Destino equivocado - Capítulo 12
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
12: capitulo 12:Noche de descubrimiento 12: capitulo 12:Noche de descubrimiento Cuando llegaron a la Casa del Eclipse, Aisha entró sin pensarlo dos veces y prácticamente sacó a Estela de la habitación.
Minutos después, ambas se reunieron con Adriel en el patio del colegio.
Adriel, por su parte, había decidido buscar refuerzos: Elizabeth y Leo.
Si iban a meterse en algo peligroso, necesitaban a gente que conociera mejor el colegio.
Los cinco se sentaron en círculo, bajo la sombra de un viejo árbol.
Estela miró con desconfianza a Elizabeth… y especialmente a Leo.
El chico le dedicó una sonrisa ladeada, claramente divertida.
—Bueno —dijo Adriel, rompiendo el silencio—, hay muchas cosas raras pasando.
Demasiadas.
Y creemos que ustedes pueden ayudarnos, porque llevan más tiempo que nosotros aquí.
Estela frunció el ceño.
—Sí, pero… ¿por qué tuviste que traer al bromista este?
Leo se llevó una mano al pecho, exagerando la herida.
—Oye, tranquila, niñita.
Prometo no morder… hoy.
—Cállate —murmuró Estela, cruzándose de brazos.
Elizabeth suspiró.
—Ya, ya.
Cálmense todos.
Mejor escuchemos lo que Aisha y Adriel quieren decir.
Aisha respiró hondo antes de hablar.
—Creemos que el colegio esconde un secreto.
Esta mañana, cuando estuvimos en la oficina del director… escuché voces.
Venían de un pasillo lateral.
De una puerta roja.
Muy antigua.
Elizabeth abrió los ojos de golpe.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—preguntó Adriel.
—Esa puerta está cerrada desde que se construyó el colegio —explicó Elizabeth en voz baja—.
Está estrictamente prohibido acercarse.
Nadie entra ahí.
Leo, por primera vez, dejó de sonreír.
—Es verdad.
Dicen que si te pillan siquiera rondando esa zona, los profesores te castigan… o peor.
Algunos dicen que te expulsan.
Adriel apretó los puños.
—Eso es justo lo que lo hace sospechoso.
Y lo más raro es el director.
Cuando los espíritus se negaron a quitarnos los dones, se puso nervioso.
Demasiado nervioso.
Como si nuestros dones fueran un problema para él.
Aisha asintió lentamente.
—Siento que nuestros dones interfieren con algo que él no quiere que descubramos.
El grupo quedó en silencio.
El viento movió las hojas del árbol, y por un segundo, Aisha creyó escuchar de nuevo aquel susurro lejano… Ayúdame.
Algo oscuro se escondía en el colegio.
Y ahora, ya no estaban dispuestos a ignorarlo.
Estela habló, cruzándose de brazos, con una expresión claramente molesta.
—Bueno, creo que soy la única inteligente del grupo, evidentemente.
¿Por qué no usan sus dones?
Todos la miraron.
—Aisha —continuó—, tú recibiste un don para hablar con los espíritus.
Ellos te protegen, te entregan poder, conocimiento, claridad… incluso pueden advertirte de peligros.
¿Por qué no les preguntas qué es lo que realmente esconde el director o qué hay detrás de esa puerta roja?
Luego giró la mirada hacia Adriel.
—Y tú.
Tienes el don de ver la verdad mágica.
Puedes detectar mentiras, intenciones ocultas, hechizos disfrazados.
¿Por qué no lo usas con el director?
Él claramente no nos está diciendo todo.
Leo soltó una risa sarcástica.
—¡Guau!
Qué idea tan brillante.
Jamás se me habría ocurrido usar los dones que literalmente nos dieron anoche.
Estela lo fulminó con la mirada.
—O te callas ahora mismo… o te juro que te corto la boca y así ayudas al silencio del grupo.
Leo levantó las manos, sonriendo, y se quedó callado.
Elizabeth asintió lentamente.
—La verdad… Estela tiene razón.
Es una buena idea.
¿Por qué no lo intentan?
Aisha miró a los cuatro, dudando unos segundos.
Luego habló: —Sí… parece una buena idea.
Podría intentar contactar a los espíritus.
Pero no será algo ligero.
Ellos no responden si los llamo por curiosidad.
Adriel respiró hondo.
—Y yo puedo usar mi don, pero si el director está protegido por magia antigua, podría notarlo.
O algo peor… podría notarme él a mí.
Se miraron un segundo en silencio.
—Hagámoslo esta tarde —dijo Adriel al fin—.
Pero no solos.
Necesitamos ayuda.
Ustedes observen, busquen detalles, cualquier cosa que se nos esté escapando.
Elizabeth sonrió con determinación.
Leo se encogió de hombros.
—Bueno, si vamos a meternos en problemas… al menos que valga la pena.
Aisha sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda.
Los espíritus estaban atentos.
Y algo, detrás de esa puerta roja, también.
El patio estaba casi vacío cuando decidieron hacerlo.
El sol comenzaba a caer y la luz se volvía más fría, como si el colegio mismo contuviera la respiración.
Aisha cerró los ojos primero.
El aire a su alrededor se volvió más denso.
El murmullo del viento desapareció y, poco a poco, los sonidos normales fueron reemplazados por susurros que no venían de ninguna parte… y de todas a la vez.
—No los busques —susurró Estela, nerviosa.
Aisha llevó una mano a su pecho y dejó que el don fluyera.
Los espíritus llegaron sin ser llamados.
No aparecieron como sombras ni figuras aterradoras, sino como una presión invisible, una presencia antigua y atenta.
Voces superpuestas hablaron dentro de su mente.
—Nos oíste —dijeron—.
Ahora escucha.
Aisha tragó saliva.
—Hay voces detrás de la puerta roja —dijo en voz baja—.
¿Son espíritus malignos?
Hubo un silencio pesado.
Luego, las voces respondieron, más graves.
—No.
Aisha frunció el ceño.
—No hay espíritus oscuros allí —continuaron—.
Lo que habita tras esa puerta no pertenece a nuestro reino.
La piel de Aisha se erizó.
—¿Entonces qué es?
Los susurros se volvieron más tensos.
—Son como nosotros… pero no lo son.
—Tienen forma, conciencia y memoria.
—No son magos.
No son hechiceros.
No nacieron con magia… pero la resisten.
Aisha abrió los ojos de golpe.
—¿Resisten la magia…?
—susurró.
Los espíritus bajaron la voz, casi con advertencia.
—No fueron hechos para este mundo.
—Están encerrados.
—Y no deben ser olvidados.
La presión desapareció de golpe.
Aisha dio un paso atrás, respirando con dificultad.
—No son espíritus —dijo finalmente—.
Y tampoco son humanos comunes.
Todos se miraron en silencio.
Entonces Adriel avanzó.
—Mi turno.
Cerró los ojos y activó el Ojo del Velo.
El mundo cambió al instante.
Los colores se apagaron, las formas se volvieron borrosas, como si la realidad perdiera definición.
En cambio, líneas de magia invisible comenzaron a aparecer: sellos antiguos, capas de ocultamiento, juramentos tejidos en el aire del colegio.
Adriel se concentró en una sola cosa: el director.
Su magia.
Su intención.
La verdad.
De pronto, lo vio.
Un juramento poderoso envolvía al director, pero no era uno de protección… era uno de silencio forzado.
No mentía.
Ocultaba.
—Él no está poseído —dijo Adriel lentamente—.
Tampoco está loco.
Abrió los ojos, con el rostro pálido.
—Está protegiendo algo.
O a alguien.
Elizabeth dio un paso adelante.
—¿Qué cosa?
Adriel negó con la cabeza.
—No puedo verlo todo… pero sé esto: el director esconde una especie.
No es un castigo, no es una prisión común.
Es… una contención.
Leo tragó saliva.
—¿Una especie como qué?
Adriel apretó los puños.
—Aún no lo sé.
Pero no son estudiantes.
No son monstruos.
Y definitivamente… no deberían estar aquí.
Aisha sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Los espíritus dijeron algo más —añadió—.
Dijeron que no deben ser olvidados.
Estela susurró: —Entonces el colegio no es solo una academia… Elizabeth terminó la frase: —Es un escondite.
El silencio cayó sobre ellos.
Y, en algún lugar del colegio, detrás de una puerta roja antigua… algo respiró.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com