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Destino equivocado - Capítulo 40

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  3. Capítulo 40 - 40 capitulo 40El juramento de la venganza
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40: capitulo 40:El juramento de la venganza 40: capitulo 40:El juramento de la venganza La esfera volvió a formarse en la mano de Adriel.

Pero esta vez el aire cambió.

Era más pesado.

Más íntimo.

La escena se abrió en una habitación iluminada por velas.

Sonia y Gael estaban acostados juntos.

Sin culpa.

Sin duda.

Sonia apoyó su cabeza en el pecho de él y rió suavemente.

—Qué estúpida fue tu mujer… —susurró—.

Pensó que realmente estabas enamorado de ella.

Gael sonrió.

No con ternura.

Con ambición.

—Solo necesitaba estabilidad mientras aseguraba el poder correcto.

Sonia alzó la mirada.

—¿Entonces nunca la amaste?

Gael la besó en la frente.

—Te amo a ti.

Siempre fue así.

Ella sonrió satisfecha.

—Seremos más grandes que la familia Ravenwood.

—Mucho más —respondió él.

—La familia real es más maravillosa que la suya —dijo Sonia con arrogancia.

Ambos rieron.

Una risa suave.

Pero cruel.

El recuerdo tembló… Y cambió.

Ahora era de día.

Campanas sonaban.

La iglesia estaba decorada con flores blancas.

Sonia salía del templo tomada del brazo de Gael.

Ya casados.

Radiantes.

Felices.

El pueblo aplaudía.

Lanzaban pétalos.

Los gritos de celebración llenaban el aire.

Entre la multitud, perfectamente arreglada, impecable, estaba Ada.

De pie junto a Elvira.

No lloraba descontroladamente esta vez.

Sus lágrimas eran discretas.

Controladas.

Pero sus ojos… Sus ojos estaban vacíos.

—¿Vas a decirle algo?

—susurró Elvira.

Ada negó lentamente.

—No.

Gael y Sonia subieron al carruaje real.

Saludaban al pueblo con gracia ensayada.

—Haz un gesto ahora —insistió Elvira—.

Se irán pronto.

Ada respiró hondo.

Se secó la última lágrima.

Y caminó hacia adelante.

Se posicionó en primera fila.

Lo suficiente para que ellos la vieran.

Gael levantó la mirada.

La vio.

Su expresión cambió apenas.

Sonia también la vio.

Ada sonrió.

No una sonrisa rota.

No una sonrisa de dolor.

Una sonrisa… calculada.

Levantó la mano.

Saludó con elegancia.

Sostuvo la mirada de Gael.

Luego miró a Sonia.

Por un segundo… Sonia sintió algo.

Una incomodidad.

Un miedo inexplicable.

Pero lo ignoró.

Giró el rostro hacia la multitud.

Gael intentó dejar de mirar a Ada.

Pero no pudo.

Algo en esa sonrisa… No era derrota.

El carruaje comenzó a avanzar.

Las ruedas crujieron sobre la piedra.

La multitud celebraba.

Y Ada bajó la mano lentamente.

Su expresión volvió a ser fría.

Impenetrable.

El recuerdo se desvaneció.

recuerdo se desvaneció como humo entre los dedos.

El cuarto volvió a ser el mismo.

Silencio.

Solo el sonido tenue del líquido restante moviéndose dentro del frasco vacío.

Aisha miró a Adriel.

Sus ojos ya no tenían duda.

—Ya sabemos la verdad.

Adriel exhaló lentamente.

—¿La sabemos?

Aisha sostuvo el frasco contra la luz.

—Sí.

Nuestra abuela no fue la villana que todos cuentan.

Fue… una mujer herida.

Orgullosa.

Sí.

Pero traicionada.

Adriel apoyó la espalda contra la pared.

—Violeta solo conoce la versión que le conviene.

La que sus padres le contaron.

Para ella, Ada fue una monstruo que destruyó a su abuela sin razón.

Aisha bajó la mirada.

—Pero no sabe lo que pasó antes.

No sabe que su abuela humilló.

Que manipuló.

Que Gael jugó con ambas.

Adriel frunció el ceño.

—Es imposible hacerla cambiar de parecer.

—No es imposible —respondió Aisha con calma estratégica—.

Solo es difícil.

Adriel negó levemente.

—Estamos en vacaciones.

Y si algo conozco de Violeta… es que no se quedará tranquila.

Va a planear algo contra nosotros.

Contra la familia Aisha caminó hacia la ventana.

El cielo estaba oscuro.

—Quizás podríamos mostrarle los recuerdos.

Adriel la miró con incredulidad.

—¿Tú crees que los aceptaría?

Estoy seguro de que su madre le inventó mil historias.

Le habrá dicho que nuestra abuela fue cruel por ambición.

Que ejecutó por celos.

Que destruyó por envidia.

Se acercó a ella.

—Cuando en realidad… Aisha terminó la frase, con una dureza que pocas veces mostraba: —Fue Gael.

El nombre cayó pesado.

Adriel asintió.

—Ni siquiera fue completamente Sonia.

Fue él.

Él alimentó el orgullo de ambas.

Él jugó con dos mujeres poderosas… y desapareció sin pagar nada.

El silencio volvió.

Pero esta vez no era confusión.

Era comprensión.

Aisha apretó ligeramente el frasco vacío.

—La historia fue escrita por quienes sobrevivieron.

Adriel la miró.

—¿Y qué vamos a hacer ahora?

Aisha giró lentamente hacia él.

Su expresión ya no era solo reflexiva.

Era calculadora.

—Si Violeta quiere guerra por una historia incompleta… entonces le mostraremos la verdad completa.

Hizo una pausa.

—Pero no ahora.

Adriel levantó una ceja.

—¿Entonces cuándo?

Aisha sonrió levemente.

Una sonrisa muy parecida a la de Ada en el carruaje.

—Cuando ella esté a punto de cometer el mismo error que su abuela.

El viento golpeó suavemente las ventanas del castillo.

Y en algún lugar… Otra heredera también estaba planeando.

—Ay, Aisha… a veces me das miedo —dijo Adriel, observándola con una mezcla de admiración y preocupación.

Aisha sonrió levemente.

—No tengas miedo.

Por ser de la Casa del Eclipse, prometo vengar a nuestra abuela.

Tú también estás de acuerdo conmigo, ¿no?

Adriel sostuvo su mirada.

—Por supuesto.

Pero tenemos que reunir todas las piezas.

Demostrar la verdad.

Y con eso… destruir… ¿no, verdad?

—añadió, dudando apenas.

Aisha sostuvo el silencio un segundo.

—Por supuesto.

Luego apartó la mirada y su tono cambió.

—Pero ahora dejemos eso de lado.

Nuestra preocupación es llevar a Josué al mundo humano y averiguar qué está pasando allí.

Adriel asintió.

—Y luego veremos lo demás.

Aisha caminó hacia la mesa donde aún estaban los frascos vacíos.

—Creo que es una ocasión que tenemos que aprovechar para crear el portal.

¿No lo crees?

—Sí —respondió Adriel—, también lo estaba pensando.

Y el hechizo de invisibilidad de Josué va a durar unas horas más.

Así que mejor vayamos planeando cómo abrirlo.

Se sentó frente a ella.

—Celan tiene bastante información sobre ese tipo de conjuros.

Incluso conoce parte del hechizo.

Aisha asintió.

—Por supuesto.

Es más, podemos enviarle una carta para que nos explique exactamente cómo funciona todo.

Adriel apoyó los codos en la mesa.

—En fin… vamos a sentarnos a pensar.

Y luego vemos qué hacemos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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