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Destino equivocado - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 capitulo 4Casas mal puestas
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4: capitulo 4:Casas mal puestas 4: capitulo 4:Casas mal puestas De pronto, el murmullo del Gran Salón se extinguió por completo.

Las luces flotantes se elevaron lentamente y una figura apareció en el estrado central.

Era el director de la Academia de Preparación de Magia, Enzo.

Su presencia imponía respeto: alto, de porte firme, con una mirada tan profunda que parecía atravesar a cada estudiante sin esfuerzo.

—Bienvenidos —dijo, y su voz resonó con claridad— a un nuevo año en la Academia de Preparación de Magia.

El silencio era absoluto.

—Un nuevo año significa nuevos comienzos —continuó—, pero también el inicio del ritual de asignación, aquel que define a qué casa pertenecerán y qué camino tomará su magia.

Sus ojos recorrieron el salón hasta detenerse en un punto exacto.

—Entre los nuevos estudiantes de este año —añadió— se encuentran miembros de familias de gran peso en nuestra historia.

Por respeto a su linaje… comenzaremos con ellos.

Todas las miradas se dirigieron a Aisha y Adriel.

Mientras el director hablaba sobre las normas, la responsabilidad del poder y el equilibrio entre magia y decisión, Aisha apenas escuchaba.

Sus ojos estaban fijos en la Casa del Eclipse.

En sus colores oscuros.

En sus estudiantes seguros.

En el lugar que, para ella, ya estaba decidido.

Y aun así… su mirada se desviaba.

Una y otra vez.

Hacia la Casa del Sol.

El chico rubio la observaba de nuevo.

No con curiosidad, sino con algo más profundo.

Algo que no sabía nombrar.

Aisha apretó los labios y apartó la vista, molesta consigo misma.

Entonces el director dio un paso al frente.

—Muy bien —dijo Enzo—.

Ha llegado el momento.

El aire del salón se volvió pesado, cargado de expectativa.

—Comenzaremos el ritual para descubrir qué será de cada uno de ustedes… y qué casa los reclamará.

Sus ojos se posaron directamente en los hermanos Ravenwood.

—Por favor —ordenó—, Aisha Ravenwood y Adriel Ravenwood, pasen al frente.

El corazón de Aisha latió con fuerza.

Adriel respiró hondo.

Ambos avanzaron por el centro del Gran Salón, mientras cientos de miradas los seguían.

El ritual estaba a punto de comenzar.

En el centro, sobre una plataforma de piedra antigua, reposaba el Sello del Juicio: un círculo tallado con runas vivas que cambiaban lentamente de forma, como si respiraran.

Aquella magia no mentía.

No elegía por deseo ni por apellido.

Elegía por esencia.

—Comenzaremos —dijo el director Enzo— con Aisha Ravenwood.

Un murmullo recorrió el salón.

Aisha avanzó sin vacilar.

Sus pasos eran firmes, seguros, como si el camino ya le perteneciera.

Subió a la plataforma y colocó la mano derecha sobre el sello, tal como se le indicó.

La piedra estaba fría… pero no la estremeció.

Las runas reaccionaron al instante.

La luz del sello se tornó oscura, profunda, casi negra, y un viento invisible recorrió el salón.

Las antorchas del lado del Eclipse ardieron con más intensidad, mientras una sombra elegante se alzaba detrás de Aisha, envolviéndola como un manto.

El director observó con atención.

No había sorpresa en su rostro.

—Ambición —pronunció—.

—Astucia.

—Voluntad inquebrantable.

La sombra se desplazó lentamente hacia la izquierda del salón.

—Sin duda alguna —continuó Enzo—, su magia pertenece a la oscuridad consciente, al poder que no tiembla.

El sello brilló una última vez y la voz del ritual resonó, grave y antigua: —CASA DEL ECLIPSE.

El salón reaccionó de inmediato.

Desde el sector del Eclipse se escucharon golpes de bastones contra el suelo, miradas de aprobación, sonrisas orgullosas.

Algunos estudiantes la observaron como a una igual.

Otros… como a una futura amenaza.

Aisha retiró la mano.

Sonrió.

No de alivio.

No de sorpresa.

Sonrió porque así debía ser.

Cruzó el salón con la cabeza en alto y ocupó su lugar entre los suyos.

Antes de sentarse, lanzó una mirada rápida hacia Adriel.

Sus ojos decían una sola cosa: Te lo dije.

Y entonces, el director volvió a hablar.

—Ahora… —dijo Enzo— Adriel Ravenwood.

El silencio volvió a caer.

Y esta vez… no todos estaban tan seguros del resultado.

El director Enzo alzó la mano una vez más.

—Adriel Ravenwood —pronunció.

El nombre flotó en el aire como una advertencia.

Adriel avanzó hacia la plataforma.

Sus pasos no eran inseguros, pero tampoco arrogantes.

Subió al círculo de piedra y colocó la mano sobre el Sello del Juicio.

Durante un segundo, no ocurrió nada.

Aisha, desde la Casa del Eclipse, lo observaba sin parpadear.

Va a pasar, se dijo.

Tiene que pasar.

Entonces, las runas comenzaron a brillar.

Pero no se oscurecieron.

La luz fue suave.

Dorada.

Cálida.

Un murmullo recorrió el salón, esta vez cargado de sorpresa.

Las antorchas del lado del Sol parpadearon, y una brisa leve, casi reconfortante, atravesó el Gran Salón.

Aisha sintió que algo se le apretaba en el pecho.

—Empatía —dijo el director con voz grave.

—Equilibrio.

—Fuerza sin crueldad.

La luz se elevó lentamente hacia la derecha del salón.

—Su magia nace del corazón —continuó Enzo—.

De la capacidad de comprender sin destruir.

El sello vibró una última vez, y la voz ancestral habló, clara e innegable: —CASA DEL SOL.

El mundo pareció detenerse.

Aisha se puso de pie de golpe.

No sonrió.

No respiró.

Lo miró.

Sus ojos azules, siempre seguros, estaban ahora llenos de una preocupación que nunca había sentido antes.

Miedo.

No por ella.

Por él.

Desde la Casa del Sol, algunos estudiantes se levantaron, sorprendidos pero sonrientes.

El chico rubio fue uno de los primeros en mirarlo con orgullo, como si aquel resultado fuera una victoria compartida.

Adriel retiró la mano lentamente.

No parecía feliz.

No parecía triste.

Solo… consciente.

Antes de dirigirse a su nueva casa, buscó a Aisha con la mirada.

Se encontraron.

Ella negó apenas con la cabeza, como si quisiera deshacer lo ocurrido.

Él bajó la vista.

Y caminó hacia la luz.

Aisha se sentó de nuevo, con las manos tensas, el corazón golpeándole las costillas.

Por primera vez en su vida, el apellido Ravenwood no los había unido.

Los había separado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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