Denji (No) es un Niño Parte 2 - Denji is (Not) a Child Part 2 - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Sombras y cómo se proyectan
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7: Sombras y cómo se proyectan 7: Sombras y cómo se proyectan —Tengo un mal presentimiento…
—Asa pensó mientras se terminaba de vestir.
Asa caminó con normalidad a la escuela.
La pequeña joroba en su espalda se hacía menos pronunciada a medida que se acercaba al colegio, donde una sensación de incomodidad le enganchaba.
—Siento como si no quisiera ir.
¿Por qué?
Es extraño.
—Oye…
—Yoshida habló a un rubio de espaldas a él, mientras le veía frente a una máquina expendedora—.
Me han pedido que te vigile.
Pero, ¿Acaso necesitas vigilancia?
—No lo sé.
¿Qué dice el viejo?
—Una voz grave y profunda le recibió, mientras Yoshida reía.
—¿De verdad esa es tu voz?
Juraría que no pareces de diecisiete.
¿Cuánto ha pasado desde que dejaste de pelear?
¿Dos meses?
Sigues dando miedo.
—No creo haberte hablado antes.
Te recordaría.
—No, no nos conocíamos.
Tan solo, ya ves, Kishibe-Sensei me encomendó la tarea de vigilarte.
—¿Vigilarme?
¿El viejo me quiere tener bajo vigilancia?
—Hayakawa Denji de clase Especial.
El más fuerte de Seguridad Pública.
El cazador de demonios más fuerte de la actualidad, en palabras de Quanxi.
¿Requieres siquiera que te explique por qué?
—Mientes —Denji se giró, y Yoshida tuvo que observarle un poco más arriba, pues había una diferencia de casi once centímetros entre ellos.
—¿De verdad eres tan alto?
¿Cuándo creciste tanto?
Tus informes decían que no medías más de uno con ochenta.
—Estoy comiendo bien —Denji respondió, sus ojos ámbar brillantes observando al individuo enfrente suyo—.
Hirofumi Yoshida, presidente del club de Caza demonios.
¿Cuasi-Especial?
¿Cuándo pusieron rangos?
—Ni siquiera sabías que eres clase Especial…
—Yoshida susurró, suspirando—.
Kishibe-Sensei hizo reformas tras la muerte de Makima.
—Laplace —Denji le interrumpió, mientras Yoshida parpadeaba—.
Es Laplace.
Makima era un alias para este mundo.
—El Demonio del Control…
¿Laplace?
¿Ese es su nombre?
—Yo la llamo Nayuta —Denji sonrió, abriendo su lata de refresco y bebiéndola—.
Ahora dime, ¿Cuál es la razón del que estés aquí?
El viejo sabe que no necesito vigilancia mientras tenga a Nayuta.
—Parece que leer te hace mucho bien —Yoshida suspiró, sonriendo de forma amable—.
Me han llamado para estar junto a ti en caso de que una amenaza aparezca.
Dado que no peleas, se me ha asignado como el protector de tu entorno.
Suponiendo que decidas pelear, tan solo te asistiré o me iré, si es que, ya sabes, te transformas.
—No pelearé —Denji bebió otro sorbo—.
Prometí que no más peleas, no más demonios.
Mi prioridad es tener una carrera, un buen trabajo y que a esa niña no le falte nada.
—Eres una persona muy noble, Denji.
Lamentablemente el mundo no coopera.
—No hace falta que coopere —Denji sonrió ligeramente—.
Si no coopera, haré que coopere.
Siempre puedo dar dos o tres golpes.
—Supongo que dos mil suicidios deben pasar factura de alguna manera…
—¿También te contó eso?
—Está en tu informe.
Tienes un historial demasiado impresionante.
Tus únicas derrotas son contra el demonio Katana y de la Oscuridad.
Lo demás sin victorias, incluso contra Laplace.
—Por algo soy el más fuerte.
Aunque, bueno, me gustaría ser el mejor estudiante —Denji se recargó en la pared a su espalda, mirando a Yoshida—.
Entonces, ¿Algún reporte?
¿Algún demonio?
¿Algo?
—¿Puedes detectarlos?
—¿Cómo se supone que haga eso?
—Los híbridos poseen sentidos mejorados.
Podías detectar gente por su olor y sonido, ¿No?
—No soy tan bueno como Power —Denji se encogió de hombros—.
Pero, he notado que hay una sensación extraña en estos últimos días.
—¿Puedes describirla?
—En el sótano del colegio.
Hay algo extraño.
Revisé y era un rastro de tizas, sangre de gallina y velas negras.
Alguien intentó hacer un ritual de invocación.
—¿Sirve?
—Por algo está extraña la escuela —Denji se puso serio—.
No sé qué demonio fue convocado, pero cuando fui al infierno, miles de puertas cubrían el cielo.
Si cada una de ellas puede ser abierta, deben haber distintos métodos.
Una invocación por ritual no debe ser la excepción.
—Y no ha atacado.
¿Hizo un pacto?
¿Un nuevo híbrido?
—Yoshida estaba serio, mirando a Denji—.
Si es un híbrido, estamos ante un individuo que no podemos detectar.
—Power podía oler y distinguir demonios de híbridos y humanos.
No puedo hacerlo, pero, ¿Sabes qué puedes hacer?
—¿Qué?
—Puedes empezar por investigar el sótano, tomar fotos e investigar en Seguridad Pública.
Si logras identificar al demonio invocado, quizás puedas obtener pistas de quién podría ser.
Después de todo, los híbridos tenemos un rasgo común: Nuestro activador de transformación.
El mío es un cordón, el de la katana su brazo.
Piénsalo —Denji estrujó su lata y la tiró en la basura.
—Activador de transformación.
Un gatillo de acción…
—Yoshida miró al piso de abajo desde la barandilla, entrecerrando los ojos—.
Ni siquiera supe que había una sensación extraña.
¿Esta es la diferencia entre un híbrido y un demonio?
También me descifró en segundos…
¿Esto es un Clase Especial?
—Asa-Chan, ¿Cómo sigues?
—Aome le preguntó a Asa, ambas haciendo tarea.
—Bien, supongo que igual…
—¿Te parece si adelantamos la tarea?
Mi club solo está recibiendo entrenamiento del presidente y…
—Aome miró a los lados, algo nerviosa—.
Es un infierno.
—¿De verdad?
—Yoshida-Sempai nos obliga a usar armas de verdad, hacer ciento cincuenta flexiones y correr grandes distancias.
Y siempre se la pasa hablando del más fuerte, comparándonos con él…
—Parece que te molesta un poco eso…
—Asa, claro que me molesta.
¿Te gusta que te comparen con los demás?
—No…
—A nadie.
Todos deben estar igual de hartos que yo.
Me saldría pero, de verdad me ha servido el entrenamiento.
Tengo una mejor figura y, aunque no lo creas, me he defendido de un demonio.
—¿De verdad?
—Así es.
Maté a un demonio pequeño que miré en mi camino a casa.
Era un demonio con forma de hojas de papel, así que lo maté.
¿Puedes creer que hay idiotas a los cuales les dan miedo las hojas de papel?
—Quizás tienen un trauma…
—Tonterías —Aome negó—.
Uno siempre debe caminar hacia adelante.
Debemos dejar atrás el pasado porque solo nos retiene de ser mejores.
¿No lo crees, Asa-Chan?
—Bueno, sí…
—Entonces eres de las mías.
Ahora que lo pienso, ¿Te parece si comemos algo?
—Pero no podemos salir del aula…
—Claro que podemos —Aome se paró y la llevó de la mano—.
Eres amiga de la presidenta.
Obvio que puedes.
—¿Quieres algo, Asa?
—Aome preguntó, mientras Asa observaba diversos platillos.
—No tengo hambre, Aome.
El estómago de Asa emitió un sonido extraño, sonrojándola.
—¿No?
—Aome se burló—.
Oh, Asa, de verdad eres muy modesta.
—No gastes dinero, mejor pediré algo de la cafetería del colegio…
—Tonterías.
Te estoy dando un regalo —Aome pidió sopa de miso Ramen para Asa—.
¿Por qué eres así, Asa?
Siempre eres tan modesta, como si molestaras a los demás con tu presencia.
—Porque…
—¿Porque?
—Porque no me gusta que desperdicien dinero en mí.
No me gusta saber que gastaron dinero que pudo haber sido aprovechado en cosas más prioritarias.
Aome le observó sin parpadear, mientras la pelinegra de ojos ultramar se ponía cabizbaja.
—Asa, ¿De verdad piensas eso?
—Sí.
—Entonces vienes hoy a mi casa —Aome y Asa recibieron sus platillos, sentándose a comer—.
No puedes vivir pensando así, Asa.
Te enseñaré que vivir es bonito, y todas las personas merecen vivir.
Asa se sentó junto a Aome, quien comía Ramen de Tofu.
Asa le observó, luego a su plato y, de repente, un malestar se alojó en ella.
Probó el primer bocado con una cuchara, y al sentirlo dentro de su boca, las ganas de regurgitar le consumieron.
Asa se contuvo, y de una forma demasiado lenta, comenzó a comer.
Tras un rato acabaron, con Asa llegando a engullir todo el contenido de la sopa.
Aome sonrió, tomándola de la mano y caminando junto a ella.
Las cosas de ambas estaban en sus casilleros, y fuera del colegio, emprendieron rumbo.
Mientras se dirigían a la dirección de Aome, una voz en la cabeza de Asa le estaba llamando.
—”Te enseñaré que vivir es bonito, y todas las personas merecen vivir”.
El recuerdo de las palabras de Aome resonó en su mente.
Una parvada de aves sobrevolaba el horizonte que se teñía del crepuscular tono obscuro.
—Pero, yo nunca dije que vivir era feo.
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