Destino equivocado - Capítulo 7
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7: capitulo 7: la casa del sol 7: capitulo 7: la casa del sol Casa del Sol En cuanto Adriel cruzó la entrada de la Casa del Sol, supo que nada volvería a sentirse igual.
La luz lo envolvió de inmediato.
La sala principal era amplia y cálida, con un balcón abierto que daba directamente al exterior, donde los rayos del sol entraban sin pedir permiso.
Todo estaba decorado en tonos blancos, plateados y dorados.
No había sombras pesadas ni silencios incómodos, sino una calma extraña… casi incómoda para alguien criado entre Eclipse.
No tuvo tiempo de observar demasiado.
—Tú debes ser Adriel Ravenwood —dijo una voz femenina, entusiasta.
Una chica de ojos azules y cabello rubio se había plantado frente a él con una sonrisa estudiada.
—Por tu cabello… debes tener muchísimo poder —añadió, claramente interesada.
Adriel percibió de inmediato que no era curiosidad sincera.
Era ambición.
—¿Quién eres?
—preguntó con educación distante.
—Julieta Navot —respondió—.
Mi familia no es muy bienvenida entre los Ravenwood… ya sabes, pertenecemos al Sol.
Mis padres ayudan a personas sin magia.
—Ah —dijo Adriel, sin entusiasmo—.
Qué bien por ellos.
Julieta parpadeó, desconcertada.
—Si quieres, puedo llevarte a tu habitación.
—Gracias, pero prefiero ir solo.
La sonrisa de Julieta se quebró.
—Claro… como quieras —dijo antes de alejarse.
Adriel la observó irse.
—Qué chica tan rara… —murmuró.
—Pienso lo mismo.
Adriel se giró sobresaltado.
—¿Cómo supiste lo que estaba pensando?
La chica que tenía delante sonrió con naturalidad.
Tenía ojos color avellana, cabello rojo claro, piel blanca salpicada de pecas.
Era… imposible no mirarla.
—Elizabeth Müller —se presentó—.
Y tú eres Adriel Ravenwood.
—Eso ya lo sabe todo el colegio —respondió él, algo nervioso.
—Y también saben lo que hizo tu hermana —añadió ella—.
Lo de Hades Valdemar.
Adriel frunció el ceño.
—¿Cómo sabes eso si ocurrió en la Casa del Eclipse?
Elizabeth se inclinó un poco hacia él.
—Tengo amistades allí.
Pero shhh… es un secreto.
Dicen que tu hermana le dio una bofetada.
Fue épico.
Adriel sonrió, orgulloso.
—Sí… ella es así.
Nunca deja que la humillen.
—Y ahora todos hablan de ti —continuó Elizabeth—.
El Ravenwood que quedó en la Casa del Sol.
—Debe ser un error —dijo él—.
Yo no pertenezco aquí.
—Claro que sí —lo interrumpió—.
Y lo sabes.
Adriel la miró, confundido.
—¿Cómo sabes lo que pienso?
Elizabeth sonrió con picardía.
—Leo mentes.
Es mi don.
En la inauguración de dones lo descubrirás.
Yo lo supe el año pasado.
—Entonces tendré que cuidar mis pensamientos —bromeó Adriel.
—Solo un poco —respondió ella riendo—.
Si quieres, luego te doy un tour por la casa.
Antes de que pudiera responder, las puertas del Sol se abrieron de golpe.
Un chico alto, de cabello rubio oscuro y ojos cafés claros, entró con paso confiado.
—¿Interrumpo algo?
—preguntó—.
¿Este es tu nuevo novio, Elizabeth?
—No seas idiota —respondió ella—.
Es Adriel Ravenwood.
La expresión del chico cambió al instante.
—Vaya… —sonrió—.
Leo Müller.
Encantado.
Hizo una reverencia exagerada.
Adriel rió y estrechó su mano.
—Mucho gusto.
—Cállate —dijo Elizabeth entre risas—.
Lo estás haciendo sentir incómodo.
Y por primera vez desde que había llegado a la Casa del Sol, Adriel sintió algo inesperado: Quizá… no estaba en el lugar equivocado.
Adriel aprovechó el momento para continuar la conversación.
—Oigan… ¿ustedes saben quién es Julieta?
Leo frunció el ceño de inmediato.
—Ah, Julieta… —dijo con evidente disgusto—.
Esa estúpida Julieta.
Elizabeth asintió.
—Julieta Naboth.
Exactamente esa.
Es el tipo de chica que solo se interesa en los chicos, y aun así, de la peor manera posible.
Ni siquiera entiendo por qué está en la Casa del Sol.
—¿Tan mal es?
—preguntó Adriel.
—Peor —respondió Elizabeth—.
No tiene buen corazón, no es buena en hechizos y se cree superior solo porque sus padres presumen ayudar a otros.
Una vez intentó involucrarse con alguien del Eclipse… fue un desastre total.
Leo soltó una risa corta.
—Y desde entonces va por la vida como si el mundo le debiera algo.
—No te metas con ella —añadió Elizabeth con seriedad—.
Solo trae problemas.
Problemas graves.
Adriel suspiró.
—Sí… cuando se acercó a hablarme parecía interesada.
Pero había algo raro.
Como si tuviera una doble cara.
—Bienvenido al club —dijo Leo—.
Siempre se acerca, y más ahora que eres un Ravenwood.
Leo señaló discretamente hacia el fondo de la sala.
—Y hablando de eso… mira quién está mirando.
Adriel siguió su mirada.
Julieta los observaba desde lejos, con una expresión cargada de odio, especialmente dirigida a Elizabeth.
—¿Julieta tiene algo contra ti?
—preguntó Adriel en voz baja.
Elizabeth la miró con desprecio y luego volvió a Adriel.
—Sí.
Cuando llegué aquí tuvimos un problema.
Intentó meterse con mi hermano.
Pensó que yo era su novia y no su hermana.
Leo sonrió con orgullo exagerado.
—Bueno… todas las chicas se mueren por mí.
Elizabeth rió.
—No exageres.
Julieta no se moría por ti, solo estaba interesada.
Así que ahórrate las ilusiones.
Los tres rieron, y la tensión se disipó por un momento.
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