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Destino equivocado - Capítulo 27

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27: capitulo 27:Contra el vacio 27: capitulo 27:Contra el vacio Aisha, Estela y Leo corrieron hacia la Casa del Sol sin detenerse.

Las luces del colegio parpadeaban con violencia, como si el lugar entero estuviera reaccionando a una presencia que no debía existir.

Apenas llegaron, Aisha no dudó.

Subió las escaleras de dos en dos hasta la habitación de Isaac y empujó la puerta.

Lo que vio no era normal.

Adriel mantenía los brazos extendidos, sosteniendo un escudo de luz que temblaba peligrosamente.

Elizabeth estaba a su lado, pálida, murmurando palabras de protección.

Isaac, en el centro, luchaba por respirar mientras los cuatro elementos giraban a su alrededor, descontrolados.

Pero Aisha vio algo más.

Algo que no todos podían ver.

Frente a ella, emergiendo del humo rojo, había un hombre… o lo que quedaba de uno.

Su rostro estaba desgarrado, como si hubiera sido arrancado a la fuerza.

No tenía manos.

Le faltaba parte del torso.

Se arrastraba lentamente, dejando una estela oscura tras de sí, avanzando directo hacia ella.

Estela sintió un escalofrío.

—Aisha… —susurró—.

¿Qué estás viendo?

Aisha no respondió.

No mostró miedo.

Ni un solo gesto de duda.

Dio un paso al frente.

El demonio se detuvo.

Entonces Aisha alzó la voz, firme, antigua, cargada de autoridad.

No era un grito.

Era una orden.

—Sé quién eres —dijo—.

Y tu lugar no está en esta casa.

El humo pareció retroceder.

—No perteneces aquí.

Este no es tu destino ni tu mundo.

Te ordeno que sigas tu camino hacia el inframundo, al lugar que te corresponde.

El ente comenzó a retorcerse, como si aquellas palabras le quemaran.

—Aléjate de mí —continuó Aisha—.

Aléjate de ellos.

No les harás daño… porque yo te lo ordeno.

El silencio cayó de golpe.

El demonio dudó.

Por un segundo, pareció obedecer.

Su forma comenzó a deshacerse, como si el humo fuera absorbido por el suelo.

Las voces se apagaron poco a poco, y los elementos alrededor de Isaac dejaron de vibrar.

Adriel bajó lentamente los brazos.

—¿Funcionó…?

—murmuró Elizabeth.

Aisha no apartó la mirada del lugar donde había estado la criatura.

—No del todo —dijo en voz baja—.

Me escuchó… pero no se fue por completo.

Estela tragó saliva.

—Entonces… ¿qué era?

Aisha apretó los puños.

—No era Erevan —respondió—.

Pero responde a él.

Y esto solo fue una advertencia.

En ese instante, una última voz resonó en la habitación, susurrada, burlona: —Pronto.

Y luego… nada.

De pronto, los cuatro elementos volvieron a moverse.

No con violencia… sino con una fuerza contenida, girando lentamente hasta formar un círculo perfecto.

Esta vez, Isaac respiró hondo y logró mantenerlos estables.

Sus manos temblaban, pero el control era real.

—Lo… lo tengo —dijo entre dientes—.

No necesito ayuda.

Aun así, algo no estaba bien.

Las luces comenzaron a parpadear con tanta intensidad que el aire se volvió irrespirable.

Aisha sintió un golpe frío en el pecho… y entonces lo vio otra vez.

El hombre.

Esta vez estaba más cerca.

Más definido.

Y ya no dudaba.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, una fuerza invisible la levantó del suelo.

Aisha abrió los ojos de par en par cuando algo se cerró alrededor de su cuello.

No había manos… pero la estaba asfixiando.

Sus pies quedaron suspendidos en el aire.

Las venas de su cuello y de sus brazos se marcaron con fuerza.

Su piel comenzó a palidecer, y el aire dejó de entrar en sus pulmones.

—¡AISHA!

—gritó Adriel, intentando romper el escudo.

Estela reaccionó al instante.

Alzó las manos y lanzó su magia con desesperación, intentando cortar aquella fuerza oscura.

—¡SUÉLTALA!

—gritó.

Pero fue inútil.

La magia rebotó como si hubiera golpeado un vacío imposible… y Estela cayó al suelo, inconsciente.

—¡ESTELA!

—Leo corrió hacia ella, arrodillándose, tratando de despertarla—.

¡Oye, mírame, respira!

Aisha comenzaba a perder la vista.

Todo se volvió borroso.

El zumbido en sus oídos era ensordecedor.

Y entonces… algo cambió.

Desde lo más profundo de ella, una energía distinta despertó.

No era violenta.

No era caótica.

Era autoridad.

Aisha abrió los ojos con dificultad y, sin voz, pensó: Basta.

La fuerza se detuvo de golpe.

El aire volvió a sus pulmones y cayó al suelo, tosiendo con desesperación.

Al mismo tiempo, una onda invisible recorrió la habitación, y el hombre se deshizo como humo arrastrado por el viento.

Desapareció.

Por completo.

Las luces se estabilizaron.

Los elementos se aquietaron.

El silencio regresó.

Isaac dejó caer los brazos, exhausto.

Adriel corrió hacia Aisha y la sostuvo antes de que volviera a caer.

—¿Estás bien?

—preguntó, con la voz temblorosa.

Aisha respiró hondo, aún pálida, y miró el lugar vacío frente a ella.

—No me escuchó… —susurró—.

Pero me reconoció.

Leo levantó la mirada desde Estela, preocupado.

—¿Qué significa eso?

Aisha cerró los ojos un segundo.

—Que ya no solo nos está observando —dijo—.

Ahora… me está probando.

Mientras Estela seguía inconsciente, un grito desgarrador atravesó el aire.

Elizabeth fue la primera en reaccionar.

—¿Chicos… escucharon eso?

—dijo, alerta—.

Sonó como un grito de hombre… viene de la casa del Eclipse.

Adriel frunció el ceño.

—Sí.

Yo también lo oí.

—Miró a Aisha—.

¿Será Josué?

El corazón de Aisha dio un vuelco.

—No lo sé… pero tenemos que ir ahora —respondió con urgencia—.

Puede que lo esté torturando.

Leo asintió con rapidez.

—Está bien, vayan ustedes.

Después iremos con Estela.

Isaac dio un paso al frente, decidido.

—No se preocupen por ella.

Con mis elementos puedo estabilizarla y despertarla.

Elizabeth agregó: —Yo me quedo también.

Cuando Estela despierte, la alcanzamos.

Si algo pasa… lo sabré.

Aisha y Adriel asintieron al mismo tiempo y salieron corriendo La casa del Eclipse estaba inquietantemente silenciosa.

Demasiado.

Subieron las escaleras de dos en dos hasta la habitación donde descansaba Josué.

Adriel empujó la puerta con fuerza… y lo que vieron les heló la sangre.

Josué flotaba en el aire.

Sus ojos estaban completamente blancos.

Sus brazos extendidos hacia arriba, rígidos.

El aire a su alrededor vibraba, como si algo invisible lo estuviera arrancando de su propio cuerpo.

—No… —susurró Adriel, llevándose una mano a la boca—.

Ese cúmulo… está arrancándole el alma.

Aisha dio un paso al frente, sin miedo, aunque el ambiente era sofocante.

—Es más fácil con él —dijo con voz firme—.

Es humano.

Y cuando duermen… sus almas quedan expuestas.

Josué dejó escapar un gemido ahogado.

Aisha apretó los puños.

—Pero aún no se lo ha llevado por completo —continuó—.

Todavía puedo traerlo de vuelta.

Se giró hacia Adriel.

—Necesito que uses tus poderes oscuros.

Adriel la miró, sorprendido.

—¿Estás segura?

—Sí —respondió sin dudar—.

Maldícelo.

Oblígalo a retroceder.

Haz que se vaya de aquí ahora.

Luego cerró los ojos y se sentó en el suelo, justo debajo de Josué.

—Yo entraré en su mente —dijo en voz baja—.

Voy a seguir su alma hasta el más allá… y traerlo de regreso con mis espíritus.

Adriel respiró hondo, levantó las manos y sus ojos brillaron con una energía oscura y antigua.

La habitación comenzó a temblar.

Mientras tanto, Aisha dejó que su conciencia se desprendiera lentamente de su cuerpo… Y en la oscuridad del vacío, algo la estaba esperando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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