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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 22

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  3. Capítulo 22 - 22 Para el hombre que lo tenía todo
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22: Para el hombre que lo tenía todo 22: Para el hombre que lo tenía todo Denji era observado por un par de ojos anillados, fucsia y con una apatía total.

Observar aquellos ojos le hicieron apretar el puño, a punto de reaccionar de forma violenta.

—Estamos en una tienda.

¿Realmente planeas hacer algo así en un lugar como este?

—La voz suave de la joven hicieron que Denji volviera a ser consciente del entorno, mirando los alrededores—.

Denji-San, no soy tu enemiga.

—¿Quién eres?

—Denji habló en un tono bajo, una enorme presión se disparó hacia la joven, quien no pareció inmutarse ante el gesto del chico.

—Soy la hermana mayor de Laplace —la chica le entregó el carrito con gentileza—.

O como te gusta llamarla, Nayuta.

Los ojos de Denji perdieron todo rastro de brillantez, ahogados en una capacidad de matar genuinamente aterradora.

La chica enfrente suyo parpadeó, sin moverse ni un solo segundo.

Denji alcanzó una pequeña daga en la parte trasera de su pantalón, con los ojos clavados en los de la chica.

—Repite su nombre una vez más…

—Denji poseía una voz tan grave que la ultratumba era un juego de niños—.

Y el mundo se queda sin un Jinete más.

—No hace falta que seas tan brusco, Denji-San —la chica fue a agarrar helado, observando lo que llevaba Denji—.

En realidad no vine a buscar pelea, mucho menos a causarte algún mal.

Todo lo contrario.

Estoy aquí porque te miré entrar, y mis ansias de hablar contigo le ganaron a mi discreción.

—¿Quién eres?

—Denji le amenazó.

—Ya te lo dije —la chica se giró a verlo, estoica y aburrida—.

¿Has probado este?

¿Es bueno?

Denji miró a la chica sosteniendo un helado de vainilla.

Ella lo agitó un poco.

—No es de mi agrado, pero está bueno…

—Denji murmuró, mirando a la chica y analizándola—.

¿A qué has venido?

—Quiero hablar contigo un rato.

¿Se puede?

¿No estás muy ocupado?

—La chica, aunque apática, tenía una capacidad de modales bastante suaves—.

Si quieres podríamos conversar otro día en el que estés más libre.

—Hablemos —Denji puso sus cosas en el carrito, entregándole la bolsa a la chica con cautela—.

Pero no intentes nada, o te vuelo la cabeza.

—Entendido —la chica recibió la bolsa y colocó su helado en ella—.

Gracias.

Ambos salían de la tienda, Denji cargando muchas bolsas de compras, y la chica llevaba apenas dos en sus brazos.

Denji miró esto con cautela, muy atento a cualquier movimiento que ella hacía.

Desde su caminar, incluso hasta su sombra le parecía sospechosa.

—¿Te parezco muy hermosa?

¿O sigues pensando mal de mí?

—¿Mataste a alguien para ocupar su cuerpo?

—Preguntó Denji, serio—.

Eres un demonio poseído, ¿No?

—No maté a nadie —la chica habló, estoica y serena—.

Este es mi verdadero cuerpo.

—¿Por qué aparecerte?

¿Cuál es tu plan?

No me creo eso de que quieres hablar conmigo —Denji estaba alerta—.

Si eres la hermana mayor de Laplace, entonces, debes estar molesto conmigo, ¿No?

—No lo estoy —la chica negó—.

Tan solo estoy algo nostálgica.

—¿Eh?

La chica miró al parque, sus ojos clavados en el lugar con el sol iluminando cada centímetro del pasto.

Los niños que siempre jugaban no estaban ahí.

De hecho, gran parte del parque estaba destruido.

La heladería donde siempre compraba Denji estaba hecha trizas.

—¿Alguna vez tuviste hermanos?

—Preguntó la chica, mirando al cielo, a una parvada de aves sobrevolar el área—.

¿No te trae nostalgia recordarlos?

—Sí, alguna vez los tuve…

—Denji le miró, serio—.

Y tu hermana me los arrebató.

—Lamento mucho lo que te sucedió —la chica se giró, sus ojos no reflejaban emociones, pero su voz seguía siendo suave—.

Laplace siempre fue algo…

Problemática.

—Era un monstruo…

—Es mi hermanita —la chica parpadeó, sin cambiar nunca esa expresión de su rostro—.

En el fondo, ella no lo hace por maldad.

—Lo sé…

—Denji frunció el ceño—.

Ella creía estar haciendo lo correcto.

Eso es incluso peor.

La chica se quedó callada un segundo, observando las facciones de Denji.

Ella lo estudió en lo que duraba un parpadear.

—Ese cuerpo, ¿Te lo hizo el motosierra?

—¿El motosierra?

—Denji preguntó, serio—.

Supongo que sí.

—Ya veo.

Te hizo muy hermoso, ¿Sabes?

—La chica le dijo, asintiendo—.

Se nota que te amaba mucho.

—¿Intentas halagarme para bajar la guardia?

—No, para nada.

Es un halago genuino —la chica miró a las aves nuevamente, sus ojos adquiriendo un brillo—.

Me encanta ver todo lo que encuentro hermoso.

Veo fascinante lo impresionante que es la vida en sí misma.

El inframundo puede ser muy semejante a la tierra, pero los demonios son, por naturaleza, más caóticos que el ser humano.

—¿Me encuentras bello?

—Todo lo encuentro bello.

Su cultura, su comida, su música, su arte, a ustedes…

—La chica le dirigió una mirada, aquellos ojos desprovistos de sentimiento estaban brillando con una genuina chispa de admiración—.

Todo lo que me rodea es, tan bello…

—Entonces, ¿Qué harás?

¿Vas a hablarme de lo bello que es el mundo?

¿A enamorarte de mí?

¿A intentar enamorarme?

—Denji le miró, su seriedad dando paso a una extrañeza.

—Nada de eso —la chica negó suavemente, sus pendientes llamando la atención de Denji, quien no los pudo ver porque sus mechones de cabello los cubrían—.

Solo quería hacerte saber lo maravilloso que es este mundo, la vida misma, y tú, Denji-San.

—No me odia, tiene nostalgia y ama lo bello.

¿Me topé con un demonio capaz de amar?

¿O estoy acaso frente a una mejor farsante?

—Denji pensó, mirando a la chica con cautela más sutil.

—Denji-San, dime…

—La chica le miró, ladeando la cabeza—.

¿Cómo está mi hermanita?

¿Acaso ella está bien?

—¿Nayuta?

—Denji pareció suavizar su mirada un instante, pero al recordar la noche anterior, sus ojos adquirieron esa misma seriedad cautelosa de hacía momentos atrás—.

Ella está bien.

Está comiendo bien, es feliz conmigo.

—¿De verdad?

—La chica, más que cuestionarle por duda, parecía curiosa—.

¿Acaso no está siendo problemática?

¿No se ha vuelto controladora y obsesiva?

—No, para nada —Denji recordó en su mente los momentos que pasaba con Nayuta, su mirada volviendo a ser suave—.

Nayuta es una chica común y corriente.

—Pero…

—Pero —Denji le miró, y ella parecía saber más de lo que él creía—.

Recientemente…

—Despertó sus poderes, ¿No?

—La peli rosa habló con lentitud, suave y firme—.

Entonces, ¿Sigue siendo Nayuta?

¿No se ha hecho más Laplace?

—No.

—¿Hace cuánto despertó sus poderes?

—Preguntó ella, y él se quedó callado.

—Fue hace…

—Ayer —ella le interrumpió, congelándolo—.

Lo sé.

Es obvio que tú no puedes saberlo, ¿Cómo podrías?

No son las habilidades del motosierra.

—¿Tú lo supiste?

¿Cómo?

¿A qué te refieres?

—Ayer se sintió una presencia aterradora, abrumadora y, extrañamente, ajena —ella habló, serena—.

Cualquier otro la confundiría con un demonio muy fuerte.

Incluso otra de nosotras no podría saberlo.

Pero yo lo sé, porque soy la mayor.

—¿Qué estás diciendo?

—Denji comenzó a abrir los ojos, su ritmo cardiaco comenzando a acelerarse.

—Sigue siendo Nayuta, tranquilo —ella le calmó, suave—.

Pero, en realidad he venido para ofrecerte un trato.

—¿Un trato?

—Denji tuvo un mal presentimiento—.

No, no acepto.

Denji quiso darse la vuelta para marcharse, pero su propio cuerpo no quiso responderle.

Un frío le recorrió los huesos, ella le miró con una mirada más oscura, y aunque sus gestos no cambiaron, había algo diferente en el aire.

Denji la sorprendió, haciéndola parpadear, pues de repente él se estaba moviendo, alejándose unos pasos de ella, frunciendo el ceño.

—Ya veo…

—Ella susurró—.

Tú no me tienes miedo, ¿Verdad?

—Eso…

—Denji tuvo una corazonada, mirando de pies a cabeza a la chica, serio—.

No puede ser.

—Escucha, Denji —ella le miró con esa cara estoica, serena—.

Te propongo lo siguiente.

Dame a Laplace, y a cambio, me aseguraré de que vivas la mejor de las vidas.

Tendrás una esposa, hijos, vivirás muchos años con el poder del motosierra, y no solo no envejecerás, sino que me aseguraré de que si mueres, no sufras.

—Este sentimiento, el mismo que me carcomía antes del entrenamiento con Kishibe-Sensei…

—Denji pensó, observando a la chica y escuchando su trato—.

Esto solo puede ser…

—Agradezco que hayas cuidado de mi hermanita.

Denji-San, no eres una mala persona, tan solo tuviste mucha mala suerte al caer presa de sus maquinaciones.

Pero no debes seguirte torturando al cuidarla.

Yo puedo encargarme de ella por ti.

Le daré el mismo amor y felicidad que tú le has dado, y además, me aseguraré de que no sea la misma Laplace de antes…

—La muerte…

—Susurró Denji, y la chica asintió.

—Así es, Denji.

Yo soy la muerte.

No he venido por tu alma o tu vida, yo no hago nada de eso —Muerte le miró, serena—.

Pero, he venido para poder hacerme cargo de mi hermana menor mientras aún puede ser cambiada.

Entiendo que la amas, que la quieres…

Pero te haces mucho daño al cuidarla.

Daño que puedes evitar simplemente cediéndomela.

Piensa, Denji.

¿Realmente vale la pena vivir así?

Con el miedo constante, con la incertidumbre de si estás hablando con Nayuta, o si es Makima haciéndose pasar por ella.

—No…

—Denji negó, serio—.

No te voy a entregar a Nayuta.

—Entiendo —ella asintió, sin molestarse—.

Entonces te dejo esto muy claro.

Siéntete libre de hablarme cuando quieras.

Solo di mi nombre y estaré ahí para ti.

Estaré disponible para cuando decidas aceptar mi trato.

Hasta entonces, disfruta de tu vida con Nayuta.

Muerte se giró, comenzando a caminar hacia adelante.

Se detuvo, Denji observando su espalda, paralizándose por un mal presentimiento.

—Por cierto, si yo fuera tú, le daría muchos más abrazos y besos —Muerte le miró por encima del hombro, impasible—.

Pronto no podrás seguirlo haciendo.

—¡Nayuta!

—Denji se giró y comenzó a correr rumbo a su departamento, siendo un borrón de velocidad.

La chica miró las compras de Denji a punto de caer al suelo.

Ella parpadeó, mirándolas en cámara lenta.

—¡Nayuta!

—Denji llegó a casa en menos de un minuto, abriendo de inmediato la puerta.

Entró a la casa con prisa y, al hacerlo, él la vio allí.

Nayuta se giró un poco asustada ante la interrupción de Denji.

Ella confirmó que era él, sonriendo de sobremanera.

—¡Denji!

¡Volviste!

—Nayuta fue asaltada por Denji, quien estaba abrazándola antes de que ella siquiera se diera cuenta—.

¿Denji?

Denji la abrazaba, y ella pudo sentir un ligero temblor recorrerle el cuerpo.

Nayuta miró confundida al rubio, y al revisar por donde él vino, pudo ver muchas bolsas repletas de cosas que ella identificó como helado, ingredientes de cocina y bastantes golosinas.

—Denji, el helado se va a derretir —Nayuta le dijo con suavidad, y el rubio negó, besándole la frente y, ante la atentamente incrédula mirada de la niña, Denji le veía a los ojos con miedo.

—Ven, vamos a ver la tele —Denji la abrazó, cargándola.

—¿Estás bien, Denji?

—Nayuta estaba confundida, extrañada—.

Tú nunca dejas que el helado se derrita.

Mételo o se va a derretir.

—¿Qué helado?

No traje ningún…

—Denji se giró con Nayuta en brazos, deteniéndose al ver las bolsas de compra en la puerta—.

Helado…

—¿Por qué mientes?

—Nayuta le propinó un golpe en la cabeza, Denji ni siquiera reaccionó—.

Mentiroso.

Ahora mete las cosas a la nevera.

Denji la bajó con cuidado, acercándose y mirando por fuera de la puerta.

Observó a ambos lados del pasillo, genuinamente curioso.

No miró a nadie, ni siquiera identificó más personas cerca suyo.

Metió las cosas a la casa, cerrando la puerta tras de sí.

Muerte les miraba desde la lejanía, su rostro impasible no parecía emitir malicia.

Una curiosidad nacida de lo intrigante que era el futuro.

Ella se giró, marchándose y dejando solos a los dos Hayakawa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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