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Destino equivocado - Capítulo 28

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28: capitulo 28:Volver del más allá 28: capitulo 28:Volver del más allá Aisha cerró los ojos y respiró hondo.

Su cuerpo permanecía en la habitación, pero su mente comenzaba a deslizarse hacia el otro lado.

Iba a entrar al vacío para buscar a Josué y traer su alma de vuelta, acompañada por los espíritus que siempre la guiaban.

De pronto, un ruido interrumpió la concentración.

Pasos apresurados.

Adriel levantó la vista justo a tiempo para ver a Estela entrar corriendo… y se le heló la sangre.

No era la misma Estela.

Su piel estaba pálida, casi gris.

Tenía moretones oscuros marcándole el rostro y un hilo de sangre caía lentamente desde su nariz.

Su cabello, normalmente brillante, estaba ahora completamente blanco, como si le hubieran arrancado la vida de golpe.

La ropa estaba rasgada, como si algo la hubiera sujetado con violencia.

Leo entró detrás de ella, desesperado.

—Adriel… ayúdame —dijo con la voz quebrada—.

Ayúdame a curarla.

Estela se tambaleó, apenas consciente.

Leo la sostuvo antes de que cayera.

—El demonio volvió —continuó, respirando con dificultad—.

Cuando estuvo inconsciente intentó buscar a Aisha… y él la encontró primero.

Le advirtió que Josué estaba en peligro, que ya se lo había llevado… y ahora intenta llevárselo por completo.

Adriel tardó unos segundos en reaccionar.

Todo ocurría demasiado rápido.

—Si el demonio sigue así… tomará su cuerpo —dijo finalmente, con el miedo reflejado en los ojos—.

Siéntala aquí, rápido.

Entre ambos ayudaron a Estela a sentarse.

Su cuerpo temblaba, como si algo dentro de ella intentara escapar.

—Su conciencia sigue en su mente —intervino Elizabeth, que acababa de entrar corriendo—.

Lo sé.

Estela no está perdida… pero si no hacemos algo, el demonio se quedará con el control.

Adriel apretó los dientes.

—Entonces Estela está con Aisha —dijo en voz baja—.

Su espíritu fue arrastrado al vacío para buscar a Josué.

Elizabeth asintió, grave.

—Y el demonio lo sabe.

Un silencio pesado cayó sobre la habitación.

—El alma de Josué ya fue tomada —continuó Adriel—.

Y si no los traemos de vuelta a los dos… los perderemos.

Aisha luchaba en el otro lado.

Estela estaba atrapada entre dos mundos.

Y Josué… estaba siendo arrastrado hacia la oscuridad.

El tiempo se estaba acabando.

El aire en la habitación se volvió irrespirable.

Las velas se apagaron una a una sin que nadie las tocara, y una presión invisible empujó las paredes hacia adentro, como si la casa del eclipse estuviera conteniendo la respiración.

El cuerpo de Estela comenzó a temblar con violencia.

—No… no… —susurró, antes de gritar.

Su espalda se arqueó de forma antinatural y, de pronto, flotó.

Leo retrocedió un paso, pálido.

—Adriel… —murmuró Elizabeth—.

Ya empezó.

El grito de Estela desgarró la habitación.

No era un grito humano.

Lloraba, suplicaba, reía y gritaba al mismo tiempo, como si varias voces pelearan dentro de su garganta.

De su boca comenzó a salir un humo oscuro, espeso, que se retorcía como algo vivo.

—¡Sáquenlo!

¡Sáquenlo de mí!

—gritó Estela, llorando— ¡Me duele, me duele!

Su cuerpo giró en el aire, golpeando muebles sin tocarlos.

Las sombras de las paredes se estiraron, deformándose en formas imposibles.

Un susurro profundo llenó la habitación, una voz masculina, rota, burlona.

—Ella es mía… Adriel dio un paso al frente.

—No —dijo con firmeza.

Cerró los ojos y extendió ambas manos.

Una luz dorada brotó de su pecho, fuerte, caliente, atravesándolo todo.

El símbolo de su don se marcó en sus brazos mientras recitaba palabras antiguas, palabras que no debían decirse en voz alta.

—Por la luz que limpia… —por la sangre que protege… —por la voluntad que no se quiebra… El humo negro chilló.

Estela gritó aún más fuerte, llorando, sacudiéndose como si algo la estuviera desgarrando desde adentro.

Su cabeza cayó hacia atrás y de su nariz comenzó a brotar sangre.

—¡Adriel, basta!

—gritó Leo— ¡La vas a matar!

—Si paro… se queda —respondió sin abrir los ojos.

La luz aumentó.

El humo fue arrancado del cuerpo de Estela como si lo desgarraran con garras invisibles.

Se formó una silueta torcida frente a ella, un rostro incompleto que gritó con odio.

—VOLVERÉ… Un golpe seco sacudió la habitación.

Silencio.

Estela cayó al suelo, inconsciente.

La luz desapareció.

El aire volvió lentamente.

Adriel cayó de rodillas, agotado, respirando con dificultad.

Elizabeth corrió hacia Estela.

—Está viva… —susurró—.

Respira.

Leo soltó el aire que llevaba contenido.

Pasaron unos segundos eternos.

Entonces, Estela abrió los ojos.

Miró el techo.

Miró a todos.

No dijo nada.

Ni una palabra.

Solo una lágrima silenciosa cayó por su mejilla.

Y en algún lugar del vacío… Aisha seguía ausente.

Leo se acercó a Estela y la abrazó con fuerza, como si necesitara comprobar que seguía allí, que todo era real.

El silencio pesaba demasiado.

Entonces Estela habló por fin.

Su voz era débil, rota, pero firme.

—Deben despertar a Aisha… —dijo, tragando saliva—.

Hagan lo que sea, pero despiértenla.

Levantó la vista, con los ojos aún apagados—.

Ella ya encontró a Josué.

Yo estaba intentando abrir la puerta… estaba a punto… hasta que ustedes me despertaron.

Adriel sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Despiértenla ahora —continuó Estela—.

Y despierten a Josué.

Adriel miró directamente a Elizabeth.

No hizo falta decir nada: ambos ya sabían lo que eso significaba.

Elizabeth se acercó al cuerpo de Aisha con cautela, como si temiera romper algo invisible.

Cerró los ojos y apoyó dos dedos en la frente de Aisha, entrando lentamente en su mente.

Pasaron unos segundos eternos.

—Sí… —susurró Elizabeth—.

Su mente sigue ahí.

Está pensando… está viendo algo.

Abrió los ojos con urgencia—.

Quiere volver.

Pero tenemos que hacerlo ahora.

—¿Qué hacemos?

—preguntó Leo, con la voz tensa.

Adriel respiró hondo.

—Será complicado… muchísimo.

Elizabeth frunció el ceño, concentrándose… y entonces abrió los ojos de golpe.

—Ya lo tengo.

Se giró hacia Adriel—.

Llama a Isaac.

Ahora.

—¿Isaac?

—repitió Leo—.

¿Estás segura?

—Completamente.

Su don puede sostener lo que viene —respondió Elizabeth sin dudar—.

Yo voy por él.

Sin esperar respuesta, salió corriendo hacia la Casa del Sol, mientras la casa del Eclipse parecía crujir, como si algo escuchara cada palabra.

Leo miró a Adriel.

—¿Crees que esto funcione?

Adriel observó el rostro inconsciente de Aisha, tan quieto… tan peligroso.

—No es solo que funcione —dijo en voz baja—.

Es que Aisha siempre encuentra la manera.

Apretó los puños—.

Es más poderosa de lo que ella misma cree.

Y en algún lugar, entre mundos, Aisha estaba cada vez más cerca de volver.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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