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Destino equivocado - Capítulo 32

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32: capitulo 32:secretos 32: capitulo 32:secretos Aisha sabía que algo pasaba entre Julieta y Hades.

Lo sentía en la forma en que se miraban, en los silencios calculados, en las sonrisas que no eran casuales.

Pero decidió no involucrarse.

No todavía.

A la hora del recreo se separó del grupo de su hermano y también de los estudiantes de la Casa del Sol.

Caminó sola hacia la biblioteca, con paso firme pero mente acelerada.

Necesitaba investigar más.

El portal hacia el mundo humano no podía seguir siendo solo teoría.

Si iban a proteger a Josué… necesitaban una salida segura.

Empujó la puerta de la biblioteca.

Silencio.

Polvo dorado flotando en la luz que entraba por los ventanales altos.

Filas infinitas de libros antiguos.

Energía contenida.

Se dirigió a la sección prohibida.

—Aisha.

La voz la hizo detenerse en seco.

Giró lentamente.

Hades estaba apoyado contra una estantería, con los brazos cruzados.

Pero no sonreía.

No había burla en su expresión.

Eso fue lo que más la inquietó.

—¿Todo bien?

—preguntó él con una calma demasiado limpia.

Aisha lo miró con desconfianza.

—¿Qué quieres?

Hades ladeó la cabeza.

—¿Acaso no puedo preguntar si estás bien?

—Sí, puedes —respondió ella con frialdad—.

Pero no lo harías sin motivo.

Así que dime qué quieres.

No tengo tiempo para un bromista estúpido como tú.

Una sombra divertida cruzó el rostro de Hades.

—Oh, nada.

Solo vine a ver si estabas bien… Se separó de la estantería y dio un paso hacia ella.

—O tal vez… podríamos hablar de tus secretos más oscuros.

El corazón de Aisha dio un golpe fuerte.

Pero su rostro no cambió.

—No sé de qué hablas.

Hades caminó lentamente alrededor de ella, como si inspeccionara una obra de arte.

—Es curioso… cuando las personas susurran demasiado, suelen creer que nadie las escucha.

Aisha mantuvo la mirada al frente.

—Si tienes algo que decir, dilo claro.

Hades se inclinó apenas hacia su oído.

—Josué.

El nombre cayó como una piedra en el silencio.

Aisha no reaccionó.

Ni un músculo.

Pero por dentro, todo se tensó.

Hades retrocedió, observándola con atención.

—Bonito nombre —continuó—.

Poco común por aquí.

—No sé de qué estás hablando —repitió ella.

—Claro que sí —respondió suavemente—.

También escuché algo sobre… un portal.

Ahora sí, Aisha lo miró directo a los ojos.

—Si crees que puedes intimidarme con rumores mal escuchados, pierdes tu tiempo.

Hades sonrió.

—No intento intimidarte.

Se acercó un poco más.

—Intento entender por qué alguien como tú estaría interesada en algo tan… prohibido.

Silencio.

La biblioteca parecía contener la respiración.

Aisha dio un paso atrás, pero sin romper el contacto visual.

—Ten cuidado, Hades.

A veces escuchar demasiado puede meterte en problemas.

Él soltó una risa baja.

—Oh, Aisha… los problemas me buscan a mí.

Se dio la vuelta, caminando hacia la salida.

Antes de cruzar la puerta, agregó: —Y si vas a abrir algo… asegúrate de que no sea algo que no puedas cerrar.

La puerta se cerró.

Aisha se quedó inmóvil unos segundos.

Luego respiró.

Había escuchado lo suficiente.

Y eso significaba que Julieta también estaba involucrada.

El tiempo se estaba agotando.

Y ahora ya no era solo un secreto.

Era una amenaza.

Aisha apenas podía respirar cuando llegó a la mesa.

Se inclinó un segundo, apoyando las manos en la superficie, intentando ordenar sus pensamientos.

Adriel fue el primero en notar que algo no estaba bien.

—Aisha… ¿qué pasó?

Ella levantó la mirada.

—Hay algo muy importante.

Se trata de Julieta y Hades.

Elizabeth se tensó de inmediato.

—¿Te están molestando?

—Mucho peor —respondió Aisha, seria—.

Ya lo saben.

Leo frunció el ceño.

—¿A qué te refieres con que ya lo saben?

Aisha tragó saliva.

—Josué.

El silencio cayó como un golpe seco.

Adriel se levantó medio de la silla.

—¿Qué?

¿Cómo sabe lo de Josué?

Elizabeth negó lentamente.

—No me sorprende.

Esos dos casi nunca hablan… pero en la clase de hierbas estaban susurrando demasiado.

Leo pasó una mano por su cabello.

—Pero es imposible.

Solo lo sabemos nosotros… y Isaac.

Isaac se quedó pensativo unos segundos.

—No olviden algo —dijo finalmente—.

El don de Julieta es detectar el olor de cada especie.

Vampiro, bruja, demonio, humano… lo que sea.

Quizás olió el aroma de humano.

Los demás lo miraron.

—Es una teoría —añadió Isaac—.

¿No creen?

Estela asintió lentamente.

—Sí… puedes tener razón.

Pero eso no cambia nada.

Levantó la mirada, firme.

—Sigue siendo un peligro.

Elizabeth cruzó los brazos.

—Si le cuentan a toda la escuela… Leo terminó la frase.

—… o peor, al director… Todos sabían lo que significaba.

Adriel habló en voz baja.

—La ley es clara.

Los humanos no pueden cruzar al mundo mágico.

Y si uno entra sin autorización… Estela completó: —Se considera una violación del Pacto Antiguo.

Aisha cerró los ojos un segundo.

—Y la sanción no es solo expulsión.

Isaac la miró.

—Es borrado de memoria… o algo peor.

El aire se volvió pesado.

Elizabeth golpeó suavemente la mesa.

—No podemos permitir que hablen.

Leo negó con la cabeza.

—No podemos callarlos a la fuerza.

Eso solo confirmaría que escondemos algo.

Estela miró a Aisha con seriedad.

—¿Qué te dijo exactamente Hades?

Aisha respiró hondo.

—Dijo el nombre de Josué.

Y mencionó el portal.

No sabe todo… pero sabe lo suficiente para sospechar.

Adriel apretó los puños.

—Entonces esto ya no es una sospecha.

Es una cuenta regresiva.

Isaac miró alrededor para asegurarse de que nadie escuchara.

—Tenemos dos opciones.

O aceleramos la apertura del portal… o ideamos una distracción tan grande que olviden lo que creen saber.

Elizabeth murmuró: —Julieta no olvida.

Cuando huele algo… lo persigue.

Estela añadió con voz firme: —Y Hades no escucha por curiosidad.

Escucha para usarlo después.

Aisha levantó la mirada, decidida.

—Entonces nos adelantaremos.

Leo la observó.

—¿Qué estás pensando?

Ella respondió sin dudar: —Si ellos quieren jugar a descubrir secretos… les daremos uno falso.

El grupo quedó en silencio.

Adriel esbozó una leve sonrisa.

—Me gusta cómo piensas.

Isaac arqueó una ceja.

—¿Y cuál sería el secreto falso?

Aisha miró hacia las ventanas del comedor, donde el viento movía las cortinas.

—Uno lo suficientemente grande como para distraerlos… pero lo suficientemente creíble como para que lo crean real.

Estela murmuró: —Es arriesgado.

Aisha asintió.

—Más arriesgado es no hacer nada.

Elizabeth respiró profundo.

—Entonces decidamos rápido.

Porque si Julieta ya confirmó el olor… Solo era cuestión de tiempo antes de que empezara a buscar la fuente.

Y si encontraba a Josué… El secreto dejaría de ser solo de ellos.

Y se convertiría en un escándalo que sacudiría toda la academia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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