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Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 6

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  3. Capítulo 6 - 6 Sombras y qué las causa
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6: Sombras y qué las causa 6: Sombras y qué las causa —Asa, lo siento…

—Aome miraba a Asa, quien le observaba de vuelta—.

No hemos podido encontrar nada.

—¿Hace cuánto tiempo estamos así?

—Ha pasado una semana…

—Aome suspiró—.

Huevos podridos, patas de pollo, plumas y tus zapatos…

Aome bajó la mirada, observando que Asa traía los zapatos rotos del lado izquierdo, con parte de la suela desgastada y corroída por lo que parecía un cuchillo.

—Siento mucho lo de tus zapatos, Asa…

—No pasa nada…

—Asa le miró inexpresiva.

—Asa-Chan…

—El profesor Tanaka llegó con una caja entre sus manos, mientras ambas chicas se giraban a verle—.

Lamento mucho tu situación.

En verdad, sé que no han sido buenos días, pero, como tu profesor, quisiera entregarte esto.

El profesor extendió la caja y de ella sacó unos zapatos que Asa pudo reconocer, sus ojos ampliándose.

—Zapatos especiales…

—Asa los miró, anonadada—.

Cuestan mucho…

—No pasa nada, Asa-Chan —el profesor Tanaka se los entregó—.

Como tu profesor, es mi deber ayudarte en todo lo que pueda.

Solo pídemelo y lo haré.

—Señor Tanaka, esto es mucho…

No puedo…

—Asa negó frenéticamente, mientras Aome le observaba.

—Acepta, por favor…

Asa caminaba tranquila hacia la azotea.

Sus piernas ya no cojeaban, y las personas que la conocían parpadearon en confusión.

Ella llegó y volvió a su ritual de observar por la barandilla.

—¿Por qué?

¿Por qué me ayuda?

—Asa miró a la gente jugar en el receso, su bento en mano—.

¿Tan fácil es ayudar a otros?

Entonces que lo hagan con quienes realmente lo necesitan.

¿Por qué a mí?

Yo no necesito su ayuda.

Yo no necesito caridad.

Yo necesito morirme.

Necesito, desesperadamente, desaparecer…

—Oh, también estás aquí —la voz del profesor Tanaka la sorprendió, ahogando un grito—.

Oye, solo soy yo.

No te asustes, ¿Sí?

El profesor Tanaka estaba recargado en una pared, comiendo.

—Profesor Tanaka…

—Ese soy yo —Tanaka se acercó a ella, sonriendo—.

Dime, Asa, ¿Qué pensabas?

—¿Eh?

—Me refiero a lo que hacías —él se acercó a la barandilla, mientras la veía y pronto observaba a sus alumnos—.

¿Los observabas a ellos?

¿Te preguntabas cómo se sentiría jugar con ellos?

¿Ser su amiga, quizás?

—No pensé nada de eso…

—Asa le miró en silencio.

—Asa, Asa, Asa…

—La pelinegra se estremeció ante ese conjunto de palabras, pues la forma en que lo dijo sonó muy igual a las voces de su mente—.

No hay necesidad de pensar.

Tú también puedes ser como ellos.

Puedes jugar como ellos, comportarte como ellos, y estar igual que ellos.

—¿Por qué me dice eso tan de repente?

—Porque te he notado, Asa —Tanaka suspiró, dejando de comer—.

Y algo no va bien contigo.

Es evidente cuando has enflacado demasiado.

Antes solías ser una chica alegre, que leía y sacaba las mejores notas.

Y ahora apenas y puedes tener el mínimo aprobatorio.

Ya no buscas libros de la biblioteca, y tampoco prestas atención.

Estás en tu propio mundo.

—Lo siento…

—No, no lo sientas.

Está bien, es entendible.

Pero Asa, la vida sigue, y todos debemos avanzar —Tanaka le miró, sonriendo de forma amistosa—.

¿Por qué no intentas ser amiga de la presidenta de clase?

—¿Aome?

—Exacto —Tanaka asintió—.

Ella está comandando la búsqueda de los responsables de tu acoso escolar.

Ya sabes, se preocupa mucho por ustedes.

Los ve como a sus hermanitos.

—Eso…

—Asa miró a Aome, quien jugaba y, de vez en cuando, les observaba—.

Eso es verdad.

—¿Te digo algo, Asa?

—Tanaka le susurró, y Asa prestó atención—.

Yo creo que Aome tiene miedo de pedirte que seas su amiga.

Quizás te ve demasiado arriba por tus calificaciones y por lo linda que eres, que puedes llegar a intimidarla.

—¿De verdad?

—De verdad.

—Entonces, creo que lo intentaré…

—Hagamos esto —el profesor Tanaka aplaudió, mientras Asa le observaba con una gota de sudor bajando por su mejilla—.

Hoy van a trabajar juntas.

Van a comenzar a hacerlo hasta que finalice el año escolar.

—¿Qué?

—Aome parpadeó, inexpresiva—.

¿Juntas?

Pero, el trabajo es individual…

—Así lo pide el profesor Tanaka —Asa suspiró, mientras veía a los ojos de la otra chica—.

Lo siento.

No quiero estorbarte, pero me lo ha pedido.

—Está bien.

Si lo pide el profesor Tanaka, no voy a negarme.

—Asa, por favor pásame esa tiza.

—Ten —Asa le entregó aquella tiza, mientras escribían cálculos en la pizarra.

—Y así es como las esponjas de mar son capaces de alimentarse, creando un ciclo de purificación acuático por medio de sus poros y absorbiendo el zooplancton del agua —Asa explicaba mientras Aome sostenía su exposición, cubriéndose la cara.

—Bien hecho, Asa-Chan, presidenta de clase —Tanaka aplaudía, observando a la pelinegra con estrellas en los ojos.

—Iritsuka Aome, profesor —dijo Asa, mientras Tanaka asentía.

—¿Lo has notado?

—Aome estaba junto a Asa, quien revisaba su casillero—.

Las cosas de tu casillero ya no están desordenadas ni hay bromas en ella.

—Tienes razón…

—Asa miró su casillero con sorpresa—.

Han pasado dos semanas y, desde que estamos juntas, ya nadie me hace nada.

Deben estar intimidados de tu presencia.

—Quien sabe —Aome se encogió de hombros, animada—.

Se lo comentaré al director.

Así cesará la búsqueda.

—Está bien.

¿Te acompaño?

—No es necesario.

Asa, puedes irte a casa.

—Pero Aome…

—Vamos, vamos, tu vives lejos —Aome insistió de forma cortés—.

Además, debo quedarme a mi club.

—¿A qué club has aplicado?

—Cazadores de Demonios —Aome asintió—.

¿Y tú, Asa?

—No he aplicado a ningún club…

—Deberías considerar unirte a uno.

Aunque tengas todos los créditos complementarios que pide el avance curricular, podrías conocer a alguien —Aome se marchó, mientras Asa observaba donde solía estar la rubia.

—Conocer a alguien —Asa pensó, su caminar era firme y derecho con ayuda de sus nuevos zapatos—.

No, no lo creo.

¿Quién querría estar conmigo?

¿Quién querría estar con un monstruo que mató a sus padres?

¿Quién sería digno de fijarse en un ser que fue capaz de asesinar a sus progenitores?

—Denji, si no me cargas voy a hacerte cosquillas.

—¡Espera, no uses eso!

Asa pasó de largo por el parque, cabizbaja.

—La única persona que me mira parecen ser el profesor y Aome.

Y el salón cuando expongo.

Pero ni siquiera tengo fuerzas para intentar ser vista.

Era linda, pero…

—Asa llegó al orfanato, sus ojos caídos—.

Ya no soy más que una sombra que engulle a mi ser.

—¿Un contrato?

—Yoshida escuchaba a los miembros del club hablar, con los ojos cerrados.

—Sí, un contrato.

Todos en seguridad pública tienen uno —Yoshida estaba sereno, ajeno a todo el ruido del salón.

—Oye, Yoshida-Sempai, ¿Qué contrato tienes tú?

—No tengo ninguno —Yoshida dijo, mientras toda el aula se llenaba de sorpresa.

—¡Pero Yoshida-Sempai, es peligroso!

—No para mí —Yoshida sonrió con los ojos aún cerrados, balanceándose en su silla, con los pies sobre el escritorio—.

Desde pequeño he cazado demonios.

Era mi labor.

Me hice poderoso a base de experiencia, entrenamiento y práctica.

Arriesgué mi vida en innumerables veces, y sigo vivo gracias a mi propia fuerza, no a un demonio.

—Yoshida-Sempai, mencionó que hay alguien igual de joven que usted y que es más fuerte.

—Así es.

—¿Y qué contrato tiene él?

Yoshida dejó de balancearse, mientras abría los ojos y observaba por la ventana.

—Él no tiene ningún contrato.

Sometió a su demonio.

—¿Qué?

—Ese monstruo fue capaz de someter al demonio, porque el propio demonio quería un contrato con él.

Así de fuerte es él.

¿Saben?

Aunque esto es un club, todos ustedes pueden ser grandes cazadores.

Preferiría que no arriesguen sus vidas, pero dado que les encanta, los animaré y entrenaré.

Pero tengan en cuenta algo…

—¡Denji, más alto!

—¡Es que pesas mucho!

—¡Más alto, más alto!

—¡Espera, me siento mal del estómago!

—¡No me importa, Denji!

—¡Nayuta, eres una malcriada!

—¿Quién me volvió así?

—Nunca serán igual de fuertes que él.

Nunca.

—¿Oh?

¿Una chica humana?

Hacía tanto tiempo que no veía a una.

Además, una tan joven.

Niña, ¿Quién te enseñó a encontrarme?

—Con dinero baila el perro, y con suficiente plata las lenguas se aflojan.

—Eso es muy poco poético de tu parte.

¿Qué quieres?

—Un contrato.

—Ya sé que quieres un contrato.

No pregunté eso, niña.

¿Qué es lo que quieres?

—¿Qué quiero?

Quiero que me reconozcan.

Quiero ser la mejor, la más fuerte e inteligente.

Quiero toda la atención en mí.

Quiero ser el centro del mundo.

Quiero ser la regente de todo lo que existe.

Quiero tener en la palma de mi mano a todo aquello que desee.

—De no ser porque tus ojos no tienen anillos, diría que eres Laplace.

—¿Laplace?

—Nada.

Solo un cuento de terror para los demonios.

Niña, ¿Qué es lo que quieres?

No qué quieres lograr con tu poder.

¿Qué es lo que deseas?

—¿Qué deseo?

Bueno…

Asa se duchaba en el orfanato, sus manos temblaban al recargarse en la pared, mientras su cabeza agachada hacía que su cuerpo esquelético fuera un espectáculo de circo para todos los que llegasen a mirarla.

Y cuando se bañaba, era la única ocasión en que su pelo adquiría brillo.

—Quiero matar a Asa Mitaka.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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