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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 16

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  3. Capítulo 16 - 16 Ganadora
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16: Ganadora 16: Ganadora —Oye —Yoru le hablaba a la dueña del cuerpo, quien se encontraba frente a la cama del orfanato—.

¿Qué te sucede ahora?

—Nada.

—Es una pregunta retórica, Asa.

Sé lo que te sucede.

¿De verdad vas a extrañar esta pocilga?

—Yoru caminó por las demás camas del enorme salón, notando a muchos chicos dispersos, la mayoría observando a Asa—.

¿Vas a extrañarlos?

—No, no los extrañaré…

—Asa, no tenías amigos.

No tenías nada en este lugar —Yoru regresó hasta enfrente de ella, sentándose en la cama de Asa y mirándola—.

Asa, quiero que hagas esto.

—¿Eh?

—Convierte todo eso que sientes ahora en un arma.

—¿Qué?

—Asa se alarmó, pero la mano de Yoru le detuvo.

—No de forma literal, idiota.

—¿Eh?

¿A qué te refieres?

¿Por qué siempre me llamas idiota?

—Usa todo eso que extrañas, que amas, que quieres, que te trae nostalgia y melancolía —Yoru sonrió de forma amenazante, depredadora—.

Convierte todo aquello que más amas en tu principal arma.

Asa esperaba afuera del orfanato, con una caja y su mochila entre manos.

Se giró, observando el orfanato con unos ojos indescifrables.

De la puerta salieron trabajadores, la directora incluso se acercó a ella con una sonrisa.

—Asa, por favor ten cuidado…

—La directora le miró preocupada, y Asa desvió la mirada de sus ojos.

—Gracias, señorita Saeko…

—No es nada, Asa.

Por favor, recuerda este lugar, ¿Sí?

Asa se quedó en silencio, un taxi se acercaba por ella.

—Seguro que tu estancia no fue linda.

Seguro que no podía darte lo mejor, ni a otros como tú.

Pero Asa, por favor…

—Asa miraba a través de la ventana del Taxi, observando la gran ciudad, las calles superpuestas y los edificios de hormigón con aquella estética industrializada y brutalista que le recordaba estaba en un lugar peligroso—.

Recuerda que hicimos lo que pudimos con lo que tuvimos.

—De verdad la querías, ¿No?

—Yoru observaba desde la otra ventana, serena.

—Ella hizo mucho por mí, Yoru.

Llegó a darme comida especial, con vitaminas y suplementos alimenticios, todo por mi anorexia…

—Asa parpadeó, sus ojos cristalinos observando a través de la ventana—.

Y yo…

Yo nunca tuve el valor para ser mejor.

Todo su esfuerzo fue en vano.

Tuve que morir y ser ayudada por un demonio para que ella viera que esa niña, la misma que vomitaba la comida, ahora estaba llena de vida.

—Seguro que eso la hizo sentir un poco mejor —Yoru observaba la ciudad ahora con melancolía en su voz y mirada—.

Ten eso en cuenta, Asa.

Nada de lo que hiciste antes te define ahora.

Hiciste una promesa, ¿No?

Estás por cumplir el mayor de tus deseos, el mayor de tus anhelos.

—¿Y si no lo logro?

¿Y si no es lo que quiero?

¿Cómo sé que una vida más egoísta es lo correcto?

¿Qué hay si no es lo que me imaginé y termino peor que antes?

¿Cómo sabré que estoy haciéndolo bien?

—Cállate de una vez —Yoru no le gritó, en su lugar, habló con la firmeza de un emperador, silenciándola, dejando que la chica llorase en silencio—.

Empieza por eso.

Empieza por cerrar la boca un instante.

¿Siempre sueles hablar tanto?

¿Siempre sueles decir todo lo que te duele?

¿Sueles preguntarte todo?

¿Sueles pensar que quizás nada de lo que haces tiene sentido?

Entonces empieza por guardar silencio y observar.

—¿Por qué?

—Asa miró la ciudad, apagada y carente de brillos—.

¿Por qué eres tan cruel?

¿Por qué eres así conmigo?

Tienes la mitad de mi cerebro, hoy lucías más contenta tras hablar con Hayakawa-San.

¿Por qué no puedes ser así siempre?

¿Por qué, pese a compartir la mitad de mi cerebro, no puedes tener ni una sola pizca de mi humanidad?

—¿Ya lo olvidaste, niña?

—Yoru miró la ciudad, los distritos más bajos encendidos con neón, increíblemente encendidos y su rostro brillaba con una multitud de colores—.

Soy la guerra.

Dime, ¿Cuándo has oído que la guerra es bondadosa y suave?

Soy fría, son inhumana, soy cruel.

No soy como tú, incluso si estoy en la mitad de tu cerebro.

Dime, Asa.

Si esto fuera al revés, y tú fueras la intrusa en la mitad de mi cerebro, ¿Serías capaz de replicar aunque sea una pizca de mi maldad?

Asa se quedó en silencio, las lágrimas de su rostro patinaban con lentitud, ahogándola en apenas unos cuantos cántaros poco voluminosos.

—Claro que no —Yoru bufó—.

No confundas mi emoción con empatía, Asa.

—Gracias…

—Asa le dijo al taxista con solemnidad.

—No fue nada, hermosa —el taxista le miró el trasero, marchándose con una sonrisa.

—¿Crees que debí convertirlo en arma?

—Yoru le preguntó a la chica, mirándola adentrarse al edificio de apartamentos—.

Oye, te estoy hablando.

—¿Puedes dejarme sola un momento, por favor?

—Asa caminaba con lentitud por las escaleras, mirando al suelo.

—¿Sigues afectada por lo que dije hace tiempo?

—Por favor, Yoru, no es un buen momento…

—Asa caminó por el pasillo, observando la llave en sus manos.

—Ya veo…

—Yoru revisó los alrededores, asomándose por la barandilla con serenidad—.

Es un buen lugar.

No queda lejos de la escuela.

También hay tiendas cerca de aquí.

Asa llegó hasta al frente de una puerta, revisando su número.

—505 —susurró, parpadeando—.

Igual que aquella canción.

—¿Eh?

—Nada —Asa entró con sus cosas en mano, mientras Yoru fruncía el ceño.

—Grosera…

Un departamento blanco y muebles grises y negros estaba ahí.

Era pulcro, casi estéril.

Asa miró esto sin ánimos de nada, bastante agotada.

Dejó las cosas en la sala, cerrando la puerta y quitándose los zapatos.

Caminó hasta su nueva habitación, entrando y admirando el lugar.

Paredes iguales a la de la sala, todo parecía una sala de hospital.

—¿Ya oíste?

—Yoru parpadeó, entrecerrando los ojos—.

El cuarto está insonorizado.

—¿Cómo sabes eso?

—Cuando entraste, el eco no llegó hasta afuera del cuarto.

Esta habitación está insonorizada.

Yoru fue a revisar el lugar, Asa se acostó en la cama y miró al techo.

—Ahora que lo pienso, este es un buen momento para sacarte de tu depresión —Yoru le habló, serena—.

Asa, ¿Recuerdas la derrota que tuviste contra Yoshida?

—Claro que la recuerdo, fue ayer…

—Entonces, haremos que no se repita —Yoru se puso frente a ella, seria—.

Tu parte del trato ha salido a la perfección, pero ahora es turno de la mía.

—¿Qué?

—Asa estaba parada frente a la cama, mirando a Yoru levantarse con el control de su cuerpo—.

¿Qué haces?

—Tomo posesión del cuerpo, Asa.

Vamos a salir a cumplir mi propósito —Yoru sonrió de forma retadora—.

Es hora de un poco de combate.

En la tranquilidad obscura de un callejón, un demonio acechaba, a la espera de víctimas.

Su cuerpo era magro y estaba recubierto de venas palpitantes.

Su cuerpo tenía la forma de un brazo humano, atravesado por cientos de pequeños pilares de metal que eran finos cual agujas.

Ojos dispersos por varios lados del cuerpo, y más que caminar, parecía impulsarse con las espinas, que se retraían cual erizo.

—Hey, tú —la voz de Yoru le habló a sus espaldas, mientras el demonio giraba y veía una silueta femenina  —Un humano…

—Susurró el demonio, deteniendo a la mujer.

—Ya veo.

El demonio de las inyecciones…

—Yoru le miró, aburrida—.

Me sorprende que sea tan inteligente como para hablar.

La humanidad puede ser algo cobarde de vez en cuando.

El demonio no esperó a que la chica intentara huir o gritar.

Tanto tiempo enfrentándose a cazadores y conviviendo en este mundo le enseñaron que si llegaba alguien ligeramente fuerte, estaría acabado.

Su cuerpo se hizo pequeño y, como si de obtener fuerza se tratase, se hinchó un poco conforme se encogía.

—Meh, que aburrido —Yoru metió su mano en la pared, hundiéndola en un líquido que se asemejaba al lodo y de él emergió un Shuriken de tono durazno metálico.

Del demonio fueron disparadas sus agujas, concentrándose en lanzar las frontales para atacar a Yoru.

La chica ni siquiera se movió del lugar en el que estaba, mirando el ataque con aburrimiento.

De un momento a otro, el demonio fue partido a la mitad, con Yoru caminando hacia él con tranquilidad.

—¿Qué?

—El demonio estaba sorprendido, emitiendo un sonido incrédulo.

—¿No me viste lanzar mi shuriken?

—Yoru parpadeó, sorprendida—.

Ya veo.

Eres tan débil que ni siquiera me viste atacarte.

—¿P-Por qué no estoy muerto?

—Preguntó el demonio, agonizando.

—No te ataqué para matarte, idiota —Yoru puso su mano sobre una de sus agujas, sonriendo—.

Senbones de Inyección.

En la mano de Yoru comenzaron a acumularse un montón de agujas Senbon, mientras que el cuerpo del Demonio adquiría la forma de una bolsa que envolvía a todas las agujas, guardándolas como una pequeña mochila.

Yoru miró este nuevo equipo con satisfacción, girando y viendo a Asa, quien estaba catatónica.

—¿Viste lo que hice?

—Preguntó Yoru, serena—.

Bien, es tu turno.

—N-No ví nada…

—Asa murmuró, viendo la nueva arma de Yoru.

—Está bien —Yoru habló bajo e irritada—.

Entonces lo haré otra vez y prestarás atención, ¿Está bien?

—Ahí, a ese demonio —Yoru le señaló, Asa miró en sus manos las agujas Senbon con duda—.

Lánzalas y dale en el ojo que tiene.

—¿Y si no le doy?

¿Y si me nota?

—Idiota, vas a darle —Yoru se irritó—.

Eres el híbrido de la Guerra.

Tienes el talento nato para el combate.

—Pero…

—Pero, pero, pero, ¿No sabes otra palabra?

—Yoru casi le gritó, mientras Asa se ponía nerviosa—.

Lanza el Senbon de una vez.

Apunta a sus ojos.

Son cientos de ellos, es el demonio tomate.

Asa miró el Senbon en sus manos, luego al demonio y la distancia.

Yoru se preparó, mirando a la chica prepararse.

—Alza más el brazo, tuércelo más hacia la derecha y usa el pulgar e índice para sostenerlo.

Usa tu ojo izquierdo para apuntar, cerrando el derecho.

—¿Qué?

—Haz lo que te digo —Yoru murmuró, y Asa hizo lo pedido—.

Ahora lanza con fuerza hacia adelante, más o menos en unos setenta grados hacia arriba.

—Pero no le daré, es muy arriba.

—Es un senbon, hay mucho viento en este lugar abierto.

El aire va a desviarlo por su pequeño tamaño y delicadeza —Yoru habló, cerrando los ojos con calma—.

Cuando quieras.

No puede detectarte.

—¿Por qué?

—Estoy ayudándote al suprimir tu presencia.

—¿Cómo es eso posible?

—No ruidos al caminar, tu olor es menos fuerte y no estás hablando.

De nada.

Asa miró al Senbon, y de un momento a otro lo lanzó.

Hizo exactamente lo que Yoru pidió y, de repente, un hueco grande apareció en el cuerpo del Demonio Tomate, semejante al de una bala.

Asa abrió los ojos con sorpresa, dejando caer la bola de Senbon al piso.

—Idiota —murmuró Yoru, observando su sombra engullir el arma y evitar que haga ruido—.

Ahora corre, tócalo y transfórmalo en arma.

—¡Sí!

—Asa corrió a gran velocidad, apareciendo detrás del demonio tomate con un estallido de velocidad.

Asa casi se cae, pues el demonio se había tambaleado a causa del impacto.

La chica comenzó a desestabilizarse, nerviosa.

Yoru le miró en la distancia, pero había una sonrisa pequeña en su rostro, observando a la chica.

—No hay mejor maestro que la experiencia.

La mejor estrategia para un genio es, siempre, enfrentarlo al peligro.

Solo de esa manera sale a la superficie el talento de los verdaderos guerreros —Asa puso su mano en el suelo, y por reflejo se impulsó, poniéndose de pie nuevamente, tocando al demonio con su dedo índice—.

Y la guerra determina quién nació para vencer, quien nació para ser derrotado, y quién nació para conquistar.

—¡Cuchillo de Tomate!

—Asa habló con rapidez, y sintió una extraña sensación en la mano.

El cuerpo del demonio tomate comenzó a contorsionarse, mientras un pequeño brillo metálico se emitía de su piel.

Se redujo en tamaño y aumentó en su grosor, convirtiéndose en un cuchillo largo de cocina.

Yoru miró esto y se acercó a Asa, quien miraba el cuchillo con sorpresa.

—Felicidades por tu primer arma —Yoru aplaudió un poco, contenta—.

¿Cómo te sientes?

—Yo…

—Asa miró el cuchillo en su mano, y de repente, aquella sonrisa en la cara de Yoru se le contagió, enorme e imborrable—.

¡Me siento genial!

¡Me siento increíble!

—¡¿Verdad que es increíble?!

—Yoru le alentó—.

Ahora viene lo difícil.

—¿Lo difícil?

—Asa parpadeó, mientras Yoru sonreía con audacia.

—Será así todas las noches, toda la noche.

—¿Qué?

—Asa tragó saliva, asombrada.

—Es lo que hace la guerra.

No se detiene, avanza, premia a los ganadores con recompensas —Yoru se giró, alegre—.

Y tú eres eso.

Ganadora.

—Mitaka-San—el nuevo profesor la hablaba, mirando a la joven que apenas y podía mantenerse despierta en clases—.

¿Estás bien?

—S-Sí, profesor Iwao…

—Asa miró al frente, sus ojos caídos y ojeras que, extrañamente, la hacían lucir adorablemente cansada.

—¿Durmió bien?

—No…

—Me imagino que aprendiendo, ¿Verdad?

—Sí…

—Asa dijo, sonriendo con pesadez.

—Dile que aprendiendo a matar demonios —Yoru se burló, sentada en el asiento vacío a su lado—.

Oye, ¿No se te hace raro que no han preguntado por la presidenta de clase?

—Aome…

—Le contestó en su mente Asa, cabizbaja—.

No han preguntado por ella, pero seguro que sus padres deben estar buscándola.

—Bueno, hoy se cumples 2 días de desaparecida —Yoru dijo sin importancia—.

Se lo merecía.

—¿Por ser una perra?

—No, por usar mal un poder tan bueno —Yoru se miró las uñas, distraída—.

Justicia es problemática.

Su poder es bastante bueno, y no creo que haya aceptado a ser el híbrido de Aome.

Lo más seguro es que haya sido un fragmento de ella.

—¿Fragmento?

¿Eso se puede?

—Cuando te teme mucha parte del mundo, puedes hacerlo.

Los más poderosos pueden otorgar fragmentos de sí mismo a otros demonios o seres, con el objetivo de hacerse más fuertes o controlarlos.

—¿Tú puedes?

—Asa preguntó, mirando a Yoru por el rabillo del ojo.

—Claro que podría, pero, ¿No quieres tenerme completa?

—Yoru ladeó la cabeza, curiosa—.

Cuanto mayor es el fragmento, mayor es el poder.

Hay habilidades que el híbrido solo obtiene cuando se fusiona con la totalidad del demonio.

Como mi talento, uso de la armería sombra y claro, mi transmutación del alma.

—¿Transmutación del alma?

—Ah mira, ya pronto es la hora del almuerzo —Yoru dijo con entusiasmo—.

¿Pediste comida rica hoy?

—Te pedí ramen…

—Bien hecho Asa…

—Yoru fingió palmearle la cabeza, asintiendo en aprobación—.

Bien hecho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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