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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 Tengo boca pero no quiero gritar
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5: Tengo boca pero no quiero gritar 5: Tengo boca pero no quiero gritar —Oh, querida…

—La enfermera le recibió con una mirada empática, cegándole—.

Tenemos que hablar.

—¿Eh?

—Peso cincuenta kilos, y mido uno con setenta.

¿Cómo es que sigo viva siquiera?

—Asa caminaba de regreso a su casillero, mientras lo abría y recogía sus zapatos—.

Oh, están más pesados.

Asa miró el interior de sus zapatos, ahora rellenos con piedras del patio.

Ella simplemente giró los zapatos y se los colocó, restándole importancia.

—Oh, vaya, con que así se siente recaer…

—Asa miró los edificios, al cielo mismo, y todo se teñía con sombras por el crepúsculo—.

No es nada lindo.

Pero supongo que me lo merezco por haber creído que podía llegar a ser feliz en esta vida.

No, en realidad me lo merezco.

¿Cómo podría haber siquiera imaginado la posibilidad de salir adelante con todo lo malo que he hecho?

Asa pateó una pequeña piedra en el camino, a punto de caerse.

Sus ojos se oscurecieron totalmente, mientras el brillo de los faroles le alumbraba como si fuera la protagonista en una obra de teatro.

—Siempre me caigo.

Todo es por culpa de esta maldita pierna mía…

—Asa cerró los ojos y esperó el momento del impacto—.

Quisiera que me la cortasen.

Quisiera perder ambas.

Quisiera no tener que caminar nunca más.

Quisiera no tener que seguir adelante.

Quisiera que alguien se digne a dejarme morirme en la locura que atormenta mis sueños y ocupa mis días.

Asa fue detenida por una mano que le sujetó suavemente el cuello de la camisa, reincorporándola.

La mano era fuerte y grande, y al erguirla con facilidad, Asa abrió los ojos por la sorpresa.

—Oye, deberías tener mucho cuidado —una voz masculina resonó en sus espaldas, y cuando ella giró para verle, casi vuelve a tropezar—.

Cuidado.

El chico la sostuvo con delicadeza de los hombros, su voz parecía tranquila y amistosa, incluso agradable.

Asa subió la mirada por el uniforme del chico, el cual se ceñía bien a su cuerpo y demostraba una excelente forma física.

Era más alto que ella y, cuando miró sus labios, observó el lunar cercano a ellos.

—Sueles caerte seguido, ¿No es así?

—Yoshida inclinó la cabeza con gentileza, mientras la pelinegra se ruborizaba ante el atractivo del chico enfrente suyo—.

Oye, no me mires mucho o puedo sonrojarme.

—Eh, lo siento…

—Asa desvió la mirada, ocasionando una pequeña risa en el chico—.

No era mi intención.

—Solo bromeo.

Oye, ¿Vives cerca de aquí?

—Yoshida preguntó, mientras Asa alzaba una ceja—.

Tengo carro y, no quiero sonar inapropiado, pero, ¿No estabas en la enfermería hace unos minutos?

—¿Cómo sabes?

—La enfermería está al lado del club de Cazadores de Demonios del colegio.

Te vi mientras salía del club, y creo que no te encuentras bien.

¿Quisieras que te lleve a casa?

—¿Por qué harías eso?

—Asa le preguntó con genuina intriga—.

No me conoces.

—¿Y?

—Yoshida obtuvo una mirada de la chica, quien le observó con un rastro de miedo—.

¿Qué hay de malo en ayudar a alguien?

Además, eso es lo que hacemos, ¿No?

Ayudar al otro sin esperar nada a cambio.

Eso es lo que nos hace humanos.

—¿De qué hablas?

¿Por qué te expresas como un personaje de anime?

—Ah, lo siento —Yoshida se rascó la parte posterior de la cabeza sin cambiar su expresión amigable—.

Es solo que, supe que tu clase cuidaba de un demonio y, bueno, creí pertinente decirlo.

—Eres raro…

—Asa se dio la vuelta y comenzó a marcharse con prisa—.

Adiós.

Yoshida miró a la chica caminar, sus ojos bajando por su espalda y escudriñándola.

—Ya veo.

Tiene una pierna más larga que la otra.

Su falda llega hasta debajo de sus rodillas, y aún así, puedo ver la diferencia.

Cojea del lado izquierdo.

¿Tres centímetros?

¿Dos?

No lo sé con exactitud.

Es lo suficiente para que se tropiece si no es muy cuidadosa.

¿Por qué no usa zapatos especiales?

¿Por qué está tan delgada?

—Que miedo…

—Asa parecía haber salido de un sauna, su cuerpo caliente y el frío de la primavera le era semejante al del invierno—.

¿Por qué se me acercó tanto?

¿Por qué de repente un chico tan guapo como él me intentaría ayudar?

Además, parecía estarme coqueteando.

Quizás querían hacerme una broma.

Debieron ser los de mi salón, en venganza por la muerte de Gally.

Asa llegó tras media hora al orfanato, dirigiéndose a la cama sin cenar.

—Otro día, otro sufrimiento…

—Asa llegó a su casillero, abriéndolo y recibiendo una sorpresa desagradable—.

¿Qué mierda es esto?

¿Pescado?

Asa regurgitó un líquido amarillo y apestoso, mientras un hedor a mar inundaba el pasillo.

En una bolsa transparente habían libretas suyas envueltas en tripas de pescado.

Ella volvió a vomitar y, sin saberlo, chocó con alguien.

—Ah…

Lo siento…

—Con la boca tapada habló, a punto de volver a vomitar.

—Ten cuidado —el chico le pidió, continuando su camino.

—Tripas de pescado.

Señor Tanaka, ¿Usted cree que sus alumnos están haciendo lo correcto?

Están acosando a su compañera.

—Señor director, yo no supe nada hasta que Asa-Chan me lo comentó —el profesor Tanaka habló, con el ceño fruncido—.

Y sus compañeros están tan sorprendidos como ella.

Fue la presidenta quien ayudó a Asa a limpiar su casillero.

—Haremos una investigación sobre el incidente —el director dijo, finalizando la charla.

—Asa-Chan, ¿Te encuentras mejor?

—Aome tenía un emparedado en su mano, mientras Asa bebía agua—.

Te ves muy pálida.

¿Ya has comido algo hoy?

—No tengo hambre, Iritsuka-San…

—Asa miraba al suelo, su voz era un susurro—.

¿Por qué?

¿Fue por Gally?

¿Por qué me hicieron esto?

—Asa, el director ha iniciado la búsqueda de los culpables, y yo misma la comando —Aome dijo, suspirando en derrota—.

Pero no puedo saber quiénes fueron.

Los demás estaban conmigo en el aula, y tú llegaste a tiempo a clases.

Quizás alguien que estuviera horas antes de la entrada habitual pudo haberlo hecho.

Y descarta al pollo.

Era un demonio, Asa.

¿Quién vengaría a un demonio?

—¿Y entonces por qué?

¿Por qué yo?

—Asa susurró, derrotada.

—Claro que sé por qué fui yo…

—Asa regresaba a casa, cojeando como de costumbre—.

Lo hicieron porque les arruiné la diversión.

Se estaban encariñando con Gally.

Disfrutaban su compañía más que de la mía.

Asa estaba dando una exposición sobre los artrópodos marinos, mientras todos estaban abriendo los ojos y el profesor Tanaka tenía estrellas en los ojos.

—Solían admirarme como la más inteligente del aula.

¿De repente soy el paria al que todos rechazan?

Todo cambió desde que mamá y papá murie…

Desde que los maté.

Es como si todo el mundo supiera mi pecado.

Es como si todos, al verme sin mis zapatos especiales, más delgada y sin la sonrisa de antes, supieran que yo provoqué que ellos ya no estén.

Asa miró al atardecer enfrente suyo, vislumbrando el anaranjado cielo y una reconfortante brisa que, más allá de tranquilizarla o transmitirle paz, le terminó hiriendo con las flores de cerezo del parque, cual aluvión de Senbon.

—Quisiera desaparecer, evitarle más angustia, rechazo y resentimiento al mundo…

—Ella caminaba de espaldas, su esqueleto por debajo de la carne a un empujón de revelarse al mundo—.

Quisiera reunirme con mamá y papá.

Quisiera llegar, abrazarlos como antes.

Quisiera volver a tenerlos.

Quisiera llegar a casa y que mamá me reciba con un beso y comida.

Llegar y que papá me muestre su colección de figuras armables.

Jugar a las damas chinas con ellos.

Pasar la noche viendo películas.

Quisiera llegar a casa y tenerlos a mi lado.

Asa alzó la vista, observando el sol directamente.

Sus ojos se llenaron de una falta de seguir caminando, deteniéndose un segundo para contemplar al sol finalmente desaparecer, hundiéndose en la tierra y dando paso a la noche.

—Quisiera llegar a casa, y tener quien me reciba con muchos besos y abrazos.

Tener a alguien con quien pueda volver a ser la niña que aún tenía padres.

La niña que aún podía amarse a sí misma.

Quisiera poder tener una vida…

—Asa volvió a ponerse en rumbo, cabizbaja—.

Pero no tengo derecho a ello.

¿Cómo podría?

Si yo misma soy la causa de mi sufrimiento, entonces, ¿Qué permiso tengo a soñar con que podría ser la causante de una felicidad que ya no me corresponde?

—Sucia…

—Estúpida…

—Sonsa…

—Imbécil…

—Palurda…

—Infame…

—Indigna…

—Austera…

—Embustera…

—Asquerosa…

—Deforme…

—Monstruo…

—Criatura…

—Abominación…

—Detestable…

—Fútil…

—Fallida…

—Sí, soy todo eso…

—Asa miraba el interior de sus parpados, aparentemente dormida, mientras el sol salía y le reflejaba un rayo en la cara—.

Mamá, papá…

Tienen toda la razón.

He comprendido que estas voces no son solo un reclamo de mi subconsciente sobre sus muertes.

—Hasta que eres inteligente…

—Finalmente haces algo bien.

—En realidad, yo también soy un demonio.

Y como demonio, puedo comunicarme con los muertos.

Entonces, esto que oigo no es mi imaginación, ni mi culpa o mi falta de ganas para seguir viva —Asa abrió sus ojos ultramar, apagados, cargados de pesadez y con la sequía de un desierto—.

Son sus reclamos desde el más allá, incitándome a morir para volver al infierno y rodearme de las mismas aberraciones que son iguales a mí.

Solo de esa manera descansarán en paz, ¿No?

Sabiendo que el mundo les dio la venganza y cumplió su deseo de ver morir a la perpetradora de sus fallecimientos.

No se preocupen…

No tardaré mucho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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