Destino equivocado - Capítulo 24
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24: capitulo 24:Portales 24: capitulo 24:Portales Después de que Josué terminara de hablar, Aisha despertó.
Abrió los ojos de golpe, sobresaltada, respirando con dificultad.
Estaba asustada… pero no tan desorientada como lo había estado Estela al despertar.
Era un miedo distinto, más lúcido, más pesado.
Adriel se arrodilló frente a ella de inmediato.
—Aisha… qué bueno que volviste —dijo con alivio—.
¿Qué pasó?
¿Viste algo?
Estela vio demasiado.
Aisha tragó saliva.
Sus manos temblaban.
—Ya lo sé —murmuró—.
Erevan Blackwood.
Los miró uno por uno—.
Ustedes ya lo saben, ¿verdad?
Estela frunció el ceño.
—¿Qué?
¿Él?
Es un humano… —su voz se endureció—.
Un mismo diablo.
Aisha suspiró con amargura.
—Tal vez podría entenderme mejor con él.
Nunca me he llevado bien con los espíritus… ¿por qué no con el mismo diablo?
Leo negó con la cabeza, incómodo.
—No creo que sea conveniente siquiera pensarlo —dijo—.
Pero dime… ¿te dijo algo?
Aisha asintió lentamente.
—Me mostró una profecía humana, secreta.
Estaba escrita en una pared.
Yo caminaba dentro del sueño y las palabras aparecían solas.
Decía: “Cuando la magia despierte en los humanos, el mundo colapsará y será destruido.” El silencio cayó sobre la habitación.
—Por eso Erevan ya lo está viendo —continuó Aisha—.
Humanos con sueños proféticos.
Niños que ven portales.
Personas que enloquecen sin saber por qué.
El mundo humano está empezando a abrir los ojos.
—Y no está preparado —dijo Elizabeth con firmeza—.
No está preparado para descubrir que detrás de su realidad existe un mundo mágico que, en parte, lo controla.
Leo apretó los puños.
—Si eso ocurre… ya no habrá dos mundos.
—Exacto —respondió Elizabeth—.
Solo quedará el mundo mágico.
Y el mundo humano dejará de ser… humano.
Eso sería terrible.
Josué frunció el ceño.
—¿Por qué terrible?
—preguntó—.
Ustedes siempre hablan de magia, de batallas, de sacrificios.
Elizabeth lo miró con seriedad.
—Porque nosotros nacimos preparados.
Venimos de linajes de sangre.
Hechiceros, magos, guardianes… estamos hechos para enfrentar el caos.
Los humanos no.
Ellos siempre reaccionan con miedo.
Y el miedo los vuelve violentos.
Aisha bajó la mirada.
—Eso es lo que Erevan quiere —dijo en voz baja—.
Trasladar la fuente de la magia.
Dejar que los humanos apenas la vean… y luego cerrar la conexión definitivamente.
—¿Para qué?
—preguntó Leo.
Elizabeth respondió sin dudar: —Para convertirse en el guardián definitivo.
Para que el mundo humano muera… lentamente.
Josué se quedó pensativo unos segundos y luego habló: —Esto… se parece a algo que he escuchado en mi pueblo.
Una vieja historia.
Decía que alguien debía sacrificar millones para salvar la Orden.
La profecía… Miró a Estela y luego a Aisha.
Aisha asintió.
—Exacto.
Yo soy el poder.
Estela es la puerta.
Y él lo sabe.
Estela sintió un nudo en el pecho.
—Dijo que no debía entrar en mis sueños —susurró—.
Y que tú no debías usar tu poder —miró a Aisha —.
Porque puede robar nuestra energía.
—Entonces no dormiré —dijo Estela de pronto—.
No cerraré los ojos.
Leo se acercó y le habló con suavidad, pero firme.
—Claro que dormirás.
Pero usarás lo que te protege.
No usarás tu don.
Estela lo miró, desesperada.
—No lo entiendes.
Tú eres un sol… y yo soy una Eclipse Si no hago nada, me matan.
Josué suspiró.
—Bueno… —dijo—.
El problema es ese.
Los humanos dicen valorar lo que no entienden, pero cuando lo ven de frente… —negó con la cabeza— No lo aceptan.
Te temen.
Y el miedo siempre termina en sangre.
Adriel frunció el ceño, como si una pieza invisible acabara de encajar en su mente.
—Hay algo que no hemos considerado —dijo al fin—.
Josué… tú eres humano.
Todos lo miraron.
—Tú podrías volver a tu mundo —continuó—.
Investigar qué está ocurriendo realmente allí.
Ver si Erevan ya está interviniendo.
Josué tragó saliva.
—El problema —añadió Adriel— es que no sabemos cómo abrir un portal hacia el lugar exacto de donde vienes.
Y además… —su voz se volvió más baja— seguimos sin saber qué pasó con tu hermana.
Un silencio incómodo cayó sobre la sala.
Elizabeth fue la primera en romperlo.
—No saben cómo crear un portal —dijo con calma—.
Pero yo sí sé cómo encontrar la forma.
Leo giró la cabeza hacia ella, sorprendido.
—¿Tú?
Eres mi hermana.
¿Desde cuándo sabes algo así y nunca me lo dijiste?
Elizabeth suspiró.
—No sé abrirlos directamente —aclaró—, pero sé dónde buscar.
Existe un artefacto antiguo, de magia prohibida.
Fue creado hace muchos años para abrir portales al pasado, al futuro… o a cualquier punto del presente.
Aisha abrió los ojos con asombro.
—¿Y por qué nadie lo usa?
Elizabeth bajó la mirada.
—Porque la última vez salió terriblemente mal.
Los magos que lo activaron quedaron atrapados en otro tiempo.
Nunca regresaron.
Desde entonces, crear portales quedó prohibido.
Solo los grandes magos conocen fragmentos de ese conocimiento.
—Aun así —intervino Aisha—, es una idea brillante.
Josué podría volver y observar.
Ver qué dicen los niños, los humanos… si hay sueños, visiones, locura.
Necesitamos saber si Erevan ya está tocando su mundo.
Josué respiró hondo.
—Podría hacerlo —dijo—.
Y, siendo honesto… debo hacerlo.
Si algo está pasando en mi pueblo, tengo que saberlo.
Aunque tenga miedo.
Estela dio un paso al frente.
—Podemos crear el portal —dijo con decisión—.
No de forma completa, pero lo suficiente.
Aisha asintió.
—Yo puedo aportar un poco de poder —añadió—.
Muy poco.
Si uso demasiado, Erevan lo sentirá y se alimentará de mí.
—Yo abriré la puerta —continuó Estela—.
Elizabeth puede preparar las ofrendas.
Podemos invocar a los espíritus para que estabilicen el paso.
Adriel alzó la vista.
—Yo los protegeré si algo sale mal.
Todos miraron entonces a Leo.
—Y yo —dijo él lentamente— puedo envolvernos con una capa de invisibilidad.
Si alguien nos descubre… no nos verá.
Haré que piensen lo que yo quiera que piensen.
Un silencio pesado los envolvió.
—Es un buen plan —admitió Leo al final—.
Muy buen plan.
Josué negó con la cabeza, nervioso.
—Es demasiado arriesgado para ustedes.
Adriel sonrió con una mezcla de orgullo y gravedad.
—Nuestros ancestros tomaron riesgos peores —dijo—.
Jugaron con el tiempo, con la vida y con los mundos.
Esto… es solo uno más.
A lo lejos, como un susurro que no pertenecía a ninguno de ellos, una sombra pareció moverse entre las grietas invisibles del aire.
Erevan Blackwood estaba escuchando.
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