Destino equivocado - Capítulo 8
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8: capitulo 8:Noche de dones 8: capitulo 8:Noche de dones A la mañana siguiente, una voz resonó por los altavoces de todos los pasillos, atravesando cada rincón de la Casa del Sol y de la Casa del Eclipse.
—Atención, estudiantes nuevos —anunció el director—.
Esta noche será la Noche de los Dones.
Cada uno de ustedes deberá presentarse exactamente a las 10:00 p.
m.
en el Patio Sagrado.
La voz continuó, solemne: —Se formarán en una fila y entrarán uno por uno.
Estarán acompañados por un profesor, aunque este se mantendrá a distancia.
Frente a ustedes encontrarán una llama: dorada para la Casa del Sol y negra para la Casa del Eclipse.
Según su casa, deberán acercarse a la llama correspondiente.
Al oír eso, Aisha despertó de inmediato, con el corazón acelerado y una sonrisa imposible de ocultar.
Hoy era el día.
Se levantó emocionada, se arregló el cabello y se miró al espejo.
Por fin recibiría su don.
Algo poderoso.
Algo simbólico.
Algo que hiciera que todos dijeran: “Los Ravenwood no son como los demás.” Fue directo a buscar a Estela para despertarla.
La encontró profundamente dormida y la sacudió suavemente del brazo.
Estela se despertó sobresaltada.
—¡Ah!
—exclamó—.
¿Eres tú?
Luego suspiró y sonrió, un poco avergonzada.
—No te conté, pero tengo el don de comunicarme con personas que ya no están… a través de mis sueños.
Por eso me asusto tanto cuando alguien me despierta.
Lo siento.
Aisha abrió los ojos, impresionada.
—Wow… eso es increíble —dijo—.
Pero hoy… hoy por fin recibiré mi don.
Estoy tan nerviosa.
Quiero que sea algo grande, algo único.
Estela le sonrió con calidez.
—Estoy segura de que lo será.
No como esos dones horribles que les tocan a algunos estudiantes mayores.
Aisha frunció el ceño.
—¿Esos dones que solo puedes usar una vez en la vida?
¿De qué sirve algo así?
—Exacto —respondió Estela—.
Pero a ti no te tocará algo así, lo sé.
Aisha cerró los ojos un segundo.
—Que así sea… y que también sea especial para mi hermano.
Mientras tanto, en la Casa del Sol, Adriel estaba recostado leyendo un libro cuando escuchó el anuncio del director.
No pudo evitar sentir un nudo en el estómago.
Elizabeth apareció por detrás y se apoyó en el respaldo de su silla.
—¿Lo oíste?
Hoy recibirás tu don —dijo sonriendo—.
Así ya no serás el único sin habilidades visibles.
Adriel soltó una pequeña risa nerviosa.
—Tus dones son impresionantes.
Tú lees mentes… y tu hermano crea cosas con solo pensarlas.
—Es un muy buen don —asintió Elizabeth.
Adriel bajó un poco la mirada.
—Pero me preocupa el mío.
¿Y si es horrible?
—luego agregó—.
Aunque… estoy seguro de que Aisha tendrá un don único.
De eso no tengo dudas.
Elizabeth se sentó a su lado y lo miró con seriedad.
—Ten más confianza en ti mismo.
No pienses en lo negativo —dijo con suavidad—.
Espera hasta las diez de la noche.
Nunca se sabe lo que puede pasar.
Eran las 9:30 de la noche.
Los estudiantes ya comenzaban a prepararse y los pasillos se llenaban de murmullos nerviosos y miradas expectantes.
Aisha se había arreglado con cuidado; había ondulado su cabello y elegido cada detalle como si el destino fuera a observarla de cerca.
Adriel, en cambio, solo se acomodó un poco más la ropa y respiró hondo, intentando convencerse de que todo saldría bien.
Poco a poco, todos se dirigían al Salón Sagrado.
Entre la multitud, Adriel buscó a Aisha con la mirada hasta que por fin la encontró.
Se acercó rápido y dijo, casi sin aliento: —Menos mal que te encontré… estoy tan nervioso que me sudan las manos.
Aisha lo miró y soltó una pequeña risa.
—Ay, hermano… necesitas relajarte.
Estoy segura de que tu don será único y excepcional.
Luego lo miró con más seriedad.
—Debes tranquilizarte, porque si no lo haces, no obtendrás ningún don.
Así que cálmate.
Adriel intentó respirar más despacio.
—Muy bien… espero que no sea tan difícil —dijo, aún nervioso—.
¿Ya sabes cómo averiguar cuál es tu don?
Aisha le tomó el brazo con suavidad.
—Vamos, ya casi es hora —dijo—.
Y por favor, cálmate… estás temblando.
El Salón Sagrado se alzaba ante ellos, imponente y silencioso, como si estuviera vivo.
Sus enormes puertas de piedra negra estaban cubiertas de símbolos antiguos grabados en oro y plata, runas tan antiguas que nadie recordaba quién las había creado.
Al centro de ambas puertas brillaban dos emblemas: un sol resplandeciente y un eclipse oscuro, entrelazados como si ninguno pudiera existir sin el otro.
Antorchas flotantes iluminaban el camino con una luz tenue.
No ardían con fuego común, sino con una llama quieta, casi consciente, que parecía observar a cada estudiante que se acercaba.
El aire se volvía más denso a cada paso, cargado de magia antigua.
Los profesores aguardaban a los lados del salón, vestidos con túnicas ceremoniales.
Ninguno hablaba.
Solo observaban.
Cuando todos estuvieron reunidos, una voz profunda y firme resonó sin necesidad de gritos: —Guarden silencio.
Las puertas comenzaron a abrirse lentamente, emitiendo un sonido grave que retumbó en el pecho de los presentes.
—A partir de este momento —continuó la voz—, no se permite hablar, tocar ni interferir en el ritual.
Cada estudiante entrará solo, acompañado únicamente por su esencia mágica.
—Caminarán en línea recta hasta el centro del salón.
Allí encontrarán la llama de su casa: la llama dorada para la Casa del Sol, y la llama negra para la Casa del Eclipse.
—Colocarán su mano sobre el fuego.
No la retiren hasta que la llama decida.
Un breve silencio se extendió.
—La llama no elige por deseo, linaje ni voluntad.
Elige por verdad.
—Si la magia los rechaza… el ritual se detendrá.
Las puertas terminaron de abrirse, revelando el interior del Salón Sagrado, y uno a uno, los estudiantes comenzaron a entrar.
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