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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 28

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28: 505 28: 505 —¿De verdad no irás?

—Yoru le habló a Asa a través de la puerta—.

Falta una hora para la cita.

Asa no le respondió.

Había pasado la noche anterior y, sin nada que ponerse, la chica decidió que era buena idea dejar plantado al rubio.

Yoru se desesperó, pero no quería verle el rostro a la miserable chica que estaba ahí adentro.

¿Cómo podría dirigirle la mirada después de semejante estupidez?

El teléfono sonó, y Asa, a un lado de la cama, estiró la mano con desgana y contestó la llamada.

La acercó a su oído, lista para escuchar a la persona del otro lado de la línea.

—¿Mitaka-San?

—Asa parpadeó, sentándose al oír la voz del rubio.

—S-Sí, soy yo.

¿Sucede algo?

—Bueno, falta una hora para vernos en el acuario y quería confirmar que pudieras ir —Denji se oía sereno—.

¿Tienes cómo ir?

Creo recordar que queda algo lejos de donde está la academia.

—B-Bueno, sobre eso…

—¿Quieres que te pase a buscar?

—Asa se sorprendió, su voz se volvió chillona al escuchar aquello.

—¿Pasarme a buscar?

—Sí, me han facilitado un vehículo —Denji habló, riéndose—.

Y también pensaba en, ya sabes, pasar a comer algo.

Quizás unos helados y unas malteadas.

Asa se sonrojó, sus dedos tamborilearon nerviosamente.

Yoru sintió que sus mejillas ardían de forma cálida, de repente entró atravesando la puerta cual fantasma, mirando a la chica con un ceño fruncido, irritada de su pena.

—¡Oye, no te pongas nerviosa!

—Yoru habló rápidamente, señalándola—.

¡Dile que sí!

—Pero…

—¿Pero?

¿Hay algún inconveniente?

—Denji preguntó, y Asa se puso incluso más nerviosa al ser escuchada mientras le hablaba a Yoru.

—N-No…

B-Bueno, verás, hay un pequeño incidente y es que…

—Puedes decírmelo sin problemas.

Si es algo relacionado a tu periodo, lo entenderé.

Si te sientes sin ganas o no puedes, también podemos vernos otro día en la escuela.

—¿En la escuela?

—Asa pensó.

—¡Oh, diablos no!

—Yoru frunció el ceño, sus ojos brillaron con furia—.

¡No voy a quedarme encerrada otro día más aquí!

—Es que…

—Asa tragó saliva, y Denji miraba al teléfono con espera.

—Hayakawa-San, verás, mi ropa está en la tintorería y no la he podido ir a recoger por el toque de queda y los avistamientos de demonios en la zona —Yoru sostenía el teléfono en sus manos, y Asa estaba parada frente a ella como un espectro.

—Oh, ya veo.

Entonces, ¿Tienes algo que ponerte?

El uniforme quizás.

—Hayakawa-San, ¿No pretendes que todos vean que no tengo más que un uniforme escolar?

—Yoru bromeó, mientras Denji se burlaba al otro lado de la línea.

—Bueno, siempre puedo decir que estamos en un proyecto escolar, ¿No?

—Eso es muy cruel de tu parte —Yoru se burló, y Asa pudo notar un leve tinte rosado en sus mejillas.

—Está bien, está bien.

Podemos pasar a comprarte algo —Denji le dijo, negando del otro lado de la línea—.

De todas formas voy a comprarle algo a Nayuta.

—¿Nayuta?

¿Tu hermanita?

—Sí.

Ella me dijo que quería una camisa de pingüinos y yo prometí dárselo por sus excelentes notas —Denji comentó, mientras a Asa le brillaban los ojos—.

Entonces espero y estés lista en una hora.

Pasaré por ti, Mitaka-San.

Asegúrate de planchar bien tu uniforme.

—¿Para qué?

Si me vas a comprar ropa —Yoru se burló.

—Puede que cambie de opinión.

Oí que eres la mejor exponiendo, quizás puedas darme unas clases en el acuario —Denji colgó, mientras Yoru y Asa se miraban.

—¡¿Por qué le aceptaste la ropa?!

—Asa gritó, completamente roja de la cara.

—Oye, oye, oye, ¿No es bueno esto?

—Yoru sonrió de forma cómplice—.

Además, ahora tienes algo que ponerte, saldremos con Denji, y por fin veré el exterior.

—¡Pero no tenías por qué aceptar la ropa!

—Asa negó, moviendo los brazos en negación—.

Eso está mal.

Aceptar regalos de alguien que también planea comprarle cosas a su hermanita está mal, es ser avariciosa y oportunista.

—¿Y qué hay de malo con ello?

—Yoru le cuestionó.

—Que es egoísta…

—Asa dijo lo último con un tono bajo de voz, mirando al suelo y comenzando a pensar un poco.

—Dime, ¿Está mal ser un poco egoísta de vez en cuando?

Míranos —Yoru se paró, dando la vuelta con la pijama roja y su camisa blanca puesta—.

¿No lo ves?

—¿Mirar qué?

—Esto —Yoru señaló sus glúteos, sonrojando a Asa—.

Y esto.

Yoru había puesto sus manos sobre su busto, mientras Asa se teñía del color de los ojos de Yoru.

La guerrera los frotó suavemente, demostrando que su humilde tamaño era suficiente para llamar la atención con su figura alta, esbelta y bastante curvilínea.

—¡D-Deja de hacer eso!

—¿Entendiste o no?

—Yoru se dió la vuelta, mientras jugaba con su retaguardia, usando sus palmas para masajearlas suavemente.

—¡Ya entendí, ya entendí!

—Gritó Asa, cerrando los ojos y dándose la vuelta—.

¡Pervertida!

—Oye, ¿Tú crees que ese rubio no quiere esto?

—Asa se quitó las manos de los ojos, girando lentamente para mirar a su contraparte—.

Sé realista, Asa.

Eres bella, tienes el cuerpo perfecto.

—Pero, yo lo invité a salir…

—Claro, y él obviamente aceptó.

Es tan fácil aceptarle la salida a una mujer como nosotras —Yoru se sentó, serena—.

Comprar ropa, malteadas, helados y pasar por ti.

Invierte en lo que le gusta.

—No creo que él sea así —Asa se rascó suavemente la cabeza—.

Hayakawa-San ha demostrado ser bastante gentil y amable.

—Y eso no le quita el deseo.

Asa, uno puede ser bueno y, al mismo tiempo, caer en pecados carnales.

Es tan sencillo y fácil de digerir.

—¿Por qué me dices esto?

¿Por qué actúas de mi lado cuando ayer me dijiste cosas tan feas?

—Preguntó Asa, frunciendo el ceño.

—No me queda de otra que ayudarte.

Estamos en esto juntas, quiera o no.

Además, ese chico, Denji…

—¿Qué hay con él?

—Preguntó Asa—.

¿Te gusta?

—Es fuerte —Yoru sonrió—.

Y quiero ver qué sucede si está en la necesidad de pelear.

—¿Eh?

—Como te dije aquel día, parece que Yoshida está bajo sus ordenes y le tiene miedo.

Es instinto básico.

Puedes notar cuando alguien es más fuerte que otra persona basándote en su lenguaje corporal, en su forma de mirar y actuar.

Yoshida no es la excepción.

Con nosotras fue tajante y directo, con él es accesible y hasta un poco sumiso.

—¿Cómo puedes darte cuenta de todo eso?

—Soy bastante analítica y observadora.

Es parte de ser el demonio de la guerra.

Conocer al rival antes que este pueda conocerte, estudiarlo y generar formas de atacarle.

—Yo creo que solamente eres chismosa…

—Asa mencionó, suspirando—.

De verdad, no sé si debamos ir.

—Ya es muy tarde.

Debes irte a bañar, porque él vendrá quieras o no —Yoru habló, recostándose en la cama—.

No me obligues a tomar el control y ser yo quien te bañe.

—¡E-Está bien, ya lo haré!

—Asa se cubrió el cuerpo y se fue al baño, mientras Yoru sonreía con victoria.

—Ya está…

—Asa se veía al espejo, con su uniforme escolar ajustado a su cuerpo—.

Entonces, es hora de ir.

Denji estaba en un carro negro.

El interior era de cuero blanco, y lucía un cromado elegante.

Miró el mapa, y al observar la ruta, su corazón se paralizó.

De repente, una multitud de recuerdos llegó a su mente sin siquiera darse cuenta.

—Esta dirección…

—Denji la miró otra vez, su garganta seca—.

No puede ser.

Denji condujo despacio hacia el lugar.

El volante del carro se sentía rugoso a su tacto, incómodo y lustroso.

La piel de sus manos emitía gotas que no perdonaban el extraño frío que hacía ese día.

Pero su cuerpo se sentía caliente, preparado y carburado cual motor.

Sorprendentemente, el asiento que antes debió ser reconfortante se volvió incómodo.

Denji observaba las calles, a la gente y los edificios.

Por donde pasaba su mirada, habían rostros incapaces de ser mirados.

Noches enteras navegando la ciudad, combatiendo en ella, y aún así no podía sentir que perteneciera a un mundo como el de todos ellos.

Entendió que era cuestión de tiempo adaptarse, pero era más fácil pedirle al perro que deje de morder que hacerlo incapaz de morder.

Su respiración se agitaba con lo que suponía era el calor sofocante del interior del carro.

Había subido los vidrios para evitarse calor, pero en esta época del año que debía haber un infierno en el aire, había frío.

Extraño, sumamente imposible, pero lo había.

Le recordaba al invierno pasado, y no era agradable hacerlo.

Llegó al semáforo, observando a una cantidad de peatones menor al anterior, pero igual eran demasiados.

Miró un chongo entre ellos, y por un momento, ese chongo era de un púrpura oscuro.

Por un momento, cuando miró ese cabello, todo volvió a ser colorido y vívido.

Pero cuando esa chica pasó y miró que no era ella, todo volvió a ser antiguo, a ser desgastado e insípido.

Denji cruzó el semáforo, concentrado en su camino.

Todo le salía bien ahora, ¿Por qué de repente el pasado quería recordarle que formaba parte de su vida?

Nayuta despertando poderes, los ataques de demonios, su vida interceptada por esos seres caprichosos del mal.

¿Era que acaso nunca tendría la capacidad de ser feliz y vivir plenamente?

—No, no es tiempo de esto.

Debo concentrarme.

Hay alguien esperándome en ese departamento.

Hay alguien a quien iré a ver.

En ese mismo edificio, en ese mismo departamento…

—pensó él, angustiado ligeramente.

Cruzó el parque, y no pudo evitar bajar la velocidad al pasar cerca.

Aquel parque, muy cerca de un café ya destruido, uno por donde sus caminos cruzaron y donde creyó ver la luna aún resplandeciendo bajo la tenue y cálida refractaria del farol.

Denji yacía allí, frente a ella, subiéndose en la parte trasera de una bicicleta florada y de canasta frontal.

Denji negó, aquel espejismo solo era eso.

No podía ser verdad.

Esa bicicleta no existía más, esos tiempos ya han pasado, y ella ya ha muerto.

No es posible que ella aparezca, le sonría y le diga que vuelvan a ser felices.

Porque no puede volver de la muerte, y aunque volviera, está seguro que no podría corresponderle.

—Entonces, ¿Por qué huyo?

—Denji aceleró tras ese vistazo al parque, sus dedos tamborileaban el volante—.

Huyo, ¿De qué?

Y si no es de qué, ¿De quién?

No hay nada allí que sea para mí.

Ni en ese parque, ni en ese edificio.

¿Verdad?

Llegó, y el edificio de apartamentos seguía igual.

Nunca fue afectado por el Pistola.

Bajó del coche y emprendió el camino escaleras arriba.

Cada paso que daba pesaba, retumbando en el concreto de la estructura.

Se acercó, y cuando llegó al pasillo correspondiente, todo se hizo lánguido y pesado, oscuro y penumbroso.

Tragó saliva, sus manos sudaron y un mal presagio le recorrió el cuerpo entero.

—Denji, no entres…

—La voz de Himeno regresó, un eco distante y seductor que le prometía alivio al dolor que ya conocía bien.

—Niño, no hay nada que quieras allí.

Ella ya no está —su padre le habló, con voz petulante y ahogada en sus propios alcoholes.

—Denji, mi niño, no vuelvas…

—Su madre le pidió, y él siguió avanzando.

—Denji…

—Juró escucharla, y aunque quiso voltear, sabía que no la encontraría allí—.

No vayas.

Yo ya no estoy ahí.

—Ella no está esperándote, ¿Por qué vienes?

—Power le preguntó en su cabeza, pero más que detenerlo, quería incitarlo.

—Recuerda, recuerda, ¿A qué has venido?

—Denji no pudo evitar girar la cabeza hacia atrás cuando escuchó la voz de aquel hombre joven, seria y bastante gruñona—.

Denji, ¿No recuerdas a qué has venido?

—Aki…

—el recuerdo de haberlo aniquilado regresó a su cabeza, y eso lo deprimió, haciéndolo girar y paralizarse.

—Los tres sabemos que ella ya no está allí —Power le pareció hablar al oído, con su voz alegre y bastante humana, la de sus últimos momentos con vida.

—Pero, sabemos que no has venido a verla a ella, ¿Verdad?

—Es una simple cita, ¿Por qué te cuesta tanto, mocoso?

—Power se burló.

—Deja el pasado —Aki le susurró, y esta vez su voz resonó cual rayo de esperanza—.

No cedas a la nostalgia.

Olvídanos.

—Nunca des la vuelta —Denji comenzó a caminar nuevamente, mirando al frente, las voces se quedaban atrás.

—Ni se te ocurra hacerlo.

Denji…

—Aki y Power sonrieron detrás suyo, incluso cuando él no podía verles, ellos estaban ahí, mirándolo con orgullo—.

Es hora de dejar el pasado atrás.

Denji llegó al frente de la puerta.

No habían más mosquitos, no más flujos nocturnos incesantes y paralizantes.

Era él, y solo él, contra esta puerta con un número fijado en su parte superior.

No podía seguirse escondiendo.

No podía seguirlo evitando.

Lo supo desde que leyó la dirección.

Lo supo desde que Yoshida le entregó el número del departamento de Asa.

—Departamento 505…

—Susurró Denji, su mano se alzó y, antes de tocar, suspiró—.

Yo no…

Su corazón latió dos veces.

El retumbar de sus oídos pareció calmarlo.

Denji miró su pecho con una sorpresa casi milagrosa.

Su duda remanente se volvió inservible ante la sonrisa que dibujó.

Tocó dos veces la puerta, y escuchó los pasos apresurados acercarse hacia su dirección.

—Cierto.

Se me había olvidado…

—Asa abrió la puerta, sonrojada y mirando de forma nerviosa al rubio enfrente suyo, quien sonreía de forma cálida y le miraba con una expresión que intensificó su rubor—.

Que aún me quedabas tú, Pochita.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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