Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Demasiado humano para ser demoio
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27: Demasiado humano para ser demoio 27: Demasiado humano para ser demoio —¿Qué debería ponerme?
—Asa miró su armario, sus ojos despedían un auténtico lamento.
—Oye, ¿Qué vas a ponerte?
—Yoru miró el armario con una gota de sudor bajando por su frente—.
No hay nada allí.
—C-Cierto…
—Asa bajó la cabeza—.
No tengo ropa que ponerme.
Solo hay uniformes escolares y…
—Ya, ya, no te deprimas —Yoru frunció el ceño—.
Vamos a comprarte algo de ropa.
—No tengo dinero siquiera —Asa se sentó en la cama, con los dedos tamborileando su rostro—.
¿Cómo voy a pretender salir a la calle con Hayakawa-San?
Es más, ¿Cómo pretendo salir con cualquiera?
Ni siquiera tengo algo lindo que ponerme.
—Asa, mira —Yoru se sentó a su lado, observándola con serenidad—.
No es necesario que tengas algo muy lindo para salir.
—¡Lo es!
—Yoru cayó de la cama ante el repentino estallido de Asa, quien lucía afligida—.
¡No puedes esperar salir a la calle con una vestimenta horrible!
—Asa, no tienes nada que ponerte —Yoru le dijo, mirándola con una mezcla de irritación y una extraña familiaridad—.
Ve a comprar ropa.
—No tengo dinero —Asa se acostó en la cama, cubría sus ojos con su antebrazo derecho y sorbía por la nariz de forma muy lenta—.
Soy muy pobre como para permitirme comprar ropa.
Es ropa o comida, y yo no puedo comer tela.
—Entonces, déjamelo a mí.
Puedo robar algo para ti —Yoru ofreció—.
No rompe el contrato, ¿Verdad?
Dijiste que nada de inocentes heridos, pero yo solo…
—No —Asa negó—.
No estoy dispuesta a robarle a los demás.
—¡¿Eh?!
—Yoru se paró, frunciendo el ceño con exasperación—.
Asa, ¿Estás loca?
—¿Loca yo?
—Asa le miró, sus ojos le observaron con intensidad—.
¿Quién es la loca que convierte en armas a todos los que toca?
—¡Pues yo!
—Yoru se señaló—.
¡Es mi poder, idiota!
—¡Entonces la loca eres tú!
—¡Soy un demonio!
—Yoru pareció sonreír de forma engreída—.
Es lo que hago.
Además, soy el demonio de la guerra, la destrucción encarnada.
No puedes juzgarme por algo que está en mi naturaleza y me es imposible de evadir…
—¡¿Viste que sí estás loca?!
¡Demente!
¡Todos los demonios están zafados del coco!
—¡¿Disculpa?!
—Yoru habló, ofendida—.
¡Perra!
—¡¿Perra?!
—Asa se ofendió, señalándola—.
¡Perra tú, ladrona de cuerpos!
—¡¿Ladrona de cuerpos?!
—Yoru se levantó, mirándola con seriedad—.
¡Gracias a mí estás viva!
—¡Y han sido los peores meses de mi vida!
—Asa le gritó, lágrimas a punto de brotar de sus ojos—.
¡Me has mantenido viva contra mi voluntad!
¡Tan solo hay peleas, miradas lascivas y escucho a los pervertidos decir lo que quieren hacer con mi cuerpo!
—Ese fue tu pedido, ¿No?
—Yoru le dijo, frunciendo el ceño—.
Así has querido que sean las cosas.
—¿De qué mierda hablas?
—¿No lo recuerdas?
—Yoru pareció sonreír—.
“Desearía haber vivido una vida más egoísta”.
Ese es nuestro contrato.
Te entregué cada herramienta para que la hagas realidad, para que puedas ser tan egoísta como quieras.
Te di poder, te di un cuerpo que te hará sentir y provocar el mayor de los placeres en el mundo.
Te traje de entre los muertos, y tú solo has demostrado que los cadáveres tienen más carisma que tú.
—¿Cómo te atreves?
Eres un parásito.
Fuiste una oportunista que únicamente estuvo en el momento justo que yo moría.
De no ser por mí, seguirías siendo un estúpido pájaro que come gusanos y caga a la gente.
—De no ser por mí, estarías muerta, la memoria de tus padres se habría erradicado y, con ello, tu linaje —Yoru se señaló, una voz desdeñosa saliendo de su garganta—.
De no ser por mí, no habrías conocido al chico con el que saldrás hoy.
De no ser por mí, Aome habría ido por ahí asesinando a más gente.
De no ser por mí, Justicia seguiría causando estragos.
—Eres una…
—De no ser por mí, ese último deseo que tuviste en tu lecho de muerte se habría esfumado entre tus sesos y sangre.
Pero, ¿Te digo algo, Asa?
—Yoru le sonrió, sus ojos brillaban y estaban cristalinos—.
De no ser por ti, ya habrías cumplido tu sueño.
Eres incluso tan cobarde como para atreverte a querer tener algo tuyo.
¿No lo entiendes?
Soy la versión de ti que no tiene miedo ni escrúpulos.
Y por ello, soy lo mejor que hay en ti, y ni siquiera soy tú.
Asa miró a Yoru, sus ojos vidriosos emitían una catatonía irreconocible.
Su labio inferior temblaba ligeramente, su garganta se le secó, impidiendo emitir cualquier palabra.
Asa desvió la mirada, lentamente sentándose en la cama, su respiración agitándose poco a poco y volviéndose un poco pesada.
Yoru le observaba con ojos cristalinos, atenta a sus movimientos.
—¿Y bien?
¿Algo más que decirme, Asa?
—Yoru se le acercó, mirándola muy de cerca al rostro—.
¿O te ha quedado claro?
Asa giró la cabeza, sin atreverse a mirar a la guerrera enfrente suyo.
Yoru le observó, sus ojos anhelantes y esperanzados.
Clavaba miles de dagas a la cabeza de Asa, intentando incluso provocarle escalofríos con su mera presencia.
—Mírame, devuélveme la mirada.
Atrévete, desafíame, hazme sentir en apuros.
Toma el control, domíname, intenta menospreciarme, defenderte.
Aprende a confrontarme, insúltame y ódiame.
Vamos, hazlo…
—Yoru pensó, sus ojos perdían cada vez más brillo—.
Demuéstrame que estoy equivocada.
Invalida cada palabra que he dicho.
Voltea la situación.
Dime que no te conozco.
Lucha.
No hagas que me arrepienta de haberme sentido orgullosa de ti en alguna ocasión.
—No voy a salir…
—Asa susurró, su voz estaba quebrada y ella misma parecía haber colapsado—.
Vete, por favor.
Déjame sola…
Yoru le miró con aquellos ojos, infundidos en un carmesí volátil que se disparaba a temperaturas que rozaban las del sol.
Brilló con una estela ominosa, un preludio de la actitud más acérrima en Yoru.
—En verdad…
—Yoru le susurró, asegurándose de ser escuchada con claridad por la chica—.
Eres patética.
Yoru se fue del cuarto atravesando la pared, mientras Asa se derrumbaba en la cama y se cubría la cara con una almohada.
Comenzó a llorar de forma muy lenta y en un volumen bajo.
Se intentó asegurar de que la guerra no le escuche, que no le sienta derrumbarse.
Del otro lado de la puerta, Yoru también lloraba.
Ella fruncía el ceño y un odio férreo se depositaba en su corazón dolido.
Miró sus palmas, las cuales recibían las lágrimas de sus ojos en condescendencia.
—De verdad, esto es patético —refunfuñó, negando.
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