Destino equivocado - Capítulo 18
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18: capitulo 18:Josue 18: capitulo 18:Josue Mientras tanto, Estela y Leo recorrían los pasillos una y otra vez.
Miraban detrás de las columnas, abrían puertas, preguntaban en susurros, pero no había rastro de Aisha.
La inquietud crecía con cada minuto que pasaba.
En la puerta roja, Aisha abrió los ojos de golpe.
—Santo Dios… —susurró—.
Ya es la hora.
Sacudió suavemente a Josué para despertarlo.
—Vamos, debemos salir de aquí.
Ahora.
Josué parpadeó, todavía aturdido.
—¿No llamaremos la atención?
—preguntó en voz baja.
—No, si somos rápidos —respondió Aisha con seguridad—.
Iremos directo a la Casa del Eclipse.
Allí te ayudaré a cambiarte esa ropa.
Lo observó con atención y frunció el ceño.
—¿Estás herido de la pierna?
—Sí… un poco —admitió él.
—Ven —dijo ella sin dudar.
Aisha pasó el brazo de Josué sobre sus hombros y lo sostuvo con firmeza para ayudarlo a caminar.
Con la otra mano tomó su varita, murmuró un hechizo, y la puerta roja se abrió.
Antes de marcharse, la cerró con fuerza, asegurándose de que quedara sellada.
Avanzaron por los pasillos en silencio, doblando esquinas, esquivando sombras, hasta que de pronto se detuvieron.
Frente a ellos estaban Estela y Leo.
Los ojos de Estela se abrieron como platos.
Leo, en cambio, recorrió a Josué de arriba abajo con una mirada rápida y calculadora.
—¿Aisha?
—exclamó Estela, corriendo hacia ella—.
¿Estás bien?
¿Quién es él?
¿Por qué está sangrando?
¿Qué está pasando?
¿Por qué no me dijiste nada?
Aisha apenas tuvo tiempo de responder cuando Leo, rompiendo la tensión con su típico tono burlón, dijo: —Vaya, vaya… —sonrió—.
Así que ahora traes novios secretos al colegio.
La mirada fulminante de Aisha dejó claro que aquella broma no era el momento adecuado.
Aisha respiró hondo y los miró a ambos.
—Miren, ahora no tengo tiempo de explicarlo todo —dijo con voz firme—.
Necesito que me ayuden a llevar a Josué a la Casa del Eclipse para curarlo.
Luego les contaré todo lo que pasó, ¿sí?
Estela seguía confundida, pero al ver la herida de Josué y el estado de Aisha, asintió sin discutir.
Leo tampoco hizo más preguntas y se colocó del otro lado del chico para ayudarlo a caminar.
Avanzaban con cuidado cuando, de pronto, un chico rubio pasó frente a ellos.
Era el mismo con el que Aisha había cruzado miradas días atrás.
Ella no sabía su nombre, ni quién era exactamente.
El chico se detuvo y sonrió con naturalidad.
—Hola, Aisha.
Aisha se quedó completamente atónita por un segundo.
—H-hola… —respondió, aún sorprendida.
Estela notó la escena de inmediato y sonrió con picardía.
Leo, por su parte, se inclinó un poco hacia Josué y murmuró con tono burlón: —Parece que tienes competencia, amigo.
Estela no dudó ni un segundo y le dio un golpe en la cabeza.
—Ya, cállate, Leo.
Leo soltó una risa.
—Mucho amor por mí, ¿no, Estela?
Ella rodó los ojos con fastidio, mientras seguían caminando rumbo a la Casa del Eclipse, sin saber que aquel encuentro casual con el chico rubio no había sido una simple coincidencia.
Mientras caminaban, Leo miró de reojo a Aisha y habló con un tono más serio de lo habitual.
—Si te estás preguntando quién era el chico rubio… se llama Isaac.
Sus padres trabajan para el Comité Mágico.
Podrías tener suerte si hablas más seguido con él.
Aisha frunció el ceño de inmediato.
—Claro que no —respondió—.
Yo con uno del Sol… ni loca.
Solo son tonterías tuyas.
En ese momento llegaron a la Casa del Eclipse.
Entraron con cuidado, acomodaron a Josué en una cama y Aisha se encargó de curar sus heridas con precisión.
El chico, exhausto, no tardó en quedarse profundamente dormido.
Estela cruzó los brazos y miró a Aisha fijamente.
—Ahora sí —dijo—.
Dinos qué está pasando.
¿Quién es él?
Aisha se sentó en el borde de la cama y respiró hondo.
—Es un humano.
Leo abrió los ojos como platos.
—¿Un humano?
—exclamó—.
¿Cómo diablos llegó aquí?
Estela se ajustó los lentes, completamente confundida.
—Espera… —murmuró—.
¿Este es el secreto del director?
¿Esto es lo que no quería que tú y Adriel descubrieran?
Aisha asintió lentamente.
—Sí.
Lo encontré detrás de la puerta roja.
Estuvimos ahí toda la noche.
Me contó que secuestraron a su hermana, Antonieta.
Necesito ayuda para encontrarla… con o sin Adriel.
El silencio se volvió pesado.
—¿Por qué necesitarían humanos?
—preguntó Estela—.
¿Cuántos más habrá?
¿El director los capturó… o el Comité?
—Dijo que mataron a sus padres —añadió Aisha en voz baja.
Por primera vez en su vida, Leo dejó de bromear.
Su rostro se tornó serio.
—Esto… esto ya se salió de control —dijo—.
¿Qué vas a hacer ahora?
Aisha negó con la cabeza.
—No lo sé.
Primero hablaré con los espíritus.
Por ahora, volveré invisible a Josué.
No podemos permitir que nadie lo descubra.
Estela soltó un suspiro de alivio.
—Es lo mejor por ahora —dijo—.
Pero también deberías pensar en reconciliarte con tu hermano.
Tiene el mismo poder que tú… y podría ayudarte.
Aisha no respondió.
—Bueno, vámonos —dijo Estela, mirando a Leo.
Leo sonrió y volvió a su tono burlón.
—¿Ves?
Ahora dice “vámonos”, no “me voy”.
¿Estamos a punto de ser pareja oficial?
¿No es así, Estela?
¿Adiós, mi amor?
Estela frunció el ceño.
—Claro que no.
Ya basta, Leo.
Vámonos.
Leo se fue riendo mientras Estela lo seguía, dejando a Aisha sola en la habitación.
Ella se quedó mirando a Josué dormir, con la mente llena de preguntas, decisiones imposibles… y la sensación inquietante de que el verdadero peligro recién comenzaba.
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