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Destino equivocado - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 capitulo 29 Ecos del demonio
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29: capitulo 29 :Ecos del demonio 29: capitulo 29 :Ecos del demonio En cuestión de segundos, Elizabeth regresó acompañada de Isaac.

Él apenas cruzó la puerta y su mirada fue directo al cuerpo inmóvil de Aisha.

—¿Qué le pasó?

—preguntó con urgencia—.

¿Está bien?

Adriel negó lentamente.

—No del todo… pero aún podemos ayudarla.

Alzó la vista hacia Isaac—.

Necesitamos tu don.

Si usas el fuego, mi don puede debilitar a las entidades que intentan aferrarse a ella desde el más allá.

Elizabeth asintió, firme.

—Estoy segura de que la traeremos de vuelta junto con Josué.

Miró a Isaac—.

Ella ya lo encontró.

Ambos están en el más allá, pero necesitan un empuje desde este mundo.

Los espíritus ya les mostraron la puerta… ahora depende de nosotros.

Isaac respiró hondo.

Sus manos temblaron un segundo, pero luego se afirmó.

—Entonces… ese es el momento.

Se colocó en el centro de la habitación y levantó las manos.

—Formaré un círculo con el fuego.

Las llamas de las antorchas y velas comenzaron a moverse, obedeciéndolo, formando un círculo ardiente alrededor de Aisha y del cuerpo de Josué.

El aire se volvió pesado, caliente, casi irrespirable.

Leo llevó a Estela a un rincón, sosteniéndola con cuidado.

Ella observaba todo en silencio, aún pálida, como si parte de ella siguiera en otro lugar.

Adriel se arrodilló entre Aisha y Josué.

Cerró los ojos.

Una luz dorada brotó desde su frente y descendió lentamente, intensificando el fuego de Isaac.

Esa luz se posó primero en el corazón de Aisha… luego en el de Josué.

Pasaron segundos.

Luego minutos.

Nada.

Isaac apretó los dientes y aumentó la intensidad del fuego.

Las llamas crecieron, rugieron, pero aun así… no pasaba nada.

—Vamos… —murmuró—.

Regresen… De pronto, el aire se quebró.

Aisha y Josué regresaron de golpe, como si algo los hubiera empujado violentamente fuera del vacío.

Ambos cayeron al suelo.

El cuerpo de Josué dejó de flotar y Isaac corrió a sostenerlo antes de que golpeara con fuerza.

—Tranquilo… ya estás aquí —le dijo, ayudándolo a incorporarse.

Elizabeth y Leo fueron hacia Aisha.

Isaac también se acercó y la ayudó a sentarse.

Ella respiraba con dificultad, pero estaba despierta.

Adriel, exhausto, sonrió apenas.

—Me alegra… que estés bien.

Aisha lo miró con preocupación.

—Gracias por ayudarme… pero Adriel, debes descansar.

Bajó la voz—.

No puedes usar tanto tu don.

Eso te debilita… la magia siempre cobra algo.

—Lo sé —respondió él—.

Pero era la única forma.

La miró a los ojos—.

Mi poder era la única manera de traerte de vuelta.

Aisha cerró los ojos un segundo… y luego habló, con una voz suave pero segura.

—Entonces… ahora es mi turno de hacer algo.

Aisha respiró hondo y, aun cansada, volvió a hablar con determinación.

—Voy a usar a mis espíritus como protección.

Alzó ligeramente la mirada—.

No permitiré que nada vuelva a entrar a la casa del eclipse.

Ni para hacerle daño a Josué, ni a Estela, ni a mí.

Hizo una pausa—.

Haré lo mismo en la casa del sol… aunque será más difícil.

Miró a Isaac directamente.

—No quiero quebrar el flujo de luz esta vez.

Si me excedo, podría perder mi don.

¿Podrías ayudarme?

Isaac asintió sin dudar.

—Por supuesto.

No estás sola.

Te ayudaré.

Elizabeth se volvió hacia Josué.

Su voz fue suave, pero firme.

—¿Qué te hicieron en el vacío?

Josué tragó saliva.

Sus manos temblaban.

—Me mostraron… cómo estrangulaban a mis padres.

Cerró los ojos un instante—.

Luego me quemaron vivo.

Abrió los ojos, aún en shock—.

Después desperté… como si hubiera renacido.

Fue como un sueño, pero estando allí.

En el vacío.

Leo se llevó una mano a la boca, pálido.

—¿Cómo es posible…?

Negó con la cabeza—.

Eso es horrible.

Estela, que hasta ese momento no había dicho una sola palabra, abrió los ojos de par en par.

Su respiración se aceleró, pero permaneció en silencio, como si algo dentro de ella aún no quisiera salir.

Adriel, agotado pero lúcido, habló finalmente.

—El demonio que tomó a Josué… y que intentó usar a Estela y a Aisha… Levantó la mirada—.

No era Erevan.

Elizabeth frunció el ceño.

—Entonces… —Era uno de sus seguidores —continuó Adriel—.

Su voz se volvió grave—.

Erevan no actúa primero.

Observa.

Envía a otros.

Mide fuerzas.

Elizabeth asintió lentamente.

—Sí… yo también lo creo.

El silencio que siguió fue pesado.

Porque ahora todos lo sabían.

Erevan Blackwood aún no había llegado.

Y aun así, ya estaba dejando muertos, heridas… y miedo.

Aisha habló por fin, con la voz más serena, pero firme.

—Es hora de que Estela y Adriel descansen.

Los miró a ambos—.

Usaron demasiado poder hoy.

Si mañana volvemos a clases así, todos lo notarán.

Hizo una pausa—.

Y nadie debe saber este secreto tan oscuro.

Elizabeth asintió de inmediato.

—Estoy de acuerdo con Aisha.

Miró a Adriel—.

Es peligroso que estén sin energía.

Sobre todo si mañana tienen que usar magia en clases.

Frunció el ceño—.

¿Usan magia constantemente, verdad?

—Sí —respondió Adriel—.

Por algo se llama Academia para Magos.

Suspiró—.

Normalmente usamos magia menor, pero los profesores… ellos lo notan todo.

Una falta de energía no pasa desapercibida.

Leo se encogió de hombros.

—Exacto.

Por eso lo mejor es dormir.

Intentó bromear, aunque se notaba agotado—.

Aunque no creo que alguien aquí logre dormir tranquilo después de eso.

Bostezó exageradamente—.

En fin, yo me muero de sueño.

Es madrugada, mañana tengo que despertarme temprano, verme fabuloso… Los miró—.

Y ahora me voy a dormir con imágenes aterradoras en la cabeza.

Genial.

Aisha dejó escapar una pequeña sonrisa cansada.

—Intenten descansar.

Mañana actuaremos como si nada hubiera pasado.

Estela no respondió.

Solo asintió lentamente, con la mirada perdida, como si una parte de ella aún no hubiera vuelto del todo.

Mientras cada uno se dirigía a su habitación, el silencio volvió a llenar la casa del eclipse.

Un silencio engañoso.

Porque aunque todo parecía calmarse… algo seguía observando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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