Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Cuasi-Especial
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2: Cuasi-Especial 2: Cuasi-Especial —Aquí es donde vivo, Gally —Asa le habló al demonio en la jaula, cansada.
—¿Qué es esto?
—Un orfanato.
Asa entró, subiendo lentamente las escaleras y, en ese instante, casi se cae por el peso de la jaula.
—Lo siento.
—Asa es tu nombre, ¿Verdad?
—la gallina decapitada hablaba con rapidez y un tono agudo, chirriando los oídos de la chica—.
¿Por qué caminas así?
—Nací con una pierna más larga que la otra…
—Asa habló en un tono susurrante—.
Usaba zapatos especiales pero…
—¿Pero?
—Andando —la chica continuó subiendo las escaleras, ignorando los chirridos del ave.
Apenas entró al orfanato, miró a las personas que trabajaban ahí con desgana.
Había pasado casi dos meses ahí, y nunca se acostumbró a ser recibida por el pasillo que conduce a un salón repleto de trabajadores.
Las personas miraron al demonio en sus manos con asombro.
—¿Un trabajo de la escuela?
—La matrona miró a Asa desde su escritorio con incredulidad—.
¿Acaso tu escuela está llena de idiotas?
—Yo estudio ahí, ¿No responde a su duda?
—pensó la chica, mirándola sin ganas de seguir conversando.
—Asa, ¿Tienes idea de lo que ocurrirá si los demás ven a este demonio?
Lo matarán.
Te harán daño si saben que cuidas de un demonio.
—El profesor Tanaka me asignó como cuidadora de Gally.
Es trabajo de clase, no puedo negarme.
—¿Y qué planeas hacer?
¿Qué crees que puedo hacer yo?
No tenemos cuartos, Asa.
No puedo protegerte todo el día.
Los cuidadores duermen, ellos también son humanos.
¿Tu profesor siquiera sabe de tu situación?
—La escuela sabe.
El director lo sabe.
—¿Entonces?
¿Qué haremos?
—No lo sé.
—Espera un segundo.
Voy a llamar al colegio —la matrona sacó un celular plegable, tecleando el número del instituto.
—Bien, muchas gracias —la matrona colgó, suspirando—.
Me han dicho que una persona vendrá a recoger a este demonio.
He acordado que seas exenta de la actividad, por tu seguridad.
—Entonces, ¿Caminé cargando con el peso de este demonio durante treinta minutos por nada?
¿Quiere decir que no podré provocar que los demás huérfanos me maten por cuidar de Gally?
—la chica miró a la matrona con estoicismo, su desgana evidente en su rostro.
—Lo siento, pequeña.
Sé que quieres reintegrarte a la escuela, y te podría hacer bien relacionarte con más personas.
Pero, no puedo protegerte si haces esto —la matrona habló con lástima—.
Pero no tendrás que cargar con el peso de este demonio por más tiempo.
Dámelo, yo misma lo entregaré al responsable.
Puedes irte a duchar.
—Gracias —Asa se paró y se fue.
—¿Ves?
Incluso tu cuerpo es un desastre.
—¿No te da vergüenza?
Antes solías ser menos horrorosa.
Hoy solo eres un espectáculo de huesos y piel.
—¿Qué hay con esos ojos?
¿Por qué son azules?
—¿Crees que de verdad sea nuestra hija?
—Lo dudo.
Ahora que lo pienso, ¿No crees que si fuera nuestra hija sería mejor?
—Claro que sí.
Tú eras el mejor padre y esposo del mundo.
—Y tú la mejor esposa y madre del mundo…
—Lástima que tuvimos a este engendro…
Nos merecíamos una mejor vida.
Merecíamos una mejor hija.
—Asa, ¿Por qué no te quedaste con Gally?
—Aome miró a Asa con curiosidad.
—No me dejaban tener un demonio en el orfanato.
Los demás podrían haberme hecho daño, y seguro que moría conmigo.
—¿Por qué no le dijiste al profesor de tu situación?
Te habrías ahorrado todo ese esfuerzo.
—No me habría escuchado.
Ni siquiera sé por qué hacemos esto.
No me parece una gran actividad.
¿Enseñarnos a convivir con demonios?
¿Los mismos seres que causan tanta destrucción y muerte?
—Asa, estás siendo demasiado pesimista.
Los demonios son seres pensantes.
No son enteramente malvados.
—¿Alguna vez has conocido a un demonio que sea bueno?
Uno que sea capaz de dar la vida por los suyos, o de salvar a alguien más.
—¿No te salvó el motosierra?
—ante la pregunta de Aome, Asa se paralizó—.
¿No crees que es un poco grosero expresarte así de la misma raza que quienes te salvaron?
La campana sonó, indicando el periodo de receso.
Los estudiantes salieron del aula, la propia Aome le miró y se fue con una cara seria.
Asa se quedó sentada en su asiento, mirando su pupitre con desgana.
—Mi héroe…
—Recordó cuando el motosierra los había salvado del demonio tifón—.
¿Mi héroe?
Me salvó en aquella ocasión.
No…
Salvó a la ciudad en aquella ocasión.
Yo lo salvé jalando el cordón de su pecho para que regrese a la vida.
Recordó la sensación de la fría nieve contra su cuerpo, mientras la mira del demonio pistola le observaba con ganas de volarle los sesos.
Ese recuerdo le hizo estremecer, parándose por reflejo.
—Debería irme…
Asa estaba en la azotea del colegio, con un bento entre sus manos.
Observó desde la barandilla de aquella azotea, y pudo ver a muchos de sus compañeros jugando.
El bento traía arroz, carne y un poco de frijoles dulces.
—Este bento está repleto de nutrientes, carbohidratos y proteínas.
Es justo lo que necesito para seguir viviendo.
Pero…
—Asa miró el bento y, cuando se percató que nadie a su alrededor podía verle, se acercó al bote de basura y vertió el contenido en él—.
No lo merezco.
No tengo siquiera fuerzas para comenzar una digestión.
¿Por qué se gastan los recursos en hacerme comida?
¿No hay otra persona muriéndose de hambre?
¿No hay personas más necesitadas que yo?
—¿Quieres unirte al club de Cazadores de Demonios?
¿En verdad?
—Un chico preguntó, sorprendido—.
B-Bueno, luces fuerte.
Oye, ¿No te interesaría unirte al club de modelaje?
—No sabía que había un club así.
Es mi último año, quisiera hacer algo de provecho.
Además, ya trabajé con seguridad pública anteriormente.
¿Quieres mi placa?
—¿De verdad?
—Aquí tienes…
El chico recibió una placa por parte de quien estaba al frente.
Era alto y guapo, su figura escondida entre la luz del sol que proyectaba sombras engullendo al primero.
—¿Hirofumi Yoshida?
—Habló el primer chico, observando a Yoshida—.
¿Cazador Cuasi-Especial?
¿Qué es eso?
—Ah, es cierto.
Se añadieron reformas tras la llegada al mando del maestro Kishibe.
Yoshida sonrió de forma amable.
Su cabello negro y mediano le cubría parte de la frente con su flequillo y enmarcaba su afilado rostro.
Un lunar del lado derecho y cercano al labio le valía un atractivo más europeo que asiático.
Sus ojos eran enteramente negros, y pese a su experiencia y afilada mirada, lucía como un chico de diecisiete años con una altura de siento ochenta centímetros, buena gente y bastante paciente.
—Ahora los cazadores se dividen por Clases.
Tercer, segundo, primero, cuasi-especial y especial.
—¡Oh, eres el segundo rango más alto!
—El chico se sorprendió, llamando la atención de los cercanos al pasillo.
—Oye, tranquilo.
Con suficiente experiencia seguro que todos pueden llegar a ese rango —Yoshida se rió de forma suave.
—¡Debes ser una especie de genio!
Dime, Yoshida-Senpai —el chico habló, muy entusiasmado—.
¿Eres el más joven en llegar a este rango?
—Sí —Yoshida asintió, haciendo que el chico casi salte de emoción.
—¡Entonces eres un prodigio!
—Tampoco es para tanto —Yoshida fue modesto, mientras los que escucharon alrededor se pasmaron.
—¿Cuasi-Especial?
Ese chico debe ser bastante exitoso.
Además es muy guapo…
—Asa pasó cerca, mirando al suelo—.
Exitoso, fuerte y guapo.
Seguro que él podría haber salvado a sus padres en mi situación.
—Pero Yoshida-San, ¿No eres la persona más joven en llegar a este rango?
Eso te convierte en el joven más fuerte de Seguridad Pública, ¿No?
—No —la simple negativa de Yoshida los congeló a todos, incluyendo al cadáver andante de Asa.
—¿C-Cómo que no eres el m-más fuerte?
—Bueno, digámoslo así —Yoshida ladeó la cabeza, cerrando los ojos y sonriendo con modestia—.
Hay una persona que llegó al rango más alto en menos de seis meses.
—¿M-Menos de un año?
—Soy un caso excepcional…
Pero, este tipo ni siquiera tiene sentido.
Tiene mi edad, y aún así, me lleva una vida de ventaja.
—¿Yoshida-Senpai?
¿Hay alguien más fuerte que usted?
—Creo que hablo mucho.
Disculpa —Yoshida parecía algo apenado.
—¡¿Quién es ese?!
Un rubio estaba saliendo del baño, muy cerca del lugar.
Su uniforme negro era más grande que su cuerpo, pero no podía esconder la belleza en sus rasgos.
Pelo hecho del propio sol, con ojos que brillaban con la intensidad del ámbar.
Era alto, y al pasar al lado de Yoshida, lo eclipsó en altura.
Asa miró su espalda, sin poderle ver el rostro.
—¿Él?
—Yoshida abrió los ojos y, en ese instante, miró por el rabillo del ojo al rubio que pasaba detrás suyo.
El ojo de Yoshida captó el sutil movimiento en la cabeza del rubio, cuyo ojo ámbar captó su mirada.
Yoshida sonrió de forma suave, pero incluso su dedo índice se retrajo por voluntad propia.
—Es el más fuerte —Yoshida pudo ver la sombra que proyectaba la figura de aquel joven, y al hacerlo volvió a cerrar los ojos—.
Es un monstruo —pensó.
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