Destino equivocado - Capítulo 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: capitulo 2:camino al destino 2: capitulo 2:camino al destino El día finalmente llegó.
La Academia de Preparación de Magos no existía en los mapas humanos.
Se alzaba lejos del mundo ordinario, apartada incluso del mar, oculta en lo más profundo de un bosque antiguo protegido por capas de hechizos imposibles de romper.
Quien no fuera invitado jamás podría verla, aunque caminara frente a sus muros.
El bosque respiraba magia, y los árboles parecían observar a quienes se atrevían a cruzarlo.
Mientras el carruaje era preparado en el patio de la casa Ravenwood, el aire estaba cargado de expectativa.
Aisha ajustó su abrigo oscuro y observó a su hermano desde la distancia.
Adriel revisaba una y otra vez su equipaje, acomodando libros, túnicas y frascos con una precisión casi nerviosa.
Sus manos se detenían, volvían atrás, corregían lo que ya estaba bien.
No era miedo exactamente… pero tampoco calma.
Aisha lo miró con atención durante unos segundos.
Luego, una sonrisa leve —afilada, casi divertida— se dibujó en sus labios.
—¿Qué tal, Adriel?
—dijo, acercándose—.
¿Estás muy nervioso por esto?
Adriel levantó la vista.
Sus ojos verdes se encontraron con los de ella por un instante demasiado largo.
Suspiró, cerró el baúl y apoyó una mano sobre la tapa.
—No es nerviosismo —respondió—.
Es… expectativa.
Aisha arqueó una ceja, divertida.
—Eso suena casi como una excusa —murmuró—.
Todos saben que quien duda, falla.
Adriel no se ofendió.
Nunca lo hacía con ella.
—O tal vez quien duda piensa —replicó con calma—.
No todos entramos a la academia por las mismas razones.
La sonrisa de Aisha se tensó apenas un segundo, casi imperceptible.
Luego giró el rostro hacia el carruaje, ya listo para partir, las ruedas negras brillando como si también aguardaran.
—Sea como sea —dijo—, una vez crucemos ese bosque… nada vuelve a ser igual.
Adriel asintió lentamente.
—Pero de una cosa sí te digo —añadió Aisha, deteniéndose frente a él—: todos nos respetarán.
Adriel la miró, atento.
—¿Sabes por qué?
—continuó ella—.
Porque somos la mejor familia de magos que ha pisado esa academia.
Deberías sentir orgullo por eso… en lugar de ir por la vida siendo amable con cada persona que se cruce contigo.
Adriel frunció ligeramente el ceño.
—No seas tan dura —respondió—.
Solo son personas.
Y tampoco quiero que tú seas tan cruel con algunas, Aisha.
Ella soltó una risa breve y rodó los ojos.
—Adriel, por favor.
Esa es nuestra genética.
No puedo ir por la vida fingiendo ser alguien que no soy.
Y, sinceramente, no me gusta tu personalidad.
Algún día voy a cambiar esta familia… así que deja las tonterías.
Adriel no respondió de inmediato.
Cerró el baúl con cuidado y se quedó en silencio unos segundos.
Cuando volvió a mirarla, había algo distinto en sus ojos: no ira, pero sí un leve desagrado, una grieta invisible.
—No estoy seguro de quedar en la Casa del Eclipse —dijo finalmente, en voz baja.
La sonrisa de Aisha se borró al instante.
—Claro que quedarás —replicó con firmeza—.
¿Eres consciente de lo que eres?
Eres el mago más prometedor de nuestra línea familiar después de mí.
Tienes el cabello negro, la marca de la maldad absoluta.
Estoy segura de que te elegirán para la Casa del Eclipse… y no para esa estúpida Casa del Sol.
Adriel sostuvo su mirada.
—No lo deseo —murmuró.
Aisha dio un paso más cerca, bajando la voz como si sellara un juramento.
—Estarás conmigo en la Casa del Eclipse, Adriel.
Lo quieras o no.
Él no respondió.
Ella sonrió de nuevo, convencida, segura, inquebrantable.
—Estoy segura de eso.
El carruaje los esperaba.
Mientras el carruaje avanzaba, las ruedas crujían suavemente sobre el sendero oculto.
Las ventanas geminadas dejaban entrar destellos verdes y sombras móviles, como si el bosque respirara al mismo ritmo que ellos.
Desde el asiento frontal, Aida Ravenwood se volvió apenas hacia su hijo.
—Hijo mío —dijo con voz firme—, quiero que te comportes como lo que eres.
Honra tu apellido.
Hizo una breve pausa antes de añadir: —Espero que tu hermana Aisha haga lo mismo.
Adriel no respondió.
Se limitó a mirar por la ventana, observando cómo los árboles se cerraban tras el carruaje como un telón viviente.
Asintió una sola vez, despacio.
Aida no dijo nada más y volvió la vista al frente.
El bosque, cada vez más profundo, parecía encantado.
Criaturas diminutas revoloteaban entre las ramas, luces vivas se deslizaban entre los troncos y hojas imposibles cambiaban de color al paso del carruaje.
Para Aisha, aquello era fascinante.
Sus ojos azules brillaban con auténtica curiosidad.
Se inclinó hacia Adriel y señaló el exterior.
—Mira eso —dijo—.
Hadas del bosque.
Sonrió con un deje de superioridad.
—Son lindas… pero no tienen astucia.
A veces es mejor tener cerebro que solo una cara bonita, ¿no lo crees?
Adriel la miró entonces.
Sus ojos verdes se clavaron en los de ella, tranquilos pero firmes.
—Depende de quién lo diga —respondió—.
Luego añadió, con calma medida: —O de cómo lo haga.
Aisha sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.
No respondió.
Solo se recostó de nuevo en su asiento, convencida de que, aun así, el mundo terminaría dándole la razón.
El bosque continuó cerrándose a su alrededor.
Y la academia ya los estaba esperando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com