Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 ¿Quién y por qué
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29: ¿Quién y por qué?
29: ¿Quién y por qué?
La carretera parecía ataviada.
Los carros a su alrededor manejaban con la misma cautela que todos los días.
Nada parecía novedoso en las urbes cercanas.
El mismo tipo de estructura, una burda imitación de aquella Alemania olvidada.
Constructos de hormigón armado fueron las decoraciones que se erigían por el paisaje.
Pero se dirigían a la zona comercial, donde todo era más apantallante.
La pelinegra se sentaba en el asiento del copiloto.
Denji, desde su asiento, manejaba con una serenidad y calma que le helaba los huesos a la chica.
Él tenía los vidrios arriba, y este día era muy frío para ser un preámbulo veraniego.
En abril, las hojas que florecían brillaban más a causa de la mayor radiancia solar, entonces, ¿Por qué los colores hoy se sentían tan tenues?
—Hay frío…
—Susurró ella, temblando un poco.
—Lo siento.
Puedo subir el vidrio si gustas —Denji le dijo y ella asintió, mirando que los vidrios podían subirse usando un simple botón.
—Entonces, ¿Realmente me comprarás ropa?
—Asa dudaba, y esa pregunta no fue menospreciada.
—Claro que sí, ¿Hay algún problema con ello?
—N-No, lo que pasa es que…
Bueno, ya sabes, yo no…
—Asa balbuceaba, mirando hacia su lado de la ciudad, el cual se podía iluminar con los colores de los carteles en los centros comerciales incluso de día—.
No suelo recibir regalos muy a menudo.
—Hasta donde yo sé, recibías algunos obsequios en donde solías estar —Denji le dijo, sin burla.
—Bueno, sí…
—Pero no hay nada de eso, ¿Verdad?
—No…
—Entonces tu problema es que no sueles acceder a los regalos —Denji pareció dar en el blanco, porque ella se estremeció ante sus palabras tan asertivas—.
Pero no es tu culpa.
Realmente puedo entender eso.
—¿Eh?
—La pelinegra giró a verlo, y mientras estaba recostada en los asientos traseros, Yoru también giró a verle.
—Es difícil confiar en la gente cuando sientes que el mundo te ha traicionado.
Estar alerta por lo que puede pasarte y, al segundo siguiente, recibir tanto de tantos, sin explicación alguna —Denji nunca desvió su mirada del camino, atento a los carriles en la vía que conducía a la zona comercial—.
Puedo entenderte.
Yo solía ser así.
—Vaya…
—Yoru se sentó, mirándolo con los ojos bien abiertos y expectantes—.
Nunca pensé que un chico que luce así y sonríe así, pudiera pensar de tal forma.
—Hayakawa-San, ¿Usted también es?
—No me trates de usted —Denji se burló, interrumpiéndola con una risa pequeña y juguetona—.
No hay necesidad de tanta formalidad, ¿Sabes?
Somos de la misma edad y el mismo año.
—Claro pero…
—No soy tu superior, no soy nada de ti —Denji le dijo, mirándola y sonriéndole al tiempo que esquivaba un carro hábilmente sin aparente problema—.
Solo somos amigos.
Los amigos se tratan como iguales.
Nunca olvides eso, Mitaka-San.
—Entonces…
—Asa sonrió un poco, más entusiasmada—.
Hayakawa-San, quizás seamos más parecidos de lo que pensé.
—Claro —Denji continuó conduciendo, Yoru observando esta capacidad del rubio con cautela—.
Quizás seamos más parecidos de lo que creemos.
—Podríamos haber sido buenos hermanos —Asa se burló, y Yoru se palmeó la cara, irritada—.
Quizás habría sido más feliz contigo de familia, Hayakawa-San.
—¿Le acabas de decir hermano al chico que te gusta?
—Yoru se quejó, su voz era rasposa y cansada—.
Asa, no sé que hacer contigo.
—No me gusta —Asa le dijo por medio de su mente, cerrando los ojos y sonriendo de forma torcida.
Denji sonrió, negando ligeramente.
Yoru y Asa observaron esto, sonrojándose al instante siguiente de verle concentrarse en la conducción.
Yoru se jaló el cabello, mientras Asa se encogía en su asiento, rígida como el concreto de los alrededores.
—No, no te hubiera gustado ser mi hermana…
—pensó el rubio.
Rememoró a un pequeño Denji yacía en el suelo de madera, con tablones sueltos y una choza con humedad filtrándose por el grisáceo pestilente del sitio, con un charco de su vómito enfrente de él y las botas de su padre regresando a su estómago.
—Si tú hubieras crecido en esa misma casa, nunca te atreverías a decir eso —terminó su pensamiento con una sonrisa más discreta, llegando al estacionamiento y bajando junto a la chica.
—Bien, es hora de que escojas lo que quieres —Denji le dijo, y Asa se detuvo en la entrada del local.
—¿No vienes?
—Preguntó la pelinegra, girando a verle.
—No creo que sea de buena educación ver a un chico dentro de una tienda de ropa femenina.
Podría incomodar a otras mujeres —Denji habló con suavidad, sentándose en una banca cercana del centro comercial—.
Te esperaré aquí, ¿Sí?
—No puede estar hablando enserio —Yoru parpadeó, confundida—.
¿De verdad va a pensar en otras mujeres cuando nosotras somos con quienes sale?
Asa entró a la tienda con rapidez, no sin antes asentirle al rubio y prometer no tardar demasiado.
Se dirigió rápidamente a la sección de invierno, donde encontró diferentes abrigos y ropa hecha de un material grueso, cálido y acogedor.
—Hayakawa-San es bastante decente y prudente en lo que hace —Asa miró una camisa blanca de manga larga, y aunque parecía como la que debía llevar bajo el uniforme del instituto, esta tenía adornos cocidos en blanco que hacían darle un estilo floral a las mangas y lados de la espalda—.
Es el primer hombre que piensa en no incomodar a las mujeres de su alrededor.
—Entonces quizás sea homosexual —Yoru dijo de forma seca—.
No puedo entenderle.
—Claro que no puedes…
—Asa miró un abrigo café, era de poliéster, un color caqui que, en conjunto a la camisa que llevaba en brazos, podría darle un aura más elegante a la cita—.
No puedes entenderlo, porque no eres humana.
—¡¿Cómo has dicho?!
—Yoru se ofendió, mirando a Asa, quien se concentraba en combinar los colores de la ropa.
—Son cosas básicas que cualquier persona, hombre o mujer, debería haber aprendido.
Es decencia, es respeto.
En la sociedad moderna, el respeto por la expresión y derechos de la mujer son un chiste.
Que un hombre se digne a pensar en no incomodar a otras, es el equivalente a una mujer siendo fuerte sin necesidad de que un hombre esté ahí para validar su fuerza.
—¿Esperas que realmente me crea esas patrañas?
—Yoru se burló, aunque su irritación seguía presente—.
Creo que ya entiendo.
Lo estás idealizando, ¿No es así?
Es normal que actúes de esta forma.
Se ha portado de forma gentil y ha mostrado semejanzas con tu historia.
También es guapo y te he dicho que es fuerte.
Además, yo salía más cuando era una paloma que tú estando con tus padres.
—Exacto —Asa escogió una gran falda negra de seda, con un botón dorado en el frente, además de un plisado en forma de ondas rectas que otorgaban un movimiento limitado y, a pesar de su gran longitud y anchor, se entallaba a su figura, o eso suponía en base a la talla que presintió debía ser su estándar actual.
—¿Exacto?
—¿Ves?
—Asa entró al probador, lentamente deshaciéndose de su uniforme y colocándose con cuidado la ropa, Yoru entrando al vestidor para verla.
—¿Ver qué?
Niña, no me intentes hablar por acertijos…
—No es ningún acertijo.
No hay prueba, doble sentido ni metáfora.
Cualquier otro ser humano sería capaz de reconocer a lo que me refería al responderte con ese Exacto.
Pero claro, tú no puedes gozar de aquel privilegio, ¿Verdad, Yoru?
—¡¿Qué mierda hablas?!
—Hablo el lenguaje que los tuyos no conoces, Yoru.
¿Sabes?
Me he dado cuenta, con lo que me has estado diciendo, de lo mucho que esperas de mí.
Esperas que me amolde a lo que digas, que te haga caso en todo.
Que me vuelva tu cómplice.
Pero estás equivocada, Yoru.
No puedes obligarme a…
—Oh, claro que puedo.
Puedo y lo haré —Yoru estaba poniéndose la ropa ahora, mirando al espejo con el ceño fruncido.
—Eso es exactamente a lo que me refería —Asa habló, una sorprendente seriedad colándose por sus facciones normalmente nerviosas—.
Tomas lo que quieres, no preguntas ni te cuestionas en sí haces lo correcto.
Solo llegas, provocas, causas y te vas.
—Claro que sí, niña —Yoru sonrió de forma orgullosa—.
Soy lo que soy, actúo de la forma que debo hacerlo.
—¿Y quién te ha dicho que así es como debes actuar?
¿Alguien?
¿O es tu forma de ser?
—Asa le cuestionó, curiosa.
—Dime, Asa —Yoru se giró a verla, y de repente volvía a ceder el control, con Asa observando el espejismo desde el espejo, Yoru parecía reflejarse en ella—.
¿Tú le preguntas a un huracán por qué destruye casas?
¿A un terremoto el por qué provoca derrumbes?
¿A un volcán el por qué erupciona y quema todo a su alrededor?
—No, no sería tan estúpida para hacer eso…
—Asa le miró de vuelta, un brillo de incertidumbre en sus facciones—.
Pero tú no eres ni un volcán, ni un huracán o un terremoto.
El terremoto no piensa, derrumba; el huracán no piensa, destruye; el volcán no piensa, simplemente lo quema todo.
—Porque están diseñados para ello, Asa.
—Entonces, ¿Actúas de esta forma porque eres la guerra?
¿O eres la guerra porque actúas de esta forma?
Asa le observó, y al comprobar que el atuendo le quedaba bien, salió del probador y se dirigió a la caja registradora.
Yoru se quedó mirando a través del espejo, sus ojos completamente abiertos, un matiz de peligro y sed de sangre filtrándose en esos profundos carmesí brillantes y etéreos.
Denji se acercó a la chica, entrando y pagando el atuendo completo.
Asa sostenía su uniforme del colegio doblado en sus manos.
Denji sonrió, y cuando ella hizo lo mismo, salieron para poder dirigirse en auto al acuario.
Asa miró a los alrededores, incluso cuando salieron logró vislumbrar el camino trasero, pero no había rastro de Yoru por ninguna parte.
Se subieron al auto, arrancaron y se fueron rumbo al acuario, el cual quedaba algo lejos de donde estaban.
En la parte trasera del coche no había nadie.
Asa parpadeó, confundida y desorientada.
—Yoru…
—le habló por medio de la mente.
No hubo respuestas a su llamado.
La chica se había esfumado.
Aquella guerrera siempre respondona, cínica y nefasta se había esfumado.
No había un suspiro, una burla, ni siquiera un vistazo lateral o fugaz.
No había rastro de su presencia.
Yoru no estaba por ninguna parte.
Y Asa creyó, erróneamente, que ella se había quedado en aquel espejo.
—¿Sucede algo?
Te noto desorientada —Denji le preguntó, exaltándola.
—N-No es nada.
Es solo que, es raro recibir un regalo…
—No fue nada —Denji le sonrió.
—Hayakawa-San…
—Asa le habló, una pequeña sonrisa se formó en los labios de la chica, la cual observaba con genuina y pura gratitud—.
Muchas gracias por la ropa.
Denji miró aquella sonrisa, sus ojos brillaron un poco ante el gesto de la chica.
Cerró los ojos un momento, deteniéndose en el semáforo.
Asa notó que el chico había frenado sin siquiera tener los ojos abiertos, pero este dato era irrisorio ante la pequeña sonrisa colándose por el rostro del rubio.
—Ha sido un placer —Denji y ella sonrieron, mirando al frente.
El semáforo dio la señal para que avancen.
Denji pisó suavemente el acelerador, arrancando a una velocidad moderada.
El auto se alejó rumbo al acuario.
En donde estuvieron, Yoru les observó alejarse.
Su mirada estaba prendida en fuego, observando la nuca de Asa con gélida concentración.
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