanto más sientas lo mismo por él, el arma que se forje de su esencia será más poderosa…

—Yoru miraba por los edificios, pensando para sí misma de espaldas a Yoru—.

Los seres queridos, sin embargo, son difíciles de convertir en armas.

Hay una resistencia intrínseca al alma que impide su transmutación.

Y esa resistencia se encuentra, única y exclusivamente…

Yoru negó, su manga acercándose a su rostro con rapidez.

Inhaló fuerte, su voz interna era ronca y lenta.

Ella se giró para ver al dúo, mostrando sus iris carmesí observándoles, y el contorno de sus globos estaban tenuemente rojo.

—En el corazón de quien decide convertirlo todo en alma, hasta el corazón mismo.

Asa estaba sentada en la azotea, completamente sola como de costumbre.

Miraba al suelo, su pierna antiguamente más corta era el objeto de su estudio actual.

—Así que, ahora no serás del club de Caza Demonios…

—Yoru dijo, mirando al cielo.

—Lo siento, Yoru.

—No pasa nada —Yoru se encogió de hombros—.

Siempre podemos ser caza demonios clandestinos.

Mi único objetivo al entrar al club y a Seguridad Pública era conseguir fácilmente la ubicación de otros demonios, información sobre el paradero de Laplace, el motosierra, y cualquier otro activo que pudiera convertir en arma.

—Entonces, ¿No estás molesta conmigo por haber interferido en tu plan?

—Asa le miró, sus ojos caídos demostraban una pesadez indigna de la sospecha o el miedo—.

¿No violé la clausula de nuestro contrato?

—Para nada…

Asa y ella se quedaron en silencio un segundo.

Asa dirigió su mirada al cielo, notando a las aves sobrevolar el firmamento.

Yoru lucía serena al observarles, y esa misma serenidad se le fue contagiada a Asa.

—Cumpliste de forma perfecta tu parte del contrato, Asa.

—¿Qué?

—Asa le miró, sorprendida.

—Conseguiste un departamento, una mesada más grande, incluso el número de aquel chico en caso de cualquier duda, emergencia o problema respecto a demonios.

Y sé que te atrajo incluso más que Yoshida.

—¿Eh?

—Asa se ruborizó, pero Yoru se burló, haciéndola fruncir el ceño—.

¿Qué es tan divertido?

Pareces muy contenta…

—Es que…

—¿Es que qué?

—Asa frunció el ceño, pero la cara de Yoru estaba sonriente, quizás alegre.

—Hoy fuiste un poco más egoísta que de costumbre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo