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Destino equivocado - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 capitulo 9 Tres dones una sangre
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9: capitulo 9: Tres dones una sangre 9: capitulo 9: Tres dones una sangre Cuando casi todos los estudiantes ya habían pasado por el ritual y el murmullo nervioso llenaba el Salón Sagrado, una voz clara resonó entre las columnas antiguas: —Aisha Ravenwood.

Por favor, pase.

Es su turno de recibir el don.

El corazón de Aisha dio un salto.

Tragó saliva y buscó a Adriel entre la multitud.

Él la miró con los ojos muy abiertos, tan nervioso como orgulloso.

Aisha respiró hondo y avanzó.

El Salón Sagrado se cerró tras ella con un eco profundo.

En el centro del recinto había un espejo antiguo, suspendido en el aire, rodeado por un fuego dividido en dos mitades perfectas: una llama dorada, viva y cálida, y una llama negra, profunda, silenciosa, casi infinita.

Sin dudarlo, Aisha se colocó frente a la llama negra.

El director Enzo se acercó, solemne.

—Extiende tu mano.

Usaremos el dedo anular.

Solo una gota de sangre.

No dolerá.

Con una aguja ceremonial, apenas rozó su piel.

La sangre cayó y fue absorbida de inmediato por el fuego oscuro.

—Ahora —indicó el director— cierra los ojos.

No pienses.

Deja que la llama lea tu esencia.

Aisha obedeció.

El Salón quedó en absoluto silencio.

Entonces, la llama negra habló.

Su voz no salió del fuego… salió de todas partes.

—Alma sagrada… —hija del eclipse… Los maestros se miraron entre sí, inquietos.

—Primer don: El Llamado del Umbral.

Podrás oír los susurros de los espíritus que no han cruzado.

Hablarás con los muertos sin ritual ni invocación.

Ellos te respetarán… pero no siempre te dejarán en paz.

Si ignoras su llamado, te buscarán en sueños.

Tus noches ya no serán silenciosas.

Aisha sonrió suavemente.

Pensó que había terminado.

Pero el fuego no se apagó.

La llama se agitó con más fuerza.

—La sangre ha respondido.

—La herencia no está completa.

Un murmullo recorrió el salón.

—Segundo don: Sangre del Eclipse.

Podrás usar magia oscura sin perder el control.

Dominarás sombras, vínculos y hechizos del destino.

Cuanto más peligrosa sea la magia… más calma habitará en ti.

Los profesores palidecieron.

Aquello no era normal.

Aisha, en cambio, permanecía serena… aunque por dentro, algo comenzaba a inquietarla.

El fuego habló por última vez, con una voz más profunda que antes: —Tercer don: Corona de las Almas.

Los espíritus te han elegido.

Podrás tomar prestado su poder: fuerza, conocimiento, hechizos olvidados.

No será posesión… será un acuerdo.

Pero cada favor concedido creará una deuda espiritual.

La llama negra se extinguió de golpe.

Aisha abrió los ojos.

El Salón Sagrado estaba en completo silencio.

El director Enzo dio un paso atrás, visiblemente afectado.

—Esto… esto es imposible —murmuró—.

Nunca en la historia de la academia un estudiante ha recibido tres dones.

Aisha, aún confundida, preguntó en voz baja: —¿Eso… no es normal?

—No —respondió el director con gravedad—.

Para nada.

Luego respiró hondo.

—Pero hablaremos de esto más tarde.

Por ahora… retírate.

Aisha dio media vuelta, consciente de que, desde ese momento, nada volvería a ser normal.

Cuando Aisha salió del Salón Sagrado, el ruido desapareció.

Las conversaciones se apagaron de golpe, como si alguien hubiese arrancado el sonido del aire.

Todos sabían que algo había ocurrido ahí dentro… algo que no debía pasar.

Pero nadie se atrevió a decirlo en voz alta.

Aisha avanzó unos pasos y entonces vio a Adriel.

Se detuvo frente a él y, con una media sonrisa cansada, le dijo en voz baja: —Ten suerte.

Creo que a mí… me tocó más de lo debido.

Adriel frunció el ceño, sin entender del todo.

Quiso preguntarle, pero ella ya se estaba apartando.

Fue entonces cuando los susurros comenzaron.

—¿Escucharon…?

—A Aisha le dieron tres dones.

—Tres.

—Y no cualquiera… fueron dones impresionantes.

—Nunca… jamás… alguien del eclipse había recibido algo así.

El corazón de Adriel se apretó.

Ahora lo comprendía.

Respiró hondo.

Sin mirar atrás, avanzó hacia el Salón Sagrado.

Las puertas se abrieron ante él con un sonido grave, antiguo, como si la propia academia lo estuviera observando.

Era su turno.

Y aunque nadie lo sabía aún, el ritual estaba lejos de haber terminado de sorprenderlos.

En cuanto Adriel cruzó el umbral del Salón Sagrado, las puertas se cerraron tras él con un eco profundo.

El director alzó la mano y habló con voz firme: —Muy bien.

Colócate junto a la llama dorada.

Adriel obedeció.

El corazón le latía con fuerza, pero mantuvo la espalda recta.

Desde ahora no hablarás —continuó el director—.

Tomaremos una pizca de tu sangre, la ofreceremos a la llama y ella decidirá tu don.

Cierra los ojos y deja tu mente en calma.

Esperemos que sea… normal.

No como lo de tu hermana.

Ese comentario le tensó el pecho.

Asintió en silencio.

La aguja pinchó su dedo anular.

Dolió apenas un instante.

La gota de sangre cayó en la llama dorada y, de inmediato, el salón quedó sumido en un silencio absoluto.

La llama tardó.

Parpadeó, creció, se contrajo.

Como si dudara.

Entonces habló.

—Tú eres un Ravenwood —dijo la voz antigua—.

Y recibirás el Ojo del Velo.

La luz danzó.

—Verás lo que otros no pueden ver: hechizos ocultos, criaturas camufladas, intenciones mágicas antes de que se manifiesten.

No leerás la mente, pero descubrirás la verdad mágica que se esconde bajo las mentiras.

La voz se volvió más grave.

—Cuanto más uses este don, más se alejará el ruido del mundo.

Los rostros se volverán borrosos.

El presente se disolverá.

Tu don te hará peligroso para los secretos de este lugar.

Adriel tragó saliva… pero sonrió levemente.

Estaba orgulloso.

Sin embargo, la llama no se apagó.

Ardió con más fuerza.

—Segundo don: el Juramento del Guardián.

El aire se volvió pesado.

—Cuando decidas proteger a alguien, tu magia se volverá defensa absoluta.

Crearás barreras, escudos y sellos irrompibles.

Pero este don no responde al ego, ni al orgullo.

Solo despertará cuando el peligro sea real.

Los maestros intercambiaron miradas inquietas.

Y entonces, la llama habló por tercera vez.

—Tercer don: la Luz Ancestral.

Un resplandor cálido llenó el salón.

—Podrás invocar una luz antigua que purifica maldiciones, calma la magia corrupta y debilita a las entidades oscuras que intenten dañar a quienes amas.

Pero cuidado: usarla en exceso agotará tu cuerpo.

La luz protege… pero también exige.

La llama dorada se extinguió de golpe.

El silencio fue absoluto.

Los ministros, directores y profesores permanecían inmóviles, incapaces de ocultar su asombro.

Finalmente, el director habló, con el rostro serio: —Adriel Ravenwood… esto tampoco es normal.

Reúnete con tu hermana y luego espérenme en mi oficina.

Hay mucho de qué hablar.

Por ahora, retírate.

Y sé discreto.

Adriel abrió los ojos.

Estaba confundido.

Nervioso.

Abrumado.

Sin decir una palabra, salió del Salón Sagrado… sabiendo que, desde esa noche, nada volvería a ser sencillo para los Ravenwood.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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