Destino equivocado - Capítulo 41
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41: capitulo 41:La decisión peligrosa 41: capitulo 41:La decisión peligrosa Mientras ambos revisaban montones de libros antiguos, el silencio de la biblioteca de la Casa se volvía cada vez más pesado.
Las velas iluminaban las páginas amarillentas llenas de símbolos y advertencias.
De pronto, Aisha levantó la cabeza.
—Adriel… ya lo encontré.
Adriel cerró el libro que tenía entre las manos y se acercó rápidamente.
—¿Encontraste algo sobre el portal?
Aisha asintió y señaló una página.
—Mira.
Aquí explica los cuatro mundos.
Adriel se inclinó para leer.
—Primero está el mundo humano, donde habita la mayoría de la gente —dijo él.
—Sí —respondió Aisha—.
Se supone que es el plano más estable.
Pasó la página con cuidado.
—Luego está el mundo mágico, donde vivimos nosotros.
La magia mantiene el equilibrio entre ambos mundos.
Adriel asintió lentamente.
—Eso ya lo sabíamos… —Pero escucha esto —continuó Aisha—.
Existe un tercer lugar.
Adriel frunció el ceño.
—¿Cuál?
—El Umbral.
El nombre quedó suspendido en el aire.
—Es un lugar vacío entre los mundos —leyó Aisha—.
No es vida ni muerte… es como un pasillo infinito lleno de puertas que llevan a todos los planos conocidos.
Adriel levantó la mirada, con una expresión inquieta.
—Ahora lo entiendo… Aisha lo miró.
—¿Qué entiendes?
—Si abrimos un portal… no iremos directamente al mundo humano.
Aisha negó con la cabeza.
—No.
Primero tendremos que pasar por el Umbral.
Adriel volvió a leer rápidamente.
—Aquí dice que los mundos no pueden tocarse directamente.
Si alguien intenta abrir un portal directo… el portal se rompe.
—O peor —susurró Aisha.
Adriel leyó la siguiente línea.
—“…o puede traer criaturas del vacío.” El silencio volvió a llenar la sala.
—Por eso —dijo Aisha— hace muchos años se prohibió abrir portales entre mundos.
Adriel siguió leyendo.
—Pero aquí también explica cómo cruzar.
Aisha se acercó más.
—¿Qué dice?
—Que necesitamos tres cosas.
Levantó tres dedos.
—Primero: un lugar de poder.
Como el patio central de la Casa del Sol… o incluso la Casa de la Oscuridad.
—Segundo: dos energías opuestas.
—Tú aportarás la luz y la vida… —y yo aportaré la sombra y el equilibrio.
Aisha asintió lentamente.
—Cuando ambas energías se junten… se abrirá una grieta.
Adriel pasó a la última parte.
—Y tercero: un ancla del mundo humano.
—Algo que le pertenezca a Josué —dijo Aisha—.
Un objeto suyo… su nombre escrito… o incluso una gota de su sangre.
Adriel cerró el libro.
—Eso hará que el portal busque el mundo humano.
Aisha respiró hondo.
—Es un buen plan… pero es muy peligroso.
—¿Por qué?
Aisha miró el libro otra vez.
—Porque cuando el portal se abre… no aparece el mundo humano primero.
Adriel frunció el ceño.
—Entonces ¿qué aparece?
—El Umbral.
La voz de Aisha casi fue un susurro.
—Un lugar donde flotan puertas hacia otros mundos.
Adriel palideció.
—Si elegimos la puerta equivocada… —Podríamos terminar en el mundo de los muertos —dijo Aisha—.
O en otro plano mágico.
—O quedar atrapados allí para siempre.
Adriel apretó los puños.
—Ahora entiendo por qué Erban quiere unir los dos mundos.
Aisha lo miró.
—¿A qué te refieres?
—Si logra juntar el mundo humano y el mundo mágico… —dijo Adriel con gravedad— no necesitará cruzar el Umbral.
Su voz se volvió más oscura.
—Y entonces podría gobernarlo todo… como un solo mundo.
Adriel cerró el libro lentamente y levantó la mirada.
—Aisha… entonces debemos buscar el poder necesario —dijo con seriedad—.
Tendremos que reunir a todos los chicos.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Y eso… si es que Josué se atreve.
Aisha frunció el ceño.
—Un humano aquí ya es demasiado peligroso.
Adriel asintió.
—Erevan ya se dio cuenta de eso.
Por eso cree que somos demasiado poderosos… pero también demasiado peligrosos.
Miró el libro otra vez.
—Y lo más peligroso sería que uno de nosotros termine en el lugar equivocado.
Aisha cruzó los brazos pensativa.
—Tienes razón.
Caminó unos pasos por la biblioteca antes de continuar.
—Pero si seguimos así… todo el verano, cuando volvamos a la escuela… ¿qué vamos a hacer?
Adriel la miró.
—¿A qué te refieres?
—¿Vamos a esconder a Josué otra vez?
Negó con la cabeza.
—Claro que no.
Su mirada se volvió más seria.
—Y menos ahora que llegó Violeta.
Adriel tensó la mandíbula al escuchar ese nombre.
—Ella no vino por casualidad —murmuró.
—Lo sé —respondió Aisha—.
Está intentando acabar con nuestra familia.
No sé qué plan está creando… pero algo está preparando.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Finalmente, Aisha miró el libro del portal.
—Pero nuestro mayor problema ahora… —dijo en voz baja— es el portal.
Adriel respiró profundo.
—Porque si no logramos devolver a Josué al mundo humano… Cerró el libro de golpe.
—Todo lo demás dejará de importar.
Aisha volvió a mirar el libro antiguo.
—Si vamos a hacerlo… necesitamos a todos.
Adriel asintió.
—Estela, Leo, Elizabeth e Isaac.
Aisha respiró hondo.
—Entonces tendremos que avisarles.
Adriel levantó una ceja.
—¿Cómo?
Están demasiado lejos para llegar en un día.
Aisha sonrió levemente y abrió otro libro más pequeño, cubierto de símbolos plateados.
—Con esto.
Arrancó cuatro hojas delgadas y tomó una pluma.
—Las cartas de invocación —explicó—.
Cuando las enviemos, llegarán a quien las escribamos… sin importar en qué mundo estén.
Adriel observó con curiosidad.
—¿Y qué dirás?
Aisha empezó a escribir mientras hablaba en voz baja.
—“Nos vemos esta noche en el bosque de hadas Es urgente.
No preguntes por qué… solo ven.” Cuando terminó las cuatro cartas, escribió los nombres: Estela.
Leo.
Elizabeth.
Isaac.
Adriel extendió su mano.
—¿Lista?
Aisha colocó las cartas sobre la mesa formando un círculo.
—A la cuenta de tres.
Ambos juntaron sus manos sobre las hojas.
La luz de Aisha comenzó a brillar suavemente, mientras la sombra de Adriel se extendía como humo oscuro sobre la mesa.
—Uno… Las cartas empezaron a vibrar.
—Dos… Las letras escritas comenzaron a brillar.
—Tres.
Una ráfaga de energía recorrió la biblioteca.
Las cuatro cartas se elevaron en el aire… y en un instante desaparecieron en destellos de luz.
El silencio volvió.
Adriel miró el lugar vacío donde estaban las cartas.
—Espero que las reciban.
Aisha miró hacia la ventana oscura.
—Lo harán.
Hizo una pausa.
—Y cuando lleguen… todo va a cambiar.
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