Destino equivocado - Capítulo 20
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: capitulo 20:Encuentros y confesiones 20: capitulo 20:Encuentros y confesiones Más tarde, Adriel decidió hacerle caso a Aisha.
Con determinación, se dirigió a la casa del Sol, dispuesto a disculparse con Elizabeth.
Mientras caminaba, vio por la ventanilla de la enfermería que Julieta había despertado y lo buscaba con desesperación, pero él ignoró la distracción.
Sabía que debía enmendar su error primero.
Entró en la casa del Sol y todos lo miraron, sorprendidos y algo tensos.
Subió rápidamente hacia la habitación de Elizabeth y tocó la puerta.
Nadie respondió al principio.
Tocó de nuevo y, con voz algo triste, escuchó: —¿Quién es?
—Soy yo, Elizabeth.
Adriel —dijo él con sinceridad, tratando de mantener la calma.
La puerta se abrió de golpe y Elizabeth lo miró con desconfianza y un dejo de tristeza: —¿Qué quieres?
¿Venir a humillarme de nuevo?
Elizabeth se veía evidentemente muy mal.
Su rostro estaba cansado, sus ojos enrojecidos, como si hubiera llorado toda la noche.
Adriel respiró hondo y respondió con sinceridad: —No, mira —dijo—.
He venido a disculparme contigo.
No sabía que tenías esos sentimientos por mí.
Perdón si te hice sentir ignorada, como si fueras solo una amiga más.
Julieta me dijo que debía comportarme así porque es mi novia… Tienes que entenderlo, pero de verdad, tú no merecías nada de eso.
Perdóname.
Elizabeth lo observó, pensando cuidadosamente antes de responder: —Bueno… podrías ponerle límites a Julieta, ¿sabes?
Yo solo soy tu amiga.
No debería haber celos de su parte.
Así que o le dices que deje de hacer eso, o terminaré como lo hizo tu hermana.
Adriel abrió los ojos, sorprendido y preocupado: —No, no, no, claro que no.
No se va a volver a repetir.
Pero… ¿tú podrías perdonarme?
Elizabeth lo observó, pensando cuidadosamente antes de responder: —Bueno… podrías ponerle límites a Julieta, ¿sabes?
Yo solo soy tu amiga.
No debería haber celos de su parte.
Así que o le dices que deje de hacer eso, o terminaré como lo hizo tu hermana.
Adriel abrió los ojos, sorprendido y preocupado: —No, no, no, claro que no.
No se va a volver a repetir.
Pero… ¿tú podrías perdonarme?
Elizabeth lo miró con firmeza y algo de dulzura: —Supongo… pero no sin antes hacer algo.
Adriel la miró con firmeza y le dijo: —¿Qué cosa de bueno?
Es evidente… si quieres pegarme, la verdad es que mi nombre es muchas cosas.
Además, he venido a disculparme y siento que tú te mereces una gran disculpa.
Adriel abrió la boca para seguir hablando pero Elizabeth no lo dejó terminar.
Se acercó de repente y lo besó.
Adriel se quedó congelado unos segundos, sin saber cómo reaccionar.
Era como un engaño a Julieta, pero no pudo evitar corresponder al beso, rodeando a Elizabeth por la cintura mientras su corazón latía acelerado.
El mundo pareció detenerse por un instante, mientras ambos sentían la mezcla de culpa, sorpresa y algo más profundo que no podían ignorar.
Mientras se besaban con ternura, todo parecía hermoso, como si el tiempo se detuviera.
Pero de repente, Elizabeth se apartó un poco, con el rostro enrojecido y los ojos llenos de dudas: —Lo siento… fui una tonta —dijo—.
Tú tienes novia y acabas de serle infiel, de verdad… Adriel no la dejó terminar.
La tomó de las manos, la miró a los ojos y dijo con firmeza: —No es tu culpa, tranquila.
Sin esperar más, la volvió a atraer hacia él y la besó con suavidad y pasión.
Poco a poco, se adentraron en la habitación, sin soltar el beso, mientras el mundo exterior desaparecía a su alrededor.
Mientras tanto, Aisha conversaba con Estela y Leo en uno de los salones comunes.
Caminaban sin apuro, riendo entre murmullos, cuando Aisha se detuvo de pronto y miró a Estela con una sonrisa llena de curiosidad.
—Oye… ¿tú qué crees que estén haciendo Adriel y Elizabeth ahora mismo?
—preguntó, casi saltando de emoción—.
Estoy tan intrigada.
Ojalá que se arreglen.
Es más, espero que por fin hagan algo, porque yo sinceramente creo que su relación con Julieta ya terminó.
No la soporto.
Estela asintió, cruzándose de brazos.
—Sí, yo también lo creo —dijo—.
La verdad sería bonito que ellos fueran pareja.
Ambos me caen súper bien… bueno, excepto Adriel a ratos —añadió con una sonrisa ladeada—, pero juntos hacen linda pareja.
Leo, que venía escuchando en silencio, no tardó en meterse en la conversación con su típico tono bromista.
—Hablando de parejas… —dijo alargando las palabras—, mi hermana y Adriel parecían una hace un momento, ¿no?
Pero ahora creo que es nuestro turno, Estela.
Tú y yo deberíamos ser pareja.
¿Qué dices?
Estela lo miró sin dudarlo un segundo.
—Ni loca, ni muerta… acepto —respondió con ironía.
Leo soltó una carcajada.
—Algún día vas a tener que aceptar en serio —dijo—, porque yo nunca me rindo.
—No —replicó Estela—.
Yo me muero antes… o te mato primero.
Aisha no pudo evitar reírse.
—Genial —dijo entre risas—.
Aquí todos tienen pareja menos yo.
¿Qué clase de colegio es este?
—De hecho, yo creo que… pareja aquí —dijo Leo, sonriendo de lado.
—¿Ah, sí?
¿Quién?
—preguntó Aisha, curiosa.
Leo apuntó con un dedo y dijo con picardía: —Isaac.
Aisha volteó, y allí estaba él: el mismo chico rubio del que se había flechado desde que llegó al colegio, desde el primer momento que cruzó las puertas del club.
Su corazón dio un salto.
—¡Oh, oh!
—susurró Estela, notando la situación—.
Ahí viene.
Leo, mejor vámonos.
Necesitamos darle su espacio.
Leo, sin perder su tono bromista, replicó: —Vámonos… ya somos una pareja oficial.
—Cállate y vámonos —dijo Estela, rodando los ojos.
Se fueron riendo mientras Aisha se quedaba sola, nerviosa, con el corazón latiendo rápido… y viendo cómo Isaac se acercaba hacia ella.
Isaac se acercó con una sonrisa y dijo: —Hola, Aisha.
Aisha dudó un momento antes de responder: —Hola, Isaac.
Él se sentó a su lado y continuó: —Oye, quería invitarte a algo.
Aisha sintió cómo le subía un poco la adrenalina y respondió nerviosa: —¿En serio?
—Sí —dijo Isaac con naturalidad—.
¿Qué tal si vamos de picnic?
—Claro, me encantaría —dijo Aisha, aunque con curiosidad añadió—.
Pero, ¿por qué me invitas apenas nos conocemos?
Isaac sonrió y respondió: —Bueno… aunque seas una chica del Eclipse, una Ravenwood, encontré que eres genial y me encantó.
Lo que hiciste el otro día con Julieta… fue muy épico.
Ella se lo merecía.
Por eso me atreví a invitarte.
Aisha sonrió ampliamente: —Gracias… pues si es así, acepto.
Isaac se levantó con entusiasmo: —¡Genial!
Te veo en el bosque.
—Nos vemos —dijo Aisha, todavía sonrojada, mientras lo veía alejarse.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com