Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 El amar y querer
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25: El amar y querer 25: El amar y querer —Boletín de última hora —el televisor en casa de Denji resonaba con un volumen alto, mientras el rubio cocinaba—.
Se han cancelado las clases a nivel nacional ante el aumento en los ataques relacionados a Demonios.
Además, se ha declarado una tregua entre el bloque socialista y el bloque capitalista.
—¡No más clases!
—Nayuta saltó alegre, brincando—.
¡Denji, vamos a poder pasar el día juntos!
—También se ha declarado un toque de queda a nivel nacional.
—¿Toque de queda?
—Nayuta giró a ver a Denji, quien se encontraba friendo algo de carne—.
Denji, ¿Qué es eso?
—Es cuando dan cierta hora para que nadie más esté en las calles —Denji dijo con calma—.
La situación debe ser algo peligrosa allá afuera.
—A partir de las nueve y media de la noche, los cazadores de demonios y la policía local se encargarán de patrullar las áreas.
Pedimos de favor respeten esta norma.
Buenos días.
—Denji —Nayuta miraba su cabello largo hasta la parte alta de la espalda, frunciendo el ceño—.
¿Me puedo cortar el cabello?
—¿No te gusta tenerlo largo?
—Denji parpadeó, confundido.
—Me gusta más tenerlo hasta mis hombros —Nayuta dijo con calma—.
Denji, ¿Puedes cortármelo?
—No sé cortar el cabello, perdón —Denji dijo con disculpas, usando mantequilla y ajo para bañar el filete de carne que estaba en la sartén—.
¿No quieres ir a una estética?
—No, quiero que tú me lo cortes —Nayuta negó rotundamente—.
Solo tú puedes tocarme mi cabello.
—Bien, bien —Denji emplató la comida, sirviendo dos bistec con zanahoria y apio picados, bañados en una salsa de consistencia cremosa y color marrón con olor a carne—.
Entonces deberás esperar a que terminemos de comer.
—Bien —Nayuta comenzó a servir el refresco de naranja, sonriendo.
—Buen provecho —dijeron al unísono, comenzando a comer con calma.
—Ponte recta —Denji le dijo con calma.
—Perdón —Nayuta se puso recta, hablando con sus mejillas infladas.
—Termina lo que tienes en la boca.
Nunca hables con la boca llena de comida, es de mal gusto —Denji le corrigió con amabilidad, sonriendo.
Nayuta tragó su comida, bebiendo un enorme trago de su jugo.
Su ceño fruncido denotaba una irritación ante las exigencias del chico.
—Oye, no se vale, tú siempre comes recto y yo todavía no me acostumbro.
—Con el tiempo vas a hacerlo.
Yo tampoco comía así cuando tenía tu edad —Denji comió un bocado de su carne cortada, agarrando el tenedor para coger un poco de zanahoria y apio, untándolos en la salsa.
—¿Quién te enseñó a comer así?
¿Fueron Aki y Power?
—Nayuta preguntó con curiosidad.
—No —Denji estaba bebiendo su jugo, y una sonrisa nostálgica apareció en su rostro—.
Fue mi mamá.
Mi madre me enseñó a comer.
Nayuta miró aquella mirada nostálgica en Denji, un atisbo de calidez brillando en esos ojos que normalmente veían con indiferencia cualquier cosa que no fuera ella.
Nayuta no pudo evitar sentir que este Denji, el que recordaba a su madre, el que hacía la comida y que la comía en la misma mesa que ella, era diferente al que debían tener en el colegio.
—Denji…
—Nayuta habló con timidez y un poco de miedo—.
Una pregunta.
—Dime —Denji le miró al flequillo, en las cejas incluso.
—¿Qué le pasó a tu mamá y a tu papá?
—Denji no cambió aquella sonrisa de su cara, observando a la pequeña y sus mejillas temblorosas al preguntar.
—Ellos fallecieron cuando yo tenía dieciséis —Denji le dijo con calma—.
Y fue entonces que conocí a Power y Aki.
—Lo siento mucho, Denji…
—Nayuta bajó la cabeza, Denji parpadeó—.
Sé que estuvo mal preguntar sobre tus papás.
Te debe doler mucho, igual que recordar a Aki y Power.
—Oye, oye, tranquila —Denji se paró, rodeando la mesa y abrazando a la niña—.
Ellos también fallecieron.
—Pero no tiene mucho, ¿Verdad?
Cumpliste diecisiete en enero…
—Ya, ya pasó —Denji se acercó y le besó la frente, sonriendo—.
Yo nunca me he quedado solo.
Cuando alguien se va, otra persona llega y te hace feliz.
Esta vez fuiste tú, Nayuta.
—Denji…
—Nayuta alzó la mirada, y sus ojos se encontraron en ese instante—.
Si yo me muero, ¿Otra persona…
—No digas eso —Denji le dijo con seriedad, abrazándola—.
Tú vas a estar bien, ¿Sí?
—Pero Denji, antier…
—Antier no pasó nada.
Ese demonio murió, no te hizo daño.
—Pero pudo haberme matado…
—No pasó —Denji le volvió a besar la frente, sintiendo el temblor de la niña en su agarre, y su respiración agitada le decía que estaba llorando—.
Nunca te va a pasar nada mientras yo viva.
Nada ni nadie va a ser capaz de tocarte ni un solo pelo.
La imagen de la Muerte llegó a la mente de Denji.
Más que un escalofrío, una calidez protectora emanó del rubio.
Sus ojos eran un fuego que derretiría el acero al más mínimo acercamiento.
Su corazón, el que Nayuta escuchaba, bombeaba una rítmica melodía que le estremecía el alma con la tranquilidad que emitían las olas del mar.
—Es una promesa.
—¿Iremos a cazar demonios hoy?
—Asa miró a Yoru, quien estaba sentada en la cama de su departamento.
—No, por el momento no lo haremos —Yoru le dijo, serena—.
¿Por qué no descansamos un poco?
—¿Eh?
—Asa parpadeó, confundida—.
Entonces, ¿La guerra no quiere pelear?
—Te has vuelto algo respondona desde que te visitó Denji —Yoru se burló cínicamente—.
¿Haber sido declarada inocente te hizo más valiente?
—No, para nada…
—La cabeza de Asa bajó, un sentimiento amargo en su ser se mezclaba con la tranquilidad de su nueva habitación—.
Pero, creí que te gustaba pelear.
Lucías tan feliz cuando te enfrentaste a Justicia.
—Sí, me encanta pelear —Yoru se acostó en la cama, con una sonrisa cómoda—.
Es mi estado natural.
Es mi hábitat.
Cuando yo peleo, realmente me siento viva.
Me siento realizada.
Te pasa lo mismo cuando hablas de cosas que estudiaste, ¿Verdad?
—No creo que sea lo mismo —Asa puso una mueca de extrañeza, mirando a su contraparte guerrera—.
Yoru, ¿Por qué te gusta la pelea?
¿Por qué disfrutas tanto hacerlo?
—¿Recuerdas aquella sensación de poder que experimentaste contra el demonio Tomate?
—Yoru preguntó, y Asa tuvo aquel recuerdo en un instante—.
Es justamente por eso.
Verás, niñita.
—Me llamo Asa.
—Asa —Yoru volvió a decir, irritándola—.
Yo soy la encarnación de la guerra.
Soy, en cada una de sus letras y en toda la extensión de la palabra, la guerra misma.
Soy la guerra psicológica, soy la guerra sin armas, la guerra con armas, la guerra de miradas, y también soy la mejor combatiente que existe.
—¿Enserio?
—Asa preguntó sin ánimos, con ironía—.
No pareces muy guerrera que digamos.
—¿Ah no?
—Yoru estaba acostada en la cama, haciendo ángeles en la sábana.
—Para nada…
—No deberías dudar de mi capacidad, Asa.
No te confundas.
Que ahora esté haciendo una babosada que tú también sueles hacer…
—Oye, es cómodo hacer eso…
—No me hace menos guerrera ni menos Yo.
Soy, incluso si el día de mañana estoy comiendo Ramen, la guerra misma.
Soy la única que causa hambre y muerte con su sola presencia.
Soy la segunda más fuerte, o sea que, incluso Laplace perdería en un enfrentamiento directo contra mí.
—Pero ella no se enfrenta, ¿Verdad?
Ella no es idiota como para hacerte frente.
—Por supuesto que no —Yoru se burló—.
Esa debió ser la razón de su muerte.
Debió aceptar un combate directo contra alguien.
—Y Laplace no sabe pelear.
—No, no es eso —Yoru negó—.
Laplace sabe pelear muy bien.
Debe saberlo si quiere mantener su postura.
Es una excelente combatiente.
Tan solo, el otro era mejor —Yoru se sentó, sonriendo con su ego por las nubes—.
Y no importa si esa misma persona cruza la puerta, usa armas y contratos.
Incluso sin armas, yo soy mejor peleadora que todos.
—¿Es tanta tu confianza en ti misma?
¿No eres algo narcisista?
—Asa se sentó, frunciendo el ceño—.
Van a matarnos si vas por la vida creyéndote mucho.
—Tranquila —Yoru se burló—.
Para que estés más tranquila, te voy a contar un secreto.
—¿Un secreto?
—Asa alzó una ceja, dudosa.
—Dado que eres mi vasija, tienes derecho a saber ciertas cosas que otros probablemente no sepan —Yoru dijo, más serena—.
Los demonios, a diferencia de los humanos, encarnamos con una predisposición a ciertas actitudes y, por consecuencia, nuestros organismos están optimizados para cumplirlas.
—Continúa…
—Asa prestó atención.
—Yo, como la guerra, estoy optimizada para ser la mejor en cualquier aspecto relacionada a la batalla.
Balística, estilos de pelea, tácticas de guerra, juegos mentales y, por supuesto, mis habilidades.
Almacén de Sombras es una forma mejorada de un armamento móvil; Transmutar el alma me sirve para, justamente, nunca quedarme sin qué pelear.
—¿Transmutar el alma?
Escuché que lo dijiste, pero no lo entiendo.
—Es mi técnica —Yoru comentó, seria—.
Me permite remodelar el alma de cualquier ser que toque.
Claro, los objetos no tienen alma y, por consecuencia, remodelarlos me es sencillo.
Pero los seres vivos son otro asunto.
Tiene libre albedrío, pensamientos, tienen voluntad y un alma.
El alma es para mí lo que la arcilla para los artesanos.
Pero debo cumplir la condición de pertenencia o derrota para hacerlo.
Por eso los vínculos son tan importantes.
Entre más fuerte el vínculo, mayor es la potencia del arma.
—¿Por qué?
¿Por qué es eso así?
—Asa frunció el ceño, confundida.
—Porque el vínculo fortalece el alma —Yoru señaló su cabeza—.
Pensamos con la cabeza, tenemos raciocinio.
Pero cuando alguien forma vínculos, comienza a dejarse llevar por pensamientos irracionales y el corazón.
Esto fortalece el espíritu al desnudar la verdad del ser, y por ende, hace que el alma transmutada sea incluso más potente.
Por ello Aome es una gran arma, porque tenían un vínculo muy estrecho.
Uno donde tú eras su objeto de envidia, y ella aportó mucha fortaleza espiritual al odiarte tanto como para sacrificar su humanidad con tal de matarte.
—E-Eso es horrible…
—Asa sudó frío—.
¿Y qué hay de un ser amado?
—No lo sé —Yoru se encogió de hombros—.
Hasta ahora no te has topado con alguien que te ame.
Nos hemos topado con personas que te desean, que están embobados por tu culo.
—¡Oye!
—Pero nunca quien te ame.
Y eso es más que nada a tu actitud hacia la vida.
Pesimista y, aunque comprensible, no termina por hacerte ningún bien.
Quieres una vida egoísta, ¿No?
Inténtalo todo.
Acuéstate con alguien y pierde tu virginidad.
Ten sexo con tantos te plazca, come lo que quieras, haz lo que quieras y subyuga a los demás.
Incluso puedes enamorar a otros sin enamorarte tú misma.
—¡No, eso no lo haría nunca!
—Asa se paró, molesta y sonrojada—.
¡Nunca podría acostarme con alguien que no amo!
¡Ni manipular a otros para conseguir lo que quiero!
—Entonces ve a enamorarte —Yoru replicó con aburrimiento—.
Enamorarse es tan fácil como creer que el otro realmente tiene sentimientos por ti.
Como ese chico, Denji.
Te gusta por cómo es contigo.
Porque muestra bondad, genuina preocupación y es guapo.
No te culpo, lo es, pero eso demuestra mi punto.
—¡No!
—Asa negó rotundamente, muy sonrojada—.
¡No lo sabes!
—Claro que lo sé, Asa —Yoru estaba sonrojada, sonriendo—.
Porque vivo en tu cerebro, y sé lo que piensas y sientes.
—¡No, estás mal!
—Asa le replicó, irritada—.
Amar y querer no es igual.
—¿Enserio?
—Yoru parpadeó.
—Todos pueden querer a alguien.
Querer es tan fácil como desear y poseer.
Pero amar es entregarse, es abrirte al otro, es entregarle las puertas a tu alma y darle el permiso de destruirte sin miedo a que lo haga —Asa dijo, con voz seria—.
Todos saben querer, pero pocos sabemos amar.
—No eres la indicada para decir eso —Yoru se acostó, cerrando los ojos—.
No sabes amar, Asa.
En realidad no puedes siquiera amarte a ti misma, ¿Cómo esperas saber amar a otros si ni siquiera puedes conocer tu propio valor?
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