Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2
  3. Capítulo 26 - 26 Nacer de nuevo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Nacer de nuevo 26: Nacer de nuevo —Oye, ¿Por qué tan deprimida?

—Yoru miraba a Asa, curiosa—.

Hemos pasado casi dos semanas acá, encerrada, y no has hecho más que leer y leer.

—Me gusta leer, y no estoy deprimida —Asa se encontraba leyendo—.

Además, tú me has dicho que no saldríamos a cazar por un tiempo.

Te la has pasado entrenando en esta habitación, comiendo y holgazaneando.

—¿Puedo hacer algo más?

—Yoru estaba boca arriba, su cabeza colgaba del borde de la cama—.

Además, no es que podamos hacer mucho ahora.

El toque de queda nos ha limitado demasiado.

—¿Y desde cuándo te importan tanto las normas humanas?

¿No eres el Jinete de la Guerra?

—Asa se giró, mirándola.

—No soy estúpida, Asa.

Exponernos por simple capricho nos perjudicará.

Además, ¿No te has puesto a pensar en lo bien que nos sienta esto?

—¿A qué te refieres?

—Te encierras en casa, lees y solo me prestas el cuerpo para entrenar y comer.

Mientras tú haces lo que te place, yo me fortalezco y, encima, aprendes viéndome.

—Me cuesta aprender…

—Asa murmuró.

—Oye, ¿Por qué no le hablas a Denji?

—Yoru le dijo, burlándose—.

Te gusta, ¿No?

—¡Que no me gusta!

—¿Por qué?

Es atractivo y parece fuerte —Yoru sonrió de forma siniestra.

—Por eso —Asa negó, seria—.

Porque lo vas a querer convertir en arma.

—Oye, no puedes culparme por querer convertir a alguien en arma —Yoru bufó—.

Asa, ¿No dijiste que vivirías de forma más egoísta?

¿No que serías más libre?

—No…

—Lo dijiste —Yoru se sentó bien, mirándola—.

Te la has pasado encerrada en este cuarto.

No haces más que limpiar, ordenar, comprar comida y leer.

¿No puedes hacer algo más divertido?

No lo sé, quizás un poco más de acción dentro de esta casa.

—¿Por qué no lo haces tú, idiota?

¿No estás viendo la situación allá afuera?

—¿Los demonios?

No son problema para mí —Yoru sonrió—.

¿Quieres que haga algo para divertirme?

—No, espera…

—Bien, manos a la obra —Yoru alzó las manos, sonriendo con picardía.

—¡Espera!

—¡Guau, Denji!

—Nayuta se veía en el espejo, sorprendida—.

¡Te luciste!

La niña tenía un mechón largo que dividía su cara y bajaba hasta la altura de su nariz.

Su cabello lacio y brillante le llegaba hasta los hombros, su sonrisa era brillante.

La chica daba vueltas y vueltas, su cabello ondeando en el aire.

Brincaba, reía y se emocionó con una fascinación propia de un niño.

—Me alegra que te haya gustado —Denji sostenía unas tijeras y peines, además de productos para el cabello—.

Solo me tomó dos semanas atreverme a cortarte el cabello.

—¡Me encanta!

¡Me encanta!

—Nayuta lo abrazó, mientras el chico reía.

El teléfono sonó, y Denji tuvo que hacer a un lado a la pequeña Nayuta, quien se alejó con una cara de enfado cómico.

Denji contestó, con Nayuta intentando correr para volver a abrazarlo.

—Residencia Hayakawa, ¿En qué puedo ayudarle?

—Oh, Hayakawa-San —la voz de Asa llegó del otro lado del teléfono, parecía nerviosa.

—¿Mitaka-San?

—Denji dijo, usando su mano para sostener la cabeza de Nayuta y alejarla, mientras la niña corría furiosamente hacia él.

—Ah, sí, soy yo —Asa habló con rapidez—.

Eh, disculpa, creo que marqué por accidente…

—¿Marcaste diez números por accidente?

—Denji se burló.

—No, bueno, quizás si son muchos errores, pero, no es el caso…

—Asa habló a una velocidad estrepitosa, una que Denji no creyó posible—.

Bueno, debo colgar.

Adiós, lindo día.

La línea se cortó en ese instante, Denji parpadeaba, confundido.

Miró a Nayuta, quien intentaba acercarse aún a él.

Quitó su mano y le permitió estrellarse contra su pierna.

Como si se tratara de una escolopendra, la niña trepó hasta llegar a sus hombros.

—¿Quién era, Denji?

—Ah, la chica que fuimos a ver al hospital —Denji caminó hasta el sofá, con Nayuta sobre sus hombros.

—¿Te gusta?

—Preguntó la niña, ladeando la cabeza y bajando de los hombros de Denji, sentándose a su lado.

—No, para nada —Denji sonrió—.

Ni siquiera la conozco muy bien.

—Pero, la fuiste a ver, ¿No es así?

—Preguntó Nayuta—.

Eso quiere decir que te gusta.

No vas a ver a quien no quieres.

—Le debía algo.

Además, fui porque no quería que la metieran a Seguridad Pública —Denji admitió, sereno—.

No me gusta, tan solo, no quiero verla haciendo lo mismo que yo.

—Pero es porque te importa, ¿No?

—No es tanto por ello.

Es porque no quiero ver a más gente desperdiciando su vida en peleas innecesarias —Denji admitió, la pequeña pelinegra le miró con un brillo en los ojos.

—Denji…

—Nayuta le habló, y él giró para ver su flequillo, tentado a verle a los ojos—.

Eres un héroe.

—¿Héroe?

—A la mente de Denji llegaron miles de recuerdos, tanta sangre que su visión adquirió un espectro carmesí nebuloso por sobre ellos, y luego todo volvió a se sepia—.

No, no lo soy.

—¡Lo eres!

—Nayuta se paró, seria—.

Denji, eres un héroe.

Salvaste a esa chica y a muchas más personas cuando peleabas.

—Bueno, lo hacía porque era mi trabajo.

—Pero ya no trabajas, y aún así la salvaste de ser como tú —Nayuta lo señaló—.

Y no hay nada de malo en ser como tú.

Los ojos de Denji estaban fijos en el dedo índice de Nayuta, que le apuntaba al pecho.

Las pupilas de Denji se retrajeron, y el recuerdo de su pelea final contra Makima en el cementerio de Osaka floreció en cada parte de su piel.

Denji le bajó la mano con suavidad, su mirada enfocada en el corte de pelo de la niña, evitando dejarse llevar por el impulso de mirarle a los ojos.

—Nayuta, no soy tan buena persona como crees.

Mataba demonios…

—Denji le miró—.

Y tú, bueno, ya sabes.

Eres una de ellos.

—¿De qué hablas?

—Nayuta sonrió, abrazándolo—.

Yo no soy como ellos.

Yo soy mejor porque soy como tú.

Denji miró a Nayuta, quien alzó la cabeza y le miró directamente a los ojos.

Los ojos de Denji estaban brillando con una pátina cristalina, misma que hizo la entrada de luz aún más magnífica.

La niña sonreía con felicidad.

—¿No es lo que me dices siempre?

—Nayuta cerró los ojos y su sonrisa fue incluso más inocente que antes—.

Soy una buena niña.

Denji la abrazó muy fuertemente.

La niña sintió como Denji la sostenía, brindándole una calidez digna de cualquier madre.

Y mientras la niña se encontraba disfrutando del abrazo, Denji cerraba los ojos.

De ellos brotó una pequeña lágrima, acompañada de una sonrisa que no emitía más que alivio.

—Oye, Denji —Nayuta le habló, y Denji prestó atención—.

Entonces, ¿Vas a pedirle que salgan?

—Con que ese era tu plan —Denji se burló—.

¿No quieres que mi atención sea toda tuya?

—Sí, Denji solo es mío —Nayuta dijo, de forma divertida—.

Pero a este paso vas a morir sin tener novia.

Es triste.

—Es triste que una niña de diez años quiera buscarme pareja…

—Denji susurró, derrotado.

—¡Idiota!

—Asa se tapaba la cara con la almohada, mientras Yoru se burlaba de ella a carcajadas.

—¡Asa, de verdad eres patética!

—Yoru comenzó a zapatear mientras se encogía—.

Eh, disculpa, creo que marqué por accidente…

¡Jajaja!

Yoru estaba llorando de la risa, mientras Asa se hundía cada vez más en la cama.

—¿Por qué llamaste?

—¿Por qué te asustaste?

—Yoru dijo entre risas—.

Iba a invitarlo a salir, Asa.

Pero cuando iba a hablar, te asustaste tanto que perdí el control.

—Imbécil…

—Asa murmuró—.

Ahora nunca podré verle nuevamente a la cara.

—Bueno, bueno —Yoru dijo, sonriendo con sorna—.

Igual y va a caer.

Somos irresistibles.

El teléfono volvió a sonar, y Yoru se burló.

—¿Ves?

—No voy a contestar…

—Asa murmuró.

—Está bien —Asa estaba parada del otro lado de la cama, y Yoru contestaba—.

Mitaka Asa al habla, ¿Con quién tengo el gusto?

—Ah, Mitaka-San, soy Denji.

En cuanto Asa y Yoru escucharon aquella voz, ambas cambiaron abruptamente de lugares.

La tímida chica casi soltó el celular del nerviosismo y el pánico, y Yoru se cayó del borde de la cama.

Asa veía el celular casi escapándose de sus manos, agarrándolo con firmeza y acercándolo a su oído.

—¡Ah, Hayakawa-San!

—Sí, disculpa por haberte molestado tan de repente.

—¡N-No es nada!

¡Para nada molestas!

—Eso me alegra.

Eh, Mitaka-San, sé que puede sonar algo raro y abrupto, pero, ¿Cómo te encuentras?

¿Has estado bien?

¿Cómo sientes el departamento?

—Denji se oía sereno y curioso.

—B-Bien, de hecho está muy bien —Asa intentó tranquilizarse, Yoru observó con anticipación—.

Muchas gracias por conseguirme este departamento, Hayakawa-San.

—No fue nada.

Aunque nunca he visto el departamento, supongo que es lindo y suficiente para ti…

—Sí, es muy lindo y tiene un cuarto insonorizado.

Es bastante acogedor y…

—Asa se dio cuenta que hablaba desde el suelo, parpadeando.

—¿Te gustaría venir a verlo alguna vez?

Siempre puedo darte un pequeño recorrido, Hayakawa-San —Yoru hablaba con un tono suave y ligeramente ensoñador.

—¡Ah, devuélveme mi cuerpo!

—Asa gritó, completamente roja y su voz chillona apenas fue registrada por Yoru, quien sonrió con sorna.

—Creo que podría darme una vuelta algún día.

Debo cuidar de Nayuta y, ya sabes, hacer la limpieza y cocinar.

—¡¿D-De verdad?!

—Asa preguntó, su voz chillona se oía linda y comprometedora.

—Sí —Denji se burló—.

Casi parezco el papá de Nayuta.

—¡No lo es, no tiene hijos!

—Una voz infantil sonó de fondo, acompañada de una burla del rubio.

—E-Eso es b-bueno, Hayakawa-San.

E-Eres una persona muy b-buena…

—¡Ve al punto!

—La voz de la niña resonó, acompañado de un sonido estrepitoso, semejante al de un coco cayendo.

—¿Está bien, Hayakawa-San?

—Sí, es solo que Nayuta está, ya sabes…

—Me siento mareada…

—La voz de la pequeña se oía distante y torpe.

—Está jugando y se golpeó la cabeza por accidente —Denji dijo, sereno—.

Bueno, Mitaka-San, me da gusto que estés bien.

Espero verte pronto, si es que nos topamos un día en el parque o la calle.

Claro, no de noche.

No salgas a cazar demonios, por favor.

—Sí, tranquilo.

Estoy leyendo en casa, no salgo y compro mi comida durante las mañanas —Asa habló, más relajada—.

Muchas gracias por la llamada, Hayakawa-San.

Espero verte pronto.

—Sí, eso espero…

—Denji sonrió.

—Él solo llamó para ver cómo estaba.

Llamó porque se preocupa por mí…

—Asa pensó, un tenue rubor apareciendo en sus pálidas mejillas—.

Él, genuinamente, quiere saber cómo me encuentro.

—¿Así termina todo?

¿Una llamada así de simple?

Asa, no me obligues a…

—La voz de Yoru era ruido de fondo, una estática que se repetía como el televisor en la noche.

—Oh, ya veo.

Entonces Aome me tenía envidia por lo inteligente y feliz que era…

Entonces, había gente que me envidiaba.

Había gente que, incluso si era enfermizo, pensaba que yo era linda.

Había gente que realmente me notaba.

Había gente que deseaba ser como yo.

Había gente que, genuinamente, me veía como alguien a quien superar por lo increíble que era.

Asa recordó el momento de su muerte, sus últimos pensamientos.

En menos de lo que la luz atravesaba la ventana para iluminarle su bello rostro, formuló cada uno de aquellos recuerdos con vívida claridad.

—De haber sabido que habían quienes me miraban así, quizás, tan solo quizás, podría haberme esforzado por vivir mejor.

Me habría dedicado a seguir adelante, con todo y el miedo que me causaba la idea de hacerlo.

Quizás habría ido a una buena universidad.

Podría…

Podría haber tenido incluso un novio.

Uno tan guapo como el chico del lunar que me quiso llevar a casa.

Cuando recordó aquello, el rubor en las mejillas de Asa pareció aumentar.

La imagen de Yoshida llegó a su mente, y pronto se superpuso con la del rubio.

Recordó la forma en que el rubio le habló, cómo la disuadió de pertenecer a Seguridad Pública.

Incluso si su coartada era una mentira, él se expresó con tanta pasión que, inevitablemente, le conmovió hasta las lágrimas.

—Habría dado todo de mí por conseguirlo.

Tan solo desearía…

Asa acercó el teléfono a su boca.

Sus ojos mostraban un brillo atípico.

Yoru le miró, sus ojos se ampliaban con una anticipación que no tenía precedentes.

En las mejillas de la guerrera había un lindo rubor, sus ojos, anillados y carmesí, sufrieron el mismo fenómeno que el ultramar de la pelinegra.

Aquella iris se hizo más grande, permitiendo que todo su alrededor, incluso dentro de aquella habitación blanca, fuera más colorido.

—Desearía haber tenido una vida más egoísta.

Denji esperó que la chica colgara.

Lo que no esperó fue escuchar una respiración profunda, como si alguien al otro lado del teléfono estuviera agarrando valor.

¿Para qué?

No lo sabía en ese momento, pero no tardaría mucho en descubrirlo.

—Hayakawa-San…

—La voz melodiosa, dulce y suave de Asa se escuchó, él prestó atención—.

P-Perdona lo abrupto de mi, ajá, propuesta.

—¿Propuesta?

—E-Estaba…

E-Estaba pensando…

—Asa tartamudeó, y el rubio sintió una extraña sensación familiar—.

Si, de casualidad…

Ya ves que estás siempre ocupado…

—¿Por qué?

¿Por qué no puedo encontrar las palabras para pedírselo?

—Asa pensó, el nervio le consumía—.

Dije que quería una vida más egoísta.

Una vida más centrada en mí misma.

—Porque eres un error.

—Y los errores no son capaces de pensar por sí mismos.

—Siempre necesitaste de otro para subsistir.

—Necesitas de la otra perra para poder salir adelante.

—Cuelga, no lo mereces.

—Cuelga, no aceptará.

—Cuelga y cuélgate, hazle un favor al mundo y deja de existir.

—Si tus papás vieran a su bebé pelear contra los seres que les arrebataron la vida, ¿Crees que se alegrarían?

—Las palabras de Denji en el aula del club de literatura llegaron a su mente, y fue como tenerlo a su lado hablándole con esa calma y gentileza suyas—.

¿Crees que serían felices sabiendo que la vida por la que ellos trabajaron duro, y la suerte con la que corriste, es desperdiciada en tu intento de vengarles?

—¡Él no sabe nada!

—¡No nos conoce como tú lo haces!

El recuerdo de sus padres sonriendo cuando llegaba del colegio volvió a asolear su mente.

En ese instante, Asa apretó el teléfono con una determinación que apenas y podía esconder su miedo.

—Mamá, Papá…

—¡No te atrevas a llamarnos así!

—¡No te atrevas a!

—En verdad, los he extrañado tanto.

Tanto, que incluso estuve dispuesta a distorsionar la imagen que tenía de ustedes, con tal de mantenerlos vivos en mi mente…

—Los ojos de Asa amenazaron con llorar—.

No puedo ser más patética.

Soy de lo peor.

Manchar el recuerdo de mis padres, únicamente con tal de seguirlos escuchando.

—¡Siempre fuimos así!

—¡No sabes nada!

—¡Cuelga, cuelga!

—Pero ya no más.

Basta de esto…

—Las voces suspiraron con indignación, mientras la chica abría los labios—.

Es hora de continuar.

Es hora de que siga caminando.

Incluso si camino mal con este nuevo cuerpo; incluso si no me parezco tanto a la niña que amaron; incluso si debo ir contra lo que creía correcto.

—¡Blasfema!

—¡Maldita!

—Yo quiero tener algo para mí misma.

Algo a lo que yo pueda llamar mío.

No…

—Asa sonrió, lágrimas bajando por sus rostros—.

Quiero tener a alguien que se atreva a llamarme suya, sin asco y miedo al qué dirán de mí.

—¿Mitaka-San?

—Sí, disculpa, Hayakawa-San —la voz de Asa estaba ligeramente ronca y baja, y el rubio lo notó de inmediato—.

La verdad es que me has ayudado mucho sin pedirme nada a cambio, Hayakawa-San.

En verdad, has sido una gran persona al elegir ayudarme, habiendo tantos en mi situación.

—Agradezco, pero…

— Ya has hecho mucho por mí, pero quisiera pedirte una cosa más, Hayakawa-San.

—¿Qué sería eso?

—Preguntó Denji, curioso.

—¿Podrías, por favor…

—Asa sonrió del otro lado del teléfono, temblando ligeramente y con la cabeza ladeada, nerviosa—.

ir conmigo al acuario?

T-Tener…

T-Tengamos…

T-Te invito a…

—Una cita —Denji terminó la frase, y Asa se paralizó, con el frío recorriéndole las yemas de los dedos.

En la mente de Denji asolaron los recuerdos de hacía un año atrás.

Momentos donde podía manejar el carro de Aki.

Momentos que ya no regresarían.

Un cabello púrpura oscuro y ojos verdes parecieron asomar por la ventana.

Denji creyó verla de nuevo, a su lado, sonriéndole una vez más.

Hacía Enero que ella murió, y al día de hoy no podía olvidarla.

¿Cómo podría?

Si él mismo fue quien acabó con su vida.

—N-No es necesario que vayas.

D-Disculpa, creo que…

—Iré —Denji susurró, su rostro era solemne—.

Acepto.

—¿De verdad?

—Asa se sorprendió, su voz alta lo delataba.

—Claro…

—Denji la imaginó, sonriéndole y asintiéndole—.

El sábado a las tres, ¿Te parece?

—¡Claro!

Quiero decir, claro —Asa se corrigió ante el arrebato repentino, sonrojada—.

Gracias, Hayakawa-San.

—No es nada.

Nos vemos el sábado a las tres en el acuario, Mitaka-San.

Ten una linda noche y cuídate —Denji colgó con suavidad, sus ojos fijos en el teléfono.

Asa miró el teléfono, sus dedos estaban retorciéndose y temblando.

Yoru le miraba, su incredulidad estaba acompañada de un matiz orgullosa, como si su voluntad hubiera resurgido con una mayor determinación.

—Yo…

—Asa susurró, girando y mirando a Yoru, quien sonrió con una extraña alegría suave que contrastaba con sus feroces actitudes—.

Yo voy a tener una cita.

—Corrección, Asa —Yoru se paró y, sonriéndole con alegría, le asintió a la pelinegra—.

Vamos a tener una cita.

Asa saltó de alegría, de repente se encontraba muy sonrojada y estaba dando vueltas en el aire.

Yoru le miró, sus ojos no despedían ningún rastro de maldad.

—Las voces, se han ido…

—Yoru pensó, un alivio inundando su ser entero—.

Asa, quizás no pueda decirlo en voz alta.

Pero…

Yoru miró a la chica girar hacia ella, sonriendo con una calidez y emoción que nunca le miró.

Parecía tan distante de la chica que quería morirse hacía un mes atrás.

Revisando sus recuerdos más cercanos, el salto era abismal.

Pasó de mentirse y castigarse con morir lentamente de inanición, a esto.

Verle recuperar el espíritu fue, incluso si no quería admitirlo, reconfortante.

Se acostó en la cama y cerró los ojos, dejándola sola con su victoria, no sin antes sonreír ante su último pensamiento.

—Estoy muy orgullosa de ti.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo