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Destino equivocado - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 capitulo 25La profecía y el don
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25: capitulo 25:La profecía y el don 25: capitulo 25:La profecía y el don …pero nadie lo notó.

Cuando todos se retiraron a sus habitaciones, ya era hora de comer.

Sin embargo, Aisha y Estela se quedaron solas en la Casa del Eclipse.

El silencio envolvía el lugar, apenas interrumpido por el suave pasar de las páginas de un libro antiguo.

Estela estaba sentada cerca de la ventana, concentrada en un tomo polvoriento sobre la creación de portales.

Sus ojos recorrían símbolos y advertencias escritas en una lengua olvidada.

Aisha, en cambio, caminaba de un lado a otro, sumida en sus pensamientos, como si algo invisible la inquietara.

De pronto, se detuvo en seco.

—Estela… no puede ser —dijo, con la voz tensa.

Estela alzó la mirada de inmediato.

—¿Qué pasa?

Aisha llevó una mano a su frente, como si acabara de recordar algo crucial.

—Olvidé por completo la cita que tenía con Isaac.

Estela frunció el ceño.

—¿De verdad crees que es un buen momento para una cita?

Aisha suspiró, pero en sus ojos apareció un brillo decidido.

—No… pero quizás él también pueda ayudarnos.

Es de la Casa del Sol.

Podría tener un don increíble, ¿no lo crees?

Estela cerró el libro lentamente.

—Sí, suena conveniente —admitió—, pero ¿cómo le explicas que tenemos a un humano aquí?

Aisha sonrió de medio lado, con esa mezcla de nervios y confianza que la caracterizaba.

—No lo sé todavía —respondió—, pero encontraré la forma de decírselo… de la manera más natural posible.

El silencio volvió a caer entre ellas, cargado de presagios, como si el destino ya estuviera moviendo sus piezas.

—Bueno… —dijo Estela, mirándola de arriba abajo—.

¿Sabías que una chica como tú necesita ir bien arreglada?

Tan bella y siempre tan despreocupada con su apariencia.

Aisha sonrió, rodando los ojos.

—Vamos, no odio arreglarme… pero está bien —admitió—.

¿Qué me vas a hacer ahora?

¿El pelo?

Estela sonrió con malicia.

—Un recogido con trenzas y algunos rizos sueltos.

Es sofisticado, elegante… lo que mi abuela llamaría “estilo antiguo”.

Y cuando digo antigua, me refiero a muy refinada, como de los años ochenta —bromeó—.

Confía en mí, te voy a dejar preciosa.

Aisha se dejó llevar.

Mientras Estela trabajaba en su cabello con cuidado, eligió la ropa con atención.

Finalmente sacó un vestido azul largo, de mangas amplias, suave y elegante, que resaltaba la energía misteriosa de Aisha.

Cuando terminó, Estela dio un paso atrás y la observó con orgullo.

—Listo.

Ahora sí estás preparada para tu cita con Isaac.

Aisha se miró en el espejo y sonrió, emocionada.

—Gracias, Estela.

De verdad… —dijo—.

Mejor me voy antes de que se me haga tarde.

—Suerte —respondió Estela con una sonrisa cómplice.

Aisha salió de la habitación casi saltando de emoción.

Cruzó el patio, caminó por el césped durante unos minutos, respirando profundo para calmar los nervios.

A lo lejos, lo vio: Isaac estaba sentado, esperándola.

Aisha se acercó tímidamente.

—Hola —dijo en voz baja.

Isaac se levantó al verla y sonrió.

—Hola, Aisha.

Por un instante, todo lo demás dejó de importar.

—Por favor, siéntate —dijo Isaac con una sonrisa tranquila.

Aisha obedeció y, al ver la comida frente a ella, abrió los ojos con asombro.

—Guau… todo se ve delicioso.

Estoy segura de que te esmeraste muchísimo.

Isaac sonrió, un poco orgulloso.

—Claro que sí.

Adelante, pruébalo.

Comieron juntos, entre risas suaves y miradas tímidas.

Hablaron de las casas, de las bromas del colegio, de sus pasatiempos y de pequeñas historias que hacían que el tiempo pareciera detenerse.

Aisha se sentía cómoda… demasiado.

Y justamente por eso supo que ya no podía seguir callando.

Cuando terminaron de comer, respiró hondo.

—Isaac… —dijo con seriedad—.

Necesito decirte algo.

Y necesito tu ayuda.

Él la miró atento.

—Claro.

Puedes pedirme lo que sea.

Aisha bajó la mirada un segundo y luego comenzó a hablar, sin detenerse.

—Durante meses he estado ocultando un secreto muy aterrador sobre esta escuela.

Encontré a un humano detrás de la puerta roja… esa puerta a la que está prohibido entrar.

Tengo el don de hablar con los espíritus y ellos me guiaron hasta allí.

Me dijeron que era el momento de saber la verdad, que de eso dependía el futuro… aunque aún no lo comprendo del todo.

Isaac frunció el ceño, confundido, pero no la interrumpió.

—Cuando me enfrenté a Julieta y a Hades —continuó Aisha— usé demasiada energía.

Me desmayé.

Mi hermano intentó traerme de vuelta, pero no pudo.

Mi amiga Estela también cayó… porque hay algo más.

Un villano.

No sé si llamarlo demonio, pero sé su nombre: Erevan Blackwood.

Isaac abrió los ojos, inquieto.

—Él se unió a mi cuerpo cuando estaba inconsciente y me robó energía.

Luego intentó usar a Estela para abrir la puerta entre los dos mundos.

Erevan es humano… o lo fue.

Su familia practicaba brujería.

Él podía ver grietas, sombras, cosas que los humanos normales no podían.

Ahora está dividido entre el mundo humano y el mágico.

Aisha apretó los puños.

—Quiere cerrar el mundo humano y cumplir una profecía: que los humanos caigan lentamente hasta desaparecer.

Quiere gobernar solo un mundo mágico.

Para lograrlo necesita mi poder… y que Estela sea la puerta.

Isaac guardó silencio, claramente impactado.

—Por eso pensamos en enviar a Josué —dijo ella—.

Él es humano.

Debe volver a su mundo y averiguar qué está pasando: si los niños tienen pesadillas, visiones, si la gente está enloqueciendo… necesitamos saber si Erevan ya está actuando.

Pero para abrir un portal… necesito ayuda.

Necesito saber cuál es tu don.

Isaac tragó saliva y finalmente habló: —Lo que me estás contando suena como una novela de fantasía… pero es real.

Yo tengo el don de comunicarme con los elementos.

Agua, tierra, aire y fuego.

Puedo invocarlos, pedirles ayuda.

Y sí… los cuatro elementos son clave para abrir un portal.

La miró con preocupación.

—Pero Aisha, esto es muy peligroso.

Si Erevan vuelve a robar tu energía… Ella lo miró con determinación.

—Debo correr el riesgo.

No estoy sola.

Por eso necesito a más personas.

Isaac asintió lentamente.

—Entonces… te ayudaré.

Aisha sonrió, sintiendo por primera vez que no estaba luchando sola.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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