Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 La profecía
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17: La profecía 17: La profecía —Denji, ¿No irás a la escuela hoy?
—Nayuta vestía su uniforme escolar y comía, observando a Denji—.
No llevas tu uniforme.
—No, hoy no iré al colegio —Denji comía con serenidad—.
Hoy iré a Seguridad Pública.
—¿Vas a volver?
—Nayuta parpadeó, un leve rastro de curiosidad brillando en sus ojos—.
¿No prometiste que ibas a dejar de pelear?
—No voy a pelear —Denji se rió por lo bajo, observándola—.
Voy a atender un asunto urgente.
—¿Asunto urgente?
—Las desapariciones han aumentado en los últimos dos meses —la chica del noticiero matutino hablaba, Denji lo miraba todo con ojos tranquilos—.
Desde finales de Enero ha habido un incremento en la tasa de aparición de Demonios en el mundo.
Los cinco continentes se han visto afectados.
Se prevé que Seguridad Pública investigue una forma de reducir el número de incidentes sin aumentar la tasa de ingresos a sus filas.
—Hace dos meses era Enero…
—Denji parpadeó, y mientras Nayuta comía con gozo, él le dirigió una mirada fugaz a sus ojos, los cuales observaban su desayuno americano con estrellitas danzando en el iris anillado—.
Hace dos meses maté a Laplace.
¿Será acaso que los demonios sintieron su muerte y están comenzando a aparecer?
¿O los demonios bajo su control se han liberado?
—No, no tenemos tiempo para esto —un oficinista habló con irritación, observando a un cazador—.
No podemos incluir estudiantes de manera formal a nuestras filas.
Lo máximo que podemos hacer es el club de Caza Demonios en las escuelas.
—Pero señor, ¿No es lo mismo?
—Sí, lo es, pero en el club hay un Cazador de alto rango supervisando a los chicos —el oficinista suspiró, agotado—.
¿Dónde está Yoshida-Kun cuando se le necesita?
—Yoshida-Sempai, ¿Cuándo pelearemos con demonios?
—Una miembro del club preguntó, ansiosa—.
Creo que hemos estado entrenando lo suficiente como para lidiar con algunos cuantos demonios.
—Los demonios no poseen división, los humanos sí.
Yo soy Cuasi-Especial, tú eres con suerte un cazador de tercera clase.
¿Crees que si aparece un demonio frente a ti, serías capaz de defenderte?
—Creo que…
—No, no serías capaz —Yoshida estaba enfrente de la chica, observándola con serenidad—.
Ni siquiera eres capaz de reaccionar a mis movimientos, ¿Qué te hace creer que puedes responder a un ataque de un demonio?
—¡Eh!
—La chica cayó al suelo, anonadada.
—Entiendan esto, por favor.
Aún están a tiempo de alejarse de este mundo, de seguir sus vidas normales.
Están entrando a una pelea que no es seguro puedan ganar —Yoshida dijo con calma y gentileza, amigable—.
Pero si de verdad hay quienes creen poderse enfrentar a los demonios, les tengo una buena noticia.
—¿Yoshida-Kun?
Está llevando a su club a una excursión —el cazador dijo con algo de nerviosismo—.
Tengo entendido que es la prueba de los chicos para determinar sus aptitudes.
—¿Yoshida-Kun apenas los llevó a una prueba?
¿No es mucho tiempo?
—Ya sabes cómo es Yoshida-Kun —el cazador sonrió—.
Él es un buen chico que se preocupa por la vida de los demás.
—Yoshida-Sempai, ¿A dónde iremos?
—Preguntó un chico, curioso.
—¿Tienen sus armas?
—Sí, las tenemos.
—Entonces iremos al octágono distrital —Yoshida miró a todos los chicos en el camión del colegio, contándolos y prestándoles atención—.
Gori, tú estarás vigilando a los demás, eres el más apto.
Nina, tú supervisarás los alrededores.
El resto será el equipo de respuesta ante alguna amenaza.
Nada de pelear contra demonios por su cuenta, ¿Entendido?
—Yoshida-Sempai, ¿Y si nos sucede algo?
—No pasará —Yoshida le calmó a la chica que habló, sonriendo—.
Yo los voy a proteger.
—Entonces, ¿Cuándo planea venir?
—Un cazador habló con anticipación—.
¿De verdad regresará?
—No, no es para pelear —la voz de un viejo se oía, mientras la sala repleta de cazadores le prestaba atención—.
Denji no va a pelear.
Él vino para estar informado de la situación, e informarles sobre la suya.
—¿Solo a eso?
—Una cazadora habló, curiosa—.
Jefe, ¿No es el cazador más fuerte?
Es uno de los nueve de clase especial, ¿Por qué no nos da entrenamiento?
—Porque no puede perder el tiempo con eso —Kishibe le dio un trago a su cantimplora repleta de whiskey, con cansancio—.
Además, no pueden seguirle el ritmo.
No están hechos para un combate contra él.
—¿Oh, de verdad?
—La figura de un hombre salió de entre las sombras—.
Viejo, vas a espantarlos.
—Amon —Kishibe habló, sereno—.
Llegas tarde, como siempre.
—Estaba lidiando con unos cuantos demonios en el camino —el hombre era de complexión gruesa y robusta, cabello en puntas y corto, además de estar cubierto por tatuajes que asomaban por su cuello, moreno y de ojos verdes, bastante atemorizante por sus afilados rasgos—.
¿Dónde está el niño?
—No lo llames así, va a matarte —Kishibe bebió otro trago, mirando a su alrededor—.
Y yo voy a matar a los demás.
—Viejo, sabes que el resto no vendrá por una reunión —Amon se sentó al lado de Kishibe, poniendo las piernas sobre la mesa y haciendo sudar a la sala entera—.
Mejor dile a tu niño de oro que llegue pronto.
Estaba muy ocupado para venir aquí.
—No tardará —Kishibe habló, dando inicio a la reunión—.
De hecho, él ya está aquí.
—¿Podrías quitarte de mi lugar, por favor?
—Amon abrió los ojos con calma, alzando la cabeza.
—¿Oh?
—Los ojos fieros de Amon lograron vislumbrar una figura alta que estaba por encima suyo, y cuyas luces superiores parecían emitir un brillo atemorizante—.
¿Entonces tú eres Denji?
Amon se paró con lentitud, una actitud relajada y bastante ruda, mirando de frente al chico por un instante.
Amon era más grande que Denji, superándolo en casi quince centímetros de altura.
Amon era una bestia, un tanque de guerra de carne y hueso.
Sus instintos identificaron a Denji, haciéndolo sonreír.
Se puso del otro lado, al lado de Kishibe, riendo por lo bajo ante la mirada calmada de Denji.
—Ya veo.
¿Este fue el encargado de derrotar a Laplace?
—Amon se sentó, la reunión comenzando formalmente—.
Ciertamente, es bastante fuerte.
Quisiera pelear contra él, aunque sea una sola vez en mi vida.
—Llegamos —Yoshida miró al frente a un gran complejo que se separaba del resto de la ciudad—.
El octágono distrital.
Una imponente pero atemorizante edificación fungía como barrera.
Cazadores se encontraban patrullando, con médicos e investigadores de campo muy cerca de la entrada.
Algunos de ellos observaban los alrededores con binoculares, otros usaban sus ojos para captar rastros de movimiento, y unos cuantos, al menos tres, se recargaban en la pared sin problema.
—¿Octágono Distrital?
—Una chica preguntó, curiosa—.
Yoshida-Sempai, ¿Qué es esto?
¿Por qué abandonamos Tokio?
—El octágono distrital es el conjunto de edificios que usa Seguridad Pública para entrenamiento —Yoshida caminó junto al resto—.
Ustedes quince serán parte de esta prueba.
—Se ve…
—Imponente…
—Tranquilos, aquí solo hay demonios demasiado débiles —Yoshida le restó importancia—.
Son demonios tan débiles que Seguridad Pública los usa para curtir al resto.
Se preguntarán, ¿Cómo es que no sabían de esto?
Bueno, es porque no tiene mucho que se aprobó el uso de demonios como entrenamiento de campo.
No es lo mismo pelear con compañeros que enfrentarse a verdaderos demonios.
—Sempai, ¿Y no es más peligroso?
—Peligroso si vienes siendo un civil —Yoshida se giró, sonriendo—.
Pero no hay de qué preocuparse.
En cada colegio hay un club de caza demonios, y en cada club hay al menos un Cazador de alto rango.
Tengo entendido que incluso dos de la Clase Especial comandan un club.
—¿Son igual de jóvenes que usted?
—No, son personas de mayor edad —Yoshida siguió caminando, llegando hasta la barrera y permitiendo que los estudiantes vieran el interior del complejo—.
Por ello son aptos para un club.
Curtidos en batalla, con experiencia en aprendizaje, enseñanza y con la fuerza necesaria para acabar con muchos demonios.
—Yoshida-Sempai, ¿Usted cree poder ganarles?
—Nina le preguntó en voz baja.
—Si me enfrento a la clase Especial, no creo poder derrotarlos —Yoshida caminó junto al resto al interior del complejo, siendo observados por los investigadores, quienes les desearon suerte e incluso les dieron un botiquín médico a cada uno— Pero mientras no sean los más fuertes, puedo salir relativamente bien parado de la pelea.
—Yoshida-Sempai, es usted muy fuerte —Nina le halagó, Yoshida sonriendo un poco.
—Jefe, ¿A qué se refiere con el infierno?
—Uno de los cazadores habló, parándose de su asiento.
—Es el lugar de donde provienen los demonios.
Más que un reino místico, es una dimensión enlazada al plano humano —Kishibe dijo, sereno.
—Entonces, ¿Dice que el infierno está siendo vaciado?
—Es correcto —Kishibe asintió, mirando a todos con seriedad, Denji y Amon adoptando una cara más severa y profesional—.
Hace un mes, hubo una incursión al infierno.
Usamos al demonio del infierno para abrir la puerta.
—¡¿Qué?!
—¡¿Cómo fue posible?!
—Siete de los nueve fueron enviados a hacer un reconocimiento del área.
La incursión duró apenas un día —Kishibe miró a Amon, quien asintió.
—Caímos en un hermoso prado, repleto de flores, árboles y un aire fresco.
Pero en el cielo hay miles de puertas, tantas que no alcanzan la vista para contarlas todas.
Y en ese instante, los demonios aparecieron —Amon miró a Denji, sonriendo—.
No fuimos diezmados porque estábamos los más fuertes.
Pero, extrañamente, no aparecieron los más poderosos de ellos.
—Oscuridad —Denji habló, su voz grave silenciando la sala—.
Muerte, Guerra…
Control.
Hay demonios que están en otra categoría dentro del propio infierno.
Seres que escapan a la comprensión humana.
Yo mismo me enfrenté a dos de esos.
Apenas sobreviví a ambos.
El infierno no es un campo de guerra, ni un lugar para ir a entrenar.
Es un lugar al cual no es factible acceder siendo un simple humano.
—Los demonios nos atacaron en masa, y ahí adentro, los contratos de nuestros demonios no funcionaban —Amon sonrió, parándose y quitándose el uniforme superior, mostrando una gran cicatriz en su pecho—.
Un día siendo atacados por demonios, dentro de su propio hábitat y sin acceso a nuestros contratos.
—Cuando fui al inframundo, los cazadores aún podían usar sus contratos ahí dentro —Denji dijo, mirando la cicatriz de Amon con seriedad—.
Pero si ahora no funciona, quiere decir que algo está fallando.
—Algo hace falta —Kishibe dijo con serenidad—.
Soy la persona que más ha estado en el infierno.
Un año sobreviviendo ahí adentro vuelve fuerte a cualquiera, te enseña sobre muchas cosas, aprendes demasiado, haces muchos aliados, conoces a demasiadas criaturas.
—Pero Jefe, ¿Entonces?
—La falla no está solo en el infierno, sino, en el plano humano —Kishibe mencionó, serio—.
El infierno no es como este plano dimensional.
No busca equilibrio, no busca nada más que la entropía y existencia demoniaca.
Si los demonios no habitan en él, se irá reduciendo.
Páramos, montañas, valles, ríos y mares.
El Infierno tiene tantos ecosistemas que le asemejan al mundo humano.
Y sin embargo, no existen tierras donde no hayan demonios.
—Eso quiere decir que, si los demonios se van del infierno, el infierno deja de existir —Amon dijo, serio y volviéndose a poner su camisa.
—Los demonios que mueren en el plano humano regresan al infierno.
Pueden abandonar el plano humano a través de las puertas, pero los más fuertes pueden incluso decidir reencarnar en el mundo humano —Kishibe dijo, y esta vez miró a Denji, quien observaba la mesa con solemnidad.
—Tengo a mi custodia a Hayakawa Nayuta.
Pero ese no es su verdadero nombre…
—Denji habló en un tono que heló la sangre de la mayoría, Amon entrecerró la mirada.
—Está dudando.
No quiere decirlo…
—Pensó Amon, observando al rubio.
—Ella es la reencarnación de Laplace, el Demonio del Control.
La sala quedó en silencio tras las palabras de Denji.
Todos observaban al rubio, quien cruzaba las manos debajo de su mentón, mostrando su cara severa y de ojos indescifrables.
—El Demonio del Control es uno de los cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Control, Guerra, Hambre y, de acuerdo a mi tiempo en el infierno, donde investigué demonios y les interrogué, siempre resonaba un seudónimo, mismo que yo le terminé por poner a la Muerte…
—Kishibe dijo, y todos parecieron sentir un escalofrío—.
El Rey del Terror.
—Yoshida-Sempai, ¿Y los demonios?
—El grupo estaba hecho una bola que caminaba con cuidado, vigilando a los alrededores, con Yoshida al frente.
—No se desesperen.
Los demonios deben estar más al fondo —Yoshida entrecerró los ojos, la calma de los edificios amurallados era algo que le comenzaba a inquietar.
—El Rey del Terror, el máximo de los miedos.
Y en boca de los demonios, había una profecía que nunca dije mientras Makima comandaba a Seguridad Pública…
—Kishibe observó a todos, mientras su mirada seria analizaba el entorno.
En el sótano del colegio se encendió un pentagrama, las velas negras desgastadas ardieron con la intensidad de la vela, y la sangre seca de la gallina brilló con un tono púrpura.
Frente a ese ritual, una figura alta y esquelética, con una cabeza cubierta de vendajes y sin nariz, blanca y con miles de serpientes alrededor del cuello, sonreía.
—El 21 de Enero de 1999, el Rey del Terror regresará a la tierra.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—Un chico atendía la taquilla de un cine, observando a la hermosa joven enfrente suyo, quizás de uno con sesenta y siete centímetros, uniforme escolar y un gorro acorde.
—¿Me podrías dar un boleto para El Club de la Pelea?
—C-Claro…
—El chico quedó embobado con los ojos fucsia anillados de la chica, además de su estética extrañamente atrapante.
—Gracias —ella entregó un billete de cien mil yenes—.
Quédate el cambio.
—¿De verdad?
—De verdad.
Solo un consejo —ella le miró, estoica—.
Quizás deberías comprarte algo hoy con ese dinero.
—¿Por qué ese consejo?
—Es que mañana no podrás hacerlo —la chica se dio la vuelta, marchándose a la dulcería del cine.
—Eso sonó a una amenaza…
—El chico guardó el billete con nerviosismo.
La chica tenía palomitas, soda y muchas golosinas en su butaca, mirando la película con una mirada estoica.
Mientras la película avanzaba, ella poco a poco se gastaba sus golosinas y palomitas, y para cuando finalizó, estaba tranquila, sin nada más que comer.
Se paró, tiró su basura y salió a la entrada del cine.
—Hola, cómo puedo ayud…
¿Otra vez tú?
—El chico veía a la misma tipa de ojos anillados y fucsia, alzando una ceja.
—¿Me podrías dar un boleto para The End of Evangelion?
—¿The End of Evangelion?
¿Te gusta esa cosa?
—El chico sacó el boleto, mirando raro a la chica.
—Sí, me gusta —ella recibió el boleto, entregando otro billete de cien mil yenes—.
Quédatelo.
—¿Para comprarme algo hoy?
—Él la miró, y ella se giró sin más explicaciones, marchando hacia la dulcería—.
Que tipa más extraña.
Ninguna expresión, solo dinero.
Ha de estar muerta por dentro.
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