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Destino equivocado - Capítulo 37

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37: capitulo 37:Recuerdos 37: capitulo 37:Recuerdos Después de casi cinco horas de viaje suspendidos entre nubes grises y corrientes mágicas invisibles, la burbuja morada comenzó a descender lentamente.

A través del cristal encantado, el paisaje cambió.

Y entonces apareció.

El castillo Ravenwood.

Majestuoso.

Antiguo.

Intocable.

Su arquitectura recordaba a los castillos europeos más imponentes: varias torres puntiagudas se alzaban hacia el cielo nublado, y en el centro dominaba una torre más alta, coronada con un tejado cónico oscuro que parecía atravesar las nubes.

Las paredes de piedra clara contrastaban con el cielo gris, dándole un aire solemne, casi intimidante.

El edificio tenía varios pisos, con ventanas rectangulares perfectamente alineadas.

Un puente elevado conectaba una de las alas principales con otra sección del castillo, que se extendía hacia un jardín interior protegido por muros antiguos.

Alrededor, el jardín estaba impecablemente cuidado.

El césped verde parecía recién cortado, y rosales con flores rosadas adornaban el camino principal.

A la izquierda, altos setos verdes delimitaban el terreno, formando un límite natural que protegía la propiedad.

El cielo nublado no oscurecía el lugar.

Lo hacía más poderoso.

La burbuja tocó el suelo suavemente.

Y en cuanto terminó de descender, se desintegró en partículas moradas que se disiparon en el aire.

Aisha salió primero.

Y en cuanto vio a su madre, corrió.

—¡Madre!

Aida Ravenwood la recibió con un abrazo cálido y firme, como si quisiera asegurarse de que su hija realmente estaba ahí.

—Hija mía… me alegra que estés aquí.

Junto a tu hermano.

Aisha cerró los ojos un segundo.

Ese abrazo era hogar.

A unos pasos, Adriel abrazaba a su padre.

Lucius Ravenwood, alto, elegante, con una presencia que imponía sin necesidad de alzar la voz.

—Hijo mío —dijo con una leve sonrisa contenida—.

Me alegra que hayas vuelto.

Adriel asintió con respeto antes de separarse.

Detrás de Aida y Lucius, varios siervos aguardaban en silencio, inclinados ligeramente en señal de respeto.

Aida observó a sus hijos con atención.

—Hemos oído que son excelentes magos este año.

Su mirada se detuvo en Adriel.

—¿Es verdad que estás en la Casa del Sol?

La pregunta fue suave… pero cuidadosamente formulada.

Adriel tragó saliva.

—Sí, madre.

Aisha intervino rápidamente.

—Pero eso no significa que sea el mejor alumno por estar en esa casa —dijo con naturalidad estratégica—.

Aunque… es uno de los mejores de la Casa del Sol.

Y en hechizos es un prodigio.

Igual que yo.

Lucius alzó una ceja levemente.

Aisha continuó, orgullosa: —Somos de los mejores magos de la escuela.

Aida y Lucius intercambiaron una mirada breve.

Sonrieron.

—De eso no tengo duda —respondió Aida con serenidad.

Luego su tono cambió a uno más práctico.

—Ya hablaremos de todo con calma.

Deben estar cansados por el viaje.

Entremos.

Se volvió hacia los siervos.

—Desempaquen todo de inmediato.

Las siervas se inclinaron profundamente y comenzaron a recoger las maletas, transportándolas hacia el interior del castillo con eficiencia impecable.

Aisha y Adriel dieron media vuelta y comenzaron a caminar detrás de sus padres.

Josué, invisible, avanzaba con cuidado entre ellos.

Cada paso dentro del castillo resonaba sobre el mármol pulido.

El verano acababa de comenzar.

Y el palacio Ravenwood… no era un lugar donde los secretos pudieran esconderse por mucho tiempo.

Después de que las siervas terminaran de desempacar y cada objeto volviera a ocupar su lugar exacto dentro del ala familiar, el castillo recuperó su silencio solemne.

Aisha estaba en su habitación.

Su cuarto era amplio, con techos altos y cortinas moradas que caían hasta el suelo.

Un balcón daba hacia los jardines de rosales, y la luz gris del atardecer se filtraba suavemente por las ventanas rectangulares.

Estaba sentada frente al tocador cuando alguien llamó con dos golpes suaves.

—Adelante.

Adriel entró y cerró la puerta tras de sí.

Su expresión no era ligera.

—Aisha… tengo algo en mente que no puedo dejar de pensar.

Ella lo miró a través del espejo.

—¿Qué cosa?

Adriel dudó unos segundos antes de hablar.

—Nuestra abuela.

Ada Ravenwood.

El nombre quedó suspendido en el aire.

—Ella debe ser la madre de mamá… —continuó—.

¿No te parece extraño que nunca hablemos de ella?

¿Y si le preguntamos algo a mamá?

Seguro debe tener alguna pista… algo sobre cómo era realmente.

Sus visiones.

Sus decisiones.

Lo que pasó en aquella época… especialmente con la abuela de Violeta.

Aisha dejó el peine sobre la mesa lentamente.

Sus ojos comenzaron a brillar.

—Claro… —susurró—.

¿Cómo no lo pensé antes?

Se giró hacia él, ahora completamente despierta.

—Es una idea maravillosa.

Podemos preguntarle si sabe algo de esa época.

Seguro su madre le contó algo… aunque sea un detalle.

Adriel cruzó los brazos.

—¿Y si no quiere hablar?

Sabes cómo se pone cuando mencionan el pasado.

Aisha sonrió.

Una sonrisa estratégica.

—Entonces no dependeremos solo de su memoria.

Adriel entrecerró los ojos.

—¿Qué quieres decir?

Ella se levantó con decisión.

—Usaremos un hechizo.

Adriel parpadeó.

—Aisha… —En la bodega —continuó ella, ignorando la advertencia— hay pociones de recuerdos.

Si viertes una en agua y sumerges tu rostro… puedes ver lo que ocurrió en ese momento exacto del pasado.

Adriel se quedó en silencio unos segundos.

—Tiene sentido —admitió—.

Y además podría ayudarnos si mamá decide no contarnos demasiado.

Luego frunció el ceño.

—Pero sería complicado.

Necesitamos la fecha exacta… el recuerdo exacto… y el nombre completo de nuestra abuela para invocar la memoria correcta.

Aisha dio un paso hacia él.

Su confianza era casi desafiante.

—Adriel… tú eres uno de los magos más inteligentes de la Casa del Sol.

Se inclinó levemente hacia él.

—Eso no será para nada difícil.

El viento movió ligeramente las cortinas del balcón.

Algo en el ambiente cambió.

No era solo curiosidad.

Era la sensación de estar a punto de tocar una verdad que llevaba generaciones enterrada.

Y en el ala inferior del castillo… La bodega de pociones guardaba recuerdos que quizás nunca debieron volver a verse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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