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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 3

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  3. Capítulo 3 - 3 La azotea de las miradas muertas
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3: La azotea de las miradas muertas 3: La azotea de las miradas muertas —¿Cómo sigo viva?

No lo sé —Asa miraba todo desde la azotea, como había hecho este último mes—.

Tiro toda la comida que me dan acá, y en el orfanato apenas me como un bocado.

¿Qué será lo que me mantiene viva?

¿Por qué no desaparece al igual que mis padres y me deja ir a acompañarles?

¿Por qué sigo aquí si solo ocupo espacio?

Los compañeros estaban jugando con una pelota, y sentada cerca de ellos, estaba Aome.

La chica sostenía a Gally en su regazo, meneándolo con diversión.

Asa pudo vislumbrar el rítmico danzar de la gallina decapitada, frunciendo el ceño.

—¿Enserio?

¿Enserio está bailando?

—Asa tuvo un recuerdo de una fiesta familiar, bajando la mirada—.

Incluso un ave sin cabeza puede bailar.

Yo ni siquiera puedo dar un paso sin sentir que me estoy tropezando.

La gente me mira cojear desde que entramos a este ciclo escolar.

Mis zapatos, que antes compensaban mi deformidad, ya no están.

Me han abandonado a mi suerte, como mamá y papá.

—¿Abandonarte?

Estúpida.

—Tú nos dejaste ir.

—Fue tu culpa que no estemos.

—Si no te hubieras tropezado en la nieve y llamado la atención del Pistola, estaríamos contigo.

—Pero nos hiciste un favor.

Ahora no tenemos que destapar las sábanas y verte ese pie más corto.

—Ahora podemos estar en el paraíso, descansando.

Asa, lo mejor sería que vivas eternamente.

—Sí, sería lo mejor.

—Asa, Asa, Asa…

¿Qué será de nosotros si vienes a estorbar aquí también?

—Si muero, ¿Iré adonde ellos?

—la chica pensó, sus ojos secos y hundidos—.

Si muero, ¿Dios me recibirá con el mismo gusto que a ellos?

No, creo que no.

Escuché que el infierno existe, porque los demonios vienen de ahí.

¿Cómo se crean los demonios?

¿Nacen de la creación de nuestros conceptos?

¿O existen y nosotros sabemos sus nombres porque se los ponemos?

No lo sé.

Pero, si los demonios nacen de lo que la gente teme, odia y asquea…

Seguro que existiría un demonio con mi nombre y rostro, al cual la gente podría golpear y aniquilar las veces que sea necesario.

Uno incluso más patético que Gally.

Gally, siendo un demonio sin cabeza, mantiene mayor autoestima que yo.

Yo, que nací con cabeza, ni siquiera puedo danzar como él.

—¿Escuchaste?

Hay un chico muy guapo en el club de literatura —la voz de una chica atrajo la atención de muchas.

—Oí que es rubio, de ojos enmelados y bastante alto.

—Oye, ¿No es el mismo chico que recoge basura?

—Creo que lo vi llevando a su hermanita al colegio ese día.

Ella es tan linda y tierna…

—Sus papás debieron ser modelos.

—Oye, ¿Cómo sabes que tiene una hermanita?

—Yo también tengo una.

Fuimos a dejarla en coche, y lo ví a él.

La llevaba sobre sus hombros, iban jugando y él se veía tan feliz.

Se ve que será un gran padre.

—Oh, quisiera verlo.

—¿Quieren verlo?

Tengo una foto de él…

—¡¿De verdad?!

—¡De verdad!

—¡Wow!

—¡¿Ya viste sus colmillos?!

—¿Por qué se alteran tanto por un hombre?

¿Es que acaso no han visto uno en su vida?

—Asa pensó, irritada—.

Creo que no las entiendo.

No puedo entenderlas.

Quizás porque ellas tienen una vida, y yo ya me he dado por muerta.

—Asa —el profesor Tanaka habló, y ella alzó la mano.

—Presente.

—No, no es el pase de lista —el profesor lucía algo nervioso, y ella parpadeó—.

Es sobre la actividad.

—¿La actividad?

¿Cuidar de Gally?

—Sí.

Ya ha pasado un mes y vuelve a ser tu turno.

—Pero profesor, yo no puedo…

—Y quisiera que la clase opine en esto también.

Sé que en el orfanato no puedes llevar a Gally, pero todos tus compañeros están participando y es algo injusto que exentes sin intentarlo.

—Eso…

Eso tiene sentido…

—Asa, ¿Te parece bien si cuidas de Gally durante el almuerzo?

—¿Qué?

—Sería una forma de suplir tu exención a la actividad.

¿Qué opinan, chicos?

—Creo que está bien, profesor.

Si bien Asa-Chan se ve más delgada, frágil y débil —Aome habló, seria—.

Asa-Chan nunca ha dejado de preocuparse por la escuela.

Siempre ha sido responsable.

Incluso en su deplorable situación, ella encuentra la manera de seguir adelante.

—¿Gracias?

—pensó la pelinegra, cabizbaja.

—Si la presidenta de la clase lo dice, supongo que todos están de acuerdo, ¿No?

—¡Sí!

—El unísono asentir de todos fue lo necesario para que la chica sea condenada a la responsabilidad.

—Odio esto.

—Hola, Asa…

—Gally estaba acompañando a Asa en la azotea, mientras la chica observaba a sus compañeros, bento en mano—.

¿Por qué no comes?

—¿Cómo puedes verme?

No tienes ojos ni cabeza.

—No lo sé, simplemente puedo —Gally respondió de forma nerviosa—.

Asa-Chan, tu comida va a enfriarse si no comes.

—No tengo hambre —Asa se dio la vuelta, acercándose al bote de basura.

—Pero, te ves muy delgada —Gally habló, deteniéndola—.

Te ves tan…

Tan…

—¿Tan acabada?

¿Tan muerta?

¿Tan flaca?

¿Tan seca?

¿Tan desnutrida?

¿Tan?

¿Tan qué?

¿Tan qué, Gally?

—Asa se giró, mirándolo con el ceño fruncido y ojos muertos—.

Dime, ¿Me veo tan qué?

—Te ves tan mal…

—Gally susurró, Asa escuchándolo.

—¿Cómo puedes decirme eso?

Eres un demonio débil, patético y sin cabeza.

¿Crees que eres el indicado para señalar mi bajo peso?

—Asa-Chan, yo solo quería…

—No hay Asa-Chan para ti, Gally —la chica le miró con asco—.

¿Quieres escuchar un cuento, Gally?

Había una vez esta niña que lo tuvo todo.

Padres amorosos, una vida feliz y todo lo que pidiera…

—¿Asa?

—Luego apareció este Poseído Pistola, voló el vecindario, y de repente…

—Asa se detuvo, con la garganta seca—.

Y de repente, papá y mamá ya no estaban.

No había casa, ni vecindario, ni padres, ni vida…

¿Y qué es lo que la chica pidió?

Nada.

Y tú dirás, ¿De verdad nada?

Así es, Gally.

Nada.

¿Qué más iba a pedir la niña?

¿Que no vuelen su vecindario?

¿Que no maten a sus padres?

¿Que le dejen seguir con su vida?

No, Gally.

Nada.

No hubo nada que pedir.

—Asa, lo siento tanto…

—No, no lo sientes.

Para sentir necesitas cabeza.

Necesitas tener un rostro al cual mirar.

Para sentirlo, necesitas una vida como la que yo sufrí.

Para sentirlo, necesitas verme a los ojos.

No me creo tu cuento.

Fue uno de los tuyos quien acabó con muchos de los míos.

Dime, Gally.

¿Me veo tan mal?

¿Pues qué crees?

Me veo así porque los de tu especie me hicieron acabar así.

¿Quieres saber otra cosa?

—Asa, para…

—Fue uno de los tuyos quien me dejó así.

Si ese motosierra no hubiera aparecido y me hubiera salvado, estaría con mamá y papá.

Pero no fue así.

Llegó, se hizo el héroe y me salvó.

Me dejó en la peor de las orfandades, y todo porque no podía permitir que una chica, cuyos padres y casa fueron hechas pedazos, muriera.

—Asa…

—Odio a los demonios.

Los odio con toda mi alma.

Los aborrezco.

Me repugnan.

Me dan tanto asco que no me da ni siquiera hambre de solo verte.

Solo saber que vivo en un mundo donde incluso un ser despreciable como tú, el “Demonio de las Gallinas” es digno de seguir viviendo con comodidad, mientras yo, una persona, una chica de dieciséis años, rumbo a su cumpleaños diecisiete, tendré que vivir sin mis padres nunca más.

—Asa…

—¿Quién te dio permiso de usar mi nombre?

¿Sabes algo, Gally?

Tengo tantas ganas de matarte ahora mismo.

Tengo tantas ganas de abrirte las entrañas y esparcirte por toda la azotea…

—¡Ayuda!

—Pero no lo haré.

¿Sabes por qué?

—Asa tiró la comida en el bote de basura, mirando al ave con asco—.

Porque las abominaciones como tú ni siquiera merecen que me manche las manos con sus muertes.

La puerta fue abierta por Aome, quien miró al ave con preocupación.

—¡Gally!

—Aome lo cargó, mientras se giraba para ver a Asa—.

¿Le hiciste algo?

—¿Hacerle algo?

¿A eso?

—Asa preguntó, frunciendo el ceño—.

Jamás.

¿Verdad, Gally?

—¡Es verdad!

—Gally habló—.

¡Solo me marea estar en la azotea!

—Espera, ¿Qué?

—Asa se preguntó internamente, parpadeando.

—Oh, ya veo.

Pensé que Asa te había hecho algo tan malo.

Tu grito fue horroroso, Gally —Aome le sonrió—.

¿Por qué no vienes con nosotros a jugar?

—¡Sí!

¡A jugar!

Aome se llevó a Gally, no sin antes ver por el rabillo del ojo a la confundida chica pelinegra.

Cuando la puerta de la azotea fue cerrada, Asa se quedó inmóvil en su lugar.

Miró la puerta de la azotea, luego se acercó a la barandilla y, por más sorprendente que pareciera, Gally y Aome se habían unido a la diversión.

—¿Por qué?

—Asa miró a la gallina decapitada dando vueltas e intentando patear la pelota, su ceño fruncido cambiando a unas cejas encorvadas por la ansiedad—.

¿Por qué mintió?

¿Por qué no me acusó con Aome?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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