Deseos imperfectos - Capítulo 323
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 323: Problemas y Peligro
Ying abrió los ojos en una habitación muy iluminada y los entrecerró. Tenía la boca seca y pastosa. Un leve movimiento de su cuerpo la hizo gemir de dolor, pues la jaqueca era una prueba inequívoca de lo que había hecho la noche anterior. Quiso refugiarse bajo el edredón para escapar del dolor que le recorría el cráneo en oleadas, como una marea helada.
Una oleada de náuseas la golpeó con fuerza, haciéndola correr hacia el baño. Necesitaba vomitar y vaciar el estómago para luego tirar de la cadena y arrastrar con ello la vergüenza de la noche anterior.
Estaba agotada después de vomitarlo todo y apoyó la cabeza contra la fría pared de cristal de la ducha. Acababa de cerrar los ojos para descansar un poco cuando oyó: —Por fin te has despertado.
Ying abrió los ojos lentamente y miró a Cali. Intentó sonreír, pero le supuso un gran esfuerzo. Apenas emitió un sonido gutural a modo de respuesta. Ying se lamió los labios, agrietados y deshidratados, sin moverse de su sitio.
A Cali le hizo gracia su estado. De un solo vistazo se dio cuenta de que Ying no estaba acostumbrada a aquello. Le sorprendió de verdad que alguien como Ying fuera tan mala bebiendo o aguantando el alcohol. De hecho, era la peor que Cali había conocido en su vida.
—¿Quieres un poco de agua? ¿O te traigo más vodka? —provocó Cali a Ying a propósito. Ying, que apenas se sostenía, hizo una mueca de asco solo de pensar en el alcohol y volvió a arrastrarse para vomitar, pues el simple recuerdo de la bebida bastó para provocarle náuseas. Cali soltó una risita antes de agacharse a su lado para sujetarle el pelo mientras le frotaba suavemente la espalda. —¿Si conoces tus límites, por qué te pasaste?
Ying miró la imagen borrosa de Cali que tenía delante a causa de las lágrimas que se le acumulaban en los ojos. —Seré un perro si vuelvo a beber.
—Eso lo dice la resaca —dijo Cali mientras la ayudaba a levantarse—. Lávate, voy a buscarte algo de ropa.
Justo cuando Cali se giraba para irse, oyó a Ying decir: —Gracias.
Cali sonrió para sus adentros. Sabía por qué le daba las gracias. Pero en realidad no creía que fuera necesario. —Tú me estás ayudando, así que yo te he ayudado a ti a cambio. No creo que haya nada por lo que estar tan agradecida.
….
¡Toc, toc!
Cali se levantó para abrir la puerta de su suite y dejó que el servicio de habitaciones metiera el carrito de la comida que había pedido para cierta persona que sufría de resaca. Justo cuando cerraba la puerta, vio a Ying salir del dormitorio con su ropa puesta y no pudo evitar una mueca.
Aunque se podía considerar a Ying una chica alta en comparación con las chicas de Asia, al lado de la excepcional altura de Cali, era pequeña. Por eso Ying tuvo que remangarse los vaqueros tres veces para que le quedaran de un largo aceptable. En cuanto a la camisa, le quedaba demasiado holgada para su delicada figura y por eso se veía tan rara.
—No me mires así —advirtió Ying mientras se dirigía hacia la comida que la llamaba, tentándola de una forma que no podía resistir.
Cali negó con la cabeza y le preguntó: —¿Cómo te las has arreglado para que no se te caigan los vaqueros?
—Con mis imperdibles de emergencia —se encogió de hombros Ying mientras se metía una baya en la boca con deleite.
—¿Y qué vas a hacer con la camisa? Así pareces una vagabunda —comentó Cali.
Ying arrugó un poco la cara antes de coger el bajo de la camisa y hacerse un nudo en medio, haciendo que pareciera un poco más presentable que antes. —¿Has visto mi móvil?
Cali fue a desenchufar su móvil del cargador y se lo lanzó a Ying, que lo cogió con facilidad. —Ha estado sonando toda la noche y solo se ha callado cuando se ha quedado sin batería. Así que te lo he puesto a cargar. —Ying murmuró en respuesta mientras encendía el móvil, que empezó a vibrar sin parar—. Parece que alguien te echa mucho de menos.
Ying negó con la cabeza, mirando a Cali, que había abierto una revista para leer. Marcó el número que la había llamado más veces. —¡Hola, Tío Kuan!
—Señorita, ¿dónde está? —se oyó la voz de una persona que intentaba mantener el tono lo más ecuánime posible—. Llevo intentando localizarla desde anoche. Ya es mediodía y todavía no sé dónde está.
—¡Respira hondo, Tío Kuan! —dijo Ying—. Estaba con una amiga nueva que hice y perdí la noción del tiempo. Te estás preocupando para nada.
Hubo un silencio al otro lado de la línea antes de que ella oyera: —¿Entonces no fuiste a la Residencia Yan?
La sonrisa en el rostro de Ying se tensó un poco antes de relajarse para decir: —Le prometí a Zi que no volvería a casa sola. No me gusta romper mis promesas.
—Eso está bien. Eso está muy bien —dijo el Tío Kuan, soltando un suspiro de alivio—. ¿Cuándo vas a volver?
Ying frunció el ceño antes de responder: —No estoy segura. Tengo trabajo que terminar, así que es posible que vaya al cuartel general desde aquí. Y lo más probable es que me quede allí hasta que encuentre una pista que seguir.
Después de hablar otros cinco minutos, colgó la llamada y siguió comiendo su desayuno, que para otros era el almuerzo, con cara de satisfacción. Cali estaba muy sorprendida de verla así. Anoche mismo, la mirada de sus ojos le recordaba a una persona rota y, ahora, parecía la persona más feliz del mundo. Esta disparidad entre la Ying que vio anoche y la que tenía ahora delante era demasiado grande.
—Esa herida de tu brazo… —empezó Cali, haciendo que Ying también levantara la vista—. ¿Es de bala? —Ying masticó la comida mientras asentía con la cabeza—. ¿Es esa la razón por la que no apareciste a recibirme en el aeropuerto?
—Más o menos —respondió Ying. Dio un sorbo al zumo de fruta natural y continuó—: Si solo hubiera sido la herida, habría ido a verte a toda costa. Pero el problema es que me dejaron inconsciente. Así fue como me perdí nuestra cita.
—¿Cómo te la hiciste?
A Ying le hizo gracia su pregunta y soltó una risita. —¿Cómo le disparan a la gente? —Cali entrecerró los ojos, haciendo que Ying dejara de reír por sí sola—. No es algo por lo que debas preocuparte. Cuanto menos sepas, mejor.
Cali asintió con la cabeza. —¿Así que no vas a casa porque tienes que buscar a mi primo?
—En realidad, no. Simplemente no quiero ir a casa.
Cali frunció un poco el ceño y preguntó: —¿Y eso por qué?
—Allí no me espera nadie, salvo responsabilidades y soledad. Puedo cargar con las responsabilidades, pero la soledad es un poco abrumadora cuando no estás acostumbrada a ella.
Los ojos de Cali brillaron con sorpresa al oír sus palabras. —Sobre esa quemadura en la mano y la marca en la mejilla…
—Estás preguntando demasiado.
—Lo sé, pero no puedo evitarlo. Anoche estabas hecha un desastre. Solo me preguntaba si esa mejilla hinchada y la quemadura de la mano fueron…
—Bajé la guardia —dijo Ying antes de que pudiera preguntar nada más—. No suelo hacerlo, pero cada vez que el corazón se involucra, tiendo a bajar la guardia. —Cali se mordió el labio mientras miraba a Ying, que seguía tan tranquila como antes—. Por eso he decidido no seguir a mi corazón a partir de ahora. Esa zorra siempre me da la dirección equivocada y tengo que sufrir sin motivo.
Cali acabó sonriendo ante sus palabras. Sabía que Ying no iba a compartir mucho con ella, ya que, si no se había atrevido a hablar en su estado de ebriedad más vulnerable, era imposible que revelara nada estando sobria. Sin embargo, lo poco que Ying estuvo dispuesta a contar ya había dejado una fuerte impresión en Cali.
Como dijo Darren una vez, a Cali le gustaban los problemas. Y Ying estaba envuelta en problemas y peligros de pies a cabeza. Le intrigaba hacerse amiga de aquella chica sin amigos que era tan buena ocultándose tras su fachada sonriente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com