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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 30

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Capítulo 30: Lanza punzante

Antes de cruzar el umbral del piso diecisiete, Áugust levantó la mano con gesto sereno para que el grupo se detuviera.

—En este nivel encontraremos krangs y tormus —comenzó con tono claro

—. Ambos tienen un tamaño similar, aproximadamente el de un carro pequeño. Su principal característica es la dureza de sus cuerpos.

Hizo una pausa breve para asegurarse de que todos lo escucharan.

—Los krangs tienen grandes pinzas funcionan como mazos; los impactos son pesados y pueden romper huesos si conectan de lleno. También pueden realizar cortes laterales con bastante precisión. No son rápidos, pero sí constantes.

—Los tormus —continuó Áugust— tienen un caparazón muy duro. Pueden replegarse completamente y desplazarse a gran velocidad en línea recta. El choque es su arma principal. Si los dejan tomar impulso, pueden atravesar una formación.

Valerian ajustó su grimorio amarillo.

—Será un piso difícil —añadió Áugust—. Ya nos complicó la última vez que estuvimos aquí. La estrategia será similar a la de los pisos anteriores: soporte con magia de agua y electricidad para inmovilizar o debilitar las extremidades. Cuando pierdan movilidad, los remataremos.

Sofía giró la lanza entre sus manos.

—Déjenme el tiro de gracias a mí.

Yui asintió sin hablar. Su aura elemental comenzó a circular de forma tenue alrededor de su cuerpo.

—Formación estándar —indicó Arnold.

Escudo y fuego al frente.

Sofía y Áugust en línea de ataque.

Yui ligeramente detrás, con movilidad.

Misa y Valerian en retaguardia.

El portal se abrió.

El piso diecisiete mantenía el patrón evolutivo del ecosistema. Las paredes rocosas tenían vetas azuladas más intensas, y grandes acumulaciones de humedad descendían por grietas profundas. El suelo era irregular, con zonas ligeramente encharcadas que reflejaban la luz tenue.

Avanzaron varios metros sin incidentes.

El primer sonido llegó como un roce metálico contra piedra.

Desde un recodo amplio emergieron tres krangs. Sus cuerpos estaban cubiertos por caparazones gruesos de tono oscuro, y sus pinzas se abrían y cerraban con un sonido seco.

—Contacto frontal —anunció Áugust.

Antes de que terminaran de acomodarse, dos tormus salieron desde los laterales, rodando sobre sí mismos.

—Mantengan la línea —ordenó Arnold.

Misa extendió las manos y una corriente de agua fluida avanzó por el suelo, formando una capa resbaladiza bajo los monstruos.

Valerian abrió su grimorio, la luz amarilla emergió; ataques eléctricos débiles pero constantes comenzaron a recorrer el agua.

Los monstruos no parecían estar tan afectados y avanzaban.

El primer krang avanzó levantando una pinza. Arnold recibió el impacto con el escudo; el golpe retumbó con fuerza suficiente para desplazarlo medio paso hacia atrás.

La dureza era evidente.

—Extremidades —indicó Áugust.

Yui generó tres esferas de aura elemental que giraron alrededor del grupo. Las dirigió hacia las articulaciones de un krang, impactando en los puntos donde el caparazón se unía a las patas.

La electricidad de Valerian viajó por la película de agua y alcanzó esas zonas debilitadas.

El monstruo reaccionó con un crujido tenso, reduciendo su movilidad.

Sofía avanzó.

—Necesitamos frenar ese impulso —dijo Sofía.

Misa elevó una masa de agua que se solidificó parcialmente alrededor del caparazón en movimiento. No fue suficiente para detenerlo, pero sí para reducir la velocidad.

Valerian descargó una ráfaga eléctrica más concentrada. El agua amplificó el efecto. El tormus perdió el equilibrio en pleno giro y quedó expuesto lateralmente.

—Ahora —indicó Áugust.

Sofía dio dos pasos largos y concentró energía en la punta de su lanza. El acero comenzó a brillar con un resplandor tenue que se intensificó rápidamente.

Canalizó la energía del arma.

La estocada fue directa y penetró en una fisura del caparazón, ampliándola con una explosión contenida de energía concentrada.

El tormus se partió.

No hubo celebración. Otros cuatro krangs emergían desde el fondo del pasillo.

El enfrentamiento se volvió más exigente a medida que avanzaban. Los krangs no cedían con facilidad; sus caparazones desviaban golpes superficiales y sus pinzas obligaban a mantener distancia.

Arnold bloqueaba impactos constantes, cada choque resonando como martillazos contra metal.

Yui creaba pequeños escudos de aire para que los golpes no sean tan contundentes y a la vez amplió el número de esferas a seis. Las mantenía en rotación alrededor del grupo, lanzándolas en secuencia hacia puntos específicos: articulaciones, ojos, uniones blandas.

No buscaba destruir, sino abrir oportunidades.

Valerian incrementó la intensidad eléctrica, cuidando de no sobrecargar el agua al punto de interferir con los aliados.

Misa mejoró las estadísticas de todos sus compañeros y comenzó a concentrar corrientes más densas en las patas delanteras de dos krangs simultáneamente, haciendo que el peso de sus cuerpos jugara en su contra.

—Izquierda debilitada —anunció

. Sofía cambió de objetivo sin vacilar. Cada movimiento suyo era medido. No desperdiciaba energía en golpes innecesarios.

Un krang intentó rodear la formación por un flanco.

Áugust lo interceptó con una serie de cortes dirigidos a la base de las pinzas. Aunque no logró penetrar completamente, sí redujo el rango de movimiento del monstruo.

—Yui.

Una esfera impactó en la grieta abierta.

Electricidad.

Agua.

Sofía avanzó y remató con un tajo descendente cargado de energía.

El brillo de su lanza era cada vez más intenso.

La presión aumentó cuando un grupo mayor apareció en una cámara más amplia del piso. Al menos ocho krangs y cinco tormus bloqueaban el paso hacia la salida.

—Esta es la zona que nos complicó la vez pasada —dijo Áugust con tono firme.

No retrocedieron.

Arnold dio un paso adelante y plantó el escudo en el suelo.

—Mantengan el ritmo.

Los primeros impactos fueron simultáneos. Dos krangs golpearon a la vez, obligándolo a reforzar su aura defensiva.

Yui expandió su escudo de aire para cubrir el flanco derecho cuando un tormus tomó impulso.

El choque levantó polvo y agua.

Valerian incrementó la resistencia mágica sobre Arnold y Yui, reforzando las barreras.

Misa concentró una ola baja que recorrió el suelo y trepó por las patas de los krangs, enlenteciéndolos de manera progresiva.

La estrategia comenzaba a funcionar, pero el desgaste era visible.

—Sofía —dijo Áugust.

Ella asintió.

Se desplazó hacia el centro del campo de batalla, esquivando una pinza que cayó como un martillo a centímetros de su hombro.

Clavó la lanza en el suelo por un instante y cerró los ojos.

El acero brilló con mayor intensidad que antes.

La energía se concentró no solo en la punta, sino a lo largo del asta.

Cuando avanzó, su movimiento fue distinto.

No era solo precisión, sino potencia contenida liberándose en el momento exacto.

La primera estocada atravesó un krang debilitado por electricidad.

La segunda giró sobre sí misma y cortó una pinza completa.

La tercera penetró el caparazón frontal de un tormus que intentaba replegarse.

Cada impacto dejaba una grieta luminosa antes de que la estructura cediera.

El grupo sostuvo la línea mientras Sofía ejecutaba su técnica con disciplina absoluta.

Uno a uno, los monstruos comenzaron a caer.

No fue inmediato ni sencillo. Hubo momentos en que un tormus casi atravesó la defensa y en que un krang logró golpear el suelo tan cerca que levantó fragmentos de roca.

Pero la coordinación se mantuvo.

Agua ralentizando.

Electricidad debilitando.

Viento redirigiendo trayectorias.

Escudo absorbiendo impactos.

Espadas abriendo espacio.

Y la lanza de Sofía, brillando con energía canalizada, destruyendo lo que quedaba en pie.

Cuando el último krang cayó con un sonido pesado, el silencio regresó lentamente.

Sofía retiró la lanza del último enemigo y el brillo del acero se extinguió gradualmente.

Respiraba con esfuerzo moderado, pero estable.

—Zona despejada —dijo Áugust.

Misa recorrió al grupo con magia suave para confirmar que no hubiera heridas graves.

Valerian cerró el grimorio con cuidado.

Yui dejó que sus esferas se disiparan.

Arnold levantó el escudo y observó el campo.

—Funcionó mejor que la última vez.

Áugust asintió.

—Sí.

Sofía apoyó la lanza sobre el hombro.

—Fue mucho más divertido que la última vez

—No la pasamos tan bien la ultima vez—Dijo Áugust

La salida del piso diecisiete estaba despejada.

El combate en el piso diecisiete había dejado un desgaste evidente, aunque ninguno lo expresara abiertamente. Áugust fue el primero en romper el silencio operativo.

Sacó varias pociones de su inventario y comenzó a repartirlas con movimientos medidos.

—Recuperación física primero —dijo con tranquilidad—. Luego para recuperar aura.

Arnold hizo lo mismo, verificando que nadie quedara sin suministro.

El grupo se sentó en una zona segura, apoyados contra una pared de roca húmeda. Nadie hablaba demasiado. Solo el sonido suave del vidrio al destaparse y el líquido descendiendo por la garganta.

Misa cerró los ojos mientras la energía volvía a estabilizarse en su interior. Valerian respiró con mayor profundidad cuando el leve hormigueo de agotamiento desapareció. Yui mantuvo la espalda recta, concentrándose en regular su flujo elemental.

Arnold fue quien tomó la iniciativa para continuar.

—El piso dieciocho no será más amable —comenzó—. Nos recibirán salamandras de agua.

Levantó la mirada para asegurarse de que todos lo escucharan.

—Son reptiles grandes. Sus colas son extremadamente fuertes; un golpe directo puede romper una defensa mal posicionada. Sus garras también son letales en combate cercano. Y a corta distancia suelen escupir fuego. No es constante, pero sí lo bastante potente como para obligarnos a movernos.

Sofía asintió con atención.

Arnold continuó.

—Además, encontraremos humanoides compuestos completamente de líquido. Esto es importante. Atacan envolviendo a su objetivo para ahogarlo. No golpean; absorben y drenan.

Hizo una pausa breve.

—La única forma de derrotarlos es destruir su núcleo interno. No basta con dispersarlos. El núcleo debe romperse con un ataque fuerte. Contaremos principalmente con el filo de Áugust y Sofía.

Áugust confirmó con un leve asentimiento.

—Cuando identifiquemos uno, mantengan distancia. Inmovilización primero. Luego corte preciso.

Yui cruzó los brazos un instante, procesando la información.

—Entendido.

El grupo terminó las pociones. La tensión no era pesada, pero sí consciente.

Arnold se puso de pie primero.

—Descansamos lo suficiente.

Uno a uno lo imitaron.

Antes de avanzar, Sofía levantó el puño al centro.

Los demás replicaron el gesto.

—Coordinación y precisión —dijo Áugust.

—Sin romper formación —añadió Arnold.

—Sin perder el ritmo —agregó Valerian.

Yui sostuvo el puño firme.

—Avancemos juntos.

El portal hacia el piso dieciocho se abrió frente a ellos.

Sin más palabras, cruzaron juntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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